MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE SIGÜENZA-GUADALAJARA

 

Albacete Gutiérrez, Faustino García Cortijo, Sebastián Muñoz Gamo, Julián
Albiñana Zaldíbar, Alberto García Fernández, D. Deogracias Navalpotro Cerrada, Mariano
Alvir Gutiérrez, Julián Gil Ayuso, Prudencio-Marcial Navarro Castillo, José
Ambrona Asenjo, Lorenzo Gismera Cortezón, D. Lorenzo Ochaíta Batanero, Salvador
Amo del Amo, Enrique Alberto del Gómez Bajo, Juan Bautista Orea Pérez, Luciana
Andrés Santiago, Alejandro González Gómez, Felisa Pedromingo y Cotayna, S.J., José de
Arenas Orea, Mª Encarnación González Herrera, Julián Peña Ruíz-Bustillo, José
Badiola Alonso, Gregorio Güil Canfrán, Gregorio Peña Sánchez, Victoriano de la
Bayón de Tena, Emilio Gutiérrez García, Francisco Pérez Garbajosa, Julián
Bayón Rodríguez, Antonio Heras Olmeda, Juan de las Pérez López, Juan Julián
Bermejo Henche, Felicitas Heredia Malo, Lorenzo Pérez Pérez, Justo Antonio
Bermejo Valenciano, Aurelio Herraíz Martínez, Félix Pérez-Villamil y Torres, José Mª
Bermejo Valenciano, Fray Tomás Herranz Alonso, Lino-Pedro Polo Ortego, Saturnino
Blas Sevilla, Bernardo Hérranz Martínez, Casimiro Prieto Baños, Francisco
Brissa Gurmendia, Pilar Herrero Conde, Juan Rentero Hernández, Félix
Calero Pareja, Gregorio-M Hidalgo Villarrubia, Telesforo Rey Martín, Agustín del
Cascajero Sánchez, Eulogio Hornedo Huidobro, Petronila Ríos Ravanera, Ángel-Andrés
Cascajero Sánchez, Julio M. Juan Sáez, Pablo de Romero Herráiz, Luis
Celso Coterón Martínez, Joaquín Laina Ibáñez, D. Martín Rubiales Aragonés, Pedro
Cerrato Mazarío, Antonio Lapastora Alonso, Rufino- S. Rufo Orea Pérez, Rufo
Córdoba Aguirregabiria, José Augusto León Lorente Corona, D. Pedro Manuel Ruiz Perdices, Telesforo
Cortés Calvo, Pedro Llorente García, Germán Sacristán Valtueña, Vicente y José
Cortés Moral, Juan Antonio López Garijo, Felipe Sánchez Pérez, Feliciano
Coterón Martínez, Eulogio Fausto López Muñoz, Joaquín Epifanio Sánchez Sánchez, D. Eulogio Constantino
Cuevas Alfaro, Felipe Lozano Tomás, D, Braulio Santiago-Fuentes Gómez, Mauricio de
Díaz de Andrés, Víctor Malo Herranz, Hermenegildo Santos Alarcón López, D. Tomás
Díaz-Delgado Maroto, Epifanio Marcos Alcocer, Mª del Carmen Santos de la Fuente Falcón, Miguel José de los
Díaz-Maroto Alarcón, Ambenio Martín García García, Jesús Santos Díaz, Pablo
Domínguez Ortíz, Fermín Martínez Bermejo, Juan Silvano Mariño Ortega, Francisco
Escribano Romero, D. Manuel Martínez Ibáñez, José Mª Simón y de Simón, Anastasio de
Fernández Díaz, Julián Martínez Somolinos, Alejandro Valentín Barahona, Alejandro
Flores Molina, Julio Eugenio Martínez Somolinos, Ángel Vaquero Moreno, Nicolás
Fraile Fraile, D. Pedro Matarranz de la Obra, Isidoro Villa y Villa, Clementino de
Gallego Estéban, Flélix-Gloria Mayor Bermejo, Antonio Villarrubia Díaz-Maroto, Vital
Gallego Estéban, Gregorio Mayor García, Guillermo Yaben Yaben, Martín
Ganado Bravo, Rafael Megino Zopico, Luisa Yusta Encabo, Valentín-H
García Andrea, Florentino Molina Alcalde, Domingo  
García Caballero, Sixto Monge Mínguez, Eugenio  

 

LUISA MEGINO ZOPICO

Nació en la ciudad de Guadalajara el 17 de noviembre de 1879. Siempre fue la santera de la Virgen de la Antigua. Mujer pobre pero de temple recio, su único título fue defender a la Virgen y su santuario. Conocida popularmente como "la Megina», vivía de las limosnas que le ofrecían los devotos y los cofrades de la Hermandad de la Virgen de la Antigua; con estos pequeños donativos y su trabajo, mantenía primorosamente las necesidades diarias del santuario. Era muy conocida en la ciudad por este servicio y por su profunda devoción a la Virgen.

El 22 de julio de 1936, un grupo de milicianos se dirigió a la iglesia de la Antigua. Encontrando cerrada la puerta, rociaron con gasolina el santuario para quemarlo. Luisa apareció en la puerta; los milicianos la increpan y le obligan a que les abra; ella clama: "para entrar tendréis que matarme". La respuesta fue una ráfaga de balas. Muerta Luisa, se produjo una fuerte discusión entre los propios mi1icianos, que se marcharon del lugar.

En la puerta del santuario que defendió quedó tendido el cadáver de la santera; al día siguiente era enterrado en el cementerio de Guada1ajara. Cuando finalizó la guerra, restablecido de nuevo el culto en la Antigua, el templo se llenó de fieles para participar en la primera Misa, celebrada en memoria de la santera que evitó que el santuario fuera incendiado.


 

ÁNGEL MARTÍNEZ SOMOLINOS

Nacido el 31 de mayo de 1916 en Guadalajara, en el seno de una familia trabajadora y de hondas raíces religiosas. Ángel era el cuarto de siete hermanos; todos, junto con Jorja, su madre viuda, vivían en el número 26 de la cal1e Doctor Benito Hernando. Trabajaba en el comercio "Casa Pajares» y colaboraba en el negocio familiar, una Fábrica de Jabón.

Fue detenido junto con su hermano sacerdote en la fábrica familiar por una partida de milicianos el día 14 de agosto de 1936. A pesar de que la madre pide ayuda a D. Marcelino Martín, dirigente de la Milicia y vecino de la familia, los dos jóvenes son llevados a una sede de la CNT para ser juzgados. Esa misma tarde fueron conducidos hacia la carretera de Cabanillas y, tras cruzar el paso a nivel, fueron fusilados. Los cadáveres fueron recogidos por D. José Pajares y enterrados en el cementerio de Guadalajara. Tras la guerra, fueron depositados definitivamente en una sepultura familiar.


 

ALEJANDRO MARTÍNEZ SOMOLINOS
Hermano de Ángel, nació en Guadalajara el 26 de noviembre de 1911. Tras acabar el Bachillerato y realizar estudios de Magisterio, en 1930 ingresó en el Seminario de Toledo, donde fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1936. Mientras esperaba su nuevo destino pastoral, colaboraba en la Parroquia de San Nicolás y trabajaba además en la Fábrica de Jabón. De hecho, era el «cabeza de familia», puesto que su padre, Hermenegildo, había fallecido en enero de 1936 y sus siete hermanos eran todos menores que él. Con Ángel compartiría trabajo, fe, muerte y vida. Actualmente viven tres de ellos: Tomás, Felicidad y Matilde.

Nacidos en Budia, ordenados presbíteros en Sigüenza, párrocos en varios pueblos de la Diócesis:

los tres en contraron 1a muerte en parecidas circunstancias

GUILLERMO MAYOR GARCÍA
Nació el 10 de febrero de 1871 y fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1896. Cuando estalló la guerra ejercía su ministerio en Gárgoles de Arriba, a los 65 años de edad y con una salud delicada. Refugiado inicialmente en casa de un vecino, fue después recogido por el Secretario del pueblo, que era también Sacristán. El 17 de diciembre, ante un registro inminente por parte de los milicianos para buscar al sacerdote y el miedo consiguiente entre los vecinos del pueblo, D. Guillermo se ocultó en el campo; la sobrina y la criada del sacerdote también se vieron obligadas a marchar del pueblo para no levantar sospechas.

Cuando acabó la guerra, la familia de D. Guillermo visitó Gárgoles de Arriba buscando noticias del párroco. El Secretario les comunicó que, durante la contienda, había pasado a la zona nacional. Sin embargo, más tarde se denunció el asesinato del sacerdote, tramado por el propio Secretario y el Alcalde del pueblo.

Por lo que se pudo averiguar, el día 31 de diciembre de 1936, Alcalde y Secretario condujeron a D. Guillermo al borde de una fosa que ellos mismos habían cavado a las afueras del pueblo. La pistola con que iban a asesinarle se encasquilló; el sacerdote les dijo: "¿Me vais a matar?" Al ser descubiertos por su víctima y amigo, le asestaron un fuerte golpe en la cabeza y cayó desvanecido; con un segundo golpe lo arrojaron a la fosa y lo enterraron. Según determinó la autopsia, habría sido enterrado con vida.

FELIPE CUEVAS ALFARO

Nació el 6 de junio de 1895 y fue ordenado sacerdote en septiembre de 1919. En Henche vivió el estallido de la guerra; don Felipe decidió refugiarse en su pueblo natal, donde permaneció desde el 28 de julio hasta el 8 de septiembre de 1936. Cuando, el 9 de septiembre, volvió a Henche para recoger sus cosas, los vecinos -amenazados por las milicias- lo detuvieron y entregaron en Cifuentes. Antes de que llegasen los milicianos les dijo: "no me matan las milicias, sino los que me entregan". Ese mismo día, D. Felipe fue asesinado junto al cementerio de Henche: varios disparos de pistola y fusil pusieron fin a su vida a los 41 años.
ANTONIO MAYOR BERMEJO
Nacido el 21 de octubre de 1887 y recibió la ordenación sacerdotal el 31 de marzo de 1900. En 1936, siendo párroco de Durón, decidió trasladarse a su pueblo natal y alojarse en casa de unos primos. Los milicianos lo descubrieron: para salvar la vida, pagó 1.100 pesetas que tenía ahorradas. A pesar de ello, el 2 de septiembre fue detenido junto al esposo de su prima y ambos ingresaron en la Cárcel de Guadalajara.

Sacerdotes y Canónigos de Sigüenza, encontraron escrito en el Evangelio el guión de su propio destino:
«El buen pastor va delante de sus ovejas y da su vida por ellas» (Jn 10, 4.11)
ANASTASIO DE SIMÓN Y DE SIMÓN
Nació en Prado1uengo (Burgos) el 28 de octubre de 1878. Ejerció los cargos de Provisor y Vicario General en diversas Diócesis. Desde la Catedral de Jaén vino nombrado Deán de la Catedral de Sigüenza en 1929. Desde un principio fue un entusiasta e infatigable colaborador de EL ECO.

El 25 de julio de 1936 los milicianos entran en Sigüenza. D. Anastasio es detenido y conducido hasta su casa para proceder al registro de sus pertenencias; él intentaba convencerles de que "no había razón para todo aquello". Al día siguiente fue llevado ante el Comité, situado en el Ayuntamiento, donde recibió toda clase de injurias; quedó arrestado en la Cárcel, junto con otros compañeros sacerdotes.

El día 28 de julio, una partida de milicianos armados requirió la entrega de D. Anastasio, pero el carcelero se negó. Finalmente, el Jefe de la prisión accedió a que entraran tres milicianos: prendieron al Deán, 10 empujaron hasta la Calle Mayor y le hicieron subir a un automóvil. En La Cabrera, a un lado de la carretera, 10 asesinaron; allí mismo 10 enterrarían unos hombres del pueblo. Liberada Sigüenza y enterado el Cabildo seguntino del lugar del enterramiento, 10 exhumó y trasladó al Cementerio de Canónigos de la Catedral.
RAFAEL GANADO BRAVO
Nació en Sanzo1es (Zamora) el 25 de agosto de 1889. En Sigüenza desempeñó los cargos de Beneficiado de la Catedral, Mayordomo del Obispo Y Capellán del Asilo. Nunca aceptó propuestas para abandonar la ciudad.

E1 14 de agosto de 1936, cuatro milicianos 10 detuvieron en su casa con el pretexto de tomarle declaración. El automóvil partió hacia el Paseo de las Cruces; al otro lado de las vías del tren, le hicieron bajar del coche y comenzaron a dispararle; una miliciana le dio al fin el tiro de gracia en la cabeza. Su defunción fue inscrita con fecha 30 de marzo de 1937.
FLORENTINO GARCÍA ANDREA

Nació en Mochales el 4 de julio de 1876. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el día 6 de junio de 1903. Desempeñó los cargos de Canciller-Secretario, Canónigo de la Catedral y Director de la Asociación de los Jueves Eucarísticos..

El 25 de julio de 1936, D. Florentino hacía oración en la Parroquia de San Pedro. «No me moveré de aquí. No dejaré solo al Santísimo. Si me han de coger, desearía que fuese aquí», le había confesado a su hermana. En el templo mismo lo detuvieron ara que hiciera entrega de las llaves de todas las iglesias de Sigüenza, quedando libre poco después.

Pero, el 10 de agosto, unos milicianos se presentan en su casa para registrarla; al final del día le ordenan acompañarles. Don Florentino les pidió tiempo para rezar el Oficio Divino; acabada su plegaria, se entregó con un firme «a vuestra disposición».

Al amanecer del día siguiente fue fusilado en el paraje La Hortaza, camino de Barbatona. Sería después enterrado en el cementerio de Sigüenza, donde hoy reposa.

Sacerdotes y profesores del Seminario Mayor de Sigüenza, con su muerte impartieron a todo el pueblo cristiano la más sabia lección de su vida: «No amaron tanto su vida que temieran la muerte» (Ap 12,11)
MAURICIO DE SANTIAGO-FUENTES GÓMEZ

Nació el l de septiembre de 1873 en Sigüenza, donde estudió y fue ordenado sacerdote en 1986. En el mismo Seminario seguntino ejerció como profesor de Física y Química.

En julio de 1936, tomada Sigüenza por los milicianos, un vecino ofreció su propia casa a don Mauricio para que se ocultara, pero el sacerdote rehusó el amistoso ofrecimiento: «te lo agradezco, pero no puedo consentir que nadie ponga en peligro su vida por el buen deseo de salvarme". Con todo, el 28 del mismo mes, ante el riesgo inminente, decidió refugiarse en casa de un primo suyo, Ángel Gómez. Pero, preocupado de nuevo por evitar cualquier situación peligrosa a su familia, el 4 de agosto regresó a su domicilio.

En la mañana del 7 de agosto de 1936 se produjo un intenso fuego de artillería sobre Sigüenza por parte de las fuerzas nacionales. Aquella tarde, un grupo de mi1icianos se abalanzó sobre la casa de D. Mauricio para detenerlo; él mismo les abrió. Lo condujeron en coche hasta e11ugar llamado «La Solana», cerca del Puente de San Francisco, en Sigüenza. Allí, al grito de "¡Viva Cristo Rey!", recibió los disparos de los fusiles. En el cementerio de Sigüenza reposan sus restos.

JESÚS MARTÍN GARCÍA GARCÍA
Nació en Ariza (Zaragoza) el 12 de noviembre de 1883; el 21 de diciembre de 1907 fue ordenado sacerdote en Sigüenza. Ejerció su ministerio en varias poblaciones de la antigua Diócesis, hasta que llegó a la Parroquia de San Vicente, en Sigüenza. En el Seminario impartía lecciones de Historia Eclesiástica; fue también administrador y redactor de la hoja diocesana, EL ECO.

Desde e1 25 de julio de 1936 permaneció oculto en su casa, sin aceptar ningún tipo de invitación para escapar. El 7 de agosto fue buscado por los milicianos, que lo acusaban de haber disparado contra ellos durante los combates de ese día. Escondido en el sótano, no lograron encontrarle. Sin embargo, al querer pasar a la casa colindante a través del patio para salvar la vida, fue avistado por el grupo de milicianos, que descargaron una ráfaga de disparos sobre él. El vecino escuchó las últimas palabras que salieron de los labios de D. Jesús Martín en forma de oración: "¡Virgen Santísima, amparadme!". Sus restos reposan actualmente en el cementerio de Sigüenza.

JOSÉ PEÑA RUIZ-BUSTILLO


Nació el 14 de noviembre de 1875 en Villalaín (Burgos). Desde 1906 desempeñó el cargo de Canónigo Doctoral en la Catedral de Sigüenza. Fue también profesor en el Seminario y director del Boletín diocesano.

El 14 de agosto de 1936, en una redada general, fue detenido en su casa por un grupo de mi1icianos y conducido a la casa de otro sacerdote, D. Gregorio Calero, en la que ya habían retenido a un buen número de sacerdotes enfermos y jubilados. Al final, entre calumnias y patrañas, se les sometió a todos a juicio ante el comité del POUM, ubicado en las dependencias de la estación de ferrocarril.

En su largo interrogatorio, D. José se negó a revelar la lista de sacerdotes que residían en Sigüenza. Finalmente, en la madrugada del 15 de agosto, unos cuantos milicianos se lo llevaron no muy lejos de la estación y lo fusilaron. Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Sigüenza. Acabada la guerra, los hermanos del sacerdote trasladaron sus restos a Villalaín, su pueblo natal, donde actualmente reposan.


Numerosos sacerdotes fueron recluidos en la cárcel de Guadalajara en 1936. Entre insultos, amenazas y temor por sus propias vidas, compartieron con todos los presos la angustia y la muerte.
Tres vidas paralelas, una muerte común
EULOGIO CASCAJERO SÁNCHEZ
Nació en CHILOECHES el 14 de agosto de 1884. Realizó sus estudios en el Seminario de Toledo, donde se ordenó en 1909. Allí también se licenció en Teología (1914), en la Universidad de San Ildefonso. Cuando, en julio de 1936, estalló la guerra, D. Eulogio era capellán de las Carmelitas en el Convento de San José de Guadalajara.
JULIO M. CASCAJERO SÁNCHEZ
Natural de CHILOECHES, había nacido el 12 de agosto de 1901. Siguiendo las huellas de su hermano Eulogio, estudió en el Seminario de Toledo, fue ordenado sacerdote en 1924 y se doctoró en Teología en 1926. Ejerció su primer ministerio en Los Yébenes (Toledo). En 1936, D. Julio María era párroco de Santa María de Guadalajara.
FRANCISCO SILVANO MARIÑO ORTEGA
Nació en Benavente (Zamora) el4 de mayo de 1883 en una familia de 18 hijos. Estudió en Astorga y Valladolid, donde fue ordenado en 1906. En Astorga ocupó el cargo de Canónigo Magistral y Profesor de Latín en el Seminario. Trasladado a la Diócesis de Toledo, fue nombrado párroco de la iglesia de Santiago, en Guadalajara, y Arcipreste de la ciudad. Ejerció un importante apostolado social entre los obreros. En Guadalajara fundó el periódico LUMEN, que se distribuía gratuitamente.

El día 22, ante los disturbios causados por toda la ciudad, D. Eulogio y su hermano, D. Julio María, se refugiaron en el Hotel Iberia (hoy Hotel España) junto con otros sacerdotes, entre los que se hallaban D. Francisco Silvano y D. Feliciano Sánchez. Al día siguiente, sin embargo, los milicianos se incautaron del hotel, pasando los cuatro sacerdotes a la contigua casa rectora! de Santiago, donde convivieron varios días sin novedad, haciendo una vida casi normal. El 9 de agosto sería detenido el Arcipreste, D. francisco Silvano, a quien acribillaron a balazos ese mismo día en la carretera de Marchamalo; tres días después, el templo de Santiago fue saqueado y arrastradas las imágenes por las calles. D. Eulogio y D. Julio María serían detenidos el 5 de septiembre y conducidos a la Prisión de Guadalajara, donde encontraron la muerte. Hoy están enterrados en la iglesia parroquial de Chiloeches.

 

El 6 de diciembre en la Cárcel
El 6 de diciembre de 1936 fue un día trágico en Guadalajara. Un escuadrón de aviones apareció en el horizonte dispuesto a arrojar bombas sobre la ciudad. Las amenazas de los republicanos habían sido palmarias: en cuanto cayera una bomba sobre Guadalajara procedente del bando nacional, «se daría orden de asaltar la prisión para fusilar a todos los prisioneros políticos recluidos en la Cárcel».

Aquella misma tarde, un grupo de milicianos, en connivencia con las autoridades, entró en la cárcel con todo tipo de armas (pistolas, bombas de mano y ametralladoras). Dejaron en libertad a los presos comunes y retuvieron a los presos políticos, a quienes fueron fusilando en los patios de la prisión. Se calcula que, de los más de 400 ejecutados, aproximadamente unos 21 eran sacerdotes.

 

Muchos FAMILIARES DE SACERDOTES entregaron su vida juntamente con ellos por el simple hecho de acompañar les, tratar de protegerles o intentar salvar sus vidas:
El vínculo de la fe, más fuerte que el de la sangre
VICENTE Y JOSÉ SACRISTÁN VALTUEÑA

Los dos hermanos eran naturales de Alcubilla de las Peñas (Soria). Vicente había nacido el 11 de enero de 1896; cuando estalló la guerra era Oficial de Prisiones en la Cárcel Central de Guadalajara. José, nacido el 14 de septiembre de 1904, ingresó en el Seminario de Sigüenza para realizar los estudios eclesiásticos. Celebró su primera Misa en Pelegrina, el13 de junio de 1927; en años sucesivos fue párroco de Torrecuadrada de Valles, Valderrebollo y Barriopedro. Entre 1931 y 1936 ejerció su ministerio en Ruguilla.

El 19 de julio de 1936 ambos hermanos participan en el levantamiento encabezado por el Comandante de Ingenieros Rafael Ortiz de Zárate López en la ciudad de Guadalajara. Su primera acción fue acudir a la Cárcel para poner en libertad a quienes allí estaban prisioneros. Sin embargo, el 22 de julio las columnas republicanas enviadas desde Madrid ocuparon Guadalajara. Vicente continuó con su trabajo en la prisión, pero José tuvo que esconderse, junto con el párroco de Budia, en domicilios particulares. Al día siguiente, al tratar de abandonar la ciudad, los dos sacerdotes fueron detenidos y encarcelados.

En la Cárcel, Vicente se convirtió en un acendrado defensor de los sacerdotes recluidos: según iban llegando arrestados, se preocupó de reunirlos a todos en la celda número uno, con la piadosa idea de que, en caso de asalto, la evasión les resultara más fácil. De esta forma llegó a agrupar a unos 21 sacerdotes.

En un principio, Vicente pudo prestarles algún auxilio, especialmente a los enfermos. Pero, a medida que pasaban los meses, se le obligó a no dispensar ningún tipo de ayuda. De hecho, en el mes de octubre, Vicente fue sorprendido mientras llevaba una taza de café a aquella celda número uno, en la que se hacinaban "los sublevados más peligrosos"; el café caliente era para su hermano José, que había enfermado. Por este delito, Vicente fue también encarcelado y procesado. A partir de entonces, ni siquiera la familia, que vivía a pocos metros de la Cárcel, pudo saber nada de los dos hermanos encarcelados.

Durante los meses de otoño, los prisioneros tuvieron que resistir el frío en mangas de camisa y sin mantas para las camas, hasta que, el 6 de diciembre, fueron fusilados en el patio de la cárcel.

«Quiero compartir su suerte»

Juan Martínez Bermejo era labrador, vivía en BUDIA y estaba casado con Trinidad Bermejo Cambronero, prima de D. Antonio Mayor Bermejo, párroco de DURÓN. Tras el 18 de julio de 1936, Juan y Trinidad dieron cobijo en su casa a D. Antonio Mayor durante casi dos meses. De cuando en cuando, las partidas de milicianos llegaban a la casa para exigir dinero al sacerdote.

Finalmente, el 2 de septiembre los milicianos detuvieron al sacerdote y lo llevaron a la Casa Consistorial de Budia: «tenemos que llevarle a Guadalajara, no se sabe por qué. Juan puede irse a su casa, ya que con él no es nada». Pero Juan no se fiaba de sus propósitos: «me niego a dejar solo a D. Antonio en manos de los milicianos camino de Guadalajara en una camioneta. Quiero compartir su suerte». Ambos, Juan y Antonio, fueron conducidos a la prisión de Guadalajara sin acusación ninguna. El 6 de diciembre fueron ejecutados.

En toda la provincia, la persecución religiosa durante el verano de 1936 fue terriblemente violenta. En ella, los SACERDOTES encontraron la muerte por la exclusiva causa de su condición.
Ancianos y jóvenes, sabios y pastores, en la ciudad y en el campo

FELIPE LÓPEZ GARIJO
Nació en Coscurita (Soria) el 23 de agosto de 1875 y en 1900 fue ordenado sacerdote en Sigüenza. Desarrolló su servicio pastoral y una gran labor educativa en Veguillas, algunos pueblos de Soria y, finalmente, en Atienza. Dadas sus dotes intelectuales, fue propuesto para ocupar la cátedra de Filosofía en la Universidad de Lieja (Bélgica), oferta que D. Felipe rechazó en razón de la situación social y política que se vivía en España.

En junio de 1936 viajó a Madrid para someterse a una intervención quirúrgica en el Hospital de San Pedro. Al producirse el alzamiento, convaleciente aún, se vio obligado a permanecer en Madrid, pues le era imposible volver a su residencia en Atienza.

La última noticia que se tiene de D. Felipe es una carta fechada el 11 de agosto de 1936, donde relata que fue detenido el 7 de agosto por las milicias de la CNT y puesto en libertad a los dos días. Detenido nuevamente por la sola razón de ser sacerdote, fue fusilado, sin juicio previo, recién cumplidos los sesenta años, el 26 de agosto de 1936, fecha que coincide con los asesinatos en masa que tuvieron lugar en la Cárcel Modelo de Madrid. Se desconoce el lugar exacto de su enterramiento.


EUGENIO MONGE MÍNGUEZ
Nació en PALAZUELOS el día 6 de septiembre de 1907. Estudió Sigüenza, donde fue ordenado sacerdote en 1930. Su primera parroquia fue Frechilla de Almazán (Soria), que tuvo que dejar para cumplir el servicio militar en África. En marzo de 1931 regresó y fue destinado a la parroquia de Tordesilos, donde desplegó una gran labor entre los obreros que trabajaban en las vecinas minas de Ojos Negros (Teruel). Esta labor le obreros que trabajaban en las minas de Ojos Negros (Teruel). Esta labor le costó serias amenazas desde la hoja "Abril», editada en Guadalajara. En 1936, D. Eugenio se trasladó a su pueblo natal, esperando incorporarse a su nueva parroquia en Montejo de Tiermes (Soria). Sin embargo, al producirse el levantamiento militar en África, decidió esperar acontecimientos.

El 28 de julio los milicianos llegan a Palazuelos y D. Eugenio escapa al campo, donde al final lo detuvieron. Camino de Sigüenza, en el lugar llamado "El Portillo", lo fusilaron. Contaba todavía 28 años. Dos días después, su propio padre encontraría el cadáver entre unas zarzas.

En el ARCIPRESTAZGO DE JADRAQUE se desató con cruel violencia la primera oleada de la guerra. Muchos sacerdotes fueron perseguidos; siete de ellos encontraron la muerte
«¿Hay cura en este pueblo?»

PRUDENCIO-MARCIAL GIL AYUSO
Nacido en MANDAYONA el 28 de abril de 1879, fue ordenado sacerdote en Sigüenza en 1903. Realizó la carrera de Derecho Civil en Madrid y, en 1911, fue nombrado párroco de Velilla de San Antonio (Madrid).

