PASCUAL MARTÍN DE MORA GRANADOS

 

 

Nació el 17 de mayo de 1863 en el pueblo toledano de Albarreal de Tajo (Toledo). Había sido ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1888. Sus primeros nombramientos fueron todos en la ciudad de Toledo: fue capellán del Convento de Santa Clara de Toledo (1888); al año siguiente lo fue de San Juan de la Penitencia; en 1890 pasó a ser coadjutor de la parroquia de San Andrés. En 1892 recibió el nombramiento de profesor del Seminario de Toledo y en 1893, vicerrector del Colegio Infantes y también ecónomo de San Juan Bautista. En 1893 pasó a ser ecónomo de Recas (Toledo). Al año siguiente ocupó la capellanía de las Carmelitas de Talavera de la Reina. De allí pasó a Consuegra, como coadjutor. Y en 1895 obtiene el nombramiento de párroco de Nambroca (Toledo). Tres años después obtuvo una canonjía en Alcalá de Henares (Madrid).

En abril de 1907 recibe el nombramiento de párroco de Calera y Chozas (Toledo). En 1912 se reincorpora al clero de la Ciudad Imperial, como párroco de la Capilla de San Pedro. En 1913 regresa como profesor al Seminario.

El 4 de marzo de 2010 se cumplió el centenario de la fundación de la «Obra para los Sagrarios-Calvarios» por inspiración recibida por el Beato Manuel González, siendo arcipreste de Huelva. Obra para dar una respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías, fieles en el Calvario. La Unión Eucarística Reparadora, iniciada con las Marías de los Sagrarios y Discípulos de san Juan, se extendió rápidamente y abrió camino a la Reparación Infantil Eucarística en el mismo año.

La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de España y América, a través de la revista «El Granito de Arena», le impulsó a don Manuel solicitar la aprobación del Papa. El 28 de noviembre de 1912 fue recibido por el Papa San Pío X, a quien fue presentado como «el apóstol de la Eucaristía». San Pío X se interesó por toda su actividad apostólica y bendijo la Obra.

En Toledo fueron dos de nuestros mártires los primeros que trabajaron por instaurar la Obra. Primero el Siervo de Dios Pascual Martín de Mora en 1913 quien comunicó los primeros entusiasmos “contagiado” seguramente por el fundador, y pudo reunir almas eucarísticas en las mujeres toledanas, que se hicieron “Marías del Sagrario” con los entusiasmos de la alta misión que se les encomendaba de reparar tantos sagrarios abandonados o poco frecuentados. En Talavera, dos años después, sería el Beato Saturnino Ortega, arcipreste de la ciudad el que impulsó la creación de la Obra.

Beato Manuel González
Beato Saturnino Ortega

Pocos datos tenemos del primer periodo de las Marías en Toledo, por haber desaparecido los libros de actas durante los días de la persecución religiosa. Solo sabemos que, a los cinco años don Pascual recibió la encomienda de la parroquia de Consuegra donde permaneció hasta 1924.

El 3 de septiembre de 1912 encontramos en “El Castellano” una noticia extraída del Boletín Diocesano, firmada por don Pascual. Lleva por título La Obra de “las tres Marías”. El artículo dice así:

Obedece la aparición de esta Obra al intensísimo deseo de corazones enamorados de Jesús, deseosos de rendirle homenaje y de acompañarle allí donde nadie se acuerda de Él y donde se encuentra solo.

Propónese esta obra reclutar almas nobles que, a semejanza de las Marías del Evangelio, acompañen al Solitario más digno de amor y más digno de lástima, que es Jesús, en gran número de Sagrarios de la cristiandad.

Por el gran parecido que esos Sagrarios tienen con el Calvario, pues en ellos Jesús Sacramentado es despreciado, maltratado y muerto por los malos cristianos, está muy puesto en razón que, para cada uno de esos Sagrarios Calvarios, se asignen tres Marías, que padezcan con el Crucificado Eucarístico, y un Juan, que fervorosamente se ponga de parte de Jesús, a quien los discípulos abandonan.

En conformidad con estos deseos, que son sin duda los de todas las almas generosas de la Archidiócesis de Toledo, y con el fin de que no haya en ella Sagrario que no esté acompañado, rogamos encarecidamente a los Sres. Curas Párrocos del Arzobispado, se dignen manifestar al que suscribe, encargado por el Emmo. y  Rvdmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo de esta Obra:

1º. Frecuencia de Sacramentos en su respectiva Parroquia
2º. Comuniones diarias que se reciben y número de personas que diariamente se acercan a la Sagrada Mesa
3º. Número de señoras que desean comulgar diariamente y visitar al Santísimo, supliendo a Sagrarios solitarios. (Oficio de las Marías).
4º. Hombres que se prestan a la Comunión diaria (Oficio de San Juan).

Adviertan los Sres. Curas a sus feligreses que nuestro Emmo. Prelado, además de bendecir la obra, concede 200 días de Indulgencia por cada acto de los arriba mencionados, y que no obliga a pecado el comulgar diariamente.

El Sr. Director del Apostolado de la Oración, M. I. Sr. D. Benito L. de las Hazas, que hasta el presente trabajó con tanto provecho por esta Obra, es el que ha propuesto al Eminentísimo Sr. Cardenal Arzobispo la conveniencia de nombrar Director para la Obra de las Marías, por serle a él imposible atender a ambos fines, dado el desarrollo que van tomando uno y otra en este Arzobispado.

Para informes, folletos y patentes, Sr. Cura Párroco de San Pedro, de Toledo, D. Pascual Martín de Mora.

De 1918 a 1924 regenta como párroco el pueblo de Consuegra (Toledo). En 1925 recibe el nombramiento de la popular parroquia de San Nicolás de Bari en Toledo. El 11 de noviembre de 1925 fallece su cuñado, quedando solo con su hermana Faustina.

Iglesia de San Nicolás, cerca de la Plaza de Zocodover de Toledo. El nº 17 era el portal de la casa parroquial de don Pascual

En la crónica de una boda, en “El Castellano”, el 3 de marzo de 1930, podemos leer: “que pronunció una elocuentísima y bien documentada plática glosando la epístola de San Pablo, prodigando al nuevo matrimonio sabios y sanos consejos para mejor cumplir su misión social y religiosa. Fue muy felicitado”.

Don Pascual era también vocal de la Asociación Diocesana del Clero. En acuerdo tomado el 23 de julio de 1931 se dirigen al Jefe del Gobierno, Niceto Alcalá-Zamora, en nombre de los seiscientos sacerdotes que componen dicha Asociación en contra de dos acuerdos municipales:

El Ayuntamiento de Toledo, desviándose de su gestión administrativa invade frecuentemente la esfera política con sus deliberaciones y acuerdos… tal ha ocurrido, con el reciente acuerdo de pedir la definitiva expulsión del eminentísimo señor Cardenal arzobispo de esta diócesis (se trata de la expulsión del Cardenal Segura el 15 de junio)… queriendo hacer ver que tal acuerdo obedece a un estado de ánimo universal en esta ciudad… Y hay algo más: en la Corporación municipal se habla de un modo irreverente de nuestra Patrona la Virgen del Sagrario (…) Contra este proceder, contra esos acuerdos, elevamos a V.E. nuestra más enérgica protesta”.

Así cargado de años y trabajos, llegamos a 1936. Ha estallado la persecución religiosa con formas dantescas por las calles de la Imperial Toledo, es la tarde del 22 de julio. Por delaciones del vecindario, sin duda, los milicianos dan con la puerta de la casa de don Pascual, adosada al templo de San Nicolás, frente al edificio del Banco de España. Tras aporrearla, vociferan:

- ¡Arriba las persianas!

Don Pascual se asoma al balcón y, al verle vestido de sotana, antes de que él formule cualquier pregunta, de nuevo le increpan:

- ¡Baja aquí, pajarraco!

