FRANCISCANOS DE LA PROVINCIA DE CASTILLA

 

P. Marcos Rincón Cruz, o.f.m.

   

PADRE EMILIO RUBIO FERNÁNDEZ

 

 

Nació en Consuegra (Toledo) el 28 de mayo de 1880. Tomó el hábito franciscano en Pastrana (Guadalajara) el 31 de mayo de 1895. Realizó su profesión solemne el 4 de junio de 1899 en el Convento de La Puebla de Montalbán (Toledo) en 1899. Recibió la ordenación sacerdotal el 19 de marzo de 1904.

Después de ejercer como profesor de latinidad en el Seminario de Segovia, estuvo diez años trabajando en las misiones de Filipinas. A su regreso trabajó en diversas comunidades. En 1934 pasó al seminario de La Puebla de Montalbán (Toledo), como profesor y rector hasta 1936.

Fue ejemplar en el ministerio sacerdotal y en aceptar de buen grado los destinos de la obediencia. Como rector y profesor de los seminarios, destacó por su competencia, su celo y sus cualidades pedagógicas, especialmente su paciencia y su buen humor. Admirado y encomiado por sus alumnos, lo fue también por sus hermanos de hábito como religioso ejemplar y buen hermano.

 

Al estallar la guerra civil española, marchó desde La Puebla a Toledo. Se acogió al Colegio-Hospital de Tavera, donde ejercían de capellanes los hermanos Gregorio y Toribio Gómez de las Heras. El 21 de julio se prepararon todos a la muerte confesándose y confesando a  los que lo desearon. Al tener que salir de él por la llegada de los milicianos, entró con los dos sacerdotes mencionados, en casa de una sobrina de éstos. Delatados por una mujer, fueron buscados en esa casa por los milicianos. Al exigir éstos que salieran de las habitaciones, se presentó el Padre Emilio con Don Gregorio, ofreciéndose en lugar de Don Toribio. Sacados a la calle, el Padre Emilio fue abatido a tiros por los milicianos de la República en la calle de las Airosas, el 22 de julio de 1936.

 

   

PADRE LORENZO AYALA RUIZ           

     
 

Nació en Belmonte (Cuenca) el 15 de noviembre de 1904. Entró en el Seminario Menor franciscano de su pueblo en 1915. Tomó el hábito franciscano el 16 de noviembre de 1919 en Arenas de San Pedro (Ávila).

En Consuegra (Toledo) hizo su profesión solemne el 22 de noviembre de 1925. Fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1927. Desde ese año hasta el cierre temporal del Seminario Menor franciscano de La Puebla de Montalbán (Toledo) en mayo de 1931, fue profesor de dicho seminario. Era además cantor del convento. Como profesor, era competente y enérgico en exceso. Tras unos meses en Ávila, fue trasladado al convento de Quintanar de la Orden (Toledo) en donde trabajó como administrador de la casa y dirigiendo la Juventud Antoniana con entusiasmo, atracción de la juventud y buenos frutos.

 

   

HERMANO LEOCADIO POLO LANCIEGO

     
 

Nació en Portalrubio de Guadamajud (Cuenca) el 26 de abril de 1902. De los diez a los diecisiete años ayudó desinteresadamente al párroco y fue edificante por su piedad y su virtud.
           
Hizo su profesión temporal el 19 de marzo de 1923 en la Provincia Franciscana de Andalucía. No admitido a la profesión solemne, dejó la Orden. Se incorporó a ala Provincia de Castilla en 1928 como hermano terciario o donado. Al año siguiente, fue enviado al convento de Quintanar de la Orden (Toledo), donde permaneció hasta su muerte.

 

Al empezar la guerra civil, los ocho franciscanos de la comunidad de Quintanar de la Orden (Toledo) siguieron en su convento. El 21 de julio de 1936, les fue comunicada la orden de detención de parte del alcalde, orden que fue ejecutada por la tarde. Veinte milicianos y veinte milicianas los ataron con cordeles, de dos en dos, y los sacaron del convento. Todos los franciscanos iban con hábito. Entre burlas, los llevaron a la iglesia parroquial, convertida en prisión. Allí les recluyeron en la capilla de la Virgen de los Dolores. Personas de la Orden Franciscana Seglar les llevaban de comer, pero no siempre se lo daban los milicianos. Estos blasfemaban delante de los religiosos, les insultaban y se burlaban de ellos, que lo soportaban en silencio. Como otros presos, los franciscanos también fueron maltratados. Alguna vez intentaron rezar en común, pero los vigilantes se lo prohibieron. Vivían en silencio y oración, preparándose al martirio.
En la noche del 25 al 26 de julio de 1936 sacaron de la iglesia a siete seglares, al Padre Lorenzo Ayala y al Hermano Leocadio Polo. Hacia las 2,30 de la madrugada fueron fusilados los nueve junto a la carretera de Madrid, a poco más de un kilómetro de Quintanar de la Orden (Toledo), en el lugar llamado de Las Canteras. El Padre Ayala pidió a los verdugos que perdonasen a los padres de familia que tenían en prisión y confesó su fe con estas palabras: Ha habido Dios, hay Dios y habrá Dios ¡Viva Cristo Rey!