Debido a su frágil salud, en 1930 los médicos le aconsejaron un clima de altura, por lo que D. Prudencio marchó a ocupar la parroquia de Mirabueno. Debilitado aún más, la familia le insistió para que se trasladase a su pueblo natal, Mandayona; desde allí subía los domingos a celebrar la Eucaristía a Mirabueno.

El 25 de julio de 1936, los milicianos llegan a Mandayona. D. Prudencio y el párroco de! pueblo, D. Pedro Rubiales, se escondieron en la casa de un vecino, donde permanecieron ocultos hasta e! 13 de agosto. Por la noche fueron capturados y, al día siguiente, conducidos hada Guadalajara, con la promesa de que llevaban a D. Prudencio al hospital para atenderlo mejor. Pero e! automóvil se detuvo junto al cementerio de Jadraque, donde fusilaron a D. Prudencio.

Su cadáver fue inhumado en ese mismo cementerio y, un año más tarde, trasladado al de Mandayona.
PEDRO RUBIALES ARAGONÉS

Nació en MARANCHÓN el 7 de julio de 1901 y fue ordenado presbítero e! 14 de junio de 1924. Tras pasar por la parroquia de Hijes, en 1931 fue trasladado a Mandayona.

Escondido junto con D. Prudencio desde e! 25 de julio hasta e! 13 de agosto, ambos fueron detenidos y conducidos, el 14 de agosto, hacia Guadalajara. En Jadraque, D. Pedro pudo salvarse de la muerte que sufrió D. Prudencio, debido a que un miembro de! Comité de Jadraque influyó para que respetaran su vida y lo condujeran a la capital. Don Pedro fue llevado entonces al Gobierno Civil. Llegados allí, los milicianos preguntaron: «¿Qué debemos hacer con este cura que hemos cogido en Mandayona?». La respuesta que recibieron equivalía a una sentencia de muerte: «Haced lo que queráis». Fue asesinado en la carretera de Marchamalo, pero se desconocen más detalles sobre su muerte.

La primera víctima
D. LORENZO GISMERA CORTEZÓN

Nació en HIENDELAENCINA el 5 de septiembre de 1883. Sacerdote desde 1911, en 1936 era párroco de Jirueque. Los primeros días de la guerra los pasó con relativa y confiada tranquilidad en su casa, pero al final huyó al campo. Allí enfermó, por lo que tuvo que volver a la casa rectoral en Jirueque.

Al día siguiente, una partida de milicianos se presentó en su casa para un registro; incluso dieron ánimos al sacerdote enfermo y a su hermana, diciéndoles que nada desagradable les pasaría. Sin embargo, acto seguido obligaron a D. Lorenzo a salir de la cama, insistiendo en que, por orden del comandante, debía prestar declaración en Guadalajara. Le hicieron subir a la camioneta y, a la media hora, era fusilado en el término municipal de Jadraque, en la carretera que va hacia Bujalaro.

En el Arciprestazgo de Jadraque (II) se desató con cruel violencia la primera oleada de la guerra. Muchos sacerdotes fueron perseguidos; siete de ellos encontraron la muerte
Sólo hubo palabras de perdón en la hora de su muerte

JUAN DE LAS HERAS OLMEDA
Nació en SIGÜENZA el 21 de agosto de 1884 y allí mismo fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1907. Tras pasar por La Nava y por Casas de San Galindo, desde 1915 sirvió la parroquia de Argecilla.

Los milicianos llegaron a Argecilla el 26 de julio de 1936. D. Juan no tomó otra precaución que pasar los días en el campo, regresando por la noche a su casa rectoral. Sin embargo, a partir del 14 de agosto decidió no salir ya de su casa ni de día ni de noche.

El día 17, tres camionetas de la FAI se presentaron en el pueblo con el propósito de apresar a D. Juan. Registrada la casa, conducen al sacerdote al templo parroquial para que presencie la profanación del lugar santo. Los vecinos del pueblo, al final, consiguieron que no se llevaran al párroco, comprometiéndose con los milicianos a vigilarlo ellos mismos para que no escapase. Así pudo defender el pueblo a su párroco durante unos pocos días en los que se repetían las furibundas visitas de las partidas milicianas.

El 21 de agosto, un nuevo grupo de milicianos se presentó con una falsa orden del Gobernador para llevarse a D. Juan a Guadalajara. "Si hoy no nos lo llevamos -decían-, vendrá muy pronto una orden en la que os manden que vosotros mismos lo matéis».

Ya de camino, en las cercanías de Gajanejos, le mandan bajar del vehículo. D. Juan sólo pudo decir: "Me habéis engañado. Que Dios os perdone como yo os perdono»; acto seguido fue fusilado. Su cadáver descansa en el cementerio de Gajanejos, junto al de D. Saturnino.
SATURNINO POLO ORTEGO
Nació en LEDANCA el 11 de febrero de 1885; fue ordenado sacerdote en 1991 en Sigüenza. En 1936 era párroco de Utande.

Capturado en uno de los barrancos de Ledanca, fue sometido a las más crueles e inimaginables torturas. Fue asesinado el 17 de agosto en el paraje denominado Monte Horneo, cerca de Gajanejos. El solo recuerdo del suplicio que padeció horroriza: su cadáver estaba totalmente desfigurado. Sus restos descansan en el cementerio de Gajanejos.
VALENTÍN-H. YUSTA ENCABO

Nació el 13 de abril de 1873 en VALFERMOSO DE LAS MONJAS. Fue ordenado en Sigüenza en marzo de 1897. En 1936 era Capellán de las Religiosas Benedictinas de Madrid.

Aquel verano lo pasaba en su pueblo natal. Cuando los milicianos destrozaron la iglesia del monasterio de Valfermoso, D. Valentín-Hemenegildo huyó al monte para esconderse. Tras dos meses de penalidades, en septiembre volvió a la casa de su hermana, donde lo apresaron. Fue fusilado el 13 de octubre de 1936 en la carretera que va hacia Utande. Otro prisionero le oyó exclamar: "Yo os perdono y os bendigo». Sus restos están enterrados en Gajanejos.

JUAN HERRERO CONDE
Nació en GALVE DE SORBE el 8 de marzo de 1873. Sacerdote desde 1902, cuando estalló la guerra era párroco de Casas de San Galindo.

Atemorizado por la situación social en la comarca, determinó refugiarse en el campo durante el día y regresar al atardecer a la casa parroquial, donde fue detenido en la noche del 21 de agosto. Aún pidió que le dejaran hacer una visita a la iglesia (que había sido saqueada), pero no se lo permitieron. Lo condujeron en una camioneta por el camino que va hacia Utande, en cuyo término municipal lo fusilaron. Sus restos reposan en el cementerio de Utande

Como un elemento más de la tragedia que supone toda guerra, la persecución religiosa alcanzó también a gentes de buena voluntad. ¿Su delito? Ser cristianos.

Mujer, esposa y madre: entregó su vida como primicia de su familia
ISIDORO MATARRANZ DE LA OBRA

Nació en SACECORBO en enero de 1873. Poco se sabe de él: ordenado sacerdote en 1897, fue párroco del vecino Esplegares. Cuando visitaba su pueblo natal, cosa que hacía con mucha frecuencia, se alojaba en casa de Julián Lucía, pero no se sabe si eran familia o simplemente amigos. Después de desarrollar su labor pastoral durante más de 35 años en numerosas parroquias, a sus 63 años, en 1936, se retiró a Cifuentes, debido a su precario estado de salud. Parece que por estos años no tenía ya familia cercana.

En Esplegares fue apresado por las milicias. Llevado a Cifuentes, lo fusilaron el 31 de agosto de 1936. No se conoce ningún detalle sobre el desenlace de su vida.

También a BRIHUEGA (I) llegó de forma brutal la primera onda expansiva de la guerra. Sacerdotes y laicos, encomendándose a !a Virgen de la Peña, ofrecieron el testimonio de su fe
«El grato recuerdo de la Virgen será mi mejor compañero de viaje»
ÁNGEL-ANDRÉS RÍOS RAVANERA
Nació el día 2 de octubre de 1867 en Vitoria (Álava), en cuyo Seminario Diocesano se preparó para el sacerdocio. Ordenado en 1897, en 1905 pasó a la Archidiócesis toledana, como párroco de Mora de To1edo. En 1916 fue trasladado a la parroquia de Brihuega, donde realizó importantes reformas en el templo de Santa María.

El 13 de agosto de 1928 consiguió que la Santa Sede aprobara la coronación canónica de la Virgen de la Peña. El mismo D. Ángel-Andrés lo cuenta en e11ibro que escribió en 1934: "La Virgen de la Peña y sus tres fechas»: esos tres momentos a que se refiere el autor son el mismo 13 de agosto de 1928, e114 de diciembre de 1929 (peregrinación de los pueblos del arciprestazgo al santuario) y los días 10-12 de mayo de 1930 (gran asamblea mariana del arciprestazgo).

En ese mismo libro, D. Ángel-Andrés incluye, a modo de crónica, varios datos referidos al ambiente que ya se respiraba en aquellos años previos a la guerra civil. Con fecha 2 de septiembre de 1932 redacta el capítulo titulado "De viaje al norte», donde muestra su tristeza por la situación que se vive, tan diferente a los años de las tres fechas. D. Ángel-Andrés emprende el viaje a su tierra para descansar no del trabajo, sino de la agitación social. Y escribe: "no voy solo. Llevo conmigo un grato recuerdo que dulcifica mi espíritu: la solemnisima novena de la Virgen, concluida con éxito insuperab1e... ¡Aquella procesión tan colosal de los devotos de la Virgen de la Peña! ¡Aquel recogimiento y devoción, de los que pocos pueblos como el nuestro pueden hacer gala! ¡Aquellos gritos ensordecedores con que el pueblo, ebrio de entusiasmo, aclamaban a su Virgen como Madre! ... Este gratisimo recuerdo es el mejor compañero de mi viaje. En cuatro años han acaecido cosas de las cuales habría que hablar necesariamente. Ésa es la causa por la cual metí en la carpeta de los papeles viejos estas notas. Pero hay hechos que no pueden verse bien sino mirándolos desde lejos; desde muy cerca sólo se ven trazos imprecisos, colores indefinidos. La Historia escribirá y, con su fallo desapasionado y sereno, juzgará en juicio inapelable las cosas, de las que yo no puedo ni debo hablar ni debo escribir».
AMBENIO DÍAZ-MAROTO ALARCÓN

Nació en Villa de D. Fadrique (Toledo) el día 28 de Junio de 1906. Fue ordenado sacerdote el 31 de mayo de 1931 en Toledo. Al estallar la guerra ejercía como coadjutor en Brihuega, en la parroquia de Santa María.

TELESFORO HIDALGO VILLARRUBIA

Nació en Villa de D. Fadrique (Toledo) el 5 de Enero de 1912.

Fue ordenado sacerdote pocos días antes de comenzar la guerra, e1 11 de abril de 1936, en Toledo. Desde el 29 de mayo ejercía como coadjutor de la iglesia de Santa María, en Brihuega.

En vísperas de la fiesta de la Virgen

El 14 de agosto de 1936, los tres sacerdotes de la Parroquia de Santa María de Brihuega (el párroco: D. Ángel-Andrés, junto con los dos coadjutores: D. Telesforo y D. Ambenio) y algunos de sus feligreses fueron detenidos por los milicianos. Aquella misma tarde fueron conducidos al paraje denominado «Las Navas», cercano a la propia localidad, y allí fueron ejecutados. Aún tuvo tiempo D. Ángel-Andrés para dar la absolución a sus compañeros de muerte y para pronunciar unas palabras de perdón sobre quienes les disparaban... Los cadáveres de todos ellos aparecieron con señales evidentes de ensañamiento y mutilación.

También a BRIHUEGA (II) llegó de forma bruta1 la primera onda expansiva de la guerra. Sacerdotes y laicos, encomendándose a su Virgen de la Peña, ofrecieron el testimonio de su fe
Inocencia y valentía frente a la más horrible crueldad
GERMÁN LLORENTE GARCÍA
Nacido el 9 de febrero de 1901 en CAÑIZAR, fue ordenado sacerdote en Toledo el día 5 de abril de 1930. En 1936 era coadjutor en Santa María de Brihuega. Cuando comprobó cómo se desarrollaban los acontecimientos, D. Germán decidió esconderse, quedando casi paralítico debido a la postura que hubo de adoptar. Al fin, obligada su madre a entregarlo, los milicianos le subieron a un coche y se lo llevaron. Le obligaban a blasfemar, pero D. Germán gritaba: «¡Viva Cristo Rey!».

En el trayecto fue arrojado por un puente, pero quedó aún con vida. Llegándose sus captores hasta él, le prendieron fuego y lo remataron a tiros. Su muerte tuvo lugar el 18 de agosto de 1936 en Brihuega. Allí está registrada su defunción con fecha del 28 de junio de 1968, en virtud de auto firme del día 20 de abril del mismo año, al reconstruir los libros del Registro Civil, desaparecidos durante la guerra.
VÍCTOR DÍAZ DE ANDRÉS
Nació el día 6 de marzo de 1907 en TOMELLOSA. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 21 de marzo de 1931. En 1936, cuando comienza la guerra civil, regentaba la parroquia de El Olivar.

Ante el progresivo deterioro de la situación en la comarca, aprovechando la oscuridad de una noche a finales de julio, D. Víctor decide refugiarse en su pueblo natal, donde vivía su familia. Acompañado por un vecino de El Olivar, pudo llegar hasta Tomellosa.

Una vez allí, fue descubierto por los milicianos. En la tarde del 3 de agosto de 1936 fueron a buscado a su propio domicilio, donde lo apresaron junto a un hermano suyo. Los dos hermanos fueron conducidos hasta Brihuega. Al día siguiente, 4 de agosto, fueron fusilados en el cementerio de esta localidad.
El emotivo relato de una madre JOSEFA GARCÍA, madre de German Llorente, dejó escrita una conmovedora exposición de los últimos días de la vida de su hijo. Estos son algunos párrafos:

(Día 14 de agosto de 1936. Nos encontrábamos con las puertas cerradas; a las once de la mañana se presentaron las hordas rojas en gran número, obligando a que se abrieran las puertas. En aquel momento se escondió mi hijo Germán; como no lo encontraban, me amenazaban con quemarme con gasolina... Estuvieron dos horas dentro de la casa, quemando todas las ropas de mi hijo y toda la librería, haciendo una hoguera en medio de la calle.

«Fui detenida y conducida a una camioneta, en unión de D. Ángel, párroco de Brihuega, juntamente con sus dos coadjutores y varias monjas de los conventos. Mi hijo se quedó solo escondido; las llaves de la casa se las llevaron. A mí ya las monjas nos bajaron, depositándome en una casa.

«El día 15 vino el alcalde a decirme que le presentara a mi hijo para salvarle. Le dije que no me serían traidores, que ellos tenían hijos; pero me engañaron. Bajé con ellos. Yo, su madre, le llamé para que no se asustara; le tuve que sacar de donde estaba, porque estaba paralítico (entumido) de la poca anchura que tenía donde estaba escondido. Cuando salió, a mí me consolaba que tuviera ánimos, porque él creía me habían matado. Nos llevaron a la cárcel permaneciendo él en ella hasta el día 18, que se presentaron con un coche por él. Cuando me le sacaron, dijeron que le llevaban a Guadalajara, yo me quedé en la cárcel, la despedida fue muy triste...

La ciudad de GUADAIAJARA fue refugio para muchos sacerdotes y laicos de los pueblos vecinos, pero se convirtió también en crisol que puso a prueba la entereza de su fe
«Dios nos tiene preparados para ser mártires y daremos la sangre por El»
FELICIANO SÁNCHEZ PÉREZ

Natural de ROMANONES, nació e! 9 de junio de 1889. Fue ordenado sacerdote en Toledo el 11 de febrero de 1913. Siempre se caracterizó por su enérgico temple, unido a una cordial simpatía.

Cuando estalló la guerra, el 18 de julio de 1936, .D. Feliciano ejercía su sacerdocio en Marchamalo. Ante la alarmante situación, decidió huir y esconderse: aprovechando el levantamiento del Comandante Rafael Ortiz de Zárate en Guadalajara, allí se refugió, junto con muchos de sus feligreses. El sacerdote recaló en el Hotel Ibelia (hoy Hotel España), donde se encontró con D. Francisco-Silvano Mariño Ortega, cura de la parroquia de Santiago. La comunidad se vería aumentada con los hermanos D. Eulogio y D. Julio María Cascajero Sánchez. El día 24 de julio de 1936 sería incendiado el templo parroquial de Marchamalo.

El día 22 de julio, unos 20.000 milicianos entraban en Guadalajara para hacerse de nuevo con el poder. Se incautaron del Hotel Iberia, por lo que los cuatro sacerdotes hubieron de trasladarse a la contigua casa rectoral de Santiago. Los miembros de la FAI les permitieron residir allí sin salir bajo ningún concepto. En medio, pues, del ambiente persecutorio, los sacerdotes realizaron una vida exclusivamente dedicada a la oración.

Al ser asesinado el capellán del Hospital Provincial, D. Julián de la Concepción, los familiares de los cuatro sacerdotes recluidos les insinuaban que buscasen un lugar menos peligroso. D. Francisco-Silvano, que ejercía como Arcipreste, respondía siempre lo mismo: "yo debo estar al frente de mi Iglesia". Y todos, en grupo, zanjaban la cuestión: «no nos vamos. Días nos tiene preparados para ser mártires y daremos la sangre por Él».

Permanecieron juntos hasta el 9 de agosto. Ese día, hacia las tres de la tarde, seis milicianos se presentaron armados para llevarse a D. Francisco-Silvano. Al día siguiente, los otros tres abandonaron el domicilio: los hermanos Cascajero se refugiaron en un domicilio particular, mientras que D. Feliciano se ocultó durante algún tiempo en un granero. Delatado accidentalmente, fue apresado el 2 de septiembre y trasladado al paraje denominado ,"El Sotillo", a escasos kilómetros de Guadalajara, donde fue asesinado.

PEDRO CORTÉS CALVO
Natural de HORCHE, había nacido e! 13 de mayo de 1874 en el seno de una familia dedicada al campo que contaba con unos nueve hermanos. Comenzó sus estudios sacerdotales en el Seminario de Sigüenza, terminándolos en el de Toledo, donde fue ordenado el 18 de marzo de 1899.

Cuando comenzó la guerra ejercía como capellán en Villaf1ores, término municipal de Iriépal. Un sobrino suyo lo fue a visitar y le previno del peligro que corría: tres religiosas carmelitas habían sido fusiladas en las calles de la capital. Ante esta situación, D. Pedro marchó a casa de una sobrina en Horche, donde finalmente fue detenido. Junto con el párroco del pueblo, D. Juan Antonio Cortés Moral, estuvo preso hasta el 4 de septiembre. Ese día, en compañía de otros dos vecinos de Horche, fue conducido hasta la finca «El Sotillo» y asesinado. Un labrador de Horche que trabajaba en dicha finca encontró e! cadáver de D. Pedro en la misma fuente. Lo enterraron en un cementerio en el término de Chiloeches.

Acabada la guerra, los restos de D. Pedro y del párroco de Horche, D. Juan-Antonio, fueron exhumados y llevados en procesión hasta el templo parroquial del pueblo, donde hoy descansan, al pie del presbiterio.

Entregaron su vida en el servicio cotidiano y en el momento supremo de la muerte
Si los sacerdotes fueron perseguidos en razón de su condición sacerdotal, sus familiares 10 fueron por otra causa todavía más absurda: estar con e/los y 1/evar sus apellidos
RUFO OREA PÉREZ
Nació en PRADOS REDONDOS el 14 de noviembre de 1888, en una familia de labradores. Realizó sus estudios en el Seminario de Sigüenza; los informes académicos hablan de él como de «una de las mentes más preclaras que han pasado por este Seminario».

Ordenado sacerdote en Sigüenza el 21 de diciembre de 1921, la trayectoria pastoral de D. Rufo comenzó en algunos pueblos de la provincia de Soria (parte de la cual pertenecía entonces a la antigua Diócesis de Sigüenza). Posteriormente pasó a Atienza, a la parroquia de la Santísima Trinidad, y después a Anguita.

Desde allí marchó a Madrid para conseguir la licenciatura en Teología. Sirvió más tarde la parroquia de Buitrago de Lozoya (Madrid). Desde 1924, hasta 1936, fue coadjutor en el madrileño pueblo de Villarejo de Salvanés.

Era D. Rufo un sacerdote sencillo y bondadoso, muy aficionado al deporte y a los toros. En los pueblos por donde pasó adquirió fama de buen orador. Solía volver todos los años a su pueblo natal, Prados Redondos, para pasar unos días en invierno y en verano con su familia. Visitaba también a su hermano D. Paulino, párroco del vecino pueblo de Castilnuevo.
LUCIANA OREA PÉREZ
Hermana de D. Rufo y, como él, natural de PRADOS REDONDOS, nació el 26 de octubre de 1901. Permaneció soltera para dedicar su vida al servicio de sus hermanos sacerdotes: primero estuvo con D. Paulino, en Castilnuevo, y se trasladó después con D. Rufo a la parroquia de Villarejo de Salvanés.
Mª ENCARNACIÓN ARENAS OREA

Natural de Prados Redondos, nació el 25 de marzo de 1910. Cuando contaba 14 años, acompañó a su tía Luciana a Villarejo de Salvanés, para ayudarla en el servicio a D. Rufo, uno de sus tíos sacerdotes.

«¡Ahí tenéis al cura!»

D. Rufo ya había estado detenido en la cárcel de Villarejo de Salvanés, situada en el edificio denominado Casa del marqués, a lo largo del verano de 1936. La misma persona que actuaba de guardia, y que acompañaba a los que llevaban a fusilar, dejó libre al sacerdote una noche de aquel mes de agosto, según propia declaración. D. Rufo volvió a su parroquia.

Días más tarde, unos milicianos de Rivas-Vaciamadrid se presentaron en Villarejo. El alcalde les indicó: «¡ahí tenéis al cura!». Los milicianos se llevaron a D. Rufo. Éste suplicaba «que lo mataran a él, pero que no mataran a su sobrina ya su hermana». Pudieron librarse de ser detenidas; sin embargo, Luciana se le agarró de un brazo y María Encarnación del otro y dijeron que «donde le llevaran a él las llevaran también a ellas».

En el término de Perales de Tajuña fueron asesinados los tres el 16 de septiembre de 1936. Los cadáveres, abandonados en la carretera que va de Arganda a Chinchón, fueron enterrados días más tarde en el cementerio de Villarejo de Salvanés. D. Rufo contaba 47 años; su hermana Luciana, tenía 35; María Encarnación sólo 26.

La comarca de MOLlNA DE ARAGÓN siempre fue semillero de sacerdotes recios en la fe y entregados en cuerpo y alma, hasta la muerte, a su tarea pastoral
Pasión y muerte: el discípulo no es más que su Maestro
HERMENEGILDO MALO HERRANZ

Natural de TORDELLEGO, nació el 13 de abril de 1863. Cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza y allí fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1891.

Fue párroco de Tordelpalo, Megina, Anquela la Seca, Rueda de la Sierra y, desde 1917, de su pueblo natal. En 1936, a sus 73 años, se encontraba ingresado en el Hospital de Guadalajara. Allí fue detenido y conducido a la Prisión Central, donde fue asesinado el 6 de diciembre.

LORENZO HEREDIA MALO
Nació el día 5 de septiembre de 1891 en CAMPILLO DE DUEÑAS. Desde muy joven comenzó sus estudios en el Seminario seguntino. Se graduó después como doctor en Teología en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el 29 de mayo de 1915.

Fue profesor en el Seminario de Sigüenza y, posteriormente, párroco en Jadraque. En 1936 servía la parroquia de San Pedro, en Sigüenza. El 31 de julio fue arrestado con la excusa de llevado a prestar declaración a la Casa del Pueblo seguntina. Sin embargo, fue conducido al paraje llamado "El Portillo», camino de Palazuelos, y allí fue fusilado. Su cadáver apareció en las puertas del Cementerio parroquial de Sigüenza. El sepulturero, que guardaba gran amistad con D. Lorenzo, lo inhumó dignamente.

«Todo lo que hay, ya lo sabes: para los pobres»
LINO-PEDRO HERRANZ ALONSO
Nació el 22 de septiembre de 1865 en TARTANEDO. Estudió en el Seminario de Sigüenza, donde fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1888.

Comenzó su trayectoria sacerdotal en Valvenedizo y Castro (Soria). Tras ocupar una canonjía en la Colegiata de Soria, volvió a la Catedral de Sigüenza como canónigo penitenciario. Fue asimismo rector del Seminario Diocesano.

Desde el 25 de julio de 1936 hubo de permanecer recluido en su casa de Sigüenza junto con su hermana, también de avanzada edad. Allí sufrieron varios registros por parte de militantes de la FAI. D. Lino-Pedro manifestaba a su hermana: «todo lo que hay, ya lo sabes: después de tu muerte, para los pobres, a quienes les pertenece. No creo tener ningún enemigo ni persona a quien haya perjudicado...».

En la mañana del 19 de agosto, una partida de milicianos se presentó en su casa con la orden de llevárselo para declarar. D. Lino se despidió de su hermana y salió con ellos. Debido a los achaques de su elevada edad, solicitó coger su bastón para poder caminar mejor. Los milicianos le contestaron: «si te vamos a pasear en coche; no te hace falta». A poca distancia de la vía del tren, al final del Paseo de las Cruces, le dispararon un tiro y allí lo dejaron. El enterrador, al ver el cadáver, lo reconoció como el canónigo penitenciario de la Catedral y le dio sepultura en el Cementerio parroquial de Sigüenza.

La misión que el Señor encomienda a todo discípulo conlleva inevitables desventuras. El gozo radica en que sus nombres están «inscritos en el cielo» (Lc 10,20)
«Os envío como corderos en medio de lobos, pero decid siempre: 'paz a esta casa'»

MARIANO NAVALPOTRO CERRADA y JULIÁN GONZÁLEZ HERRERA

D. Mariano nació en Trijueque el 12 de Febrero de 1876. Fue ordenado sacerdote en Toledo el primero de junio de 1901 por el entonces Obispo Auxiliar, Monseñor Laguarda. Cuando estalló la guerra, vivía con dos de sus hermanas en Yunquera de Henares, cuya parroquia regentaba. Los fieles siempre apreciaron en él su fogosidad en la predicación. El día 23 de julio de 1936 celebró en el templo parroquial del pueblo su Última Misa.

D. Julián había nacido en YUNQUERA DE HENARES el día 22 de enero de 1895 y fue ordenado sacerdote en Toledo el día 25 de junio de 1920. Celebró la primera Misa en su pueblo, en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio). En 1936 ejercía su sacerdocio en Casa de Úceda y Villaseca de Uceda. En estos pueblos pudo permanecer hasta el día 24 de julio, cuando la alarmante situación le obligó a refugiarse en su pueblo natal. Allí pasaba los días en compañía de su párroco, D. Mariano.

A lo largo de aquel verano del 36, ambos sacerdotes sufrieron continuos sobresaltos. Finalmente, el 23 de agosto, un grupo de milicianos llegó con un coche para detenerlos y conducirlos a Guadalajara. En las cercanías de la capital, en el cruce de la carretera de Chiloeches con la de Alovera, D. MAriano y D. Julián fueron asesinados con varios disparos de arma corta. Sus cadáveres serían enterrados días más tarde en el Cementerio de Guadalajara. La defunción de D. Mariano fue inscrita en el registro de Yunquera de Henares, mientras que la de D. Julián se encuentra en el Registro Civil de la capital con fecha de 3-agosto-1939.