Él pide el manteo a su hermana Faustina, mientras dice:

- Voy a bajar y, si me matan, ofrezco mi vida para que esto termine.

Ya en la puerta le han exigido que grite ¡Viva el comunismo! Pero él ha respondido:

- ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

Extendiendo sus brazos en cruz, a la par que proclama su tercer grito, no ha podido terminarlo: una descarga ahoga en su propia sangre las últimas palabras, quedando muerto a la puerta de la casa rectoral, donde permanece el cadáver a la vista de cuantos pasan, mientras Faustina queda dentro, aterida por el miedo y abandonada, no se atreverá a saltar por encima del cuerpo de su hermano para salir a la calle a atenderle. El Siervo de Dios restará insepulto hasta el 25 de julio.

 

MARTÍN ÁLVAREZ VÁZQUEZ

Natural de Fuensalida (Toledo), nació el 30 de enero de 1872, y se ordenó de sacerdote el 30 de marzo de 1895.

Entre sus primeros destinos don Martín había ejercido el ministerio en el pueblo toledano de La Mata y San Pedro (Don Julio Muñoz Cuesta, actualmente decano del presbiterio de Toledo, cuando estalló la guerra tenía 22 años y estaba en los últimos cursos de  los estudios eclesiásticos. Don Julio recuerda perfectamente al Siervo de Dios que le pedía que acudiese durante los veranos a Calera para dar clase a alumnos que lo necesitaban).

Unos años antes de que estalle la guerra le encontramos en Calera y Chozas (Toledo) allí le sorprenderá la persecución religiosa.

Los testigos declaran que ya en la Semana Santa del 36 cuando sacaron los pasos del Cristo y de la Virgen se produjeron ciertos altercados para impedir que salieran las imágenes. Las mujeres salieron al frente pero los sacerdotes fueron agredidos. La guardia civil salió a caballo para disolver el altercado.

Las notas mecanografiadas de don Juan Francisco Rivera Recio destacan que don Martín “fue multado por las autoridades. Ante los continuos abusos que se hacían en la casa rectoral, optó por salir de ella, refugiándose en la casa del sacristán. Su coadjutor, don Pablo Zaba Marina, que vivía con su madre en la primera planta de la casa parroquial, pudo librarse de la muerte con que le amenazaban por hallarse en esos días ausente de Toledo. Luego sirvió como capellán castrense”.

En una publicación conocida como el “Tercer avance del informe oficial” editado en otoño de 1936, aparece un documento fechado el 23 de septiembre, que narra los siguientes hechos:

En este pueblo se organizaron las matanzas izquierdistas el 19 de julio. Fue uno de los más castigados, tanto por los horrendos crímenes cometidos, como por los saqueos.

Al ser detenidos, los presos eran martirizados horriblemente en presencia de sus familiares… En la cárcel su vida era inhumana, sin alimentos, sin agua, agonizando de sed y sufriendo sistemáticas palizas con barras de hierro.


Se guardaba en este pueblo una colección de obras de arte, dejadas en depósito hace cuarenta años por el Estado Español… los marxistas destrozaron por completo la preciosa colección.
…Debe citarse el caso de que los niños de 10 ó 12 años eran llevados a la Iglesia destrozada, convertida en almacén y en escuela atea, donde improvisados maestros sin pudor hacían burla y escarnio de las imágenes sagradas pintando en ellas signos obscenos para pervertir a las criaturas...

Los testigos, que aún viven, confirman como la sacristía hacía de prisión, en ella se hacinaban más de treinta hombres; y, en el centro de la iglesia, habían amontonado las imágenes destrozadas a hachazos y los retablos que ya habían sido arrancados. En la puerta de la calle habían colocado la imagen del Santísimo Cristo de Chozas (En la obra de PORRES DE MATEO, J., RODRÍGUEZ DE GRACIA, H. y SÁNCHEZ GONZÁLEZ, R., Descripciones del Cardenal Lorenzana, (Toledo, IPIET, 1986) podemos leer en la página 151: en “el lugar de Chozas ay en ella una imagen de Jesuchristo con la cruz a cuesta, de estatura de dos varas de bulto, de un semblante y aspecto respetoso, mui milagroso; y cada día están experimentando los pueblos de la comarcar beneficios de su Magestad, por lo que de continuo vienen a dar las gracias al Santísimo Christo de Chozas (que esta es su advocación)…”.

A raíz de los sucesos de 1808-1809 (la afrancesada) el lugar de Chozas quedaría muy mal parado así como su iglesia; la imagen del Cristo así como sus alhajas y enseres litúrgicos fueron llevados al final de la Guerra a la iglesia parroquial de Calera, por decisión del Tribunal Eclesiástico de Toledo. La venerada imagen fue llevada a Calera hacia 1825, o posiblemente en el año 1826 cuando se hace el traslado del retablo de su iglesia (GRUPO INVESTIGACIÓN “CALERA 1809”, Calera 1809: un pueblo toledano en la Guerra de la Independencia (Toledo 2009), págs.. 39-44).para que velase por los presos, vestido de miliciano portando un fusil (en lugar de la cruz) para mayor escarnio.

Como ya dijimos antes, los milicianos se ensañaron con el párroco, le multaron y le expulsaron de la casa rectoral. Don Martín se fue a la casa del sacristán, Francisco Hita Varela, quién junto a su esposa Juliana Rodríguez, acogen al Siervo de Dios. Pero pronto fue detenido y encarcelado a lo largo de un día. Puesto en libertad volvió a la casa del sacristán. Dos o tres días después volvieron a encarcelarle hasta el 7 de agosto. La última vez, el nieto del sacristán que apenas contaba 4 años de edad recuerda la escena de tremendo dolor. El sacerdote instó a Francisco que “no dejara abandonada la Iglesia” y se despidió de ellos dándoles un abrazo y rogando que rezaran por él.

El Siervo de Dios Martín Álvarez fue asesinado con don Fructuoso Garrido Moreno. Don Fructuoso junto a su esposa Águeda Carrasco habían sido padrinos de los casi 1.500 niños que fueron confirmados por el Cardenal Segura el 16 de abril de 1930, en la visita que realizó a Calera. Don Fructuoso, era un funcionario jubilado que desde Madrid había regresado a su pueblo; un hombre bueno… deseamos dejar constancia de su nombre, aunque por desgracia como el de tantos otros, sobretodo seglares, no figure en nuestro Proceso.

Los dos fueron fusilados y arrojaron sus cuerpos al río Tajo. La orografía y el paisaje del río han sufrido una gran trasformación especialmente con la construcción del pantano de Azután. La Central Hidroeléctrica de Ciscarros (Agradecemos a doña Araceli Rodríguez Bodas que nos ha facilitado una foto del famoso cajón de  Ciscarros, en las proximidades de Aldeanueva de Barbarroya (Toledo). Se trataba de un cajón conectado con las dos orillas, mediante un cable, que fue muy utilizado para pasarse de un bando a otro sobre el río Tajo. La fotografía nos permite ubicar la Central Hidroeléctrica de Ciscarros que daba luz a los municipios de la zona), en el término de Calera en la finca del Arco (del grupo de Hidroeléctricas Renilla) está actualmente bajo las aguas del pantano. El puente de hierro donde los detenidos eran ajusticiados fue volado por los mandos republicanos para evitar que desertasen de sus filas, según avanzaba el ejército nacional. Luego fue sustituido por otro de construcción. Pero la tradición oral nos ha conservado los lugares donde sucedieron todos los hechos.

Conservamos el testimonio de doña María López García. Su padre se llamaba Lucinio López Carchenilla, que era el Jefe de la Central Eléctrica en donde vivían. La declarante recuerda que sabiendo que los cuerpos de los ajusticiados pasaban por delante de la Central, salía a observar cada día si alguno bajaba río abajo para que su padre mandase parar las turbinas a fin de que los cadáveres no fuesen triturados. Según recuerda, al día siguiente del martirio del párroco, vio como cuatro o cinco cuerpos eran arrastrados por la corriente, entre ellos el del Siervo de Dios, tras lo cual avisó a su padre.