BERNARDO BLAS SEVILLA y FÉLIX HERRAIZ MARTÍNEZ
D. Bernardo era natural de CAÑIZAR, donde había nacido el 20 de agosto de 1884. Fue ordenado sacerdote en Toledo, el 11 de agosto de 1907. Tras varios servicios en la Diócesis toledana, el 9 de marzo de 1917 tomó posesión de su nueva tarea como capellán del Cementerio Municipal de Guadalajara. En esta ciudad, además, D. Bernado realizó una gran tarea de apostolado en el Barrio de la Estación, donde consiguió construir una primera capilla bajo la advocación de la Sagrada Familia. Cuando comenzó la guerra, D. Bernardo era coadjutor de la Parroquia de San Nicolás, en Guadalajara. El clero de esta parroquia estaba integrado, además, por D. Vital Villarrubia Díez-Maroto, el recién ordenado D. Alejandor Martínez Somolinos y D. Félix Herranz Martínez, que había sido ordenado sacerdote en Toledo el día 12 de junio de 1897.

En los primeros días de agosto de 1936, D. Bernardo y D. Félix fueron detenidos en sus respectivos domicilios y fusilados en plena calle. Sus cadáveres fueron inhumados en el Cementerio de la capital.

Jóvenes testigos de la Vida, víctimas del odio a la fe
Muchos prisioneros de la Cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (I)
GREGORIO Y FÉLIX GLORIA GALLEGO ESTEBAN
Naturales de GÁRGOLES DE ARRIBA, Félix Gloria había nacido el 26 de marzo en 1910 y Gregorio el 2 de julio de 1917 en el seno de una familia profundamente religiosa. Ambos pertenecían a la Acción Católica de Jóvenes de Sigüenza, donde residían y trabajaban. El joven Gregorio desempeñaba, además, el cargo de «vocal de piedad» en la Acción Católica. A causa de su militancia en esta asociación, ambos hermanos fueron detenidos y llevados a la Cárcel de Guadalajara, donde morirían el 6 de diciembre del 36.
JUSTO-ANTONIO PÉREZ PÉREZ
Natural de SIGÜENZA, nació el 25 de febrero de 1911. Pertenecía también a la Acción Católica de Jóvenes de Sigüenza, razón por la que fue detenido y llevado a la Cárcel de Guadalajara. Allí sería fusilado el 6 de diciembre de 1936.
GREGORIO BADIOLA ALONSO
Natural de TARTANEDO, había nacido hacia 1901. Tenía un hermano sacerdote en Sigüenza, por lo que se trasladó allí para trabajar como barbero. Su militancia en la Acción Católica de Jóvenes seguntina fue la causa principal de su detención. Como sus compañeros, fue llevado a la Cárcel de Guadalajara y con ellos moriría fusilado el 6 de diciembre.
El fatídico 6-D en las cárceles de Guadalajara
En la Cárcel Militar (hoy Archivo Municipal de Guadalajara, c/Ángel Martín Puebla fueron confinados los trece mandos militares adscritos al levantamiento nacional en Guadalajara, rebelión que fue sofocada el 22 de julio de 1936 por las fuerzas republicanas. En la Prisión Central fueron recluidas personas que se habían significado en los años precedentes por su simpatía hacia la derecha, por su fervor religioso o por su elevado nivel económico.

No hay datos exactos sobre los detenidos en este último penal. Probablemente moraban allí 290 presos en la fecha que precedió al sacrificio masivo de los recluidos; tan sólo trece lograron sobrevivir.

Entre julio y diciembre de 1936, las prisiones de Guadalajara vivieron sacas parciales e inesperadas. El 1 de septiembre hubo ya un intento de asalto, motivado por un bombardeo aéreo que no causó daños. El 6 de diciembre, otro ataque aéreo llevado a cabo por los trimotores del ejército nacional provocó cuarenta bajas en la ciudad y desató la venganza final contra la población recluida en ambas cárceles.

Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una hOlTenda ma!!mza (11)
1931: «ahora es España: más misión que otras partes»
JOSÉ DE PEDROMINGO Y COTAYNA, S. J.

Nació en GUADALAJARA el 28 de abril de 1904, como primogénito de un matrimonio que contaría, además, con dos hijas religiosas (Filomena y Cándida) y un cuarto hijo (Mario) que moriría también en la guerra.

Manuel Moreno, el maestro de la escuela elemental a la que asistió el pequeño José, recuerda su genio fuerte, junto con su proceder obediente, sano, travieso y espontáneo. Poseía José una buena memoria, una clara inteligencia, un vivo deseo por aprender.

Tras pasar por el Instituto de Enseñanza Media, el 30 de julio de 1919 ingresó en el noviciado que la Compañía de JesÚs tenía en Granada, haciendo allí sus primeros votos el 31 de julio de 1921. A una tía suya, que le comentaba si no se sentía triste por dejar atrás a su familia, le escribía: «siento mucho separarme de mis padres, pero la voz de Dios es muy poderosa y he conocido que me llamaba. Por eso lo he dejado todo".

Tras los años de Humanidades y Filosofía, en 1927 fue enviado a Buenos Aires (Argentina), donde estudió Teología hasta 1929. Destinado nuevamente en Valkenburg (Holanda), fue ordenado sacerdote (1931) y finalizó la Teología (1932). Con ocasión de su ordenación sacerdotal, escribe a su hermana Filomena: «a Cándida le he escrito que me alcance del Señor l jr a las misiones. Lo mismo te pido a ti. Y, aunque ahora es España más misión que otras partes, siento mucha inclinación a otras misiones...».

Al año siguiente sería enviado a Caldas de Canavezes (Portugal) para la Tercera Probación. Finalmente, en 1934 regresa a Madrid para estudiar Ciencias en la Universidad Central. Allí comenzará a atisbar la persecución que se estaba fraguando.

En julio de 1936, el Padre Pedromingo se encontraba ocasionalmente en Romancos con su familia. Su padre y él mismo son detenidos por unos milicianos y l1evados a la cárcel de Guadalajara. En agosto reciben la triste noticia de que su hermano Mario ha sido asesinado en Brihuega. El 12 de noviembre, Don Vicente, e! padre de D. José, queda libre de la prisión, pero no su hijo jesuita, entregaría su vida atendiendo a los prisioneros y, definitivamente, muriendo fusilado el 6 de diciembre de 1936, a los 32 años de edad.

Tras la guerra, los padres de D. José trataron de buscar los restos de sus hijos. Los de Mario fueron hallados en una fosa común en Brihuega, pero e! cadáver del Padre José no pudo ser reconocido.


«Buscad vuestra fuerza en el Señor y en su invencible poder» (Ef 6,10)
Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (III)
ALBERTO ALBIÑANA ZALDÍVAR

Nació en la ciudad de Lérida el día 18 de noviembre de 1894, pero realizó sus estudios en la Academia de Ingenieros de Guadalajara. En Lérida se casó con María Teresa Soto López el 19 de diciembre de 1922.

El primer destino de Alberto fue Melilla. En 1924 estaba destinado en Guadalajara, donde nació el primer hijo del matrimonio, Alberto-José. Pasó después por Ceuta y Zaragoza, donde nacerían María del Carmen y Antonio. En 1935, la familia estaba ya domiciliada en el Fuerte de Guadalajara, cuna de las hijas menores: María Teresa y María del Pilar. El día 21 de julio de 1936, los militares del Fuerte de Guadalajara, al mando del Comandante Rafael Ortiz de Zárate, se unieron al Levantamiento Nacional. El alzamiento fracasó y Alberto, Capitán de Ingenieros con destino en la Maestranza de Guadalajara, fue detenido el 24 de julio y conducido a la Prisión Militar de la ciudad. El 5 de noviembre de 1936 sería sentenciado a la pena de muerte por rebelión militar. A lo largo de los meses de prisión, Alberto escribe numerosas cartas a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos, a todos sus parientes. Incluso el mismo día de su muerte, el 20 de noviembre, escribe una última carta a toda la familia, expresando deseos de perdón para todos.

JOSÉ-AUGUSTO CÓRDOBA AGUlRREGABIRIA
Natural de Madrid, nació el 4 de enero de 1896. Desde muy niño quedó huérfano y sus hermanos le costearon la carrera militar. A los 26 años, José-Augusto estaba destinado en Melilla como Teniente de Intendencia. Ese mismo año (1922), contrae matrimonio en Ávila con Cipriana Trujillano Araoz. Del matrimonio nacerían ocho hijos: Carmen, José, Antonio, Ignacio, Teresa, Concepción y Sonsoles, más otro que murió a los tres años. La familia se trasladaría finalmente a Guadalajara; José-Augusto pertenecía a la Adoración Nocturna de la Parroquia de San Nicolás, así como a la Asociación de Padres de Familia. El deseo del matrimonio fue siempre educar a sus hijos cristianamente, incluso que alguno de ellos fuera sacerdote. Será su sobrino, José Manuel, el que ingrese en el Seminario y escriba a su tía Cipriana y a sus primos:

"¿Creéis que no tiene nada que ver la gloria de vuestro padre con mi Seminario?".

José-Augusto fue detenido en julio de 1936 y condenado a muerte por un Tribunal Popular. El 20 de noviembre de 1936 fue ejecutado junto a la tapia del cementerio de Guadalajara, donde fue enterrado. El Capitán de Intendencia José-Augusto moría dejando a su esposa con siete hijos: el mayor tenía doce años, el menor contaba todavía cinco meses.

Cartas desde la cárcel: precioso testimonio de fe y humanidad

La carta más larga que ALBERTO escribe a su familia desde la prisión lleva por fecha la del 26 de octubre de 1936, cuando aún no se ha celebrado su juicio. De forma sencilla y conmovedora, ALBERTO escribe cómo espera su muerte y se despide de su esposa e hijos, al tiempo que les pide perdón.

Mi muy querida Teresa: Muy doloroso, dolorosísimo es para mi el ponerte estas líneas pero en esperas del juicio que ha de juzgamos y presumiendo un trágico fin, quiero dejarte escritas unas líneas que te recuerden siempre mis últimos momentos. Algo falta aún para este último momento pero por si mis fuerzas me flaquean lo hago antes, quizás con mucha anticipación pero no por eso menos convencido de mi final. Creo que terminaré bien con Dios pues así han permitido que lo hicieran a otros pero si así no fuera rezad por mí. A vosotros os pido perdón y me iré tranquilo y seguro de que me lo otorgáis (...)

Pueden mis hijos y todos vosotros ir muy orgullosos y con la cara muy alta que si muero lo hago mártir pero habiendo cumplido con mi deber y dispuesto en todo momento a luchar por el engrandecimiento de nuestra querida España tan necesaria en estos momentos de sacrificios y trabajos.

No está mi ánimo, como puedes comprender para escrituras pero creo que aunque mal escrito y peor redactado entenderás el contenido de ella. Ya puedes comprender lo que sufro al escribir esto pero también me desahogo y me quedo tranquilo. No lloréis. Rezad. A los chicos no sé si tendré fuerzas para despedirme y tampoco me gustaría darle ese mal rato del que se acordarían toda la vida y sería una trágica visión (...) Nada mas: sufro mucho y de ello os podréis dar cuenta pensando en lo que sufres tú y vosotros con perderme a mí solo: yo os pierdo a todos. Tu tienes el consuelo de los hijos, estos el tuyo yo solo el de que muero con la conciencia tranquila aunque esto sea mucho. Adiós. Alberto.

El 9 de noviembre de 1936, José-Augusto escribe a su esposa una carta firme, a la vez que cariñosa y emotiva.

Mi queridísima Ciprita: Ya sabes como muero, por Dios y por España, así que tú mi mujercita a la que tanto he querido, ya sabes cual debe ser tu norma en esta vida, educar a los hijos muy cristianamente y muy a lo español, es decir, que sientan el amor a la Patria hondamente. Dios sabe lo que nos conviene y cuando permite que muera así, es porque conviene para la salvación de mi alma, tu que eres buena y cristiana, a serlo mejor cada día, para unimos en el cielo y ya estar juntos para toda la eternidad y ya no hay quien nos separe. El crucifijo y el Sagrado Corazón de Jesús, que llevo en el bolsillo del chaleco, así como el Detente, que llevo cosido en el chaleco y la estampa de la Milagrosa, que tenía encima de mi cama guárdalos, pues sobre todo el crucifijo y el Sagrado Corazón los he besado muchas veces (...)

Muchos besos para Carmencita, Pepe, Antonio, Tato, Teresa, Conchita, Sonsoles, y para ti muchos besos y muchos abrazos de tu maridito que mucho te ha querido y te quiere. Pepe.

Cuando se pueda decir misas, aplicar muchos sufragios por mi alma, misas gregorianas si puedes, sagradas comuniones, rosarios, etc. Muchos besos y abrazos para ti y para todos los hijitos de tu... Pepe.

Lo de Barberá (el traje) ya sabes que está sin pagar, de modo que cuando puedas mira a ver, como puedes arreglar esto. Muchos besos y abrazos para ti y para todos los hijitos de tu maridito que mucho te quiere. Pepe. X donde está el aspa te mando un beso.

«¡Mirad arriba! ¡Mirad aquí, al Sagrario! ¡Mirad a la Virgen!»
Muchos prisioneros de la Cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (IV)
PABLO DE JUAN SÁENZ
Natural de ROMANILLOS DE ATIENZA, nació el 25 de enero de 1884. Tras estudiar en el Seminario de Burgo de Osma, pasó al de Sigüenza, donde sería ordenado sacerdote el 10 de junio de 1911. Poco después fue destinado a la parroquia de Frechilla de Almazán (Soria). En 1915 fue trasladado a Masegoso de Tajuña, donde le sorprende la guerra en 1936.

Los milicianos que llegaron a la comarca fueron, por tres veces, en busca de Don Pablo con ánimo de apresarlo. No obstante, era tal la estimación popular de que gozaba el sacerdote, que no pudieron hacer nada contra él y tuvieron que limitarse a dejado encerrado en su casa. Finalmente, a mediados de agosto, fue trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde corrió la misma suerte que todos sus compañeros de prisión.
DOMINGO MOLINA ALCALDE

Nació en Paones (Soria) el 12 de mayo de 1862 y fue ordenado sacerdote en Sigüenza en 1886. La guerra le sorprendió como coadjutor en Budia, donde escribió un precioso libro: La Virgen del Peral de Budia (1930). El 20 de julio sería detenido y, días más tarde, llevado a la cárcel de Guadalajara, donde encontraría la muerte el 6 de diciembre. Don Domingo contaba 74 años.
JULIÁN MUÑOZ GAMO
Natural de CIRUELAS, había nacido el 16 de febrero de 1900. Fue ordenado presbítero en Toledo el 7 de febrero de 1926. En 1936 era párroco de Torija. El 24 de julio se trasladó a Cañizar, donde permaneció oculto hasta que se vio obligado a huir al campo el 23 de agosto. Esa misma noche, en una especie de cacería, fue hecho prisionero y conducido a los calabozos de Cañizar y Torija. Sometido a juicio sumarísimo, fue condenado a prisión en Guadalajara, donde encontraría la muerte el 6 de diciembre.
NICOLÁS VAQUERO MORENO
Nació el 31 de diciembre de 1885 en FUENTELVIEJO. En 1936 ejerce como coadjutor en la parroquia de Santa María de Guadalajara. En su pueblo natal sería detenido y conducido a la cárcel de la capital, donde murió el 6 de diciembre de 1936.

Muchos prisioneros de la cárcel de Guadalajara lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza
Escondidos en casas o en el campo, su programada persecución no fue casual
LORENZO AMBRONA ASENJO
Nació en SIGÜENZA el 30 de abril de 1905. Tras estudiar en e! Seminario seguntino, se doctoró en Derecho Canónico en Comillas (Santander). Sacerdote desde el 25 de julio de 1927, durante dos años ocupó la cátedra de Latín y Humanidades en el Seminario de Sigüenza. Pasó después por las parroquias de Miedes de Atienza y Budia, hasta conseguir la cátedra de Geografía e Historia en el Colegio Sadel, de Beas de Segura (Jaén), del que también fue director. Más tarde ocupó una nueva cátedra en el Instituto de Enseñanza Media de Molina de Aragón.

Acabado e! curso 1935-36, D. Lorenzo se desplazó a Sigüenza para pasar allí las vacaciones. Tomada la ciudad por los milicianos, e! sacerdote hubo de esconderse en varios domicilios, hasta que fue detenido el 9 de septiembre. Conducido a Guadalajara, fue puesto en libertad "condicionada a presentarse todos los días en el Gobierno Civil", pero el 23 de octubre de 1936 sería retenido definitivamente. El 6 de diciembre murió en la cárcel, a los 31 años de edad.

JULIO EUGENIO FLORES MOLINA
Natural de Villapalacios (Albacete), nació el 30 de julio de 1902. El 21 de septiembre de 1929 le fue conferido el orden sacerdotal en Toledo.

Al comenzar la guerra, D. Julio se encuentra como párroco en Romancos y Archilla. El Último acto de culto público que el sacerdote celebraría fue la Santa Misa del día 25 de julio de 1936. Cuando en Romancos fue detenido el P. Pedro Mingo, S. J. D. Julio decide refugiarse en el campo, aunque bajaba al pueblo para abastecerse de comida. A finales de septiembre fue detenido y trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde perdería la vida el 6 de diciembre de 1936.
SEBASTIÁN GARCÍA CORTIJO
Nació en LAS INVIERNAS el 20 de enero de 1870 y fue ordenado sacerdote en Toledo el 9 de marzo de 1895. Durante muchos años fue capellán del Monasterio de San José (Carmelitas Descalzas) de Guadalajara. Al comenzar la guerra, D. SEBASTIÁN era párroco de Mohernando.

En un primer momento se trasladó a Pastrana, a la casa de! párroco. Días después volvió a Mohernando, pues allí residía su madre. Finalmente, el 9 de agosto fue descubierto por los milicianos y llevado a la cárcel de Guadalajara, junto con el P. Miguel Lasaga, director de! Seminario Salesiano, y cinco seminaristas de Mohernando. Todos ellos serían ejecutados el 6 de diciembre de 1936.

El cuerpo de D. Sebastián, enterrado en una fosa común cerca de Chiloeches, fue identificado por su propio hermano, Feliciano (médico de profesión), e inhumado en e! cementerio de Guadalajara, donde hoy reposa en un panteón familiar. En Mohernando, una lápida recuerda todavía el nombre de D. Sebastián.
JUAN BAUTISTA GÓMEZ BAJO

Nació en Santa Olalla (Toledo) el 14 de febrero de 1906. Sacerdote desde 1931, la guerra le sorprende como párroco en Valdepeñas de la Sierra.

El 25 de julio de 1936 llegan los milicianos al pueblo: requisaron la llave del templo parroquial, pero no detienen a D. Juan Bautista. Con todo, los vecinos trasladaron al sacerdote al pequeño pueblo de Tortuero, quedando en la casa rectoral la madre de! sacerdote y una hermana discapacitada, que vivían con él.

En Tortuero, el sacerdote fue ocultado por el alcalde en e! campo durante los meses de agosto a octubre. Ya en noviembre, D. Juan Bautista volvió a Valdepeñas de la Sierra para visitar a su familia. En esta ocasión sí fue detenido y estuvo a punto de ser fusilado, pero los vecinos del pueblo lo impidieron. Fue trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde murió e! 6 de diciembre. Contaba 30 años.

Muchos prisioneros de la CÁRCEL DE GUADALAJARA lo fueron por la única razón de ser cristianos: sacerdotes, religiosos y seglares encontraron allí su Corona, en medio de una horrenda matanza (y VI)
Sencillos curas de pueblo, reos de cárcel y de muerte
LUIS ROMERO HERRAIZ
Natural de Buendía (Cuenca), Don Luis nació hacia 1867 y fue ordenado sacerdote en 1896. Al comenzar la guerra, era coadjutor en la parroquia de Almonacid de Zorita, cuyo párroco, D. Aniceto Ayllón Navarro, también moriría en estas primeras fechas de la contienda.

DON LUIS fue detenido en Almonacid y encarcelado allí. Conducido posteriormente a Guadalajara, moriría en la cárcel provincial el 6 de diciembre. Su muerte está inscrita en el Registro de Almonacid de Zorita con la fecha del 4 de agosto de 1939.
SALVADOR OCHAYTA BATANERO
Nació en TRILLO el 4 de diciembre de 1879. Ejerció su ministerio sacerdotal en Madrid, como Arcipreste de Valdemoro y párroco de Nuestra Señora de las Maravillas. En verano solía pasar varias semanas con su familia en su pueblo natal.

Así fue también en 1936. Paseando Don Salvador, de paisano, por las eras de Trillo, llegaron unos milicianos, que se encararon con el sacerdote: «Éste tiene cara de cura». ,<Así es -dijo D. Salvador-, soy sacerdote del Altísimo». «¿Sabe lo que se ha buscado? Que nos lo llevemos y le demos el 'paseo'». Lo detuvieron y lo llevaron a la cárcel de Guadalajara, donde moriría el 6 de diciembre. Su sobrina declararía años más tarde: «no se pudo localizar su cuerpo, porque nos dijeron que a todos, en fila, les dispararon en las tapias del cementerio de Guadalajara, rociaron los cuerpos con gasolina y los quemaron».
FAUSTINO ALBACETE GUTIÉRREZ
Nació en TORRECUADRADA DE VALLES el 16 de abril de 1878. Fue ordenado sacerdote en Sigüenza el 20 de diciembre de 1902. Tras pasar por Palancares, Judes (Soria), Sotodosos, Alcolea del Pinar, Renales y Algara, en 1934 llegó a la parroquia de Gualda.

Al estallar la guerra, D. Faustino siguió celebrando Misa en su parroquia hasta el día 25 de julio, cuando se vio obligado a refugiarse en el campo durante el día y volver a su casa por la noche. El día 5 de agosto, unos milicianos llegaron al pueblo preguntando por el cura; el párroco pudo escapar con la ayuda de los vecinos, que además escondieron a la hermana del sacerdote en un pajar. Los milicianos asaltaron la casa parroquial, en la que residía, enferma y con 86 años, la madre de D. Faustino. Tres días después, el sacerdote, que había ido a su casa por ropa y comida, fue sorprendido allí; él mismo abrió la puerta a los milicianos: «aquí me tenéis, haced de mí lo que queráis». Llevado a Cifuentes, en su calabozo permaneció hasta el 29 de septiembre; fue luego trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde moriría el 6 de diciembre

Estimados y protegidos por la gente del pueblo
ALEJANDRO VALENTÍN BARAHONA

Era natural de ARGECILLA, donde había nacido el 26 de febrero de 1881. A los once años comenzó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza y allí fue ordenado sacerdote, el 19 de diciembre de 1908. Los primeros pasos de su vida sacerdotal le llevaron a Hontanares, Sacecorbo y Torremocha del Pinar. Finalmente, en los años 30, llega a Gárgoles de Abajo.

Comenzada la guerra y ante el afán de los milicianos por buscar a los curas de los pueblos, el alcalde de Gárgoles instó a D. Alejandro para que dejara la casa rectoral y se ocultara; el sacerdote entonces se refugió en casa de unos vecinos durante dos meses. Al cabo de ese tiempo y a base de intimidaciones a la hermana de D. Alejandro, un grupo de milicianos consigue localizar al párroco de Gárgoles y detenerlo. El día 27 de septiembre fue llevado a la cárcel de Cifuentes; el conductor del coche, que conocía al sacerdote, evitó que le dieran muerte en la cuneta de la carretera. Sin embargo, dos días después, junto con D. Faustino Albacete, sería trasladado a la cárcel de Guadalajara, donde perdió la vida el 6 de diciembre de 1936.


Ancianos enfermos o jóvenes fugitivos, su muerte respondió a un metódico acoso
Sin ninguna adscripción política, entregados en cuerpo y alma a sus parroquias los sacerdotes fueron víctimas de una sistemática persecución en muchos rincones de nuestra provincia
GREGORIO-M. CALERO PAREJA
Nació en IMÓN el 1 de octubre de 1961. Desde muy niño cursó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Sigüenza. El 19 de septiembre de 1885 es ordenado presbítero, ministerio que ejerció en las parroquias de Pelegrina, Garbajosa, Alco1ea del Pinar, Tortonda y Traid. Finalmente, hacia 1933, se jubila y se retira a Sigüenza, donde le sorprendió la guerra civil.

Don Gregorio Marcos no temía por su vida: creyó siempre que le respetarían por su avanzada edad y porque nunca había intervenido en política. Sin embargo, este optimismo empezó a decaer cuando comprobó que otros sacerdotes eran detenidos y fusilados.

De hecho, el día 14 de agosto fue detenido en su casa, situada en la Bajada de San Jerónimo. Más aún: los milicianos fueron reuniendo, en la casa de D. Gregorio, a todos los sacerdotes arrestados en Sigüenza. De allí los llevaron a la sede del POUM (Partido Obrero Unificado Marxista), sita en la estación del tren, para tomar1es declaración.

En la mañana del 16 de agosto de 1936, D. Gregorio fue conducido a las inmediaciones de la vía férrea y allí fue asesinado. Su cadáver apareció junto a las tapias del cementerio seguntino; el enterrador identificó el cuerpo y le dio cristiana sepultura en el mismo cementerio, donde hoy reposan sus restos.
FRANCISCO GUTIÉRREZ GARCÍA
Natural de Jodra de Cardos (Soria), nació el 4 de octubre de 1910. D. Eustaquio, Obispo de Sigüenza, le confirió el orden del presbiterado el 22 de diciembre de 1934 y, poco después, desempeñó su tarea en Algara.

Cuando estalla la guerra, D. Francisco decidió huir a los montes. Detenido y devuelto a su casa, de nuevo huyó del pueblo y consiguió llegar, el 26 de julio, a Sigüenza.

El 7 de agosto, los mi1icianos fueron a buscarle, lo detuvieron y esa misma tarde lo asesinaron en los alrededores del seguntino Puente de San Fernando.
RUFINO-S. LAPASTORA ALONSO
Nació en SIGÜENZA el 11 de julio de 1869. Estudió y fue ordenado en el Seminario de Sigüenza. Ejerció su sacerdocio, sucesivamente, en Saelices, Guijosa y La Olmeda de Jadraque. En 1932, debido a problemas de salud, hubo de retirarse a su ciudad natal, donde le sorprendió la guerra.

En la mañana del 25 de julio salía Don Rufino Segundo de celebrar la Misa en el Convento de las Ursulinas. Fue detenido y llevado al Ayuntamiento. Tras comprobar su edad y su precaria salud, el anciano D. Rufino fue puesto en libertad.

Días más tarde, se acercaron los milicianos a su domicilio preguntando por el sacerdote. Como D. Rufino estaba en cama, se contentaron con registrar toda la casa y se marcharon.

Hacia el 10 de agosto, fue detenido de nuevo en su casa y conducido a alguno de los Comités establecidos en Sigüenza; del interrogatorio pasó a la cárcel. Enfemo y mal alimentado, pudo sobrevivir en prisión.

Finalmente, el 22 de septiembre, fue obligado por los miliciano s a subir a un coche. Se desconoce si murió por debilidad, o de un infarto, o si los milicianos llegaron a fusilarle. El cadáver apareció en el paraje conocido como Las Eras del Lavadero; el enterrador pudo advertir, en una inspección superficial, que no presentaba señales de disparos o de sangre.

 

CLEMENTINO DE VILLA Y VILLA
 

Natural de Madriguera (Segovia), había nacido el día 9 de noviembre de 1903, hijo de Sotero de la Villa Sanz, de oficio tratante de mulas, trabajando también en la agricultura y con ganado, y de Encarnación de la Villa Azuara.  Fue bautizado en su pueblo natal, en la parroquia de San Pedro Apóstol, perteneciente en esa época a la Diócesis de Sigüenza, el día once del mismo mes y año, por D. Antonio Gonzalo y Serna, actuando de padrinos, su abuelo paterno, Manuel de la Villa Muñoz y Laura Martínez Martín-Tapia.  Tuvo cuatro hermanos, cuyos nombres eran: Aurelio, Teófilo, Santiago y Encarnación.

            Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de San Bartolomé, en Sigüenza.  El día 17 de diciembre de 1927 fue ordenado de subdiácono, y de diácono, el día 24 de marzo de 1928.  El día 2 de junio de este mismo año, en las témporas de la Santísima Trinidad, D. Eustaquio Nieto y Martín, Obispo de Sigüenza, le confiere el sagrado orden del presbiterado.  En su pueblo natal, Madriguera, celebró la primera Misa solemne, el día 15 de junio de 1928, en la parroquia de San Pedro Apóstol.  Ejerció su ministerio sacerdotal en Naharros, La Miñosa, Angón, Rebollosa de Jadraque y Galve de Sorbe (provincia de Guadalajara).

Después, como el habilitado del Clero de Madrid, D. Benigno Cerezo, era de Madriguera, quiso ayudar, en aquellas difíciles circunstancias de la República, a su amigo y paisano, consiguiendo su venida a Madrid, donde le destinaron, como cura ecónomo de la parroquia de Ntra. Sra. de la Paz, de Oteruelo del Valle (Madrid), en el valle de Lozoya, donde se encontraba cuando comenzó la guerra civil.  No existía vivienda para el Sr. Cura, y el Obispado compró el mejor inmueble de la localidad, acondicionándolo para su utilización.  Las obras se terminaron poco ante de comenzar la guerra, pero D. Clementino no llegó a disfrutar de la vivienda, pues cuando le detuvieron todavía estaba hospedado en casa de un matrimonio mayor, Carlos y María.

            Sobre el 23 de julio de 1936, llegaron a Rascafría lo milicianos, personándose en Oteruelo, tres o cuatro en un coche.  En la mañana, estuvieron hablando con D. Clementino en la plaza, y éste les preguntó si podía decir Misa; le contestaron que se lo preguntarían a su jefe que estaba en Rascafría.  Tan pronto como los militares se marcharon, llamó al niño Ildefonso Martín que era su monaguillo y estaba jugando en la plaza, entraron en el templo, cerró la puerta con llave y le comentó el contenido de la conversación.  D. Clementino abrió el sagrario y consumió todas las formas consagradas, para evitar que fueran profanadas.  Al preguntarle el niño si tocaba la campanilla, como se acostumbraba cuando se comulgaba, le contestó: “Haz lo que quieras”.  Las consumió, para evitar que pudieran ser profanadas, como ocurrió después con las imágenes y altares que fueron echados al fuego, excepto la Purísima que se guardó en el Ayuntamiento porque se había oído que tenía gran valor, y actualmente se encuentra en el templo.

            Al momento de salir de la iglesia, nuevamente llegaron los milicianos, pues la distancia entre Oteruelo y Rascafría es de poco más de 2 km., y le dijeron que no podía decir Misa.  Viendo lo mal que se ponía la cosa por ser zona roja, Arsenio Martín que había sido sacristán, y otro vecino llamado Pascual Canencia, le sugirieron que cruzara la sierra y pasase a Segovia por el puerto de Malagosto, límite de Oteruelo con dicha provincia, camino que conocía bien, y que, en aquellos primeros días, no había ningún frente en la montaña, como después sí lo hubo.  Se negó a ello, ya que decía no tener enemigos en el pueblo, por qué se iba a ir, si no tenía a nadie en contra.          

Accedió a que le acompañasen al monte de La Dehesa Boyal, para durante el día estar oculto; la comida se la llevaba la patrona a escondidas.  La condición que les puso fue que, al anochecer, debían volver al lugar en que le habían dejado por la mañana, para informarle si habían ido a buscarle a su domicilio.  Así lo cumplieron, hasta que D. Clementino comenzó a regresar a su casa sin esperar noticias.  Como nada anormal había ocurrido, no volvió a ausentarse; el día 25 de julio, volvieron los milicianos, llevándole detenido a Rascafría.  A la detención de D. Clementino se opuso el Presidente del Comité (Alcalde) Toribio Montero Canencia, pero le prometieron que no le ocurriría nada.  En el Ayuntamiento de Rascafría estuvo tres o cuatro días, junto a los párrocos de Rascafría, D. Eudosio, el de Alameda del Valle, D. Juan José Rojo y el de Pinilla del Valle.  El de Lozoya había huido a la zona nacional, por el puerto de Navafría.

Después fueron trasladados los cuatro sacerdotes de la zona de Lozoya, en una camioneta, vestidos con mono azul; en el lugar conocido por las dos Castillas, que está entre los puertos de Cotos y Navacerrada, fueron fusilados y enterrados en la cuneta de la carretera, unos encima de otros.  Se decía  en el pueblo , que cuando iba a ser fusilado D. Clementino, echó a correr entre los pinos, pero le dispararon e hirieron en una pierna, por lo que más le torturaron antes de quitarle la vida, entregándola por Cristo el 29 ó 30 de julio de 1936 ó 1937?.  Al finalizar la guerra, por mediación de los familiares de los sacerdote, que sabían donde estaban enterrados, los exhumaron, y querían llevarlos a Madriguera, pero los de Oteruelo del Valle no lo consintieron, recibiendo sepultura en el cementerio.  Otra vez fue exhumado D. Clementino, el día 15 de junio de 1939, asistiendo sus hermanos Teófilo y Santiago, para de nuevo ser enterrado en el Valle de los Caídos.

 

AGUSTÍN DEL REY MARTÍN
   

Natural de Segovia, había nacido el día 28 de agosto de 1876, y era hijo de Rafael del Rey Calvo y de María Martín Matute.

Fue beneficiado de la Colegiata de Segovia.  Este sacerdote de 60 años, vivía en la calle de Alfonso Lope de de Maro, nº 6 de Guadalajara.  Fue asesinado por las milicias rojas, el día 18 de octubre de 1936, a la veinte horas, en el sitio denominado La Pedrosa, en el término municipal de la capital, en cuyo cementerio recibió sepultura.

Falleció a consecuencia de herida por arma de fuego, según consta en el acta de defunción, inscrita en el Registro Civil de Guadalajara, el día 19 del mimo mes y año, por manifestación personal de D. Gregorio Olmedo Suárez, funerario de esta ciudad.

 

 

D. BRAULIO LOZANO TOMÁS
   

Nació en Sagides (Soria) el día 25 de noviembre de 1908, hijo póstumo de Braulio Lozano Martínez y Modesta Tomás Martínez, maestra de profesión y viuda.   En la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Purificación de Sagides, Diócesis de Sigüenza, fue bautizado el día 2 de diciembre de 1908 por D. Domingo Lozano Martínez, cura ecónomo de Miedes (Guadalajara), con licencia expresa del párroco de Sagides, D.  Leandro Puago Martínez.  Fueron sus padrinos los abuelos maternos, Jacinto Tomás Sanz, de profesión maestro de 1ª enseñanza y secretario de Ayuntamiento, y Águeda Martínez Martínez, en sustitución y a nombre de Mariano Tomás y María Tomás.

Empezó los estudios eclesiásticos, en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza (Guadalajara), donde aprobó, con brillantez, latín, humanidades y filosofía.  La Sagrada Teología la cursó en la Universidad Pontificia de Toledo y obtuvo el grado de licenciado en esta asignatura, manifestando su clara inteligencia y su gran valor intelectual en los exámenes y ejercicios que realizó ante los profesores.

El día 20 de diciembre de 1930, recibió en Toledo, con dimisorias del Sr. Obispo de Sigüenza, el sagrado orden del subdiaconado y en marzo de 1931 el del diaconado.  El 30 de mayo de 1931, fue ordenado de presbítero, celebrando su primera Misa el 15 de junio del mismo año en Barahona (Soria).  Sus parroquias fueron: Campisábalos y Albendiengo (Guadalajara) y Villasayas (Soria).  Desde ésta pasó, por deseo expreso del Sr. Obispo, a la de Budia (Guadalajara), donde, animado de un ardiente y abnegado celo, trabajó infatigablemente, cual lo hiciera en las anteriores, en aquellos tiempos difíciles y colmados de obstáculos para el apostolado sacerdotal, cuando iba a empezar la persecución.

Su ardoroso celo, su energía santa, su temple de apóstol y su fortaleza de mártir, nos ha quedado patentes en las palabras que dirigió al despedirse de sus feligreses de Villasayas: “Si nuestros enemigos pretenden arrebatarnos la fe de nuestros corazones, reivindicaremos, por el martirio, la libertad de hacer el bien”.  Su paso por las parroquias fue un reguero de simpatías, de cariño, de desvelos, y, sobretodo, de desprendimiento a favor de los pobres.  En ocasiones se quedó con muy poco, por entregarlo a los necesitados, revelando su espíritu de abnegación y sacrificio.

De un escrito suyo, sermón que dirigió a sus feligreses de Campisábalos, como despedida, cuando fue destinado a Albendiego, entresacamos algunos párrafos, que dan idea de su interioridad espiritual y grandeza de alma: “Quiero, hermanos míos, en el presente domingo y último de mi estancia en este pueblo, daros un adiós de despedida, no el último, porque me marcho muy cerca de vosotros.  Reciente comunicación  del Sr. Obispo, me obliga a trasladarme a un paso de este pueblo, a Albendiego.  Me marcho pues obedezco la orden del superior como venida del cielo, nuestra vida es vida de obediencia, vida de sacrificio; nuestro regocijo es estar al lado de aquellos que desean alcanzar la perfección cristiana para ser fieles servidores de Cristo y salvar sus almas.  Me voy, pero quiero dejaros, como prueba de mi cariño, un precepto, que es el mismo que Cristo dejó a sus apóstoles y discípulos, ‘que os améis los unos a los otros, como yo os he amado’, es decir, muchas cosas os he dicho durante estos cinco meses que he convivido con vosotros, pero la principal, la que tiene tanta importancia que es la raíz y el fundamento de las demás, la que guardaba para el momento que tuviera que separarme, es tened caridad con el prójimo, mis queridos hermanos; yo os aseguro que si sois caritativos, seréis santos, porque también tendréis el amor de Dios, y el que ama a Dios tiene todas las virtudes necesarias para santificarse”.

 

También tenía clara la situación política que se vivía en España, cuando seguía escribiendo: “Y en los momentos presente por los que atravesamos, que seguramente de vuestros corazones saldrán ayes y suspiros al ver la monstruosa persecución de que es víctima la Iglesia de Cristo, os digo para alentar vuestra esperanza: Almas cristianas, mirad arriba de donde ha de venir todo consuelo, mirad aquí al Sagrario, de donde ha de salir toda fortaleza, en las horas de aflicción y desconsuelo; mirad a la Virgen y Ella tenderá sobre vosotros su manto protector, y nunca desfalleceréis.  Invocando su nombre, caminaban sonrientes los mártires al suplicio.  Mayores fueron aquellas persecuciones de los emperadores romanos, y, sin embargo, la Iglesia salió, de todas ellas, esparciendo rayos de luz bienhechora.  No temáis, pues, alentad vuestra esperanza, demostrad que sois verdaderamente católicos; ha llegado la hora de demostrarlo”.
Seguirá dando importancia a la religión, necesaria para ganar el cielo y para la vida, y así escribe: “Como poseéis un corazón grande y magnánimo, pronto, muy pronto, tornaréis al esplendor, a semejanza de vuestros antepasados. ¿Cuándo? Cuando os convenzáis de que la religión de Cristo es el único medio para ganar el cielo, lo único que nos asegura la bendición de Dios; la única que nos procura la paz del corazón; la que salvaguarda la alegría de vuestros hogares, salvaguarda la educación, porque donde no hay religión, no hay educación posible, y sin educación la humanidad regresa al período de salvajismo.
Se preocupa por la falta de preparación e ignorancia de muchos españoles, como la causa de los gobernantes elegidos, y buscando soluciones, también dice: “Ea, pues, hermanos, elevemos nuestros ánimos, hagamos saber que el sentir del pueblo español, es netamente cristiano; que el parlamento no ha sido fiel portavoz del sentimiento nacional, al elaborar sus leyes que, si bien es verdad que el pueblo lo ha elegido con su sufragio, también es verdad que ha sido por ignorancia, por eso hace falta redimir al pueblo, instruirle, sindicarse, si así podemos hablar, para formar a esas organizaciones o bloques que hagan frente a cuanto se oponga a los principios fundamentales de su vida de cristiano”.
Con este escrito, indica, que estaba preparado para el martirio que se le avecinaba, pues sigue diciendo: “¿Qué creéis que será el destino de España? Que suprimen el presupuesto del Culto y Clero, que suprimen las congregaciones religiosas, que quizás se hundan las parroquias, las catedrales, que son himnos de piedra entonados a Dios por la fe gigantesca del pueblo español, todo es posible; pero, y qué? Cristo no muere ni tampoco su religión ni su evangelio. No temblemos.  ‘Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia’, no, la religión no se esconderá en un sudario para descender a la tumba, y si nuestros enemigos pretenden arrebatarnos la fe de nuestros corazones, reivindicaremos, por el martirio, la libertad de hacer bien”.
Ejercía como cura ecónomo de Budia, cuando hubo, en este pueblo, una refriega y violento altercado, entre derechistas e izquierdistas, y esto motivó el envío, desde Guadalajara, de una sección de guardias de asalto, al mando de un comisario, que mandó detener a un buen número de personas, entre las que se encontraba el sacerdote.  No había razón para detenerle, porque no había intervenido en la refriega, ni se había mezclado en el asunto.  Detenido D. Braulio el 20 de julio de 1936, ingresó inmediatamente en la Cárcel de Guadalajara.  Tres días después, el 22 del mismo mes, se le puso en libertad, al tomar las derechas el mando de la capital; los milicianos, llegados de Madrid, en número considerable, la asediaron y lograron reconquistarla.
Este celoso sacerdote, durante el sitio, estuvo al lado de los valientes y heroicos defensores de la plaza, ayudándoles y administrando los sacramentos a los moribundos, y, cuando se vieron sin esperanza de poder resistir, le aconsejaron a D. Braulio que huyera para salvar su vida, pero él prefirió seguir ejerciendo su sagrado ministerio. Cuando los milicianos lograron entrar en Guadalajara, ejecutaron a unos, y encarcelaron a otros.  D. Braulio volvería a ingresar, por segunda vez, en la prisión, donde sufrió torturas, humillaciones y malos tratos.   Después de ciento treinta y seis días de penoso cautiverio, llegó el fatídico día 6 de diciembre de 1936, en que murió, bajo el plomo de los que asaltaron la cárcel, ofreciendo su vida por Dios y perdonando a sus asesinos.
Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Guadalajara. Su defunción esta inscrita en el Registro Civil de Budia, el 8 de mayo de 1941, donde consta que falleció a consecuencia de heridas producidas por las hordas rojas, y que fue muerto por Dios y por España.  Exhumado su cadáver del cementerio de Guadalajara e identificado el 15 de abril de 1941, se trasladó al cementerio de Barahona (Soria), donde se procedió a darle sepultura eclesiástica al cadáver “que venía íntegro y natural”, el 5 de junio del mismo año, para unirlo a los restos de sus familiares, en una mismas sepultura.

 

CASIMIRO HERRÁNZ MARTÍNEZ
 

Natural de Campillo de Dueñas (Guadalajara) nació el día 4 de marzo de 1912, a las 2 de la madrugada, hijo de Marceliano Herránz López, de ocupación labrador, y de Perpetua Martínez Martínez.  Fue bautizado en la parroquia de Santa Catalina, virgen y mártir, el mismo día de su nacimiento, por D. Mariano López y López, actuando de padrino, Julián López.  Pertenecía a una familia humilde y religiosa, y era el segundo de cuatro hermanos.  A los ocho años, quedó huérfano de padre, y, a los doce, ingresa en el Seminario de Madrid-Alcalá, donde curso sus estudios eclesiásticos.

Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de junio de 1935, en la capilla del Seminario Conciliar de Madrid, celebrando la primera Misa Solemne en su pueblo natal, el día 26 de de junio, siendo sus padrinos eclesiásticos, D. Bienvenido Herránz Martínez y D. Luis Martínez Martínez, ambos primos suyos.

El comienzo de la guerra civil, le sorprendió siendo párroco de Garganta de los Montes (Madrid).  Vivía allí con una hermana más joven que él, que le atendía la casa.  Por el peligro que corría D. Casimiro, fue escondido en el pajar, y cuidaban de él los vecinos de este pueblo, especialmente, su sacristán, Manuel Herránz Herránz  y una vecina, Rosario.

Cuando empeoró la situación política, decidió huir a la zona nacional.  Parece que llegó hasta Usanos, provincia de Guadalajara, donde pidió ayuda a un campesino, y éste, sin embargo, lo delató.  Fue detenido y encarcelado en la Prisión de Guadalajara, donde se encontró con otros tantos sacerdotes presos como él, y por el mismo motivo, ser sacerdotes de Cristo Jesús.

El día 6 de diciembre de 1936, por la tarde, la aviación nacional bombardea Guadalajara.  Los milicianos, enfurecidos por este hecho, asaltaron la cárcel y fusilaron a todos los detenidos, comenzando por los sacerdotes.  Su muerte está inscrita en el Registro Civil de Guadalajara, el día 4 de noviembre de 1939, donde consta que falleció en la Prisión Central de esta ciudad, el día 6 de diciembre, a consecuencia de ser asesinado por las milicias rojas.

En la capital de Guadalajara, sigue vivo el recuerdo de esta trágica ejecución, y, por ello, el pueblo cristiano alcarreño, considerando mártires a todos los que fueron inmolados en estas circunstancias, pide su canonización.

 

JOAQUÍN EPIFANIO LÓPEZ MUÑOZ
 

Era natural de Cuenca nacido el 17 de abril de 1883, hijo de Félix? López Martínez y Magdalena Muñoz Castellanos. Cuando estalla la guerra, era párroco de Salmerón (Guadalajara) y gozaba de general simpatía entre las personas de su pueblo, pues era trabajador y celoso en el cumplimiento de su deber, sin intervenir para nada en los asuntos políticos

Los marxistas se adueñaron del pueblo en julio de 1936, y persiguieron a las personas de orden, negándole el salvoconducto al sacerdote, pero le hicieron falsas promesas de respeto y ayuda.  D. Joaquín, temiendo por su vida, durante el día estaba en el campo, alimentado por personas buenas del pueblo; no podía huir, debido a su delicada salud.  El día 1 de septiembre llegó a Salmerón una cuadrilla de milicianos aragoneses y ante la denuncia de que no se había matado al cura del pueblo, decretaron su muerte.

Don Joaquín, siéndole negado el refugio en las casas del pueblo, se escondió, en la presa del molino de harina, sumergiéndose en el agua, pero con la cabeza fuera.  Mientras tanto los milicianos, al no encontrarlo, publicaron un bando en el que decían que “debían salir todos los vecinos del pueblo a buscarlo y, que si en alguna casa se encontraba, serían fusilados, todos los de la casa, junto con el cura”.  Salió un gran número de hombres en busca del sacerdote, hasta que, finalmente, fue descubierto, ya en la madrugada del día siguiente, en la presa, a un kilómetro de la ciudad.

Uno de ellos, al verle, en señal de gozo y de triunfo, le disparó un tiro de escopeta e hirió en la cabeza,  Fue sacado de la presa y conducido al pueblo entre aclamaciones, burlas, vejámenes, sarcasmos e insultos de toda clase, colocándolo en la plaza; mientras, una banda de música amenizaba el espectáculo, y hasta llegaron a cortarle una oreja, en señal de triunfo, como si se tratara de una fiesta taurina.  Pero el médico titular, poniendo como argumento el cumplimiento del deber, logró convencer a la horda para que accediesen a que le limpiara la sangre, le curase y le vendase.

Después de todo esto, los milicianos rojos, decidieron acabar con él, y montándolo en una camioneta, herido como estaba, fue llevado, el mismo día 2 de septiembre de 1936, a las cuatro de la tarde,  al término de Peralveche (Guadalajara), donde le fusilaron, llegando el salvajismo de los asesinos, a la mutilación del cadáver.  D. Joaquín entregó su vida por Cristo, confesando su fe y siendo fiel a su sacerdocio.

Después ordenaron a las autoridades del pueblo que no enterraran el cadáver, sino que lo arrastraran por el campo y lo dejaran para que las aves lo destrozasen.  Pero las citadas autoridades, más humanas, haciendo caso omiso de la orden, le dieron sepultura.   En el Registro Civil de Salmerón, donde estaban domiciliados sus padres, está inscrita la defunción el 12 de febrero de 1940, en la que dice que habrá de recibir sepultura su cadáver en el cementerio de Viana de Mondéjar.

 

D. TOMÁS SANTOS ALARCÓN LÓPEZ
 

Natural de Camarena (Toledo), nació el día 7 de marzo de 1900, hijo de Ginés Alarcón López, de ejercicio tablajero, y Trinidad López-Palomino Pérez.  Fue bautizado el día 15 del mismo mes y año, en la parroquia de San Juan Bautista, de su ciudad natal, por D. Manuel Aliaga Burillo, actuando de madrina Constanza Fernández.
            Fue ordenado de subdiácono el día 22 de septiembre de 1923 en Toledo y le fue conferido el sagrado orden sacerdotal, por el Cardenal Reig, el día 5 de abril de 1924 en la misma ciudad.  Celebró por primera vez el Santo Sacrificio de la Misa el día 21 de abril del mismo año en la iglesia parroquial de San Juan Bautista de su pueblo natal, Camarena, siendo padrinos de honor su madre Dña. Trinidad López Pérez y su tio Higinio Fernández.
            Era coadjutor de la parroquia de Santiago Apóstol de Guadalajara, y ante la situación política que se vivía, huyó el día 15 de septiembre de 1936, para buscar asilo y seguridad en Madrid, hospedándose en una pensión de la Cuesta de Santo Domingo.
El día 5 de octubre del mismo año, es detenido por unos milicianos, que sabiendo su condición sacerdotal, se lo llevaron para asesinarlo en la carretera de El Pardo, de Madrid, sin que se volviera a tener noticia alguna de su paradero, o sea, del lugar donde fue enterrado y del modo en que fue martirizado.  Su muerte esta inscrita en el Registro Civil de Guadalajara, el día 6 de agosto de 1939, donde consta que falleció el 14 de diciembre de 1936, en una de las checas que funcionaban en Madrid, siendo asesinado por las milicias rojas

 

D. MANUEL ESCRIBANO ROMERO
 

Natural de Fuentelsaz (Guadalajara), nació el día 5 de agosto de 1896, hijo de Antonio Escribano Olivares, de profesión labrador, y de Elena romero Herránz.  Fue bautizado al día siguiente de nacer, en la parroquia de San Pedro Apóstol, de su pueblo natal, por el cura propio, D. Eugenio Pascual y Pascual, actuando de madrina, María Sanz.  Estudió en el Seminario de Sigüenza, con la beca que le proporcionó un tío suyo, sacerdote, llamado Manuel.

            Ordenado sacerdote en las Témporas de la Santísima Trinidad de 1920, cantó su primera Misa en la iglesia de San Cayetano de la ciudad de Zaragoza.  Inició su apostolado en la parroquia de ‘Nuevo Baztán’, de la diócesis de Madrid-Alcalá, ganada por concurso, y en la que ejercitó su abnegado y edificante ministerio durante siete años, siendo trasladado después a la capilla del Santísimo Cristo de San Ginés, de Madrid.  Tenía dos hermanas, Cecilia y Petra. Después de morir D. Manuel, aunque una había estado casada, las dos se hicieron religiosas Ursulinas, y vivían en la C/. Enseñanza de Molina de Aragón (Guadalajara).

            Su actuación sacerdotal en este devotísimo oratorio, la puso de relieve en el altar, al celebrar la Santa Misa con aquel fervor que emocionaba a los que tenían la suerte de oírsela más de una vez.  Y en el púlpito, al dirigir los devotos ejercicios de la santa bóveda, y, sobre todo en el confesionario, donde fue tan fructífero su apostolado en la ardua tarea de la dirección de almas, siendo muchísimos los jóvenes y jovencitas de la Acción Católica, que encontraron en él al prudente y celoso director de conciencias.           

Cierto que para su fervoroso y activísimo apostolado, era muy reducido el radio de acción de la devota capilla; Dios dispuso que el celoso párroco de San Jerónimo de Madrid, con gran interés lo requiriese para llevárselo de coadjutor a su parroquia.  Y fue precisamente en la parroquia de San Jerónimo donde D. Manuel desplegó con toda intensidad las dotes excepcionales con que la Providencia le adornara para ser, durante los siete años que llevaba en su cargo, el modelo de sacerdote apóstol que elocuentemente proclaman las obras parroquiales que él orientaba y dirigía con insuperable acierto.  Ayudaba y protegía a muchas familias pobres con los escasos recursos económicos que él tenía.  En él encajan las palabras de la Sagrada Escritura: “Corta vida, pero exuberante”.  Breve apostolado, pero intenso y perfumado con aromas de humildad e inocencia.

            Cultivó en su corazón dos amores predilectos: Uno, el que consagró a la infancia; otro, a los pobres.  Para unos fue el maestro inteligente y bueno, delicado y tierno.  Para los otros, el padre solícito y generoso, a expensas de su propia pobreza.  Devotísimo del Sagrado Corazón de Jesús, organizó la comunión de los primeros viernes para que los enfermos e impedidos pudieran participar del beneficio de las divinas promesas.  Fue Director de las Hijas de María y Consiliario de Señoras de Acción Católica., cargos que desempeñó con exquisita delicadeza y extraordinario fruto.

            También fue apóstol de la pluma:  las hojas parroquiales que dejó escritas, son clarísimo exponente, de su acendrado amor a la Iglesia y a España, a la vez que de su bien cimentada cultura religiosa.  Vislumbró entre las adivinaciones de su genio la enrojecida palma de su propio martirio.  Unos días antes de su muerte, decía a su hermana Cecilia: “¿No te gustaría tener un hermano mártir? La gracia del martirio la concede dios a las almas privilegiadas”.  La suya lo era; por eso Dios lo distinguió con tan preciado galardón.

            El día 7 de agosto de 1936, obligado por las trágicas circunstancias, salió de su domicilio en busca de asilo, para ponerse a salvo de sus perseguidores.  Orientó sus pasos hacia la casa de unos pobres, “mis pobres” como él decía, los cuales hacía tiempo venían gustando de los efectos saludables de su inagotable caridad.  “Allí me recibirán”, decía entre confiado e inocente.  Y los suyos no le recibieron...  No se inmutó ante tan ingrata correspondencia.  La hermana que le acompañaba, de vuelta al propio hogar, escuchó de sus labios estas hermosísimas palabras: “Cuando te veas arrojado como la basura, alégrate, porque entonces está Dios contigo”.  Y Dios estaba con él.

            Ese mismo día 7, que la Iglesia festeja al padre de la Providencia, San Cayetano, los milicianos llegaron  a su modestísimo hogar, armados hasta los dientes.  “Si buscan armas, riquezas o política –se adelantó a decir- registren; si buscan al sacerdote..¡soy yo!”.  ¡Valiente! No buscaban armas, ni tesoros, ni política; demasiado les constaba que no las había.  Buscaban al sacerdote por el hecho de serlo, nada más.  Les pidió a los milicianos, le permitiesen despedirse de su padre y hermanas, que vivían con él en la misma casa.  Accedieron los soldados a su petición.  Su padre, anciano de ochenta y ocho años estaba postrado en cama, y se acercó Manuel para despedirse, diciéndole: “¡Adiós, padre!, ¡hasta el cielo!”.  Le contestó: “¿Dónde vas, hijo mío? ¿Es que no te volveré a ver más?”.  Ni siquiera la angustiada voz del anciano inspiró compasión a los que le buscaban.  El padre también murió consumido de pena.           