Tras parar las máquinas y recuperar los cuerpos, la guardia republicana (cinco milicianos) que custodiaban la Central llamaron a sus mandos. Milicianos venidos de Calera se presentaron con la orden de que la corriente del río se llevase los cadáveres. Luego amenazaron a Lucinio con que si sacaba algún cuerpo más lo ajusticiarían a él (Entonces, según la testigo, desde aquel día cuando veían bajar los cuerpos de los que siguieron ajusticiando se limitaban a parar la maquinaria para que los cuerpos pudiesen seguir río abajo). Con unos palos largos devolvieron los cuerpos al río Tajo.

En el libro de difuntos de la parroquia de San Pedro de Calera y Chozas, correspondiente al año 1936, en el folio 89 podemos leer: “El Sr. Cura párroco de esta D. Martín Álvarez después de martirizado fue arrojado al río Tajo”.

    

 

 

MANUEL GIL MARTÍN

Ladislao Gil de la Serna y Martín de Blas (Libro de Bautismo de la parroquia de Sonseca (Toledo) nº 29, folio 186 vto.) nació el 27 de junio de 1876 en Sonseca (Toledo). Sus padres Doroteo y Juana un mes antes, el 21 de mayo, habían perdido a su hijo Manuel de tan sólo un año. A los doce años, Ladislao decide ponerse el nombre de Manuel. En las notas marginales de su partida de bautismo leemos: “Este niño fue confirmado un 23 de junio de 1888 por el Ilmo. Sr. Dr. D. Valeriano Menéndez, Obispo auxiliar de Toledo y cambió el nombre de Ladislao por Manuel”.

Fue ordenado el 10 de diciembre de 1899. Tras sus primeros destinos, el curso 1908-1909 ejerce de profesor en el Seminario Conciliar. El día 8 de octubre de 1908 tuvo lugar la inauguración del curso; en la crónica del acto podemos leer: “la Universidad Toledana presentaba su respetabilísimo Claustro de Profesores, hombres encanecidos en el estudio y jóvenes esperanzas de esas ciencias eclesiásticas…” entre los últimos citados puede leerse el nombre de D. Manuel Gil y Martín.

Luego fue destinado como cura regente de Bargas (Toledo). “El Castellano” del 17 de junio de 1915 nos ofrece esta crónica: “El domingo 13, se celebró en este pueblo (Bargas) una solemnísima fiesta en honor del Sagrado Corazón de Jesús. Gracias al trabajo incansable del Sr. Cura Ecónomo Don Manuel Gil, la fiesta fue brillantísima, celebrándose la Misa de comunión… En la función principal predicó, elocuentemente, el Sr. Gil, asistiendo una escogida orquesta de Toledo”.

Meses después, el 21 de septiembre, en el mismo diario se nos dice que “con el tradicional esplendor se han celebrado las fiestas que Bargas dedica a su Santísimo Cristo de la Sala. Ayer, 19, se verificó la fiesta religiosa… El sermón estuvo a cargo del señor cura regente, D. Manuel Gil, que en el breve tiempo que ha estado entre nosotros, ha sabido conquistarse fama de orador fácil y elocuente. Su sermón de ayer será recordado como modelo de bien decir, de elegancia y de unción evangélica”.

A finales de los años 20 ejercía en Calera y Chozas (Toledo). El 8 de abril de 1927 encontramos en las páginas interiores de “El Castellano”, los siguientes elogios, encabezado por el siguiente título: “En Calera. La labor de un buen sacerdote. Llegó, vio y venció. La fe vuelve”.

Cristo de Bargas
Ermita del Stmo. Cristo de la Sala

 

El artículo dice:

Por reconocimiento, por gratitud y ante todo y sobre todo por amor a la justicia, no debe permanecer mi pluma quieta e indiferente ante la meritoria labor que, no bien llegado a este pueblo, ha emprendido su dignísimo párroco don Manuel Gil Martín.

Por su humildad y exagerada modestia, sé que ha de contrariarle no poco la lectura de estas líneas, mas tengo para mí que las buenas obras deben lanzarse a los cuatro vientos para que sirvan de estímulo y sano ejemplo.

Habíamos llegado a tal estado de abandono e indiferencia en materia religiosa que daba pena ver la iglesia casi vacía, no solo en los días de precepto, sino también en aquellas de gran solemnidad. La fe se extinguía por momentos al ver el estado de abandono y necesidad del templo, de este hermoso templo que, lleno de grandes goteras, grietas y resquebrajaduras, amenazaba derrumbarse con grave riesgo de las pocas personas que lo frecuentaban. No ha mucho, se derrumbó un trozo de cielo raso, que milagrosamente no causó víctimas.

Hemos tenido ocasión de ver las ropas y salvo algún terno y algunas casullas, lo demás, sobre todo en ropas blancas, era un montón de trapos sucios, ajados y llenos de rotos que causaba lástima e indignación a la vez.

Por prudencia y caridad no quiero profundizar más en este delicado asunto, limitándome a lo dicho para dar una ligera idea de cómo ha encontrado esta iglesia su digno párroco recientemente posesionado de ella. Yo he visto asomar las lágrimas a sus ojos al ver el arduo problema que ante él se presentaba.

No  era nada fácil poner el remedio con la urgencia que el caso requería. Nuevo en un pueblo y desconocido para todos, aunque algunos tuviéramos de él las mejores referencias, se hacía un poco difícil arrastrar a la masa común e inclinarla a su favor para que cada uno, con arreglo a su voluntad, acudiera a remediar el mal.

Sin embargo, su voluntad, su ejemplo, su perseverancia y sobre todo su escrupulosidad y amor en el cumplimiento de su sagrado ministerio, a pesar de su breve actuación, han inclinado al pueblo todo a su favor y el éxito más grandioso ha correspondido a su esfuerzo.

Justo es consignar que este pueblo ha sabido apreciar enseguida las dotes que adornan a don Manuel Gil, al que se profesa verdadero cariño y se rinde la admiración que merece.

Los pobres enfermos y los impedidos, que tan olvidados estaban hace unos años, ya tienen quien les predique consuelos y les conforte su espíritu. La fe vuelve a todos.

Recabado por el párroco el apoyo de las autoridades locales y bajo la presidencia de aquél y de éstas, se celebró hace días una reunión en el Ayuntamiento, a la que asistieron los principales contribuyentes para tratar de remediar el estado casi ruinoso del templo, y al efecto todos los asistentes se suscribieron con alguna cantidad, encabezando la lista de donantes el señor cura y las autoridades.

En el acto, y a instancias del párroco, que por delicadeza se opuso a intervenir por sí solo en las obras, se nombró un comisión compuesta por el repetido párroco, don Manuel Gil Martín; alcalde, don Virgilio Renilla; juez municipal, don Leoncio Jiménez, y los señores don Ramón Granda, don Víctor Izquierdo, don Gregorio Luengo, don Pablo Rodríguez y don Eduardo Carrasco Jiménez.

En días sucesivos, el señor cura, acompañado por señores de la comisión, recabó la voluntad de los vecinos casa por casa, contribuyendo con su modesto óbolo casi todo el pueblo.

Se ha invitado también para que contribuyan a engrosar la cantidad recaudada, a los terratenientes y personas de esta localidad que tienen fuera de ella su residencia.