 

Se despide a continuación de su hermana Cecilia, a quien dijo: “Si está Dios, volveré; y si no, hágase su voluntad”.  Abrazó después a su hermana Petra, a quien entregó su reloj como recuerdo.  Seguidamente se entrega a la miliciana.  Entre fusiles desciende el ejemplar sacerdote.  En sus labios, la misma exclamación entre transportes de júbilo y santo entusiasmo: “¡Hasta el cielo! ¡Hasta el cielo!”.  Las piedras se conmovería a su paso, pero sus verdugos no se conmovieron...Lo empujaban y herían con su bayonetas, hasta introducirlo en el coche que había de conducirlo a la checa instalada en el que fue Colegio del Sagrado Corazón, en la calle Narváez.

            Al llegar la hora de la inmolación, frente al pelotón de cobardes, con la mirada puesta en la altura y con la imperturbable serenidad de un bienaventurado, otorgado que hubo el perdón a sus asesinos, dio testimonio de encendida fe, diciendo: “Aunque vosotros no creáis, Dios existe y Cristo reinará”.  Y su cuerpo se desplomó abatido por la metralla, inmolando su vida por Cristo y su sacerdocio, ese mismo día 7 de agosto de 1936.  Su cadáver está enterrado en una fosa común, pero sus hermanas sabían dónde estaba.

            Cuando terminó la guerra civil, lo desenterraron para llevarlo al cementerio de la Almudena de Madrid, en la fosa propiedad de un sobrino suyo.  Después de tantos años transcurridos desde que murió, su memoria permanece viva entre sus familiares y conocidos.

 

D. PEDRO FRAILE FRAILE
 

Natural de Pastrana (Guadalajara), había nacido el día 14 de abril de 1899, hijo de Eusebio Fraile y Mª Mercedes Fraile.  Fue bautizado en la parroquia de la Asunción de Ntra. Sra. por D. Cayetano Barrios, el día 17 del mismo mes y año, actuando de madrina, Francisca Hernández Ranera.  En Toledo fue ordenado de presbítero el día 17 de diciembre de 1921, por el Cardenal Almaraz y Santos. Cuando comenzó la guerra civil se encontraba ejerciendo el ministerio en Trijueque (Guadalajara), y allí vivió oculto, junto a su feligresía, durante una temporada, cuidándose uno de sus feligreses, que era zapatero, de proporcionarle cuanto necesitaba.

Deseando trasladarse a su pueblo natal, puesto que los milicianos habían descubierto en Trijueque su escondite, salió del pueblo acompañado de la persona anteriormente mencionada.  Despidiéndose de éste, a unos pocos kilómetros de la salida, y, cuando D. Pedro se encontraba en el término municipal de Atanzón (Guadalajara) fue detenido por unos milicianos, que al darse cuenta de que era sacerdote, lo condujeron al alcalde de Torija (Guadalajara).  Éste llamó a los vecinos del pueblo, para que se reunieran en la plaza,   y allí, simulando una corrida de toros, pusieron al sacerdote en medio como toro, para mofarse e injuriarle.

El Alcalde se lo volvió a entregar a los milicianos, con otras personas, también detenidas. Todos ellos fueron asesinados, el 17 de agosto de 1936, en dicho pueblo, junto a las tapias del cementerio, siendo D. Pedro enterrado el día 19.  Cuando el día 18 de octubre de 1939 fue exhumado su cadáver para trasladarlo al cementerio de Pastrana, en su boca se le encontró una medalla de la Milagrosa, que se introdujo para evitar

 

D. DEOGRACIAS GARCÍA FERNÁNDEZ

 

Nació en El Casar de Escalona (Toledo), el día 22 de marzo de 1905, hijo de Columbiano García, de oficio labrador, y de Francisca Fernández.  Era cura ecónomo de la parroquia de Santa Eulalia de Mérida, de Chiloeches (Guadalajara), una parroquia de más de mil feligreses.  Comienza la guerra civil , en julio de 1936, y ante el peligro que suponía para el sacerdote permanecer en el pueblo, después de haber consumido las formas sagradas, salió huyendo el 20 de julio, escondiéndose dos días en la finca “Monte Alcarria”, y refugiándose más tarde en el pueblo de Valdarachas (Guadalajara).

A finales de agosto, fue detenido por un vecino de este pueblo y entregado a los milicianos de Loranca de Tajuña; estos últimos junto a los milicianos  de Yebra (Guadalajara), el 28 de agosto de 1.936, le condujeron a un campo, el paraje de la Trinidad, que dista un kilómetro de Loranca, en el sitio denominado “Ermita Rota”, y luego de haberle abofeteado bárbaramente, tortura que D. Desgracias  sufrió recordando en voz alta, que lo mismo habían hecho con Jesucristo.

 

Después de fusilado, pero todavía con vida, fue quemado con gasolina y  mutilado. Finalmente, como era pequeño el foso, que cavaron en una era, le quebraron la columna vertebral en dos partes, y obligaron a dos hombre a enterrarle.  Los restos mortales de D. Desgracias fueron exhumados el día 7 de agosto de 1939, y trasladados a su pueblo natal, El Casar de Escalona, en cuyo Registro Civil se inscribió la defunción.

 

D. MARTÍN LAINA IBÁÑEZ

 

Nació el 11 de noviembre de 1899 en Hortezuela de Océn (Guadalajara). Hijo de José Laina García e Ignacia Ibáñez Mencía, labradores.  Fue bautizado al día siguiente de nacer en la Parroquia de San Sebastián, del mismo pueblo, por D. Miguel López Matamala. Fue su padrino su abuelo paterno Eusebio Laina Gutierrez. Y en esa misma iglesia recibió la confirmación el 5 de mayo de 1.902 de manos del Exmo Sr. D. Toribio Minguella y Arnedo, obispo de Sigüenza.
Realizó sus estudios en el Seminario Conciliar “San Bartolomé” de Sigüenza Guadalajara). Desde 1919, por cuenta de la diócesis y como alumno interno de Pontificio Colegio Español, estudió la teología en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, con gran aprovechamiento.  Desde Roma escribe unas letras a su tía Gavina, en la fotografía del grupo de todos los Colegiales Españoles, que allá estudian, y dice que él está a la derecha, el 4º de la 2ª fila, empezando por abajo.  Recibió el orden del presbiterado en Roma, el día 19 marzo de 1923.  Y ese mismo año regresó a Sigüenza, donde fue nombrado profesor de Latín y Capellán de las Religiosas Ursulinas.

En enero de 1925 recibió el nombramiento de coadjutor de la parroquia de San Pedro en Sigüenza hasta agosto 1927, en que fue nombrado canónigo por oposición de la SIC de Sigüenza por el Rey Alfonso XIII.   Con la llegada de la República se trasladó a Madrid donde fue nombrado Capellán del Real Monasterio de la Encarnación desde el día 6 de octubre de 1931. No se desligó totalmente de la diócesis, pues, obtenida dispensa pontificia del Coro, pudo retener todavía la canongía que disfrutaba en la SIC. Vivió en la calle  de Velásquez, nº 128 de Madrid, pero volvía con frecuencia a su pueblo natal, porque tenía particular devoción a la Virgen de Océn.  Era muy piadoso, y cuando predicaba, la gente se emocionaba. Por las mañanas, iba al Monasterio del que era capellán, y por las tardes solía ir a trabajar a una editorial. 
Con el estallido de la Revolución, decidió abandonar su casa y fue pasando de casa en casa de amigos suyos, hasta finalmente recalar, junto a otros dos religiosos, en la calle Guzmán el Bueno, el día 15 de agosto de 1936.   El día 2 de octubre irrumpieron en la casa cinco individuos que detuvieron a Don Martín.  La decisión de ofrecerse a Dios como víctima expiatoria que hacía tiempo que tenía hecha, quedaba completada en esta entrega silenciosa y resignada de su persona.  En una conversación de Martín con  sus padres, ante la posible persecución que podía llegar, entregando la vida por la fe y por Jesucristo, les dijo: “También estaría bien que nos sacrificaran a las que nos llamamos sus discípulos”.
Se desconocen las características y las circunstancias de su asesinato, aunque se puede suponer que fue mutilado. El cadáver fue encontrado el día 3 de octubre de 1936 en los alrededores de la Ciudad Universitaria de Madrid. El día 6 del mismo mes recibió sepultura en el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena de Madrid.   Cuando el 24 de abril de 1.940 se hizo el traslado de sus restos, se pudo comprobar que en su cadáver se habían ensañado, representaba la cabeza y los pies separados del cuerpo.

 

D. PEDRO MANUEL LEÓN LORENTE CORONA

 

Nació en Sacedón (Guadalajara) el día 28 de junio de 1871, hijo legítimo de Vicente Lorente y Tomasa Corona.  Fue bautizado en Sacedón, el día primero de Julio de 1871, por D. Francisco Corona cura párroco de la parroquia de Nuestra  Señora de la Asunción, que en esa época pertenecía al Obispado de Cuenca, , actuando de padrino Manuel Pérez.

D. Pedro estudió Derecho y ejerció como abogado.  Contrajo matrimonio, y al morir la esposa, entró en el Seminario, llegando a ser ordenado sacerdote.  Estaba como sacerdote encargado de la Isabela (pedanía de Sacedón) en tiempos de la guerra civil.

El día 4 de agosto de 1936 fue asesinado en el patio del palacio del Real Sitio, junto a otras dos personas, D. Miguel de la Fuente Falcón, sacerdote y su sobrino, que era militar.  Les vieron colocados junto a la fuente del patio, oír después los disparos y de cómo trasladaban los cadáveres al cementerio.  Sus restos reposan, actualmente en el cementerio de Auñón (Guadalajara), sepultura nº 15 de la fila 5ª del patio 1º (San Juan Bautista), con derecho a perpetuidad.

 

D. PABLO SANTOS DÍAZ

Hijo de Cirilo Santos Yela, de ocupación labrador, y Tomasa Díaz Díaz, nació el día 15 de enero de 1903 en Solanillos del Extremo (Guadalajara).  Era muy inteligente, modelo para la familia, durante toda su vida. No le gustaba el campo, prefería los libros antes que ir a trabajar en aquel; si le mandaban a recoger almortas, él se quedaba a la sombra.

Cursa los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de San Bartolomé de Sigüenza.  El Excmo. Sr. D. Eustaquio Nieto y Martín, Obispo de Sigüenza, le confirió, en esa ciudad,  el sagrado orden del presbiterado el día 2 de junio de 1928.  Tras su ordenación, desempeñó su ministerio sacerdotal como ecónomo de Hontanares, después es trasladado a Navalpotro y Torrecuadrada (ambas en la provincia de Guadalajara), y en enero de 1932 es nombrado como Ecónomo de Las Inviernas (Guadalajara), donde le sorprenderá la Revolución.  Era querido en los sitios donde estuvo, con fama de muy buena persona.

Durante los años de la República, tuvo un grave percance, por la celebración de un entierro católico, lo que trajo como consecuencia que, desde ese momento, fuera controlado por los representantes y seguidores del bando republicano.  El día 28 de Julio por la mañana fue llamado al ayuntamiento, le dijeron que se ocultase en el monte, pues el alcalde sabía que venían a por él.  Pensó que era mejor pasarse a la zona nacional, pero insistía en que quería despedirse de los suyos; para tranquilizarles, no quería irse sin despedirse.  Llegó a Solanillos y les comunicó a sus hermanos que se iba, y que quedaban solas su madre y su hermana. Marchó vestido de calle, con un sombrero de paja y una hoz, para simular que iba a cosechar.

Cuando D. Pablo salía de su pueblo natal, entraban en Las Inviernas seis milicianos, provenientes de Cifuentes (Guadalajara), buscando al cura. Al no estar, asaltaron la Casa Parroquial y maltrataron a su hermana Cirila y a su madre.  El sacerdote fue buscado por todo el contorno, y enterados que había pasado en bicicleta, pusieron de guardia a dos vecinos de Masegoso de Tajuña (Guadalajara) en el puente, con la orden de detenerlo si regresaba, y custodiarlo hasta su vuelta. Regresaba nuestro cura, desconociendo todo esto, y cuando llega al puente, la guardia le detiene.

En el momento de su detención, el sacerdote pregunta cuál es la causa de tan injusta detención. A lo que le contestan, que cumplen órdenes de unos milicianos que habían pasado buscándolo.  Aquella misma tarde volvieron los milicianos, y exaltados por su apresamiento, se mofaron de D. Pablo, lo maltrataron, pisoteándole la cabeza, y disparándole varias veces en el cuerpo, para alargarle la agonía y su sufrimiento fuera mayor. Fue asesinado en el paraje de "Los Cerrillos", cerca de Masegoso.  Eran las seis de la tarde del mismo día 28 de julio de 1936, cuando este joven sacerdote ofrendaba su vida a Dios, en aras de su sacerdocio y dando testimonio de su fe.

Los asesinos dieron orden al juez para que quemase el cadáver.  Sin embargo, el juez hizo caso omiso de la orden y fue con los hermanos del difunto a enterrarlo, siendo nuevamente sorprendidos por los milicianos, frente a los que alegaron que eran del juzgado de paz de Masegoso. Su cuerpo se encuentra enterrado en el Cementerio de Cifuentes y está inscrito en su Registro Civil.

 

D. EULOGIO CONSTANTINO SÁNCHEZ SÁNCHEZ

Natural de Armuña de Tajuña (Guadalajara), había nacido el día 11 de marzo de 1878, hijo de Claro Sánchez Martínez, de oficio labrador, y de Nicanora Sánchez Cortés.  Fue bautizado por el cura ecónomo, en la parroquia de San Martín Obispo, el día 12 del mismo mes y año, en su pueblo natal, actuando de madrina, su abuela paterna, Simona Martínez.  Le fue conferido el sagrado orden sacerdotal en Toledo, por el Dr. Badía, Obispo Auxiliar de esa ciudad, el día 17 de marzo de 1905.  Fue maestro de primera enseñanza y tocaba el piano.  Estuvo en el pueblo de Hueva (Guadalajara) después de cantar misa.  Cuando comienza la guerra civil, era párroco de Armuña de Tajuña con anejo Fuentelviejo (ambos pueblos de la provincia de Guadalajara), donde vivía con su madre de 82 años.  Era primo carnal de D. Feliciano Sánchez Pérez, que también será mártir.

El día 21 de julio de 1936, huye en una borrica con su madre, hacia Tendilla; pero va después al pueblo de Romanotes, a casa de su primo carnal Enrique Sánchez Pérez (hermano de D. Feliciano) hasta el 23, que huyó al campo, celebrando antes la Santa Misa.  El día 25 de julio de 1936, festividad del Apóstol Santiago, volvió a celebrar la Eucaristía.  D. Eulogio Constantino se presentó a las autoridades voluntariamente, para evitar mayores males, el día 26 del mismo mes, y fue trasladado a una fábrica de harinas, distante 6 kilómetros del pueblo, en la que permaneció custodiado durante toda la mañana.

 
Por la tarde, fue obligado a subir a una camioneta, y  conducido a la finca de "El Sotillo", término de Guadalajara, a unos 6 kilómetros de la capital, donde D. Eulogio Constantino, fue asesinado por las milicias rojas, en una fuente al lado de la carretera, sitio denominado Fuentecilla, siendo antes maltratado ferozmente.  Se mofaron con sadismo cruel de su cadáver, al que dejaron sentado al borde del camino, con el rosario entre sus manos.  D. Eulogio consigue la palma del martirio dando su vida, por su sacerdocio y su fe en Cristo.  Fue enterrado en el cementerio de Guadalajara, pero está inscrita su muerte en el Registro Civil de Armuña de Tajuña, el día 27 de julio de 1939.

 

AURELIO BERMEJO VALENCIANO
 

Natural de Anguita (Guadalajara) nació el día 20 de octubre de 1895, y era hijo de  Tomás Bermejo Bermejo, de oficio tintorero, y de Petra Valenciano Garros.  Fue bautizado en la parroquia de San Pedro, de su pueblo natal, el día 26 del mismo mes y año, por D. Fabián García, actuando de padrino León Bermejo.  En su pueblo paso los años de su infancia hasta que, su madre, ante la muerte del padre, decidió salir, y empezar a trabajar, para sacar adelante la familia.  Puesto que era maestra de escuela, se incorporó a la docencia, y así anduvo de un lugar a otro, hasta que definitivamente se estableció en Madrid.           

De oficio jornalero, vivía en Torrelodones (Madrid) cuando contrajo matrimonio canónico el día 12 de marzo de 1930, en la iglesia parroquial de Santa Cruz, de Madrid, con Simona Martín Núñez, natural de Segovia, pero vecina de Madrid, de cuyo matrimonio, nacieron tres hijos, Jesús, María y José.  Era Aurelio un hombre creyente y participaba en la actividad pastoral, siendo vocal de la Acción Católica de la parroquia de San Miguel de la Calle General Ricardos, según consta en el Boletín Oficial del Obispado de Madrid-Alcalá.

            Cuando estalla la guerra civil, la familia tenía su domicilio en la calle Comandante Cirujeda, nº 13 de Madrid, y trabajaba en el Ministerio de Justicia, como ordenanza.  La iglesia de San Miguel la toman los milicianos como cuartel, y revolviendo los papeles y documentos, encuentran los nombres de los que pertenecían a la Acción Católica, y comenzaron a buscarlos en sus casas.  Era al mediodía del 12 de agosto de 1936, cuando, interrumpiendo la comida, llaman a la puerta.  La esposa se levantó de la mesa para atender a la llamada, y cual sería su sorpresa, cuando vio que era una pareja de milicianos armados, que preguntaban por Aurelio.  Les dijo que estaba comiendo, pero les mandó pasar.  Una vez dentro, Aurelio conoció a uno de ellos, llamado Escolano, quien dirigiéndose a él, le dijo: “Aurelio, tienes que acompañarnos, pero termina de comer, porque no hay prisa”.  Era cuando la esposa se disponía a servir el segundo plato.

            Cuando Aurelio terminó de comer, después de arreglarse, salía de la casa con los milicianos, y la esposa le paró en la puerta, para decirle: “Aurelio, ponte el chaleco, porque después te puede hacer falta”.  Aurelio fue llevado detenido por los milicianos del Radio Sur del partido comunista del Puente de Toledo, que, probablemente, pertenecían también a la ‘checa’ que ocupaba el edificio de los Salesianos de Atocha, y conducido a la iglesia de San Miguel, calle General Ricardos, nº 15, donde fue objeto de malos tratos.  Sacado a las dos de la madrugada del día 13 de agosto de 1936, lo asesinaron en el barrio de La China.

            Como Aurelio trabajaba en el Ministerio de Justicia, la esposa, acompañada del marido de una hermana, se presentaron al día siguiente en el Ministerio, pero le dijeron: “No podemos hacer nada, porque es cuestión de gente de iglesia; de todas formas, ya no hay remedio, y Vd. cállese, porque también la podemos matar.  Comprendió que ya había sido asesinado, y, en la tarde, fueron al depósito de Santa Isabel.

            Entre los muchos cadáveres (posiblemente habían buscado y asesinado a todos los de la lista de Acción Católica), encontraron el de Aurelio, que presentaba un tiro en el cuerpo y otro, en la cabeza; en las muñecas, tenía señales de haber estado maniatado con cuerdas, por donde había manado sangre.  La defunción de Aurelio esta inscrita en el Registro Civil de Madrid, Distrito de La Latina, el día 14 de Agosto de 1936, donde consta que falleció a consecuencia de hemorragia, entregando su vida por su fe en Cristo, a los cuarenta años.  La esposa sollozaba amargamente, ante los hijos pequeños aún, que no podían entender el dolor que la embargaba.  Su memoria permanece viva entre sus familiares y conocidos.  Aurelio tenía tres hermanos, y uno de ellos, que era religioso agustino, Fray Tomás, también fue martirizado después que él, en Busturia (Vizcaya), el  día 26 de abril de 1937.

 

ENRIQUE ALBERTO DEL AMO DEL AMO

 

Nacido en Auñón (Guadalajara) el día 15 de julio de 1914.  Sus padres se llamaban Felipe del Amo Sáez, de oficio jornalero, y de Braulia del Amo López.  Fue bautizado el día 20 del mismo mes y año, en la parroquia de San Juan Bautista, de Auñón por D. Carlos Alcocer Corralo, actuando de madrina Victoriana Morano López. Era el mayor de tres hermanos, de familia modesta, de la que él tuvo que hacer de cabeza, al morir su padre, cuando tan sólo contaba con siete años.  Se dedicaba a las tareas del campo.  Tenía aficiones musicales y  estudios elementales. Tenía novia cuando le asesinaron.  Era un hombre comprometido cristianamente, cumpliendo siempre el precepto dominical, y en las fechas que debía, cumplía con los sacramentos de su fe.

Antes de estallar la guerra, fue una continua lucha en Auñón, entre republicanos y nacionales, contra la Iglesia Católica, y contra las personas que profesaban esta religión, como Enrique Alberto.  Hubo tiros en las calles del pueblo, y en mayo de 1936, mataron a algunas personas, por el único motivo de ser personas de orden.   A partir del estallido de la guerra civil de 1936, fue más continua la lucha contra esta familia, que, como se ha dicho, venía de tiempos de la República. Empezaron a disparar los milicianos contra su casa de la familia Del Amo, sin motivo, y Enrique Alberto disparó para defenderla.

En estas circunstancias, el 20 ó 21 de julio de 1936, es detenido, junto a otros venticinco hombres del pueblo, por guardias de asalto venidos de Madrid y se los llevan a la cárcel modelo.  Estuvo encarcelado durante mes y medio en la cárcel de la capital de la nación, sin saberse nada de él, durante todo ese tiempo.  Luego le trajeron a la cárcel de Guadalajara, y desde ésta, pudo entablar contacto con la familia.  Desde la cárcel de Guadalajara escribe cartas a su madre, a su hermana Carmen, para que sepan que muere como buen cristiano; a su hermana le pide que cuide de su madre y la respete, y cuide también a su hermana pequeña, Joaquina.  También les escribe a sus tíos Vicente y Josefa, y a su tío Joaquín, para que miren por su madre y hermanas, que es lo que más le preocupa, ante su inminente muerte.

Las cartas las escribió a partir del momento en que él supo que iba a ser fusilado, y son como un testamento, en el que se despide de toda la familia, les da su recomendaciones, y hasta les pide perdón por si les ha dado algún disgusto.  Esta preparado y acepta su martirio.  La familia fue avisada de que iba a ser ejecutado, se vinieron a Guadalajara pero no le dejaron verlo.  Recibió con paz la sentencia de ejecución. El día 20 de Noviembre de 1936, lo mataron en el cementerio de Guadalajara;  cuando la familia tuvo noticia de la muerte de Enrique Alberto, vinieron a recoger el cadáver, y allí lo enterraron.

Enrique Alberto dijo, cuando lo llevaban a ejecutar, que sus pertenencias se las entregase a un pobre que había allí en la puerta de la cárcel.  Le había entregado las cartas a uno de los carceleros, y, una vez enterrado el cuerpo de Alberto, su hermana Carmen, que se hizo cargo del cadáver, subió a la cárcel a recoger sus pertenencias.  El carcelero le dijo que había unas cartas, y que se las daba si era capaz de pasar con ellas los controles, sin que se las requisasen, añadiendo que había una última que no se la daba hasta que terminase la contienda, lo que no pudo realizar, porque ese carcelero también fue fusilado el 6 de Diciembre.  Las cartas son todas muy emotivas, pero sobre todo en la que escribe a su madre, en la que trasmite paz y fe para aceptar el martirio.

 

JUAN JULIÁN PÉREZ LÓPEZ

Natural de Esplegares (Guadalajara), nació el día 5 de junio de 1913, hijo de Claudio Pérez Sotoca, de ocupación labrador, y Juliana López Martínez.  D. Antonio Álvarez le bautizó el día 9 del mismo me y año, en la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, actuando de padrino D. Juan.  Fue confirmado el día 6 de junio de1920, según consta al margen de la partida de bautismo.  En su infancia vivió en su pueblo natal con su familia, donde aprendió las primeras letras en la escuela; por su capacidad para la música, la estudió más tarde, y aprendió a tocar el órgano.  Hacia el año 1935 marchó a Guadalajara, y en la iglesia de Santa María comenzó a ser el organista y también el sacristán.  Allí se encontraba cuando se levanta el movimiento nacional.

Estaba soltero, y contaba ventitrés años, cuando, por tener el oficio de sacristán y ser organista en concatedral, le sacarán de la iglesia con otras personas que estaban allí, llevándole detenido a la  cárcel de la capital.  En ella estuvo, hasta que el día 6 de diciembre de 1936, será fusilado por los milicianos, con tantos otros, que también dieron su vida como mártires, por Cristo y por defender su fe.

Su muerte están inscrita en el Registro Civil de Guadalajara el 12 de agosto de 1939, en la que consta  que falleció en la Prisión Central de esta ciudad el 6 de diciembre a consecuencia de ser asesinado por las milicias rojas.  Al margen hay una nota que dice “Muerto gloriosamente por Dios y por España

Hay una placa de mármol en la fachada principal de la iglesia de Esplegares, que dice: “CAÍDOS POR DIOS Y ESPAÑA” PRESENTES, y en ella figuran los nombres de los que fueron fusilados en la guerra civil española, entre otros muchos, el hijo del pueblo, Juan Julián.  También figura el de su hermano Andrés, que fue asesinado el día 26 de septiembre de 1936.  Entre sus familiares y conocidos permanece viva su memoria, a pesar de los sesenta y ocho años transcurridos.

 

 

FRAY TOMÁS BERMEJO VALENCIANO
 

Nació en Anguita (Guadalajara) diócesis de Sigüenza, el día 7 de marzo de 1892.  Sus padres se llamaban Tomás Bermejo Bermejo, de profesión tintorero, y Petra Valenciano Garro.  Fue bautizado en la iglesia de San Pedro Apóstol, al día siguiente de su nacimiento por D. Fabián García, actuando de padrino, León Bermejo.  En su pueblo paso los años de su infancia hasta que, su madre, ante la muerte del padre, decidió salir, y empezar a trabajar, para sacar adelante la familia.  Puesto que era maestra de escuela, se incorporó a la docencia, y así anduvo de un lugar a otro, hasta que definitivamente se estableció en Madrid.

Tomás, siguió el ejemplo de su madre, estudiando magisterio.  Era maestro nacional cuando ingresó en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, según parece, en 1915.  En el curso 1916-17 estaba en Guernica como hermano donado, y profesor de primaria elemental.  Inició el noviciado en el Real Monasterio de San Lorenzo, en 1918.  Fue su maestro, el P. Vicente Menéndez.  Emitió la profesión de votos simples, el 13 de julio de 1919, recibida por el prior, P. Natalio Herrero, y la profesión de votos solemnes, el 14 de julio de 1922, recibida por el prior, P. Julián Rodrigo.  En 1931 continuaba en el Real Monasterio.

En 1934, era conventual de Portugalete. En esta comunidad, se encontraba el 18 de julio, cuando todos los religiosos fueron dispersados por las milicias revolucionarias, teniendo que buscar refugio, donde buenamente pudieron.  Fray Tomás marchó a la casa de Guernica.  En 1937, se encontraba allí, porque según carta que escribe P. Urquiola del 29 de Marzo de ese año, hablando de los religiosos, menciona al Hno. Tomasín que, no era otro que Fray Tomás, que pasó el triduo de Semana Santa (25-27/Marzo/1937) en Guernica.