En el arreglo y recosido de las ropas trabajan sin descanso familiares y servidumbre del señor cura, casi desde su llegada a ésta, y aún les queda para rato. Un grupo de distinguidas señoritas, compuesto por Natalia Granda, excepcionalmente caritativa, bondadosa y simpática, Teodosia, María e Isabel Rivera, Lágrimas Renillas, Anita Taldívar, María Jesús Granda, Beatriz Izquierdo y Elena Mateo, han echado sobre sí el trabajo de confeccionar ropas blancas, costeadas por ellas, para donarlas a la iglesia.

        Es también merecedora de todo elogio doña Dominga Gallego, que anticipando el cumplimiento de una cláusula testamentaria, ha entregado a esta parroquia ropas y ornamentos de la capilla particular que perteneció al finado don Gregorio Chico y Velada.

Todo esto se debe a la acertada gestión de nuestro capellán, don Manuel Gil Martín, al que felicitamos de corazón y al que, para bien del pueblo, deseamos largos años de permanencia entre nosotros”.

PACO GÓNGORA

El Castellano” del 2 de julio de 1927 recoge la crónica de la fiesta del Corazón de Jesús: “Con toda grandiosidad se ha celebrado la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús… Ocupo la cátedra sagrada el párroco don Manuel Gil Martín, que haciendo gala de sublime oratoria, predicó un sermón meritísimo por el tema y la composición".

Un especial que, con motivo del Corpus, publica “El Castellano” el 7 de junio de 1928 recoge una interviú con el alcalde de Calera, don Virgilio Renilla. Al ser preguntado por los futuros proyectos, el Sr. Alcalde alaba el buen hacer de los cuatro maestros que trabajan que “unido su esfuerzo al del incansable párroco, D. Manuel Martín Gil, que tan gran incremento ha sabido dar a la catequesis, y que está haciendo una labor de apóstol, formarán una generación que honrará nuestro pueblo”.

El 19 de marzo de 1930 predicó en la solemne función religiosa que por San José se celebra en la iglesia de las Madres Bernardas de Talavera de la Reina.

El 21 de abril de 1930, una vez más las páginas de “El Castellano” se hacen eco de la visita del Cardenal Segura el día 16 a Calera y Chozas (Toledo) para confirmar a cerca de 1.500 niños. Tras explicar todo tipo de detalles sobre las costumbres que se tenían por entonces al recibir al Cardenal, el cronista afirma “Su eminencia reverendísima, revisó acto seguido los altares acompañado del señor cura párroco don Manuel Gil Martín, que le explicaba con todo detalle quienes habían costeado los tres nuevos, recientemente instalados. Seguidamente revisó también las ropas y ornamentos sagrados que se hallaban expuestos con mucho gusto y muy ordenadamente en la sacristía, causándole gran contento y admiración el precioso arca que se estrenará mañana en el monumento, regalado por el rector del Colegio de Chamartín de la Rosa, reverendo padre Enrique Jiménez, al que tanto debe esta iglesia y que es un perfecto calco de la del Monasterio de Guadalupe. Acto seguido, empezó la confirmación, siendo padrinos don Fructuoso Garrido Moreno y su esposa doña Agueda Carrasco, recibiendo el sacramento de la confirmación cerca de 1.500 niños. Desde el templo y acompañado de autoridades y numerosísimo público se dirigió al Ayuntamiento, donde entronizó el Sagrado Corazón de Jesús… Altamente satisfecho ha marchado de este pueblo nuestro Prelado y así lo manifestó a todos en su despedida. Por ser de verdadera justicia, no queremos regatear nuestra sincera felicitación al señor cura párroco…”

Los últimos años, antes de que estalle la guerra, el Siervo de Dios recibe el nombramiento como ecónomo de la parroquia de Santiago Apóstol en Talavera de la Reina (Toledo).

Tras finalizar la contienda entre las notas que inmediatamente tomó don Juan Francisco Rivera Recio podemos leer: “Celebró la santa misa hasta el 21 de  julio, inclusive; el 22 sumió el Santísimo Sacramento y privadamente siguió celebrando en el templo hasta el 25, fiesta patronal de la parroquia. Este mismo día a las tres de la tarde le fueron a tomar declaración en el Cuartel de Milicias (Fundación Joaquina Santander) devolviéndole al domicilio en donde estaba refugiado. En el comité le dijeron que estuviese tranquilo, si bien el pudo oír como se celebraba una conferencia telefónica con Calera. A las diez de la noche del 3 de agosto fueron de nuevo a buscarle. Se despidió de todos “hasta la eternidad”; y mientras bajaba la escalera iba repitiendo: “¡Padre, perdónales que no saben lo que hacen!”.

La noche del 3 al 4 de agosto de 1936 fue fusilado o por el camino o al llegar a Calera.

Como es sabido en el Archivo Histórico Nacional está la llamada Causa General, en la cual se conserva, pueblo a pueblo, para toda España, la información que mando elaborar el General Franco, tras finalizar la guerra. El nombre oficial es: Instrucción de la «Causa general» sobre los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja, creada por Decreto de 26 de Abril de 1940 y encomendada al Ministerio Fiscal. Entre los nueve estados creados para obtener esta información, los más relevantes son los tres primeros:

  • Estado número 1: “Relación de personas residentes en este término municipal, que durante la dominación roja fueron muertas violentamente o desaparecieron y se cree fueran asesinas”
  • Estado número 2:Relación de cadáveres recogidos en este término municipal, de personas no reconocidas como residentes en él, que sufrieron muerte violenta durante la dominación roja”
  • Estado número 3: “Relación de tormentos, torturas, incendios de edificios, saqueos, destrucciones de iglesias y objetos de culto, profanaciones y otros hechos delictivos que por sus circunstancias, por la alarma o el terror que produjeron deban considerarse como graves, con exclusión de los asesinatos, que fueron cometidos en este término municipal durante la dominación roja”

Bien, pues del estado nº 3 de lo acontecido en Talavera de la Reina, obtenemos la siguiente información complementaria:

En tiempo de la República unos desalmados robaron la forma (consagrada) de la Custodia. Los detuvieron pero enseguida quedaron en libertad. Uno de ellos, que era albañil, le preparó una cencerrada. El 31 de julio le sacaron de su casa, le llevaron a la Iglesia, le quitaron el traje talar y en mangas de camisa le pasearon por las calles. El 2 de agosto le llevaron al Comité y el 3 le metieron en un coche y camino de Calera lo asesinaron”.

Finalmente la Postulación conserva en su poder fotocopia de los originales de lo que se llama “el ramo de Talavera de la Reina” con consultas del Sr. Fiscal Instructor de la Causa General de Toledo solicitando noticias de diferentes personas represaliadas en la zona republicana. Sobre el cuerpo del Siervo de Dios Manuel Gil, el 20 de diciembre de 1941, el Juez Municipal notifica que:

DILEGENCIA.- La pongo para hacer constar que en el ramo de la Pieza Principal correspondiente a Calera y Chozas figura al folio tres un estado modelo número 2 en el que se dice que en los meses de julio y agosto de 1936, en la Venta El Conejo de la Carretera General - salvo, el último que apareció en Charcones, Alameda - con heridas de arma de fuego, fueron hallados los cadáveres de D. SATURNINO, Arcipreste de Talavera de la Reina, VÍCTOR BENITO, labrador, Presidente de Acción Popular, EUGENIO CERRO LABRADOR, Capitán de la Guardia Civil retirado, MANUEL GIL MARTÍN, cura párroco y D. FELIPE MACHUCA, vecinos de TALAVERA DE LA REINA, de Acción Popular, cuyas defunciones no se hallan inscritas; y un oficio del Juzgado Municipal de Talavera de 20 de diciembre de 1941 que se desglosa para unirlo a este ramo. Toledo dieciséis de abril de mil novecientos cuarenta y tres. Doy fe.

Sus restos reposan en el panteón familiar del Cementerio Municipal de Sonseca (Toledo).