Casi toda la vida la pasó en El Escorial, como ayudante de la administración de ‘La Ciudad de Dios’ y en otros empleos que la obediencia le confió; últimamente, al producirse el movimiento nacional, se encontraba en Guernica.  Había salido del colegio de Guernica el día 25 de abril de 1937, por la carretera de Bermeo, en misión de obediencia, hacia el pueblo de Busturia, en busca de noticias de otro religioso, y fue sorprendido en el camino por las tropas marxistas derrotadas y fugitivas.  Uno de los jefes de las milicias rojas lo tomó por un inocente incapaz de hacer mal a nadie, y no se equivocaba ciertamente, pero otro, lo tomó por espía, y, aunque al parecer, de momento lo dejaron libre.

Murió fusilado, entre Busturia y Rigoitia, por la horda, al día siguiente de su viaje, tras separarse de los milicianos para continuar su camino, dejando abandonado su infortunado cadáver.  Este maestro nacional, humilde y excelente religioso, que consagró sus mejores años a la educación de la juventud, fue martirizado en Busturia (Vizcaya) el día 26 de abril de 1937, dando su vida por su fe en Cristo.  Fray Tomás tenía tres hermanos, y uno de ellos, Aurelio, menor que él, fue también martirizado antes que él, el día 14 de Agosto de 1936.  Entre sus familiares y los religiosos Agustinos, permanece viva su memoria, y le consideran como uno de sus mártires.

 

D. EMILIO BAYÓN DE TENA (Sacerdote)

Natural de La Puebla de Alcocer (Badajoz), había nacido el día 21 de mayo de 1879, hijo de Damián Bayón Blázquez y Catalina de Tena Rivera.  D. Emilio recibió la Tonsura y Órdenes Menores el 19de diciembre de 1902, el Subdiaconado, el 27 de marzo de 1903, el Diaconado, el 3 de junio del mismo año, y fue Ordenado Sacerdote en Toledo, el día 19 de diciembre de 1903, por el Dr. Badía, Obispo Auxiliar de esa ciudad. Estaba ejerciendo su sacerdocio como párroco de Gerindote (Toledo) en 1936.  Desde las elecciones de febrero, fue objeto de persecución en este pueblo, por lo que huyó al de Arbancón (Guadalajara) donde se encontraba un sobrino suyo, D. Antonio Bayón Rodríguez, sacerdote también e hijo de su hermano Mariano.  Uno de los señores pudientes, que se llamaba Cruz Martínez, viendo la situación política y de persecución al clero, pensó sacarlos del pueblo y llevar, al tío y al sobrino, junto con el cura de Cogolludo, a través del campo, a lugar más tranquilo, a la parte de Segovia, para lo que llegó a alquilar un caballo.
Mandó un mensajero a Cogolludo para que se lo dijera al cura, que se llamaba D. Dámaso, nombre que también tenía un vecino del pueblo, pero comunista.   El enviado pregunta en el pueblo: “¿Dónde vive D. Dámaso?”. Y le envían a la casa del comunista, contando a este Dámaso todo lo dicho por Cruz Martínez.  Al enterarse el comunista de lo que pensaban que hicieran los sacerdotes, marchó a buscar al cura de Cogolludo, pero éste ya había huido, y pudo sobrevivir a la persecución religiosa.  No corrieron la misma suerte los sacerdotes Bayón, pues cuando se disponía a marcharse por la ermita de los huertos para llegar a Segovia, encontraron que hacían guardia en Arbancón.  Preguntaron que quién estaba, y al decirle que el Chiviles, que consideraban era un amigo, se dispusieron a pasar, pero unos individuos del pueblo los detuvieron, en la mañana del  27 de agosto de 1936.  Su sobrina Francisca Bayón Rodríguez testifica que fue detenido, junto con su hermano Antonio, el día 26.
Parece que D. Emilio fue sacado fuera del pueblo, conducido a Cogolludo en cuya cárcel estuvo hasta el día 28, que, en unión de su sobrino D. Antonio, son trasladados a Guadalajara, siendo asesinados en la capital el 30 de agosto de 1936; aunque según otra versión, dice que fue la noche del 26 al 27 de agosto de 1936, en las cercanías de Arbancón donde entregaron su vida por Cristo.

 

D. ANTONIO ESTEBAN BAYÓN RODRÍGUEZ (Sacerdote)

Natural de La Puebla de Alcocer (Badajoz), nació el día 6 agosto de 1909, hijo Mariano Bayón de Tena y de Felicita Rodríguez Gallardo.  Recibió en Toledo la Tonsura y Órdenes Menores el 23, 24 y 25 de febrero; el Subdiaconado, el 25 de mayo y el Diaconado, el 23 de diciembre del año 1934.  El Presbiterado lo recibió también en Toledo el 16 de junio de 1935.  D. Antonio era párroco de Arbancón (Guadalajara) y era  sobrino de Don Emilio Bayón de Tena, que ejercía como párroco de Gerindote (Toledo), quien, tras ser objeto de persecución después de las elecciones de febrero de 1936, decide marchar con su sobrino, a Arbancón.
Uno de los señores pudiente, que se llamaba Cruz Martínez, viendo la situación política y de persecución al clero, pensó sacarlos del pueblo y llevar, al tío y al sobrino, junto con el cura de Cogolludo, a través del campo, a lugar más tranquilo, a la parte de Segovia, para lo que llegó a alquilar un caballo.
Mandó un mensajero a Cogolludo para que se lo dijera al cura, que se llamaba D. Dámaso, nombre que también tenía un vecino del pueblo, pero comunista. El enviado pregunta en el pueblo: “¿Dónde vive D. Dámaso?”. Y le envían a la casa del comunista, contando a este Dámaso todo lo dicho por Cruz Martínez.  Al enterarse el comunista de lo que pensaban que hicieran los sacerdotes, marchó a buscar al cura de Cogolludo, pero éste ya había huido, y pudo sobrevivir a la persecución religiosa.  No corrieron la misma suerte los sacerdotes Bayón, pues, D. Antonio, cuando se disponía a marcharse por la ermita de los huertos para llegar a Segovia, encontró que hacían guardia en Arbancón.
  Fue detenido, el día 26 de agosto de 1936, por varios individuos de la citada localidad y otros de Cogolludo a los que mandaba el sargento de las Milicias rojas de Guadalajara, Vicente Arroyo, quienes condujeron a D. Antonio a las doce de la noche a Cogolludo, en cuya cárcel estuvo hasta el día 28, que en unión de su tío Emilio, fue trasladado a Guadalajara, siendo asesinados en la capital, el 30 de agosto de 1936; según otra versión, dice que fue la noche del 26 al 27 de agosto de 1936, en las cercanías de Arbancón, donde entregaron su vida por Cristo.

 

D. JUAN ANTONIO CORTÉS MORAL  (Sacerdote)

 

Natural de Horche (Guadalajara), nacido el día 5 de diciembre de 1875 a las cinco de la madrugada, hijo de Alfonso Cortés Moral, labrador de profesión, y Manuela Moral Bratuti.  Fue bautizado el mismo día, en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Horche, por D. Eugenio Ávila, actuando como madrina, su abuela paterna, Juana Moral.  Fue el mayor de 10 hermanos: Juan Antonio, Enrique, Joaquín, Isidoro, Luisa, María, Mª Bonifacia, Abilio, Tomás y Ricardo.    Fue ordenado sacerdote el día 23 de noviembre de 1899 en Toledo, por el Dr. Laguarda, Obispo Auxiliar.
D. Juan Antonio celebró por vez primera el Santo Sacrificio de la Misa el día 1 de enero de 1900, en la Iglesia parroquial de Horche, consiguiendo, por sus méritos, cantar misa antes de cumplir la edad habitual.  A la mayoría de sus hermanos los casó. Siempre decía al nacer un niño, que había que bautizarle como muy tarde a los ocho días, para asegurar su salvación, en caso de fallecimiento prematuro.  Le debió impresionar el saber que su hermano Juan nacido un año antes que él (octubre de 1874) falleció a los tres meses.

D. Juan Antonio era un sacerdote inmejorable.  Todo el mundo le respetaba y la gente de Horche estaba encantada con que fuera párroco, un cura nacido en el pueblo.  Tenía fama de buen predicador y llevaba fenomenalmente la parroquia.  Ejerció como sacerdote en Dos Barrios (Toledo), Malaguilla y Torija, antes de establecerse en Horche.  En su pueblo, de donde fue párroco desde 1910 a 1936, durante 26 años, no tenía ningún enemigo.  Más bien al contrario: si estaba a su alcance, accedía a cualquier favor que le pidieran.  Era muy generoso, nada era suyo, todo era para los demás.  Ayudó también a su familia, para que estudiaran algunos de sus hermanos.
Como ya se ha dicho, era párroco de Horche en tiempo de la pasada guerra civil española.  Unos tres o cuatro días después del 18 de julio, había en la plaza un grupo de milicianos muy exaltados, y al poco rato ya estaba uno en la puerta de la casa del cura, y hombres que gritaban desde fuera: “!Señor cura, que vienen a matarle¡”.  D. Juan Antonio ya estaba resignado “a dar su vida por Dios”, según dijo, cuando entraron en la casa una avalancha de gente, gritando “!Compañeros, a por el cura¡”.  Encabezaba a los milicianos uno que, casualmente, era primo carnal del sacerdote.  Al reconocerle, se puso delante del resto y les gritó: “!Compañeros, no le toquéis, que es mi primo carnal¡”.  Aquello le salvó la vida por el momento.
Dos milicianas quisieron registrar la casa “por si había armas”.  Mientras ellas estaban haciendo el registro, el resto de milicianos se estuvieron mofando de D. Juan Antonio todo lo que quisieron.  Dejaron la casa patas arriba y  se marcharon; uno de sus hermanos lo vino a buscar y lo tuvo, durante unas horas, escondido en un pajar.  Desde el 22 de julio de 1936 anduvo D. Juan Antonio camuflado en casa de sus familiares; también estuvo escondido, algunos días, en distintas casas de los vecinos del pueblo (cambiaba de lugar, porque decían que iban a quemar todo el barrio donde se encontraba) y por las noches marchaba al campo. Hasta tuvo que ocultarse alguna noche en el interior de una tinaja de la bodega.  Desde la ventana de la cocina o desde el pajar, observaba la torre de la iglesia, con gran ilusión, lamentando no poder acercarse a realizar sus actos litúrgicos.
De poco le sirvieron las precauciones, pues el 29 de septiembre, por la noche, vino otra avalancha de milicianos asturianos, y se metieron en un bar que había en la plaza Mayor de Horche. Empezaron a hablar, y uno de ellos debió de preguntar: “¿Aquí, en este pueblo, no hay ningún cura?”.  Y una mujer que estaba allí, al parecer bastante bebida, le delató: “!Huy que no... lo tienen escondido¡”.  Fueron preguntando a la gente del pueblo, y, al final, consiguieron dar con la casa donde estaba, calle Serrano nº 100.Fue detenido en la noche del día 29 al 30 de septiembre de 1936, y sacado del domicilio donde estaba refugiado, llevándolo a la checa de la calle Claudio Coello, junto a su hermano Abilio, que era agricultor.
Ya había amanecido cuando los montaron en un camión y se los llevaron a la calle Ferraz, n° 14 ó 16 ?, en la checa de la CNT instalada en el palacio de la citada calle, donde se encontró con el P. Rafael Alcocer, monje del monasterio de Silos (Burgos).  La checa de Ferraz estaba controlada por el Comité de Abastos de la CNT, a cuyo frente se encontraba Carmelo Iglesias.  Los detenidos en esta checa eran encerrados en un cuarto de baño del sótano, al lado de la cocina, pero para declarar eran subidos al piso superior.
Allí permanecieron hasta el 4 de octubre de 1936, “en que los sacaron y los llevaron al barrio de la Elipa, abajo, donde juntos (D. Juan Antonio y el monje benedictino) fueron fusilados” en esa fecha. D. Juan Antonio pidió que liberasen a su hermano Abilio, el cual se salvó porque tenía cayos en las manos de trabajar en el campo.  Según otro documento consultado, dice que fue en el cementerio del Este (Madrid) donde entregaron su vida por Dios.
Fue enterrado en una fosa común en el cementerio del Este, pero con un distintivo al cuello, lo que sirvió para identificar sus restos una vez terminada la guerra civil y ser trasladados a su pueblo natal, donde reposan al pie del altar mayor de la iglesia parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción de Horche, con una lápida donde se lee: “Los sacerdotes D. Juan Antonio Cortés Moral, párroco de esta villa y D. Pedro Cortés Calvo, Capellán de Villaflores (Guadalajara), víctimas de la revolución anticristiana. Muertos los días 4 de Octubre y 4 de Septiembre de 1936Descansan en la paz del Señor en esta Iglesia de su pueblo natal.  Ante estas víctimas del odio anticristiano, pidamos hermanos a Dios que reine siempre entre los hombres el amor cristiano”.

 

D. MIGUEL DE LOS SANTOS DE LA FUENTE FALCÓN (Sacerdote)

Nació en Villalba del Rey (Cuenca), pueblo limítrofe con Sacedón (Guadalajara), el día 4 de julio de 1871, hijo de León de la Fuente Franco y Petra Falcón Sendía.   Fue bautizado el día 8 del mismo mes y año, en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, por D. Manuel Silvestre Palomero, actuando de madrina, Micaela de la Fuente. Ordenado sacerdote, actuó como capellán castrense; fue un “dignísimo sacerdote y gran patriota” como militar.  Siempre defendió la Religión Católica

Era Capellán Mayor, ya retirado desde la fecha de la promulgación de la llamada Ley Azaña, y residente, desde entonces, en una finca que su  sobrino tenía en la barriada de la Isabela (pedanía de Sacedón).  En tiempos de la guerra civil, este sacerdote jubilado, fue apresado y lo llevaron a fusilar, el día 4 de agosto de 1936, a las 4 de la tarde, junto a su sobrino, militar de profesión, y al sacerdote, D. Pedro Lorente Corona.  Fueron asesinados en el Patio del Real Sitio, Palacio de Fernando VII en el Barrio de La Isabela en Sacedón. Los autores del asesinato fueron los milicianos de Las Ventas y del Puente de Vallecas, más dos hijos naturales del pueblo: Toribio Olivo Infantes y Teodoro Corona López.

D. Miguel José demostró sangre fría ante el martirio, y fue valiente para encararse a sus asesinos, diciéndoles que no tenía miedo, porque su fe en Dios lo mantenía sereno.  A cada insulto que le daban,  contestaba con un ‘viva Cristo Rey’, y así hasta el último suspiro.  Murió asesinado, por ser sacerdote y por odio a la fe católica, gozando de fama de mártir.  Después de entregar su vida por Cristo, fue enterrado en el cementerio de la Isabela. e inscrito en su Registro Civil. Una vez terminada la guerra su cuerpo fue exhumado y trasladado a Villalba del Rey..

 

D. VICTORIANO DE LA PEÑA SÁNCHEZ (Sacerdote)

Natural de las Esteras de Medinaceli (Soria), nació el día 21 de mayo de 1876, era hijo de Eustasio de la Peña Gonzalo, de profesión labrador, y Saturnina Sánchez Alegre.  Bautizado en su pueblo natal por el párroco de Fuencaliente y su anejo Esteras, provincia de Soria, Diócesis de Sigüenza en aquella época, D. Pedro Santamera, en la parroquia de Ntra. Sra, de la Expectación de el día 24 del mismo mes y año, actuando de padrino su abuelo materno Salustiano Sánchez.  Fue ordenado de subdiácono el día 21 de diciembre de 1901, en las témporas de Santo Tomás; de diácono, el  día 24 de mayo de 1902, en las témporas de la Santísima Trinidad, y de presbítero, el día 20 de diciembre del mismo año, en las témporas de Santo Tomás.  Llevaba 36? años de sacerdote y tenía 62?, el día de su muerte.  Ejerció su apostolado como sacerdote, primero en Castejón de Henares, y después, como cura regente, en Pinilla de Jadraque (Guadalajara).

El padre de Victoriano, Eustasio, natural de Esteras, estuvo de joven en el Seminario, y después de estudiar algunos años de filosofía, se salió y se casó en Esteras, el día 5 de febrero de 1875, con Saturnina, natural de Sauca (Guadalajara).  Tuvieron tres hijos: Victoriano, el mayor; Nicolasa que falleció pronto, cuando apenas tenía unos 12 años, y Francisco.  Eustasio, al enviudar, volvió al Seminario y se ordenó de sacerdote, muriendo en 1938, a los 92 años, como ministro de Cristo, su vocación primera.

           
A la señora que cuidaba a D. Victoriano, parece que le cayó en la mano el badajo de la campana, él la llevó a Madrid para que la curasen.  En ese viaje que hizo a Madrid, se hospedó en la casa de una prima carnal, Caridad Sánchez, que vivía en la calle Fortuny.  Se encontraba en esta Villa y Corte, cuando el levantamiento nacional de 1936, y, a la casa de su familiares, vinieron los milicianos y se llevaron a D. Victoriano.  Nada se supo de él durante la guerra, pero es posible que lo llevaran a alguna checa.  Se sabe que fue víctima del furor marxista, y , después de haber pasado por la checa de Ríos Rosas, fue asesinado en Madrid el día 19 de septiembre de 1936 ó 18 de marzo de 1939?, testimoniando su fe en Cristo con su vida.  No se sabe si estará enterrado en Paracuellos.

 

D. EPIFANIO DÍAZ-DELGADO MAROTO (Sacerdote)

   

Nació en Erustes (Toledo), el día 6 de abril de 1888, era hijo de Manuel Díaz-Delgado Gonzáles y María Maroto Vázquez.  Tenía un único hermano, llamado Alejandro, siendo D. Epifanio quien lo casó.  Recibió el sagrado orden del presbiterado el día 22 de diciembre de 1917.  Estuvo en”Dos Barrios” (Toledo)? Ejercía como párroco de Tórtola de Henares (Guadalajara) en 1936.  El día 19 de julio de 1936 salió D. Epifanio temprano de su casa, vestido con sotana, símbolo de su calidad de sacerdote; fue a los pueblos cercanos a Tórtola porque quería celebra Misa, y en su parroquia no se lo permitían.
            Volvió hacia las 4 de la tarde hecho un verdadero desastre, con toda la ropa llena de polvo y la boca babeando por la sed que había pasado.  Él estaba diabético, y lo debió pasar muy mal por los caminos y con el calor de un verano atroz.  Entre sollozos dijo que no le habían dejado celebrar la Eucaristía.  En la noche, cuando ya dormía, se despertó al oír unas voces que decían que saliera de la casa, porque le iban a prender fuego.  Aquellas voces eran de unos amigos de D. Epifanio, y lo llevaron a su casa, junto con una sobrina pequeña, Adela Díaz-Delgado, de unos ocho años, que estaba pasando unos días de vacaciones con su tío, hija de su hermano Alejandro, a pasar la noche.  No ocurrió nada, así que al día siguiente se volvieron a su domicilio.  Consciente D. Epifanio de la situación, mandó a Adela con sus padre, a Dos Barrios, que eran donde vivían.
           

Foto tomada en Dos Barrios (Toledo) el 27de Septiembre de 1925.  El señalado con el nº 3 es 
D. EPIFANIO DÍAZ-DELGADO MAROTO

 
El Alcalde de Tórtola advertía mucho a D. Epifanio que no saliera por la carretera vestido de sacerdote, pues cuando los milicianos preguntaban “qué había pasado del cura”, les contestaron que “ ya lo habían matado”.  Un mes después, la familia de D. Epifanio recibió una carta que se la enviaba la familia que le cuidaba, y sólo decía:  “D. Epifanio murió el día 23 de agosto”  Alejandro, su hermano, al leer la noticia, tenía un aspecto de desesperación y de impotencia, porque  se querían muchísimo, y nada podía hacer para devolverle a la vida.  A Alejando también le mataron el 21 de octubre del mismo año, dejando a su familia en la mayor penuria.
 Fue sacado del pueblo el 23 de agosto de 1936, hacia las cuatro de la tarde, en un coche, conducido por milicianos.  Asesinado en la carretera de Iriepal (Guadalajara), entre Taracena y Guadalajara ese mismo día, moría sinceramente por Cristo, víctima de su sacerdocio.

 

D. FERMÍN DOMÍNGUEZ ORTIZ (Sacerdote)


D. Fermín nació en Sacecorbo (Guadalajara) el día 26 de Marzo o 11 de octubre? de 1865, hijo de Ramón y de María.  En la diócesis de Sigüenza fue ordenado de subdiácono el 26 de mayo de 1888 en las Témporas de la Santísima Trinidad; de diácono el 22 de septiembre de 1888, en las Témporas de San Mateo y recibió el sagrado orden presbiteral  el 22 de Diciembre de 1888 en las Témporas de Santo Tomás.  Sirvió como párroco en Coscurita (Soria) y en Las Inviernas (Guadalajara) ambas parroquias de la diócesis de Sigüenza, hasta su jubilación. 

Pertenecía a la Asociación de Sufragios Mutuos con el número 448.  Tuvo a su cargo un sobrino, (hijo de su hermana Doña Agustina Domínguez Ortiz que falleció el 16 de Febrero de 1918), Manuel, ya que la madre había visto cierta inclinación a la piedad  y pensó que su hermano, D. Fermín, podía orientarlo hacia el sacerdocio.

D. Fermín emprendió la tarea de educar y preparar a su sobrino en vista al momento de que pudiera entrar en el seminario.  Mientras tanto el niño ayudaba a su tío en los menesteres de la iglesia.  El sobrino al final se hizo monje jerónimo y también fue martirizado en la guerra civil, pero ya no vivía con su tío.

Debido a su avanzada edad, D. Fermín residía en Madrid, donde fue detenido y asesinado este anciano sacerdote por odio a la fe, el 30 de agosto de 1936.  Contaba al morir 70 años de edad, habiendo ejercido con celo su ministerio sacerdotal durante 48 años en varias parroquias del obispado de Sigüenza.  Se desconocen más noticias sobre lo acontecido cuando fue fusilado.

 

D. JULIÁN FERNÁNDEZ DÍAZ (Sacerdote)

Estudió en Trujillo (Cáceres), y de allí vino cuando por oposición fue nombrado Canónigo Archivero de la Santa e Insigne Iglesia Catedral de Alcalá de Henares. Su oficio lo hizo efectivo con su personal dedicación a ordenar el Archivo Capitular, rico como el de pocas catedrales, que era a la par biblioteca y museo, donde el Cardenal Cisneros y los Cardenales y Arzobispos de Toledo que vinieron después, dejaron en sus vitrinas la impronta de sus pontificados.   El Archivo Capitular ocupaba entonces el entresuelo de Patio de Armas del Archivo Central del Reino, y fue D. Julián quien organizó la magnífica exposición de Arte Sacro en las salas del Archivo, que fue largamente visitada por nacionales y extranjeros.

D. Julián hizo nueva oposición a la vacante de Abad de la Magistral de Alcalá de Henares y la ganó.  Era Abad, y cura de la Parroquia Mayor de San Pedro.  Desplegó su dignidad de Presidente del Cabildo, con su palabra, con su ejemplo y con su pluma. Él instituyó la Hora Santa de los Primeros Jueves de mes ante el Tabernáculo de la Santísima  Forma Incorrupta.  Promovió la Solemne Asamblea Eucarística de 1.926. Fundó la visita domiciliaria de la Santísima Virgen del Val, patrona de la ciudad. Publicó dos folletos: “Noticia históricas de la Santa Iglesia Magistral” y “Noticias históricas de las Santas Espinas”.

A primeros de julio de 1.936 salió de Alcalá de Henares a la ciudad de Sigüenza, donde pasaba la temporada vacacional de verano. En los días del alzamiento nacional un ferroviario de la casa en que vivía D. Julián, lo descubrió como sacerdote. Fue sacado de su domicilio por la milicia republicana, so pretexto de llevarlo a Alcalá; y montado en un turismo, fue fusilado en Sigüenza el día 4 de septiembre de 1.936.  No se sabe el lugar exacto ni las circunstancias de cómo fue asesinado, ni dónde fue enterrado.  No está inscrita su defunción en el Registro Civil de Sigüenza.

 

D. SIXTO GARCÍA CABALLERO (Sacerdote)
   

Natural de Moratilla de los Meleros, nació el día 6 de agosto de 1905, hijo de Faustino García Marqués, de ocupación labrador, y Benita Caballero Buendía.  Fue bautizado por D. Fr. Javier Moreno, sustituto debidamente autorizado por el párroco, en la parroquia Ntra. Sra. de la Asunción, el día 12 del mismo mes y año, actuando de madrina, Faustina Aguado Buendía.  La ordenación sacerdotal, le fue conferida por el Cardenal Segura, en Toledo, el día 4 de abril de 1930.  Celebró su primera Misa solemne, en su pueblo natal, el día 21 de abril de 1930.

Al principio, después de ser ordenado, fue a Talavera de la Reina (Toledo), luego fue enviado a Escariche y Escopete (ambos de la provincia de Guadalajara), y por fin llegó a Alhóndiga y Berninches (Guadalajara), como cura ecónomo.  Era D. Sixto un sacerdote muy inteligente y gran predicador, muy entregado a los jóvenes de la parroquia, sin escatimar tiempo y dedicación a la catequesis, al ensayo y realización de obras de teatro, y a cuantos medios les pudieran acercar más a la vida parroquial.  Daba clases particulares a algunos niños del pueblo, como preparación a su posible ingreso en el Seminario.

Instituyó en la parroquia de Alhóndiga la congregación del Sagrado Corazón de Jesús y la de las Hijas de María, para honrarles en sus grandes fiestas.  También formó el primer coro que hubo en la parroquia, para solemnizar la liturgia.  Tuvo una discusión con la maestra de Alhóndiga, por causa de las clases de Religión en el colegio, y ésta le denunció a los milicianos, que en varias ocasiones, buscaron a D. Sixto en Moratilla de los Meleros.

 

Varios días antes de ser apresado D. Sixto, fue instado por algunos vecinos del pueblo de Alhóndiga, a que se escondiera, y, reiterado en varias ocasiones, siempre contestaba que no deseaba abandonar su parroquia, pues no tenía ningún miedo de que a él también le mataran.  Al poco tiempo del comienzo de la guerra, le vieron que no llevaba sotana, ni las gafas que acostumbraba, por lo que le costó a sus feligreses reconocerlo, pero eso fue el día, en que, algunos vecinos de Alhóndiga, le llevaron, a escondidas, a Moratilla de los Meleros, para refugiarse en casa de  sus padres; estuvo en otra casa, donde ya se encontraba también escondido, el párroco de Moratilla.

Los milicianos al fin encontraron a D. Sixto el día 12 de agosto de 1936 en Moratilla de los Meleros, le cogieron e invitaron a que fuera con ellos, pero que les esperara en la esquina de la calle Mayor del pueblo, mientras ellos iban al bar;  no hizo ninguna resistencia, sino que allí los esperó acompañado de  su padre, quedando éste sin su hijo; con los milicianos marchó en una camioneta, que lo llevaron a Alhóndiga, para ser humillado en la plaza del pueblo de donde era párroco, y después ‘darle el paseo’.