 

 

ANTONIO OBEO LÓPEZ-DELGADO

Con motivo del final del Año Sacerdotal, que tiene lugar en estos días del mes de junio, nos trasladamos hasta el año 1932. En el número 7.235 del diario católico “El Castellano” del jueves 14 de julio de ese año encontramos la siguiente noticia firmada por el Siervo de Dios Mariano Guerras que titula: “En Alcolea de Tajo se celebran las bodas de plata del párroco don Antonio Obeo.

Ilustramos el artículo con esta foto en la que aparece un grupo de mártires: el Beato Domingo Sánchez, párroco de Puente del Arzobispo, beatificado en 2007 (sentado, en el centro); y los Siervos de Dios Antonio Obeo, párroco de Alcolea (de pie, a la derecha); Laureano Ángel, coadjutor de Puente (de pie, a la izquierda Mariano Guerras, párroco de Valdeverdeja (sentado, a la derecha) y el párroco  de Azután, que fue el único que logró salvarse de la persecución religiosa sufrida años después, don Francisco Sánchez (sentado, a la izquierda). El artículo aunque extenso expresa el sentir de este grupo de sacerdotes que ejercían el ministerio en el mismo Arciprestazgo. El Siervo de Dios Mariano Guerras, que será asesinado junto a los muros de la iglesia de Puente el 28 de agosto de 1936, comienza así su crónica:

Hay para el corazón razones que la misma razón no comprende, decía el gran Bossuet. En muchas ocasiones, dirá la clásica decidora Teresa de Jesús, se hace preciso, es necesario, mostrar al descubierto el pecho, desnudo el corazón, para que cuanto antes se llegue a conocimiento de los sentires y afectos que del mismo se desbordan. Y es que el conocimiento del corazón ilustra el sentido de la palabra, y su lenguaje es suave, dulce, persuasivo y amoroso, todo amor. Para referir lo anecdótico, no hay forma más apropiada de expresión.

¡Qué oportunamente, con dejos de sentido acento, sin afectos ni lirismo, lo recordaba el fraterno amigo Villasante (el Siervo de Dios Clemente Villasante, párroco de Alcaudete de la Jara), en el introito de su meditada prédica, tan del caso, tan del lugar y tan del auditorio!

¡Bodas de plata! ¡Lo anecdótico de una vida, toda sacrificio en aras del ideal durante el transcurso de cinco lustros! Sobran los manidos tópicos; “en estas tierras de pan llevar”, basta con dejar hablar al corazón”.

“¿Qué pasa en Alcolea de Tajo? Rebrilla la casa rectoral, recién enjalbegada; han llegado los familiares del párroco. Hace dos días que se nota en ella desusado trajín… con motivo de la futura fiesta conmemorativa de la “boda del cura”.

8 de julio. Santa Isabel, reina de Portugal. Aprieta el solano que envuelve a los trajineros de la era en el áureo polvo del tamo al separarse de la paja. Muy de mañana, beldades femeninas y garridos mocetones, con el atavío de los días de fiesta pululan por las calles y encrucijadas, esperando el loco volteo de las campanas de la iglesia, que quiere ser alegre, y tal suena en sus oídos con lenguaje engañador, que las campanas de estos pueblos castellanos se fundieran para llorar el “Ángelus”, sobre los surcos, cuando el día muere y cantan los mozos aradores. También las amas y los conspicuos del pueblo, igualmente atezados, esperan y comentan. Son no pocos los que ineludiblemente embrazados por la siega, con el espíritu siguen hoy todos los movimientos del pueblo.

Ya pasó “La Blanca”; ha venido el señor arcipreste con nuestro don Laureano. También llegaron en ella los párrocos de Torrico, El Gordo y Valdeverdeja, acompañados del médico y boticario de los migueletes. No parece, como dicen con tanta insistencia ahora, que andan reñidas la ciencia con la fe… amigos de Puente; nuestro médico Acebedo.

Otro auto; el párroco de Alcaudete que viene a “predicar”; le dicen muy listo; pico de oro. Dos curas más; el bonachón de don Ismael y el ayuda de don Clemente (el Siervo de Dios José Rodríguez Avilés). Caballero jinete en su blanca jaca llega don Francisco. Este cura de Azután no necesita automóvil; es muy campero, y así de arrogante se presenta siempre.

No podía faltar; ya está ahí también el párroco de La Estrella y viene con el de Aldeanovita y otros dos menos conocidos de aquí. No es de extrañar, dicen los del comento; se lo merece todo nuestro don Antonio, que no falta a nadie.

¡Anda, ahora tres autos juntos! Por aquí, por la parte de Talavera… ¡ah!, sí, señorío de Madrid; también allí llega la influencia del señor cura… ¿Apuesta a aquel que baja primero, de tan significada prestancia, es el hijo del médico que murió, allá por cuando vino don Antonio? Como que lo es; la “gratitud” no podía faltar aquí en esta ocasión”.

“Ya lo creo; mucho más “compaña” que el día de la fiesta. Don Antonio, en medio; cómo no… Cortesías, distinciones a la puerta de la iglesia; “Aqua benedicta”.

        Sin perder la sencillez y el encanto que tienen los presbiterios de las humildes parroquias de los pueblos, ¡qué hermoso está hoy el altar! Parece que la Virgen titular pugna por salirse de la estrecha hornacina y levanta más los brazos, señalándonos el cielo… Algo sublime, inunda ya el horizonte cristiano del templo. Nutrido coro de sacerdotes ha comenzado el canto y en el plano del altar hay más asistencias que cuando viene de visita el señor cardenal. ¡Simpática nota bizantina, todo color y severidad de la liturgia sagrada!

        Entrecortados suspiros, emoción, alguna furtiva lágrima; oración que se eleva tras el incienso… El sermón; no intentamos, ni rozar siquiera, el canon que lo veda. Escribimos para EL CASTELLANO, cuya mejor ejecutoria es su acatamiento a las disposiciones de la Iglesia, y nada hemos de decir. Predicó el señor cura de Alcaudete, y ya es bastante; nos supo a poco.

Y después, el siempre nuevo e indefinible momento de la adoración en silencio profundo. Angelicales voces femeninas entonan el “Christus vincit”, “Christus regnat”… y a la Comunión el “Alma de Cristo” y para cerrar lo extrañanamente simpático y soberanamente avasallador: “¡Dios está aquí!”, el “Tantum ergo”, la estación del Santísimo. La bendición que con el Sagrado Viril deja caer sobre nuestras cabezas inclinadas el digno párroco, que pidió esta gracia a la que “benigne annuit” el vicario capitular, para quien, como para su eminencia…., hubo un “memento”.

Se repite la tierna y conmovedora escena de hoy veinticinco años. Ministros de altar, sacerdotes, amistades y pueblo todo, besan las consagradas manos de aquel joven sacerdote que ya orla sus sienes con la corona de la popularidad.

La popular liturgia, ahora ya de lleno presta calor y pone la obligada contera. El refresco, nota simpática de sentida fraternidad, verdadera democracia, reúne en casa del festejado lo heterogéneo del pueblo: ricos y pobres, altos y bajos, los que frecuentan la iglesia y los que abusan del verbo “vagar”, todos son espléndidamente obsequiados y atendidos como saben hacerlo Obeo y sus familiares.

Breves palabras del veterano y simpático maestro, que interpretó el sentir del pueblo, y breves y académicas frases de joven e ilustrado abogado y periodista Madrid, que cifran el de la leal y sincera amistad y compañerismo, cierran tras clamorosas ovaciones y vivas y hurras por don Antonio la fiesta de sus bodas de plata con la parroquia, en la que con lazada más fuerte estrechará la convivencia ya cordializada de párroco y parroquianos.

Termina el artículo con una nota bene. Para don Antonio Obeo. Entrañable compañero: intenté hacer una crónica de lo que vi y no ha acertado. Ahí va lo que supe; poner una nota discordante en el armónico concierto, pero puedo asegurarte que lo que llegó a los puntos de la pluma, pasó antes por mi corazón.

Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción
Campanario de la iglesia

Antonio era natural de Segurilla (Toledo) donde nació un nueve de noviembre de 1875. Eran cinco hermanos: Antonio, Ángela, Vicente, Jesús y Félix. Sacerdote desde el 6 de junio de 1903. Tras los primeros destinos el 27 de octubre de 1920 el señor vicario capitular firma una serie de nombramientos entre los que está el del Siervo de Dios como encargado de La Estrella y Fuentes, en la provincia de Toledo. A los pocos años pasa a ejercer el ministerio en Alcolea de Tajo (Toledo).

Implicado en la defensa de los intereses de sus feligreses, meses antes de su muerte, el 10 de septiembre de 1935, escribe en “El Castellano” un artículo titulado “El trigo sin política o sobre la política”. En él comienza recordando que: “En los días 12 de julio y 21 de agosto de 1931, tuve el honor de que El Castellano, de Toledo, me insertara sendas crónicas, como “Opiniones de los pueblos toledanos”, una sobre “Las soluciones más convenientes al problema agrario” y otra sobre “La parcelación en orden a la propiedad”. Dedicaba dichas crónicas a los diputados por Toledo, sin distinción de matices políticos, como fruto de un humilde e imparcial criterio, que mereció las alabanzas de muchos y el respeto de todos, tal vez por estar inspiradas en las normas paternales de Su Santidad Pío XI, a cuyo sometimiento invita a gobernantes y gobernados, mediante un cambio, si fuera necesario, en el corazón y las costumbres…”

La doctrina que, en los tres artículos referidos, ofrece el Siervo de Dios se puede leer aquí.

Es curioso que cuando en muchos lugares se critica a los curas porque se dice que estaban junto a los explotadores y, alejados del pueblo, nuestro don Antonio termina su extenso artículo del 10 de septiembre de 1935 afirmando: “Así, pues, los que por nuestra profesión estamos en íntimo contacto con el humilde pueblo de los campos, y percibimos los latidos del corazón en la vida de los labradores de la tierra, de esta tierra, madre de la humanidad en todos sus aspectos, no podemos menos de observar sus lamentos ante el abandono de que se creen víctimas cuando los poderes públicos no les amparan en sus derechos, o no encuentran remedio oportunamente a sus necesidades; y nos damos cuenta con honda tristeza de cómo se va atrofiando esa arteria tan indispensable a la vida social”.

        Hombre entregado por completo a sus feligreses llega la hora de su martirio tras el estallido bélico antes de cumplirse el primer mes de guerra.

Según narra don Juan Francisco Rivera en sus notas recogidas nada más terminar la guerra: “El día 24 de julio de 1936 le fue arrebatada la sotana por los marxistas, dejándole en un principio en la casa rectoral, donde estaba en calidad de prisionero, recibiendo continuamente los insultos y las burlas de sus verdugos. A los pocos días el Comité Local le ordenó que desalojase la casa y que saliese del pueblo, marchándose entonces a vivir al campo, pernoctando en casa de un feligrés. Esto era todavía poco. Como en su penuria no pudiese dar al Comité el dinero que le exigía, hubo de retirarse al monte ante su mandato, y estando en la finca denominada “El Bercial”, fue de nuevo apresado por individuos pertenecientes al comité rojo local, quienes obligándole a subir a un camión le llevaron entre insultos y calumnias al Puente del Arzobispo, dirigiéndose a La Estrella, y siendo fusilado el 14 de agosto cerca de Aldeanueva de San Bartolomé”.

 

CARLOS ALCOCER CORRALO y MARTÍN GONZÁLEZ ÁVILA

La villa de Santa Cruz del Retamar (Toledo) es ejemplo de lo que sucedió en muchos de nuestros pueblos: la parroquia fue regida en el primer tercio del siglo XX por santos sacerdotes que luego regaron con su sangre nuestra bendita Archidiócesis. De 1903 a 1912 la parroquia del Triunfo de la Santa Cruz tuvo como ecónomo al Beato Saturnino Ortega Montealegre, beatificado en 2007, que luego fue martirizado siendo párroco de Santa María y arcipreste en Talavera de la Reina. Tras él, fue administrador de 1912 a 1918 don Juan del Moral de la Plaza, quién en los días de la persecución ejercía como coadjutor de la parroquia toledana de los Santos Justo y Pastor, derramando su sangre en el Paseo del Tránsito.

Antes de ser destinado a Ocaña, el Siervo de Dios Juan del Moral aparece en una breve crónica en “El Castellano” del 21 de junio de 1915. La nota nos interesa porque por entonces ya estaba de coadjutor uno de los dos sacerdotes martirizados en Santa Cruz: “Con más solemnidad que en años anteriores se ha celebrado la Novena de los Sagrados Corazones. El altar mayor estaba primorosamente adornado con plantas naturales, y en todos los cultos presidió Su Divina Majestad manifiesto. El día 11, después de la Comunión general, que fue numerosa, se tuvo la función, en la que ofició de Preste nuestro virtuoso Coadjutor D. Martín González Ávila, y ocupó la Sagrada Cátedra el celoso e incansable Ecónomo Sr. del Moral…”.

Iglesia de Santa Cruz de Retamar

Es verdaderamente hermoso que una crónica, aunque sea de un periódico católico (de hecho de otros sacerdotes no se encuentran tales descripciones), califique a un sacerdote de “virtuoso” o de “celoso e incansable”… ¡en el año 1915!... y, luego saber que esos mismos sacerdotes, veinte años después, fueron fieles hasta el martirio.

Pero todavía resulta absolutamente más estremecedor escuchar, con una lucidez asombrosa, los mismos calificativos a los que fueron testigos de la vida de estos fieles sacerdotes.

Hacia los años veinte regentaría la parroquia el Siervo de Dios Carlos Alcocer Corralo que junto a su coadjutor, el Siervo de Dios Martín González Ávila, serían sacrificados en los últimos días de julio de 1936, nada más iniciarse la persecución religiosa.

El Siervo de Dios Carlos Alcocer Corralo era natural de Albalate de Zorita (Guadalajara), nació el cuatro de noviembre de 1873 y fue ordenado por el Beato Ciriaco María Sancha el 17 de diciembre de 1898. Desde los años 20 ejerce de párroco en el pueblo toledano de Santa Cruz del Retamar.

Por su parte, el Siervo de Dios Martín González Ávila nació en Consuegra (Toledo) el 30 de enero de 1870. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de marzo de 1896. Después de varios destinos, fijo su residencia en la parroquia de Santa Cruz del Retamar, ejerciendo desde principios de los años diez de coadjutor de la misma.

Un testigo, que fue monaguillo de la parroquia del Triunfo de la Santa Cruz y que por lo tanto asistía a los dos sacerdotes, recuerda que: “Don Martín tenía mucho carácter… pero que el párroco, don Carlos, era más callado. Cuando estalló la guerra, fue detenido primero el párroco. Era el 26 de julio de 1936”.

Los milicianos sacaron a Don Carlos de la casa parroquial en mangas de camisa y descalzo. Lo llevaron camino del cementerio, suspendiéndole de un olivo. Allí le torturaron durante largo tiempo hasta dejarlo moribundo. Finalmente dispararon sobre él.

Al día siguiente (27 de julio) fueron en busca de don Martín. Le sacaron de su casa con la excusa de ir a declarar. Ya en la calle, comprendiendo el engaño, el Siervo de Dios se volvió a su casa. Entonces dispararon sobre él, cayendo herido. “-¿Me vais a matar -les decía- habiéndoos yo bautizado y casado a algunos y enseñado el catecismo a vuestros hijos?... Virgen de la Paz, ampárame".

Entretanto ellos le insultaban y volvieron a disparar. Agonizante le echaron en un carro, llevándole al cementerio. Al pasar por la cooperativa una del pueblo, a la que llamaban “la tía bicheja”, dijo a voz en cuello: “-Aprieta al chivo que este ya no canta”. En el camposanto se sento, a duras penas, en una sepultura y allí le remataron, echándole a la fosa en que yacía el párroco desde el día anterior.

Después de permanecer separados en tumbas individuales reposan desde hace años en una sola tumba en el cementerio municipal de Santa Cruz del Retamar, junto a una cruz que siempre ha estado junto a sus cuerpos.

Cementerio municipal de Santa Cruz del Retamar

 

LA PARROQUIA DE SONSECA

No seré yo, y menos desde estas líneas, el que juzgue los trabajos e intenciones de la Junta de Incautación del gobierno de la Segunda República, después llamada Junta de Defensa del Tesoro Artístico, por ejemplo en lo referente al Museo madrileño de El Prado. Pero resulta sarcástico, a la par que trágico, leer los carteles editados por el Ministerio de Instrucción Pública y Dirección General de Bellas Artes: “Este edificio está bajo la protección del Ministerio. Es del pueblo. Respetadlo. Ciudadanos”. ¡A los cinco días de iniciada la guerra!, ya se podían leer esos carteles en edificios de Madrid. Si solamente hubiesen hecho llegar uno a cada parroquia, tal vez, estaríamos preparando una nueva exposición para que los castellano-manchegos disfrutasen de las obras que la Iglesia celosamente había guardado durante siglos en sus parroquias, conventos y ermitas y, que cual partida de hunos, los milicianos hicieron desaparecer en nuestra Archidiócesis en los primeros meses de la persecución religiosa.

El titular de la parroquia de Sonseca es San Juan Evangelista ante Portam Latinam Os invitamos a que visitéis su excelente página web: www.parroquiasonseca.org. En ella se nos informa que en el lejano 1574 los vecinos de Sonseca llamaron al escultor Pedro Martínez de Castañeda, discípulo de Berruguete, para encargarle la construcción de un gran retablo para la Capilla mayor. Martínez de Castañeda lo concluyó en 1588.

La foto que acompaña el inicio de esta serie sobre los sacerdotes mártires en Sonseca, y que fue descubierta por el actual pçarroco don José Talavera, pertenece a la visita que los miembros de la Junta de Defensa del Tesoro Artístico realizan en el año 1938 para valorar los “desperfectos” en el retablo de Castañeda. No olvidemos que Sonseca estuvo casi toda la guerra en zona republicana. En realidad solo podían valorar el destrozo generalizado del templo. Se encuentran delante del altar donde estaba el Tabernáculo, completamente destruido. Sobre éste se encontraba el conjunto escultórico central del retablo que representaba el martirio de San Juan Evangelista. Esta escena escultórica de tres piezas constaba de San Juan en la caldera con dos verdugos, uno a cada lado, avivando las llamas, que también fue destrozado. Hoy, continúa la restauración del retablo, pero desde 2005 ya figura repuesto el conjunto escultórico del titular del templo.

 “El tiempo - se nos dice desde la web - no pasa en balde y una obra artística de éstas características no pasa impasible más de cuatro siglos; pero sin duda la herida de muerte la sufrió durante la Guerra Civil española. Se dijo, al acabar la guerra, que llegaron incluso a atar cuerdas y cadenas al retablo desde los camiones y tanques, que tenían dentro del templo parroquial (que utilizaban como garaje), con el fin de tirar de él y arrancándolo hacerlo caer al suelo, para luego ser quemado. Pero alguien les dijo y razonó, que si conseguían su propósito, al caer el retablo al suelo, el golpe podía hacer que se hundiera el techo de la iglesia. Ante tal miedo cedieron y quitaron las cadenas enganchadas, pero uno de ellos se volvió y dijo: "A aquel no le libra nadie", y echándose el fusil a la cara, disparó contra la imagen del arcángel San Miguel, quitándole la mayor parte de la cabeza. De hecho, antes de la restauración, no era difícil encontrar orificios de bala en toda la estructura del retablo”.

Todo lo que sobresalía fue salvajemente arrancado con hachas y mazas.

El Anuario Diocesano de Toledo publicado en 1930 nos recuerda que por aquel entonces Sonseca (Toledo) tenía una población de 5.459 habitantes. El titular de la parroquia era San Juan ante portam latinam. Y que, además de las diferentes cofradías, tenía 30 asociaciones religiosas. Contaba con un anejo, Casalgordo, de 60 habitantes, cuya iglesia era filial de esta parroquia.

Al final del artículo, que lo hace comentando las obras de arte de la parroquia, describe así el retablo del altar mayor del que hablamos en la última entrega: “es de singular mérito artístico el retablo del altar mayor, obra del escultor toledano Pedro Martínez Castañeda (1574-1588). Tiene unos 20 metros de alto y consta de cuatro cuerpos (dórico, jónico, corintio y compuesto, con un ático triangular, por remate, con pinturas, estatuas y grupos escultóricos en los intercolumnios; obra, en verdad, suntuosa, que algunos atribuyeron a Berruguete”.

Respecto a los sacerdotes vinculados a Sonseca, por nacimiento o por cargo pastoral, y que se encontraban allí o se disponían a refugiarse en el pueblo al inicio de la guerra del 1936, disponemos del siguiente listado:

  1. Casimiro Rivera Eusebio, párroco de Sonseca (Toledo)
  2. Leoncio Martín de la Torre, coadjutor a la parroquia de Sonseca (Toledo)
  3. Juan Díaz García, adscrito a la parroquia de Sonseca (Toledo).
  4. Manuel Ruiz Roldán, Capellán castrense, adscrito
  5. Manuel Martín Cabello, Director de un Colegio en Sonseca (Toledo)
  6. Pedro Manuel Perezagua García, párroco de Siruela (Badajoz)
  7. Pedro Galindo Martín, párroco de Mocejón (Toledo)
  8. Francisco Fernández Martín, Capellán del Hospital Provincial de Toledo
  9. Lorenzo Fernández Laguna, párroco de Maqueda (Toledo)
  10. Teodoro Ruiz Peces, capellán Dominicas de Ajofrín (Toledo)
  11. Manuel Gil Martín, párroco de Santiago en Talavera la Reina (Toledo)
  12. Bonifacio Perezagua García-Aranda, párroco de Yunclillos (Toledo)
  13. Jesús Fernández Martín, párroco de Casasbuenas (Toledo)
  14. Sandalio-Ernesto Peces Roldán, párroco de Móstoles (Toledo) su proceso lo tramita el Arzobispado de Madrid.

Antes de que estallara la Guerra civil española en Sonseca ya se vivieron, por parte de las autoridades locales, actuaciones contra la Iglesia impidiendo toda manifestación religiosa fuera del templo, y seguidamente, también se prohibieron los cultos dentro del templo. A partir del 18 de julio de 1936 se inicia la persecución a las personas, tanto sacerdotes como seglares.

Los edificios dedicados al culto en Sonseca y Casalgordo fueron saqueados y quemadas sus imágenes. Además del retablo, el Tabernáculo fue completamente destruido y profanadas las Sagradas Formas. Las campanas, tiradas de la torre para hacer metralla; los fondos de las cofradías, robados; las casas y los templos parroquiales habilitados para locales militares. La imagen de San Ildefonso de Casalgordo fue salvada de la quema por una vecina que la mantuvo escondida en su casa.

Casalgordo (Toledo): dibujo del retablo de la iglesia parroquial (Junta de Incautación del Tesoro Artístico, 1938)

 

Procesión de San Ildefonso mediados del siglo XX (foto de Salvador Peces Sánchez)

 

CASIMIRO RIVERA EUSEBIO

En marzo de 2005, en las entregas 20 a 23 de esta sección de Padrenuestro, presentábamos a los miembros de Acción Católica que fueron martirizados en Sonseca el 20 de octubre de 1936: se trataba de los Siervos de Dios Francisco Sánchez Ruiz, Luis Pérez, Juan García-Pulgar, Eugenio Perezagua y Emiliano Rojas. Ahora, tanto tiempo después, es el turno del numeroso grupo de sacerdotes.