Se lo llevaron, fusilándole las hordas marxistas, el día 13 de agosto de 1936, en la carretera de Ciempozuelos a Chinchón, término de Chinchón (Madrid).  Fue enterrado en esta ciudad, y allí está inscrita, en el Registro Civil, su defunción, el día 27 de octubre de 1939.  No se sabe si su padre se llevó los restos, al pasar unos años

 

D. JULIÁN PÉREZ GARBAJOSA (Sacerdote)

Nació el 27 de agosto de 1872? (tenía 26 años en mayo de 1897) en Palazuelos (Guadalajara), era hijo de  Joaquín Pérez y Saturnina Garbajosa. Cursó, como alumno externo, en el Seminario de San Bartolomé de Sigüenza, todos los cursos de latín y humanidades y los tres de la Facultad de Filosofía.  Como alumno interno, los cuatro de sagrada teología.  El día 31 de marzo de 1897 recibió el subdiaconado; el día 10 de junio, el diaconado y la ordenación sacerdotal le fue conferida, por el Excmo. Arzobispo-Obispo de Madrid-Alcalá, el 15 de diciembre de 1897, según letras dimisorias del Muy Iltre. Vicario Capitular de la Diócesis de Sigüenza, D. Cayetano Ramos Balaguer.
Celebró su primera Misa solemnemente, el último día del año 1897, en la iglesia conventual de las Religiosas Ursulinas de Sigüenza, siendo sus padrinos eclesiásticos D. Ambrosio Mamblona y D. Remigio Plaza.  La parroquia de Cincovillas (Guadalajara) fue su primer campo de trabajo donde desplegó su ardiente celo apostólico, encendido y avivado durante su formación sacerdotal en el Seminario.  En esa parroquia residió hasta el concurso de 1900, en el que fueron premiados sus ejercicios de oposición, nombrándole párroco de Cabreriza (Soria).  En el concurso de 1908, obtuvo la parroquia de Bañuelos (Guadalajara) y en 1915, pasó a la de Carrascosa del Tajo (Guadalajara).  De aquí fue, en calidad de ecónomo, a Gajarejos (Guadalajara) y después a la Bodera (Guadalajara), donde residió hasta el concurso de 1920, en que tomó posesión como párroco de Robledo de Corpes (Guadalajara).
En el concurso de 1925, se le designó la parroquia de Caltojar (Soria), de la que tomó posesión el año 1926.  Aquí cayó gravemente enfermo, con diabetes, y se vio obligado a retirarse a su pueblo natal, por unos meses, en donde se restableció algo.  Cuando se encontró con algunas fuerzas, activo por naturaleza, se dio otra vez, a su sagrado ministerio.  Después de ejercer en todos estos pueblos de la diócesis, en 1936 lo encontramos siendo cura ecónomo de El Sotillo (Guadalajara).  A los pocos meses de estancia en esta parroquia, le sobrevino un ataque de hemiplejía, a consecuencia de su enfermedad anterior y de los trabajos apostólicos realizados, dejándole en un estado de postración, que le hizo imposible seguir ejerciendo el ministerio sacerdotal.
 En este lamentable estado, le sorprendió a D. Julián la persecución religiosa; aunque hubiera sido su intención huir, la parálisis se lo impedía. Con santa resignación se echó en los brazos de la Providencia, acatando, con dócil sumisión, los designios de Dios sobre su futura suerte.   Los milicianos llegaron al pueblo el 6 de agosto de 1936,  y la primera ‘visita’ fue para el cura, manifestando sus intenciones.  Le encontraron postrado en cama, ante lo cual, se dedicaron a robarle.  Le despojaron aún de lo más necesario y salieron de la casa rectoral diciendo, públicamente, que no matarían a un ‘cadáver ambulante’.
Se dirigieron los milicianos a la posada, hacia las doce de la mañana, y hubo entre ellos una contienda sobre si deberían matar al cura o no, pero a un joven se le oyó decir: “Yo he venido a matar al cura, y no salgo del pueblo sin cumplirlo”.  Este joven  se dirigió de nuevo a la casa de D. Julián, y, sin ocultar su intento criminal, le dijo: “Dónde quieres que te mate?”.  Con serenidad pasmosa el sacerdote le contestó: “En mi casa. Yo no puedo andar”.  El asesino replicó: “En tu casa no, ha de ser en el cementerio”.  Y allí se lo llevó, con dificultad, e instigado de malos modos, pudo llegar a la puerta del cementerio de El Sotillo, donde le disparó dos tiros, uno en medio del cuerpo y otro en la nuca.
 Se desplomó el cuerpo del venerable sacerdote, y todavía exánime, recibió insultos soeces, que salieron de la boca del que le quitaba la vida.  El día 6 de agosto de 1936, D. Julián entregó su vida por su condición sacerdotal.   El cadáver de este mártir de Cristo, no presentaba ninguna señal de ensañamiento ni tortura. 

 

D. FRANCISCO PRIETO BAÑOS (Sacerdote)

Recibió en Toledo el Subdiaconado y el Diaconado el 22 de diciembre de 1894; Le fue conferido el sagrado orden sacerdotal el día 8 de junio de 1895, en Toledo, por el Dr. Quesada, Obispo Auxiliar de esta ciudad.  Era cura ecónomo de la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Fuentenovilla (Guadalajara), como puede observarse de las partidas de bautismo que él administra en agosto de 1927 hasta la que firma del 8 de julio de 1936. Fue fusilado en el término de Pezuela de las Torres (Madrid) el día 18 de agosto de 1936. Fue enterrado en el cementerio de esa localidad e inscrito en su Registro Civil.

 

D. FÉLIX RENTERO HERNÁNDEZ (Sacerdote)

Recibió en Toledo la Tonsura y Cuatro Órdenes Menores, el 30 de mayo de 1890, feria VI antes de la Santísima Trinidad, en la Capilla del Palacio Arzobispal; el Diaconado, el 20 de septiembre del mismo año.  El Diaconado lo recibió el 23 de mayo de 1891 y la ordenación sacerdotal, el día 19 de septiembre de 1891, por el Dr. Menéndez Conde, Obispo Auxiliar.  Llegó de párroco de Moratilla de los Meleros (Guadalajara) por el año 1908, según consta en el Libro de Certificados de Bautismos.  Allí murieron sus padres y allí están enterrados.   Al quedar sólo, iba una señora del pueblo a hacer la limpieza de la casa.  D. Félix era una persona pacífica y bondadosa.  Llegaron unos milicianos al pueblo, preguntando dónde vivía el Cura, y unos niños que por allí jugaban, fueron a enseñarles la casa.  Al llegar y llamar, la señora que estaba limpiando, se asomó por la ventana, y preguntó que qué querían.  Los milicianos le dijeron que si estaba el Cura.  La señora les dijo que sí; entonces le pidieron que bajara.

Al llamarle, D. Félix bajó.  Los milicianos le dijeron que se fuera con ellos, y la señora le dijo a D. Félix que cogiera el abrigo, a lo que contestaron los milicianos que no le haría falta.  Se lo llevaron en completo silencio, derecho al martirio; parece ser que se le murió por el camino, en el empalme de Fuentelviejo, que hay una fuente, el día 10 de octubre de 1936, aunque debieron terminar con él, en lugar conocido como la cuesta de El Sotillo, en las cercanías de Guadalajara.

 

D. VITAL VILLARRUBIA DÍAZ-MAROTO (Sacerdote)

Nació el día 30 de octubre de 1878 en la Puebla de Don Fadrique, conocida hoy como La Villa de Don Fadrique, (Toledo), hijo de Pedro Villarrubia Díaz-Maroto, de profesión propietario, y María Cruz Díaz-Maroto Sánchez.   Fue bautizado en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, de esa ciudad el día 31 del mismo mes y año, por D. Francisco López Brabo, teniente de cura, y actuando de madrina Seberiana Díaz-Maroto. Tenía varios hermanos: Una se llamaba Fermina, y estaba soltera; otro hermano era abogado y residía en Barcelona.  Otros hermanos o familiares, vivían en Madrid.   Le fue conferido el sagrado orden sacerdotal, en Toledo, por el Dr. Laguarda, Obispo Auxiliar de esta ciudad, el día 21 de diciembre de 1901.

D. Vital era alto, guapo, de gran educación, de modales muy refinados, de trato exquisito y de muy buenos sentimientos; visitaba a los pobres del asilo, y si morían, él iba a hacer el entierro, junto con el sacristán, a quien pagaba de su propio dinero.  Estuvo en Talavera de la Reina, después vino de párroco de San Nicolás en Guadalajara; como encontró la iglesia muy deteriorada, la pintó, arregló las arañas que las encontró tiradas por allí, puso en el baptisterio cerámica de Talavera y mandó arreglar el órgano. También estuvo de párroco en San Ginés (Guadalajara), con un comportamiento ejemplar: serio, formal, agradable, muy celoso de sus parroquias, cariñoso y amigo de sus feligreses.

Con los niños de sus vecinos, pasaba algún rato todos los días o muy a menudo, enseñándoles la misma distracción que él tenía.  Las ocurrencias de esos niños y de algún crío en particular, le hacían mucha gracia; los niños iban a estar con él, porque le querían mucho.  El día de Reyes, tenía el detalle de regalarles juguetes, y se preocupaba, poniéndose de acuerdo con los padres, de colocárselos en el balcón, que estaba junto a la casa donde él se hospedaba.

  No le gustaba vivir en la casa curato, y estuvo en una casa de los Perucha, cuyo propietario era  D. Cándido Perucha, que vivía con su esposa e hijos.  La dirección era: Travesía de Santo Domingo, nº 22, Guadalajara. Esta familia tenía gran amistad con Ramiro Soler, de apodo ‘el choricero de la calle Bardales’, porque en la esquina de esa calle tenía una charcutería; que era de ideas comunistas, estuvo en Rusia y formó el Partido Comunista en Guadalajara.  La amistad provenía principalmente porque el padre de Cándido le había ayudado, les estaba agradecido, y como Cándido era de profesión representante,  proporcionaba con su trabajo muchos ingresos a Ramiro.

Cuando iba a estallar la guerra, D. Vital dijo que tenía miedo que se llevasen los tesoros de la iglesia, custodia, cálices de oro y platino con piedras preciosas, con sus estuches, y lo trajeron todo a la casa de D. Cándido, metiéndolos en sacos, los enterraron,  haciendo unos agujeros en el jardín de patio, y allí permanecieron escondidos durante todo el tiempo que duró la guerra civil. Al finalizar ésta, llamaron a un albañil, para que lo desenterraran; tuvieron que buscar los tesoros, porque los hijos de Cándido no sabían exactamente el sitio dónde estaba  y a su padre también le habían matado.  Todas la joyas encontradas, las entregaron en la parroquia de San Nicolás.

Al comenzar la guerra, peligraban los sacerdotes en Guadalajara, por lo que Ramiro Soler se ofreció a Cándido para ayudarles.  D. Vital quiso irse a Madrid con su familia; antes de irse, se cambió de ropa para que no le conocieran y se puso un mono azul, vestimenta que usaban los trabajadores, que se lo proporcionó Concha, que así se llamaba la esposa de Cándido, y también le dio la documentación a nombre de su marido, diciéndole que después la rompiera, pero no lo hizo y se la recogieron.  Ramiro que tenía coche, lo llevó a Madrid y lo dejó en casa de un familiar, pero como éste tenía muchos hijos, D. Vital se cambió a casa de otro familiar, donde estuvo un mes.

Después de haber permanecido oculto, D. Vital fue descubierto y fueron por él; cuando salían del edificio apareció la portera y les dijo que era sacerdote; le asesinaron en Vicálcaro o en Paracuellos (Madrid) en el mes de noviembre de 1936, entregando su vida este mártir, por su fe y su sacerdocio.  No se ha podido precisar ni la fecha ni los detalles de su martirio, aunque se encontró una fotografía de su cadáver.  Hay Acta de Desaparición, inscrita el día 21 de junio de 1939, en el Registro Civil de Guadalajara, donde consta que fue detenido en la casa número 112 de la calle Ayala de Madrid, el día 27 de agosto de 1936 por las milicias rojas, que le condujeron a lugar desconocido, ignorándose desde dicha fecha su paradero.

 

MARÍA DEL PILAR-JOSEFINA-ELISA BRISSA GURMENDI (Religiosa)

Nació en Madrid el 24 de noviembre de 1910, hija de Rafael Brissa Fucha, de ocupación empleado, y de Ramona Larzabal.  Bautizada en la parroquia de San  Lorenzo y confirmada en la de San Juan Bautista de Canillas.  Por circunstancias familiares, se educó con su abuelos paternos, recibiendo muy buena educación cristiana.

A los siete años, fue llevada interna al colegio de religiosas Mª Teresa, donde estaba de religiosa una tía suya.  Pilar hizo su primera comunión en mayo de 1918.  En Jesús Eucaristía encontró al amigo fiel, a quien contaba todas sus penas.

Su abuela muere en 1933, y se quedó a vivir con su tía Joaquina.  Estando con ella, fue cuando sintió la llamada a la vida religiosa.  Les comunicó a sus tías y hermana su deseo de irse a las Adoratrices.  No hubo oposición pero sí lágrimas por su decisión.  Sus padres no estaban de acuerdo, pero al ser mayor de edad, podía obrar en consecuencia.  De este modo, ingresó en la comunidad de las religiosas citadas el 9 de junio de 1935.

Cuando estalló la guerra civil, la hermana Pilar estaba en el noviciado de Guadalajara.  Al tener las religiosas que abandonar el convento, ella volvió a casa de sus tíos.  Entre registros y sustos, llegaron al mes de noviembre.  Con frecuencia iba a visitarles una religiosa de la institución de su tía, llamada María San Agustín, y le llevaba la sagrada comunión.  El día 7, octava de Cristo Rey, Pilar había preparado un altarcito en el cajón de una mesilla, y Pilar dijo que pasaría la noche en adoración, y en la mañana, comulgaría.

A los dos días, volvió Sor Mª Sen Agustín a verlas.  La portera le preguntó a dónde iba, y al contestarle que a ver una familia, le dijo que, ese matrimonio y las dos religiosas, se los habían llevado, aunque no sabía a dónde, y que poco después había venido el novio de la muchacha de servicio, que les había denunciado, a decir que ellos se podían instalar en el piso, porque los otros no volverían.

La hermana Pilar fue fusilada, junto con sus tíos, el día 10 de noviembre de 1936, en el Cementerio del Este de Madrid, por ser religiosa.  Desde entonces, entre su familia, y en todas las comunidades de Adoratrices, ha tenido fama de mártir.

 

FELISA GONZÁLEZ GÓMEZ (Religiosa)

     
 

Nació el 23 de mayo de 1890, en Santa Mª de Nieva (Segovia).  Fue bautizada en la parroquia de Ntra. Sra. de Coterránea, del mismo lugar.  Ingresó al postulantado el 31 de diciembre de 1921.  Hizo el noviciado en Ávila, donde, el 10 de julio de 1924, profesó.

Después estuvo destinada en Madrid, Valladolid y Guadalajara, donde fue ecónomo, llevando la oficina del telar de Guadalajara.  También ejerció los oficios de sacristana y despensera.  Su vida era edificante, dando, muy buenos ejemplos de virtud, entre sus hermanas.

Al estallar la guerra, la hermana Felisa, procedente de la casa de Guadalajara, fue a Madrid el 30 de agosto, con el fin de reunirse con su familia.  Hizo el viaje en tren, con la hermana Petronila Hornedo, y en la misma estación de Madrid fueron detenidas, junto al Sr. Hornedo que las esperaba.  Desaparecieron los tres, conociéndose al día siguiente, que habían sido fusilados, al encontrarse sus cadáveres en un descampado por Méndez Álvaro.

Habiéndose reconocido su cadáver, al terminar la guerra, fue enterrada en el cementerio de Ntra. Sra. de la Almudena, en el panteón de las RR. Adoratrices.  Estas religiosas consideran mártir, a la hermana Felisa, por haber entregado su vida por Cristo.
 

 

PETRONILA HORNEDO HUIDOBRO (Religiosa)

     
 

Nació en Santander el 18 de febrero de 1896, hija de D. Agustín Hornedo, ingeniero, natural de Santander, y de Dña. Petronila Huidobro, natural del Astillero de Guanizo.  Fue bautiza en la parroquia de Santa Lucía el día siguiente de nacer, por el párroco, D. Pedro Gómez Oreña , actuando de padrinos Antonio y Rafaela Huidobro.  Fue confirmada en la capilla del Palacio Episcopal de Santander.

Ingresó en el postulado de Adoratrices el 30 de octubre de 1926.  Vistió el santo Hábito el 1º de mayo de 1927.  Tomó por nombre de religión:  H. Petronila del Sagrado Corazón.  Hizo sus primeros votos el 6 de octubre de 1929.  Fue destinada a Guadalajara en junio de 1930.  Sus votos perpetuos los hizo en Madrid el 28 de mayo de 1933.

La vida en Guadalajara, desde el 21 de julio de 1936 fue de progresivo y continuo sobresalto, por las luchas callejeras, bombardeos, asesinatos y registros.  A finales de agosto del mismo año, la Superiora de la casa vio, la necesidad de distribuir a las hermanas en diversas ciudades y casas.  Se avisó al hermano de Petronila, José Luís, que residía en Madrid, para que saliera a la estación a recibir a su hermana y a la otra religiosa que le acompañaba, y conducirlas a la casa señalada para su refugio.

El 30 de agosto de 1936, llegadas a Madrid, en la estación ya las esperaba el Sr. Hornedo; estaban saludándose, cuando fueron detenidos los tres y llevados a una checa próxima.  Les hicieron salir, simulando su libertad, y allí mismo fueron asesinados.  Los cadáveres aparecieron al día siguiente, en un descampado de la calle Méndez Álvaro, cercano a la estación.  Fueron fotografiados en el Depósito Judicial ese mismo día, siendo la de Petronila, la foto nº 6, que presentaba una leve sonrisa.

Sus restos fueron depositados en el Cementerio del Este, y, a petición de la familia, se trasladaron al panteón familiar, en el mismo cementerio.  Su fama de martirio sigue viva entre sus familiares y las Religiosas de su Congregación.

 

Mª DEL CARMEN MARCOS ALCOCER (Religiosa)

Nació en Covarrubias (Burgos) el día 7 de mayo de 1862.  Fue bautizada en la parroquia de San Cosme y San Damián de dicha población.  Ingresó en la Congregación de Adoratrices, el 18 de abril de 1897, a los 34 años.  Tomó el hábito el 29 de junio del mismo año, con el nombre de religión, de hermana Mª Rosario.  Emitió los primeros votos, el 2 de julio de 1899.  Fue destinada a la Casa-Colegio de Burgos, el 20 de abril de 1900.  Hizo sus votos perpetuos, en la capilla de la casa de Ávila, el 15 de octubre de 1904.

Regresó a la casa de Madrid el 13 de noviembre de 1915, para marchar a las Palmas de Gran Canarias, al mes siguiente.  En agosto de 1922, fue destinada a la casa de Salamanca.  Ejerció el cargo de superiora, en las casas de Burgos, Las Palmas y Salamanca.  Infundía en las Hermanas y colegialas, un gran espíritu, que las animaba en su labor.  Tenía mucho celo por la observancia religiosa, y por el progreso espiritual de todas.  En 1931, fue a la casa de Alcalá de Henares, para ser atendida en la enfermedad que había contraído, y que le impedía seguir ejerciendo el cargo de superiora.

Cuando estalló la guerra civil, daba pruebas de su acendrada virtud y total conformidad con la voluntad de Dios, en medio de sus padecimientos, que fueron acentuándose, hasta dejarla completamente imposibilitada.  Todo lo soportaba con paciencia y dulzura.  El día en que Alcalá fue tomada por los rojos, como dieron la orden de desalojar la ciudad, debido a los terribles bombardeos, fue llevada al campo donde pasó el día con las demás hermanas de la Comunidad.  Todas sufrieron temores y angustias, al ver los incendios de iglesias y oír el vocerío, al descargar con ametralladoras a los generales y defensores de la ciudad.

Para regresar a la Casa, un señor que tenía allí su coche, se ofreció a llevar en él a la M. Rosario.  Con grandes esfuerzos se logró subirla, pero llegaron unos hombres que se apoderaron del vehículo, dejándola en el suelo, y llevándose también al señor, del que después se dijo que lo habían fusilado.  Con otras hermanas enfermas, fue llevada a una casita, que, a prevención, las religiosas habían alquilado.  Escribieron a un sobrino de la M. Rosario, el Sr. Alcocer, Director del Banco de España en Madrid, pidiéndole si era posible llevarla a su casa, por mayor seguridad y cuidado, pero no contestó porque, afortunadamente para él, había salido para Burgos en aquellos días, como se supo posteriormente.

Durante la permanencia en el piso, estuvo atendida lo mejor posible.  Sufrió mucho por las continuas amenazas y registros.  Se mostraba siempre incondicionalmente entregada a la Voluntad Divina y oraba sin cesar, para impetrar misericordia y gracia del cielo para su amada Patria.  Servía de edificación para todas las demás hermanas.  Al tener éstas que trasladarse a Madrid, se procuró también salvoconducto para la M. Rosario, ya que era la mayor preocupación para todas, por su edad y completa imposibilidad de moverse por sí misma.

En Madrid había gestionado la Superiora General que la recibieran en una clínica, pero no fue posible su traslado, pese a todos los intentos, que fueron vanos.  Entonces logró que la permitieran vivir en la casa que fue del capellán, junto con dos Hermanas y dos Hijas de Casa, que pasaban por colegialas.  Allí permanecieron unos meses, hasta que en octubre se incautaron los rojos el piso, llevando a las hermanas a la cárcel y, a M. Rosario, dijeron que la llevarían a un hospital de Madrid.  Haciendo gestiones, se supo que dicho hospital había sido trasladado a Alicante.

Desde ese momento se perdió la pista de ella.  Aunque el día 31 de octubre se tuvo la terrible intuición de que pereció a manos de los perseguidores de la Iglesia, viniendo a se una de las venturosas mártires que, ante el trono de Dios, sería nuestra constante intercesora.

 

JULIAN ALVIR GUTIERREZ (Laico)

Natural de Benamira (Soria) nació el día 19 de febrero de 1899, hijo de Gregorio Alvir Vela, de ocupación jornalero, y Agapita Gutiérrez Rojo.
Estaba domiciliado en la calle Seminario, nº 7 de Sigüenza.  Era capataz de Telégrafos, y de estado soltero. Pertenecía a la Juventud de Acción Católica, siendo un comprometido miembro del movimiento a través de un intenso apostolado.
Fue asesinado en Sigüenza (Guadalajara) el día 29 de julio de 1936, a las once de la noche, consiguiendo la palma del martirio por su compromiso cristiano.  Su cadáver fue enterrado en el cementerio de Sigüenza, y su defunción está inscrita en esta ciudad, el día 5 de agosto de 1937, donde consta que falleció por hemorragia

 

ALEJANDRO ANDRES SANTIAGO (Laico)

Natural de Pelegrina (Guadalajara), que nació el día 25 de marzo de 1901, era hijo de Vicente Andrés, de ocupación molinero, y de Maximina Santiago Antón. 
Alejandro era de profesión industrial, y estaba casado con Dolores Toro Antón, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos: José Luís e Isabel Andrés Toro.  Estaba domiciliado en la calle Seminario, nº 7 de Sigüenza.
No tenía ninguna afiliación política ni significación empresarial, pero sí era católico practicante.  Posiblemente sea ésta la causa principal por la cual, fuera sacado de su domicilio el día 22 de septiembre de 1936, y asesinado por los milicianos en las tapias del cementerio de Sigüenza (Guadalajara), en la madrugada del día 28 del mismo mes y año, entregando su vida por su fe.
Alejandro fue enterrado en el cementerio de Sigüenza, y su muerte esta inscrita en el Registro Civil de esta ciudad, el día 10 de febrero de 1937, donde consta que falleció a consecuencia de hemorragia.

 

FELICITAS BERMEJO HENCHE (Laica)

Nació en Budia (Guadalajara), el día 23 de noviembre de 1889, hija de José Bermejo García, de profesión labrador, y de María Henche García.  Fue bautizada por el Lcdo. José Mª Ruiz Montejo, en la parroquia de San Pedro Apóstol, de Budia, el día 26 de noviembre de 1889, actuando de madrina su abuela materna, Petra García.  (Hay una nota al margen de la partida de bautismo, firmada por el cura ecónomo, D. Celestino Sanz, con fecha 20 de enero de 1898, que dice que el verdadero nombre de la madre es Alejandra y no María, aunque el vulgo la llamaba así.).

Felicitas era hermana del sacerdote D. Juan Bautista Bermejo Henche, y estuvo al servicio de su hermano, en Valdilecha (Madrid), hasta que murió, al ser atropellado en Madrid, el día 8 de diciembre de 1933.  Ella marchó a Budia con su madre, que había quedado viuda en 1932.  Vivía con dos sobrinos.   Felicitas era soltera, profundamente religiosa, de Misa y Comunión diaria.  También cuidaba y adornaba la iglesia, y enseñaba canciones a los niños y les daba catequesis como preparación a la Primera Comunión.

El 15 de agosto de 1936, al terminar de segar, salieron a la puerta a tomar el fresco.  Al momento, se presentaron los milicianos de Brihuega, con gente de Budia, y se llevaron a unas siete personas;  en esa redada se llevaron también a Felicitas.  En la plaza juntaron a todos, Felicitas Bermejo, Félix Bermejo y su hijo Nicanor Bermejo, Isidoro Bermejo, José Mª Alfaro, Carlos Falcón y Gabriel Martín  y se los llevaron en un camión, para ser fusilados a las afueras de Brihuega, en el molino, y el molinero fue quien los enterró envueltos en unos sacos.  La última en ser asesinada, parece que fue Felicitas, y hasta la intentaron quemar. Se decía que, por buena y religiosa, le quitaron la vida.  Sus sobrinos tuvieron que huir, después de que ella fue martirizada.

Cuando terminó la guerra, los familiares y gente del Budia, entre ellos los hijos del alguacil, exhumaron los cadáveres, y los llevaron a Brihuega para identificarlos.  Después los trasladaron, en unos carros, a Budia, y todo el pueblo, masivamente, subió a la ermita de la Virgen del Peral, para esperarlos.  Desde allí, en procesión solemne, bajaron al pueblo andando, y los enterraron, a todos juntos, en una fosa común en el cementerio.  Su defunción está inscrita en el Registro Civil de Budia, el día 14 de junio de 1939, donde consta que fue asesinada por los rojos, falleciendo por Dios y por España, a consecuencia de heridas de arma de fuego

 

ANTONIO CERRATO MAZARÍO (Laico)

Nació en Cereceda (Guadalajara) el día 28 de diciembre de 1895, era hijo de Gabriel Cerrato Bueno, de ocupación labrador, y Trinidad Mazarío Serrano.  Fue bautizado el 30 de diciembre del mismo año, en la parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción, por D. Juan Ortega, actuando de madrina, su abuela materna, María Serrano. Antonio contrajo matrimonio canónico con Basilisa Marañón Condado, en la parroquia del Salvador y San Nicolás de Madrid en mayo de 1924. Tenían dos hijos que eran Carlos y Mª Cruz.  Tenía el oficio sacristán.   Era de buena conducta religiosa, moral y social.

El estado de su pueblo natal, al estallar la guerra civil en 1936, era bueno en el orden religioso, moral y social.  Pero cuando el saqueo de la iglesia por los marxista, destrozaron altares, imágenes, retablos, archivo, órgano, pinturas y campanas, siendo de mérito artístico algunos de los retablos y pinturas que destruyeron.  Desaparecieron éstas y los cálices, copones, custodias y cruces.  Solo fue respetado el retablo y altar del Santísimo Cristo de Amparo.

Antonio por defender su fe, fue asesinado por los milicianos rojos, el día 25 de octubre de 1936, en Caudete de las Fuentes (Valencia), con tiros de pistola y arrojando su cadáver al río Tajo.  Su único delito era el de ser sacristán de la parroquia de San Andrés de Madrid.

 

EULOGIO FAUSTO COTERÓN MARTÍNEZ (Laico)

Natural de Sigüenza (Guadalajara), nació el día 5 de octubre de 1889, hijo de Joaquín Coterón Ballesteros, de profesión farmacéutico,  y de María Petra Martínez Ramos.  Fue bautizado el día 8 del mismo mes y año, en la parroquia de San Pedro, de su ciudad natal, por el párroco D. Gregorio Mª Gamarra, actuando de padrino su tío, Francisco Martínez Ramos.  Hermanos de Eulogio, son Joaquín también mártir, y cuatro hermanas que fueron religiosas: una Clarisa, otra del Servicio Doméstico y dos Hermanas de la Caridad.

El padre de Eulogio, como era farmacéutico, quería que su hijo estudiara una carrera, como lo había hecho su hermano Joaquín, también farmacéutico.  Sin embargo, Eulogio no quiso estudiar, aunque luego leyó muchísimo y se formó intelectualmente.  Para intentar disuadirle de su interés en no estudiar, su padre le colocó, con un amigo que tenía un comercio, pidiéndote encarecidamente que le tratara con dureza.  Las pasó “moradas”, pero continuó sin dar su brazo a torcer.  Un día se cayó de una escalera, le tuvieron que coser la lengua con una aguja ‘al rojo’.  Se fue a su casa a descansar un poco, y estaba muy contento, pensando que, ese día, no tendría que trabajar, pero, al parecer, no conocía bien a su padre.  Cuando se levantó del rato de descanso.... ¡a la tienda!.

Era Terciario Franciscano, Legionario de la Buena Prensa, visitador de los pobres de las Conferencias de San Vicente de Paúl, asociado a Padres de Familia y a otras asociaciones del Corazón de Jesús y de la Santísima Virgen, así como miembro veterano de la Adoración Nocturna de Sigüenza; tenía Eulogio un profundo espíritu religioso.  De profesión era comerciante, y estaba casado con Natividad de la Fuente García, pero jamás se les vio un enfado, una mala palabra, ni un disgusto; siempre reinó, entre ellos, la más perfecta armonía, y de cuyo matrimonio nacieron cuatro hijos, José Mª, Mª Natividad, Mª del Carmen y Miguel.

Cuando Eulogio ya fue mayor, puso un comercio, asociado con Carmelo Lafuente.  Pusieron el dinero a medias, ayudado, seguramente por su padre.  Terminaron mal, como terminan casi siempre esas “sociedades”.  Lo pasó fatal y terminó estableciéndose él solo.  En el comercio se dedicaba a entregar ‘papeles’ a los clientes que venían, los miércoles y los viernes, de los pueblos de los alrededores de Sigüenza, al mercado.  Los citados papeles, que los mismo clientes con frecuencia le pedían, era propaganda religiosa.   Además era muy generoso, y cuando algún cliente o el sacerdote de un pueblo le decía: “Oye, Eulogio, ¿sabes a quién podría interesarle una mesa de despacho que tengo y necesito vender para poder comer?”.  El siempre contestaba: “¡Qué casualidad, precisamente yo estaba buscando una que necesito!”. (Era una mentira piadosa). La veía y le preguntaba: “¿Cuánto quieres por ella?”.  Le respondían, por ejemplo, que quería 100 Ptas (de entonces). “¡No, hombre, si vale el doble! Y le pagaba el triple.  Esto se repitió al menos tres veces, pues en su casa se llegaron a juntar con cuatro mesas de despacho.

Su vida cotidiana era sencilla: se levantaba, iba a misa de 9 a la Catedral y comulgaba diariamente.  Desde allí, se iba a abrir el comercio y en él se quedaba hasta las ocho o las nueve de la noche, hora en que volvía a casa.  Unos días comía en el comercio (los días de mercado) y los otros iba a casa, una media hora, porque entonces no se cerraba para comer.  En su casa, cada noche, se rezaba el Rosario en familia.  Los domingos iba, con toda la familia a misa, donde comulgaban.  Cuando la misa era en la Catedral, al terminar, recorrían, la Capilla de la Inmaculada, la Capilla de San José, cuya imagen había regalado su padre, y la del Santo Cristo. En todas ellas se arrodillaban y rezaban una oración: en la de la Inmaculada era el “Bendita sea tu Pureza....”.  En las de San José y del Santo Cristo, un Padre Nuestro. En esta última pidiendo la Propagación de la Fe.

Luego desayunaban, y hacia las once, iba a las Conferencias de San Vicente de Paúl, a las que llevaba a su hijo José Mª.  Allí, el sacerdote D. José Plaza, celebraba la Eucaristía, y pasaban una bolsa para que cada uno contribuyera con lo que podía, para ayudar a los pobres.  También se reunían después los cofrades, unos seis u ocho, entre ellos el carbonero, el zapatero, el carnicero y el sastre, y se distribuían en grupos de a dos o tres, para visitar a los pobres y llevarles ayuda.  Esta consistía, por ejemplo, en vales para un litro de leche diario, durante una semana, y vales para carnes o comestibles. A su hijo siempre le hacia ir con un grupo que no era el suyo.

Había un pobre chico, paralítico, por haber comido mucha harina de almortas, al que el confitero le llevaba caramelos para que los envolviera, pagándole por su trabajo.  Lo recogieron después, en un asilo de religiosas que habla en Carabanchel.  Cuando, pasado el tiempo, estando ya casado el hijo de Eulogio, iba a verle, con su mujer, una vez al mes, le llevaban tabaco y chucherías; él siempre recordaba la alegría que recibió con el trabajo de envolver caramelos y los alimentos con que le ayudaban.  Las Hermanas de la Caridad que le tenían recogido, contaban que se pasaba el tiempo preguntándoles, cuántos días faltaban para que fueran a visitarle.

Algunos domingos por la tarde, especialmente en invierno, iba Eulogio con tres o cuatro amigos (los de las Conferencias de San Vicente Paúl) a una “minifinca” que tenía en las afueras de Sigüenza, llamada el “Jardín de San José”.  Llevaban unos ‘tarugos’ de carne (del cofrade carnicero), salían a la huerta a coger un par de lechugas y allí, al fuego de una cocina baja, de las de pueblo, encendían buenas hogueras, freían la carne y preparaban la ensalada.  La comían en ‘amor y compaña’, después de bendecir la mesa, aunque no hubiera tal.  Cada uno metía el tenedor, pinchaba un trozo de carne y ¡a comer! en la enorme fuente o lebrillo.  Al final se iban andando a sus casas, como habían venido.

Había recibido amenazas desde Buenos Aires, diciéndole que no trabajara tanto por la causa de Dios porque moriría con las botas puestas; aunque las cartas vinieran de Buenos Aires, estarían escritas y enviadas allá, para su reenvío a España, por españoles, tal vez personas del mismo Sigüenza o Guadalajara, que le conocían, y así fue.  Él, así como su hermano Joaquín, y muchas personas, veía lo que se avecinaba en España,   cuando estalló la Guerra.  El día 9 de agosto de 1936, habían asesinado,  a su hermano Joaquín y al chico, Gregorio Güil, que éste tenía en su farmacia.  Al día siguiente, asaltaron la casa de Eulogio, unos 40 milicianos, y se lo llevaron.  Desde el ‘balconcillo’, un mirador que tenían  en la casa, con vistas a “La Ronda”, su familia vio cómo, Eulogio, iba con los brazos en cruz, por el barranco de la Ronda, rodeado de milicianos.  Recuerda su hijo José Mª, que le gritó: “Papá, cuando estés en el Cielo, acuérdate de nosotros”.

La esposa, con sus cuatro niños, de los que el mayor era José Mª, que apenas tenía doce años, llamó por teléfono a los de la FAI, POUM, Comunistas, intentando que soltaran a Eulogio, y lo consiguió.  Volvió a casa el mismo día que se lo llevaron, pero él sabía muy bien lo que le esperaba.  Le aconsejaron que se escapara por el Pinar, pero contestó: “Si no me encuentran a mí, lo pagarán con mi familia”.  Y se quedó en su casa.  En ella tenían un oratorio con altar para celebrar misa.  Los pocos días que pasó en su casa estuvo casi todo el tiempo en el Oratorio, de rodillas ante un crucifijo que presidía el altar, y recomendando a su familia que perdonaran a todos.  Muchas veces leyó la ‘recomendación del alma’.
Los milicianos, pesarosos de haberlo puesto en libertad el día 10, llegaron de nuevo al domicilio, el día 13, y se lo llevaron.   Actuaban una cuadrilla del P.O.U.M. que lo llevó a la estación de ferrocarril, donde tenían su cuartel.  Lo metieron en un vagón e, irónicamente, le invitaron cenar, dándole un plato de lentejas.   Más el Eulogio, que también era humorista, aceptó el convite y fraternizó con ellos.  Luego se dedicó a hablarles, sacando las palabras del fondo del corazón, henchidas de tanta verdad y bondad, que los mismos milicianos le admiraron y asintieron.  Se pasó casi toda la noche hablando a los milicianos.  Al final, una miliciana dijo: “Como dejemos hablar a éste, nos convence”.
Qué cosas no les diría de lo que valía la fe, la esperanza y el amor a España, que cuando dieron las cinco de la mañana del día 14, y sacaron a Eulogio del vagón para fusilarle, nadie quiso disparar.  El capitán del pelotón, ridiculizó la actitud de los milicianos: “Habéis salido a matar a un fascista y ahora os encogéis como gallinas.  Aprended de las mujeres”.  Hizo señas a una miliciana, y él se adelantó al Sr. Coterón.  Riéndose, le disparó en la cabeza tres pistoletazos, y dejó a la miliciana que, ya caído, le diera un tiro más.  Esta misma miliciana se orinó después sobre su cadáver, el cual quedó abandonado, cerca del disco de señales.
Eulogio, tenía 46 años de edad cuando fue asesinado por milicianos marxistas, en Sigüenza, el día 14 de agosto de 1936, a las seis de la mañana, perdonando explícitamente a sus asesinos, y entregando su vida por Cristo.  Su muerte está inscrita en el Registro Civil de Sigüenza, el día 11 de junio de 1937, donde se hace constar que falleció a consecuencia de hemorragia, y en 1940 hay una nota al margen donde dice, ‘muerto gloriosamente por Dios y por España’.

 

JOAQUIN CELSO COTERON MARTINEZ (Laico)

Natural de Sigüenza (Guadalajara) nació el día 28 de julio de 1883, hijo de Joaquín Coterón Ballesteros, de profesión farmacéutico, y María Petra Martínez Ramos.  Fue bautizado en la iglesia parroquial del Apóstol San Pedro, de su ciudad natal, por el teniente cura encargado D. Vicente García Plaza, el día 30 del mismo mes y año, actuando de padrinos su tío Filomeno Martínez Ramos y Isabel Villegas Durante, ambos solteros.  Además de su hermano Eulogio, mártir como él, tuvo cuatro hermanas que fueron religiosas:  una Clarisa, otra del Servicio Doméstico y dos Hermanas de la Caridad.  Era miembro de la Adoración Nocturna de Sigüenza, Conferencias de San Vicente de Paúl y de otras hermandades católicas.  De profesión, era farmacéutico, con domicilio en la plaza Mayor de Sigüenza.

Estaba casado con Emilia Cano Gutiérrez; en el matrimonio nunca se vio un mal gesto o roce alguno, pero no llegaron a tener hijos.   Solía rezar el rosario en familia, hasta con el personal de servicio.  Todos los domingos y días de fiesta iba un pobre, a comer a su casa.  Se le servia la misma comida que había para todos, pero con un vaso de vino que en casa de Joaquín no se acostumbraba.  Comía en la puerta de la casa, no en el comedor con los demás, porque le parecía que el pobre iba a estar tan violento y cortado que no iba a comer.  Así lo hace a su gusto y sin pensar que le están mirando.  Los jueves por la tarde, hacía la visita al Santísimo que estaba expuesto en la parroquia de San Pedro de la Catedral.

Todas las mañanas, iba a misa de 9 a la catedral, y, junto con su sobrino José Mª,  ayudaban a misa, a quien enseñó.  Además, al salir, en el recorrido, hasta la casa donde también tenía la farmacia, le daba unas clases maravillosas, explicándole química, física, mineralogía, historia y geografía; hasta le hacía coger algunas plantas, para clasificarlas en la farmacia.  Le hacía cuadros sinópticos para el aprendizaje de la historia y le enseñaba la organización del trabajo intelectual.  Con él aprendía a hacer análisis de orina, de aguas y a preparar los reactivos.

Joaquín se pasaba todo el tiempo libre que le dejaba la farmacia, estudiando.  Era muy buen botánico; tenía clasificada toda la flora de Sigüenza. Como no tenía hijos no podía ‘permitirse’, libertades como la de ir los domingos a merendar al “Jardín de San José”, para no dejar sola a su mujer. También ejercía labor de apostolado entre los clientes de la farmacia, en especial con los de los pueblos de alrededor de Sigüenza.  Con su hermano Eulogio, se llevaba muy bien; a veces, si no era muy tarde, Eulogio, después de cerrar el comercio, se pasaba por la farmacia y se estaban los dos, paseando y hablando por los soportales de la Plaza.

A veces, al llegar a la farmacia, había en los soportales de la Plaza Mayor una caterva de gamberros cantando cosas en contra de los curas y los frailes; tendría que pasar miedo, aunque nunca lo demostró.  En la fachada de la casa de la farmacia había, a la altura del primer piso, una placa de hierro fundido con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.  Un día, los milicianos pusieron una escalera, la arrancaron, la arrojaron al suelo y allí la golpearon y pisotearon sin lograr romperla.  Fue el peor momento que pasó Joaquín.  Cuando se marcharon los energúmenos, salió y recogió los restos.
Prosiguieron las matanzas en Sigüenza.  El día 9 de agosto de 1936 abría, Joaquín, de par en par las puertas de la farmacia, pues le tocaba de turno por ser domingo.  Se le conocía como ‘el madrugador’ porque todas las mañanas iba camino de la iglesia, con su libro de rezos en la mano y su afabilidad a flor de labios.  Tranquilamente atendían Joaquín y su dependiente, Gregorio Güil, cuando se presentaron los milicianos, para hacer un registro.  “¿Otro? -les dijo Joaquín- ¿Pero no tenéis bastante con el de anteayer?”.  Le contestaron:  “No estamos convencidos.  De aquí se ha disparado contra las fuerzas leales”.  “¿Pero todavía insistís en esas paparruchas?.

Era inútil intentar convencer a los milicianos.  Sostenían que a las siete de la mañana del día del combate, Joaquín y Gregorio, habían hecho fuego contra las milicias, y cuantos estaban dentro de la casa, que eran la esposa del farmacéutico, una criada y tres monjas franciscanas, de las expulsadas de su convento, que se habían amparado allí.  Trataron brutalmente a toda la familia, y se llevaron al Sr. Coterón  y al dependiente.  Al poco, les comunicaron que iban a morir ‘por fascistas y beatos’.  Y por cristianos y españoles, fueron asesinados ese día, en el camino de la Fuente de las Merinas.   Joaquín tenía 53 años cuando le asesinaron.  Una miliciana, conocida por Felicidad, vio que movía los labios en su agonía, como musitando una oración; sacó su pistola, la apoyó en la sien del caído y disparó varios tiros.  Luego dijo: “!Un ‘facha’ menos¡”.

Cometido el crimen, los milicianos volvieron a la casa del farmacéutico y se ufanaronde sus fechorías.  Expulsaron a la viuda y a las monjas, y se quedaron ellos por dueños absolutos de casa y farmacia.  La muerte de Joaquín está inscrita en el Registro Civil de Sigüenza, el día 24 de febrero de 1937, donde consta que falleció por hemorragia, y en una nota al margen, escrita en el año 1940, dice que murió gloriosamente por Dios y por España.

 

GREGORIO URBANO GÜIL CANFRÁN (Laico)

Natural de Yunquera de Henares (Guadalajara), nació el día 25 de mayo de  1916, hijo de Regino Güil Muela, de ocupación labrador,  y Damiana Canfrán Gutiérrez.  Fue bautizado por D. Martín de la Cruz Moure, en la parroquia de San Pedro Apóstol, el día 4 de junio del mismo año, actuando como madrina Basilia Gil..  Gregorio estaba soltero y pertenecía a la Juventud de Acción Católica seguntina.  Era dependiente de la farmacia de Don Joaquín Coterón.  Jamás le oyeron protestar o hablar mal de su jefe, ni quejarse del trabajo.  Todos lo días rezaba el Rosario con la familia donde trabajaba. Tampoco nunca protestaba por ello.   De Gregorio se puede decir nada más  que era un santazo.

La victoria de los rojos sobre los nacionales en Sigüenza, el 7 de agosto de 1936, los envalentonó, y recrudecieron el terror, prosiguiendo las matanzas.  El 9 de agosto abría de par en par la farmacia D. Joaquín, pues le tocaba de turno por ser domingo.  Tranquilamente atendían a los clientes, él y su dependiente Gregorio, cuando se presentaron los milicianos, para hacer un registro.  Sostenían éstos que, a las siete de la mañana del día del combate, Joaquín y Gregorio habían hecho fuego contra las milicias, y cuantos había estaban en la casa, que eran la esposa del farmacéutico, la criada, y tres religiosas franciscanas de las expulsadas de su convento que se habían amparado allí.

Los milicianos trataron brutalmente a todos, y se llevaron al Sr. Coterón y a Gregorio, comunicándoles, al poco, que iban a morir ‘por fascistas y beatos’.  “Pues bien; moriré por Dios y por España. –gritó el joven Gregorio- Si os queda algo de humanos, decídselo así a mi padre, para que esté tranquilo de que muero como cristiano y español”.  Ambos fueron asesinados el 9 de agosto de 1936 en Sigüenza, por las milicias republicanas.  Gregorio dio su vida en martirio por Dios, cuando sólo tenía veinte años, y murió gritando: ¡Viva Cristo Rey!  Su muerte está inscrita en el Registro Civil de Sigüenza, el día 2 de agosto de 1939, donde consta que falleció a consecuencia de haber sido asesinado por las milicias rojas, en la fecha ya señalada

 

JUAN MARTÍNEZ BERMEJO (Laico)
     
 

Natural de Budia (Guadalajara), nació el 30 de marzo de 1874, hijo de Pedro Martínez, de profesión labrador, y de Jenara Bermejo, de cuyo matrimonio nació también su hija Cándida..  Fue bautizado por D. Pablo Cabrada, el 1 de Abril del mismo año, en la parroquia de San Pedro Apóstol de Budia, actuando de madrina Vicente Sánchez de Yélamos de Arriba.  Juan era labrador, vivía en Budia, y estaba casado con Trinidad Bermejo Cambronero, que era prima hermana de D. Antonio Mayor Bermejo, sacerdote y párroco de Durón.

 En casa de este matrimonio se refugió D. Antonio Mayor Bermejo, cuando comenzó el caos revolucionario, tras el alzamiento del 18 de julio de 1936, porque los milicianos les perseguían, y  hacían inseguro todo hogar y toda persona.   Fue acogido con cariño, y era, en definitiva, su casa y su familia, porque al parentesco espiritual y político, entre Juan y D. Antonio, que les unía una firme y de verdadera amistad, en años de diálogo y compañía, celebrando encuentros, durante largos veranos, a mitad de camino entre Budia y Durón,  pueblos que se distanciaban unos tres kilómetros.  Poco es lo que se sabe de la vida de Juan, antes de su martirio, sino que era un buen cristiano y un buen trabajador.

Durante menos de dos meses tuvo Juan a D. Antonio en su casa, pues era conocido por los vecinos del pueblo, que allí estaba el sacerdote.  Es más, de cuando en cuando, las partidas de milicianos llegaban, con algarabía y nocturnidad, a exigirle dinero al sacerdote, aunque pronto vieron que no tenía.  El día 2 de Septiembre de 1936, se presentaron los milicianos en casa de Juan, para urgir la presencia del sacerdote en el Ayuntamiento, pero Juan no le dejó marchar solo; se fue con él.  Sus familiares no volvieron a verlos.

En el Ayuntamiento, a la puerta del cual había un camión, los milicianos dijeron: “Tenemos que llevarnos al sacerdote a Guadalajara, no se sabe por qué razones. Juan puede irse a su casa, ya que con él no es nada”.  Juan tomó una pronta resolución, firme e irrebatible, de hidalgo castellano y caballero cristiano de Budia, llamado popularmente grande, no sólo por su figura, sino por la grandeza de ánimo y laboriosidad, y dijo: “Me niego a dejar solo a D. Antonio, en manos de los milicianos, camino de Guadalajara, en una camioneta.  Quiero compartir su suerte”.  ¡Y la compartió! Era frecuente entonces subir a los vehículos a los sacerdotes detenidos, hacerlos bajar en el camino, tiroteándolos en la cuneta, y dejarlos muertos o malheridos; Juan estaba decidido a impedir que eso sucediera a su pariente y amigo.

Llegaron, en efecto, a Guadalajara, y fueron ingresados en la cárcel, sin causa alguna, sin acusación alguna, sin nada que justificara su falta de libertad.  Allí estuvieron algún tiempo, enviando cartas a su familia, correspondencia que, dramáticamente, se cortó el día que les quitaron la vida.  A raíz de un bombardeo de la capital alcarreña, las turbas asaltaron la cárcel y asesinaron a más de trescientas personas, que no pudieron defenderse de la horrible carnicería.  Era el 6 de diciembre de 1936 cuando Juan entregó su vida, como mártir, por defender, hasta la muerte,  a un amigo y sacerdote de Cristo.  Su defunción esta inscrita en el Registro Civil de Guadalajara el 27 de mayo de 1939, donde consta que falleció a las diecinueve horas del día 6, a consecuencia de heridas de ama de fuego, y una nota marginal del 11 de julio de 1939, donde  dice que falleció en la Prisión Central, asesinado por las milicias rojas..  Hay otra Acta de Defunción del Registro Civil de Budia, el 24 de agosto de 1939, donde consta que falleció a consecuencia de heridas producidas por las hordas rojas, y que murió por Dios y por España.

 

JOSE MARIA MARTINEZ IBAÑEZ (Laico)

Natural de Sigüenza (Guadalajara), nació el día 12 de octubre de 1899, hijo de Isidoro Martínez Villanueva, de oficio carpintero, y de Antonia Ibáñez Cobeña.  Fue bautizado al día siguiente de nacer, en la parroquia de San Pedro, actuando de padrinos, José Maqueda, casado, y Pascuala Martínez, soltera.
Al producirse el movimiento de julio de 1936, Sigüenza se mantuvo a lo largo de toda una semana, en una indecisa perplejidad, en la que eran igualmente posibles la incorporación a la España sublevada y la permanencia en el cuadro republicano.  De que sucediera esto último, cuidaron las milicias rojas, consolidadas ya en Madrid, pues fueron invadiendo durante todos los días que quedaban de julio, la provincia entera de Guadalajara, hasta su límite con Soria.  Quedó la capital diocesana de Sigüenza prácticamente comprendida en este mapa, si bien, la ocupación formal sólo tuvo efecto en la mañana del día 25 de julio.
La muerte de Calvo Sotelo fue celebrada con determinados actos por los miembros de la Casa del Pueblo de Sigüenza.  A la salida, la noche del 13 de julio de 1936, el presidente de la organización, fue agredido a tiros por los falangistas Román Pascual Martínez, Ochoa y Gaceo, que le ocasionaron la muerte.
Antes de la llegada de las columnas rojas, se habían celebrado cultos en casi todas las iglesias, incluso en la catedral.  Sin finalizar aún aquella festividad de Santiago, corrió, a plena luz del día, la primera sangre de represalia antirreligiosa.  El mismo día en que los milicianos habían entrado en Sigüenza, pasaba por la Alameda, José María, presidente diocesano de los Jóvenes de Acción Católica de Sigüenza; al verle la viuda del jefe de la Casa del Pueblo, que doce días antes, le habían dado muerte un grupo de falangistas, dijo: “Ese es uno de los que mataron a mi marido”. Infame calumnia, que fue motivo para que lo cachearan y condujeran a la referida casa, donde los milicianos se encontraban reunidos.
Le tomaron declaración, y siendo oídas sus declaraciones, hubo quien abogó para que no lo mataran, pero no lo logró ni consiguió evitar que José María fuera sometido a crueles vejaciones.  Turbado el joven con todo aquello, se dirigió hacia el balcón, y un miliciano le disparó, cayendo acribillado por las balas que, también desde la calle, le dispararon al verle asomar.  Por su  destacada  representación en el orden religioso, y por su fe en Cristo, conseguía la palma del martirio, el día 25 de julio de 1936.  La personas, cualquiera fuese su matiz político, percibieron de inmediato de que el terror se había posesionado de la pacífica ciudad medieval.

 

JOSÉ NAVARRO CASTILLO (Laico)

Natural de Valfermoso de las Monjas.  Estaba soltero.  Trabajaba como criado de un hermano del sacerdote D. Valentín Yusta Encabo.  Cuando este sacerdote estuvo escondido en Utande (Guadalajara), por temor a los rojos que le buscaban, José le llevaba diariamente, los alimentos, en oculto, a su escondite.  Un día los milicianos, en su afán de descubrir el paradero del sacerdote, le acorralaron para que se lo dijera.  Pero nada pudieron sus denuestos, contra este fiel e intrépido servidor; ante su silencio, decidieron darle muerte.   Él  se dejó fusilar, dando su vida como mártir, el día 13 de octubre de 1936.  Prefirió morir antes que delatar al sacerdote.  Pero ese mismo día consiguieron a D. Valentín y también lo fusilaron.

 

JOSÉ MARÍA PÉREZ-VILLAMIL Y TORRES (Laico)

Natural de Luarca (Asturias), nació hacia 1878 ó 1879, hijo de José Pérez-Villasmil y Matilde Torres.  Era de profesión propietario y estaba casado en segundas nupcias, con Rufina Carrasco, sin que dejara hijos; estaba domiciliado en la calle Manuel Pérez-Villasmil, nº 4, en Sigüenza.
José María fue Presidente de la Conferencia de Caballeros de San Vicente de Paúl de Sigüenza (Guadalajara).  Allí, en la calle Serrano Sanz, fue asesinado por los milicianos, consiguiendo la palma del martirio, a las 2 de la madrugada del día 1º de agosto de 1936, por su fe en Cristo.
Está enterrado en el cementerio de Sigüenza y su muerte está inscrita en el Registro Civil de esta ciudad, el día 29 de Enero de 1937, donde consta que falleció a consecuencia de hemorragia.

 

TELESFORO RUIZ PERDICES (Laico)

Natural de Sigüenza (Guadalajara), había nacido hacia el 1910; Estaba soltero y tenía de profesión albañil.  Militante de la Juventud de la Acción Católica, por cuyo motivo fue pasado por las armas marxistas.  A Telesforo lo asesinaron el día 25 de agosto de 1936, junto al cementerio, en el propio Sigüenza, consiguiendo la palma del martirio a causa de su fe en Cristo, a los 26 años de edad.
Su defunción está inscrita en Sigüenza el día 10 de Enero de 1940, y en cuyo cementerio esta enterrado

 

MARTIN YABEN YABEN (Laico)
Había nacido en Villanueva de Araquil (Navarra), el día 6 de febrero de 1878, era hijo de Domingo Yaben Mariñelareda, secretario del Juzgado, y María Yaben Aguniaga. Fue bautizado el mismo día 6, en la parroquia de San Martín por D. Miguel Ansa, actuando de padrinos, Martín Yaben y Estevania Aguinaga.
Martín estaba soltero, tenía una religiosidad profunda y era hermano de D. Hilario, Arcediano de la Santa Iglesia Catedral de Sigüenza, con quien vivía.
Fue detenido el día 30 de julio de 1936 en Sigüenza (Guadalajara), y asesinado el día 1º de agosto, según consta en el Acta de Defunción siendo enterrado en el cementerio seguntino.  Su defunción fue inscrita en el Registro Civil de la misma ciudad, el día 21 de julio de 1937