        Casimiro nació en Mondéjar (Guadalajara) el 4 de marzo de 1895. Sus padres se llamaban Juan y Manuela. Diez días después recibió las aguas bautismales en la parroquia de Santa María Magdalena de Mondéjar. Tenía seis hermanos (Jacinta, Nicolasa, Concepción, Dolores, Ricardo e Isidoro). En el Seminario de Toledo cursó los estudios eclesiásticos (por aquel entonces esos pueblos pertenecían a la Archidiócesis de Toledo). Se ordenó sacerdote el 16 de marzo de 1918. El 1 de abril cantó misa en la parroquia de su pueblo natal, siendo los padrinos de la celebración su tío sacerdote don Leoncio Eusebio, y el párroco de San José de Madrid, Donato Giménez. Se doctoró en la Sagrada Facultad de Teología, en la Universidad Pontificia de Toledo.

Capilla bautismal. Iglesia de Sta. Mª Magdalena de Mondéjar (Guadalajara)
Pila bautismal donde fue bautizado el Siervo de Dios

Recién ordenado, fue coadjutor de Horche (Guadalajara) el curso 1918-1919, regente de Colmenar de la Sierra, ecónomo de Lupiana, de Pajares y de Malacuera, todos en La Alcarria. Fue nombrado capellán de las religiosas Bernardas (Monasterio Cisterciense de Santa Ana) de Brihuega (Guadalajara).

Las monjas cistercienses declaran que su ministerio favorecía el surgir de nuevas vocaciones. Conservan un grato recuerdo de su persona, afirmando que era “una sacerdote muy fervoroso, espiritual y entusiasta… Llenaba la iglesia en todos los cultos que él celebraba. Don Casimiro tenía en su casa un despacho provisto de una completa biblioteca, a la que acudían todos los que deseaban libros religiosos”.

En 1926 publica una novena a la Virgen Santísima de la Peña que se conserva en la Postulación. La parte más sabrosa la constituye su “Breve reseña de la tradición religiosa y culto a la Santísima Virgen de la Peña, en Brihuega”. Pero su gusto por la historia también quedó plasmado en el libro sexto de matrimonios de la iglesia parroquial de San Pedro Apóstol de Lupiana (Guadalajara). Corresponde a los años 1811 hasta el 1851 y en las últimas páginas titula: “Breve descripción de la fundación del que fue Real Monasterio de religiosos jerónimos de esta villa de Lupiana” (años 1373 al 1835). Está firmado el 24 de abril de 1919, siendo cura ecónomo.

 

Virgen de la Peña

De Brihuega pasó a ser regente en su pueblo natal. Antes de proseguir, es muy interesante, el testimonio de don Félix Torres Olalla, sacerdote del arzobispado castrense, quien a sus 93 años recuerda perfectamente al Siervo de Dios. Natural de Mondéjar como el mártir, don Félix fue monaguillo de don Casimiro durante los años que ejerció el ministerio en su pueblo natal. En 1930 le prepararía para ingresar en el Seminario.

Nos ofrece esta sabrosa anécdota al ser nombrado cura ecónomo de Sonseca (Toledo). “Era mayo de 1932 y Monseñor Feliciano Rocha Pizarro, Obispo auxiliar de Toledo, en ausencia del desterrado Cardenal Segura, tuvo que tomar las riendas de la Archidiócesis. Al tomar posesión de la parroquia de Mondéjar su sucesor don Marcelino Gutiérrez, el pueblo se amotinó impidiendo que don Casimiro abandonase la parroquia, lo cual le causó un serio disgusto por el cariño desmesurado a su persona. Anteriormente y a sus espaldas, una comisión de personas destacadas de la parroquia acudió al Sr. Obispo en súplica de que suspendiera su traslado, lo que fue negado por el prelado. Se supo que, para cumplir con los deseos de Monseñor Rocha, se tuvo que marchar durante las horas nocturnas, acudiendo humildemente a pedir perdón porque, contra su voluntad, se había demorado en cumplir lo mandado por éste”.

Según el testigo, todo esto estaba motivado porque cuando llegó al pueblo, su tío Leoncio que era el párroco ya era muy mayor y él supo ganarse a la gente a través de la catequesis y de sus cuantiosas obras de caridad. Formando a aquellos niños, sabía que se ganaba la voluntad de los jóvenes y a los futuros matrimonios. En poco tiempo consiguió mucho. Don Félix lo recuerda “dignísimo en el ejercicio de las celebraciones litúrgicas, principalmente las eucarísticas, por su recogimiento exterior, predicación, celo pastoral y comportamiento exterior”.

En Sonseca fue muy bien recibido. En su obra Persecución religiosa de la Diócesis de Toledo, don Juan Francisco Rivera describe su trabajo en este pueblo toledano: “Don Casimiro Rivera Eusebio, sacerdote ejemplar y celoso, llevaba trabajando paciente y prudentemente en la parroquia de Sonseca desde 1932, en los tiempos difíciles de los años de la República, copiosos en contrariedades y derroche de tácticas”.

Su retablo es reconstrucción exacta del que tuvo desde el Renacimiento hasta 1936. Fue rehecho por obra de Artemartínez, de Horche (Guadalajara)
Torre de la parroquia de Mondéjar

En mayo de 1932 el Siervo de Dios llega a la parroquia de Sonseca. En octubre de 1933 fundó y formó a la Juventud de la Acción Católica, dando como fruto un hermoso ramillete de mártires, también en proceso de beatificación.

La Postulación conserva una carta fechada el 30 de octubre de 1930 en donde el Siervo de Dios se dirige a sus primos Manolo y Aurora para felicitarles por el nacimiento de su hija. En ella les da cuenta de la visita que el 27 de octubre realizó Monseñor Isidro Gomá a Sonseca.

Ya terminamos, gracias a Dios, las fiestas que han resultado con un esplendor inusitado. El pueblo ha respondido admirablemente y locos de contentos al ver la iglesia como nunca soñaron podría estar. Ha habido una extraordinaria concurrencia y todo ha salido que ni a pedir de boca. El domingo vino el Sr. Arzobispo Primado que quedó muy complacido de las fiestas; vino también el Conde de Mayalde, diputado de la CEDA, a presidir la Procesión con las autoridades que asistieron todas.

Subió al púlpito el Sr. Arzobispo y dirigió una emocionante exhortación al pueblo. Había muchísima gente. De sacerdotes éramos 18 ó 20. Al terminar se le obsequió al Prelado, sacerdotes, autoridades, etc… aquí en casa con dulces, licores y habanos. Además encargué una gran caja de mazapán de casi media arroba, con el escudo propio del Arzobispo; se han esmerado en la fábrica y lo han sacado muy bien. Al Sr. Arzobispo le agradó sobremanera el obsequio que nos dijo iba a destinar a un banquete que dará el día 10 al Sr. Nuncio y varios Prelados que vendrán a Toledo con motivo de la Semana pro Seminario que se va a celebrar a primeros de mes…

Con esta sencillez relata a su familia una jornada de fiesta para la Parroquia. Años después, en la revista “Toledanos” de 1935, según cita de Salvador Peces Sánchez en su blog “Sonseca en el zurrón y…”, don Casimiro nos ofrece su opinión sobre las gentes: “Sonseca es pueblo de abolengo cristiano. Hay que buscar el distintivo de su carácter, el origen de sus costumbres, sanas y morigeradas, de la sobriedad de su vida, de su laboriosidad y de su honradez acrisolada, notas características de los hijos de Sonseca”.