 

   
PADRE MARTÍN GÓMEZ DE LÁZARO PÉREZ
   

 

   
Nació en Consuegra (Toledo) el 30 de enero de 1875. Tomó el hábito franciscano el 16 de junio de 1891 en Pastrana (Guadalajara). En La Puebla de Montalbán (Toledo) hizo su profesión solemne el 17 de junio de 1895. Fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1898. Destacó por su buena conducta y por su inteligencia, memoria y aplicación al estudio.
           
Después de varios destinos, de 1905 a 1922 estuvo como misionero en Filipinas. A su regreso, de igual manera, ejerció varios cargos dentro de la Provincia. Era asiduo al confesionario, fiel en el cumplimiento de sus deberes, austero y sacrificado. Desde 1935 hasta su muerte fue Guardián del Convento de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
     

 

   
PADRE JUAN ANTONIO LÓPEZ LINARES
     
 

Nació en Moral de Calatrava (Ciudad Real) el 30 de marzo de 1876. Tomó el hábito franciscano el 15 de agosto de 1892 en Pastrana (Guadalajara). En el convento de Consuegra (Toledo) realizó su profesión solemne el 4 de junio de 1897. Y el 18 de marzo de 1899 se ordenó sacerdote.
           
Poseía buenas cualidades como profesor y educador. Por este motivo, tuvo muchos destinos apoyando con sus virtudes las diferentes comunidades a las que iba destinado. Desde 1932 hasta su martirio residió en la comunidad de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), regentando la escuela de niños y ejerciendo el apostolado sacerdotal. Gran educador de futuros sacerdotes franciscanos, el Padre Juan Antonio López, destacaba por su sencillez, bondad, simpatía, buen humor y su constancia en el trabajo.

     

 

   
PADRE EZEQUIEL MORENO-CID RODRÍGUEZ
     
 

 

Nació en Consuegra (Toledo) el 7 de junio de 1868. Tomó el hábito franciscano el 22 de octubre de 1885 en Pastrana (Guadalajara). Emitió su profesión solemne en el convento de La Puebla de Montalbán (Toledo) el 27 de octubre de 1889.         En septiembre de 1890 salió como misionero para Filipinas. Allí, en Manila, fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1892.
           
En 1898 regresó de Filipinas. Desde joven brilló por su sencillez, por ser pacífico y muy tratable, pronto siempre a los destinos de la obediencia y al trabajo. En los años en que estuvo dedicado a la enseñanza mostró gran paciencia con los niños. Tras pasar por varias comunidades, desde 1934 hasta su muerte perteneció a la comunidad de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), con la que padeció el martirio en 1936.

     

 

   
PADRE JUAN DIEGO BERNALTE DE CÓZAR
     
 

Nació en Moral de Calatrava (Ciudad Real) el 7 de abril de 1873. Tomó el hábito franciscano el 12 de mayo de 1889 en el convento de Pastrana (Guadalajara). Realizó su profesión solemne el 12 de mayo de 1893 en La Puebla de Montalbán (Toledo). El 3 de abril de 1897 fue ordenado sacerdote.
           
Entre sus diferentes destinos, de 1905 a 1910 residió en el Convento-Santuario de Nuestra Señora del Castañar en Béjar (Salamanca) y después regresó como Superior de 1926 a 1929. Desde finales de 1932 hasta su muerte residió en el convento de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
Tenía alma de niño y de artista. Mostró buena capacidad para los estudios, con cualidades especiales para la poética y la oratoria. En su vida sacerdotal se dedicó ampliamente a la predicación y publicó composiciones poéticas en diversas revistas, de tema religioso la mayoría.

     

 

   
FRAY ANTONIO PASCUAL SALINAS
     
 

Nació el 22 de mayo de 1911 en Carbonero el Mayor (Segovia). Trabajó en las faenas del campo en su pueblo y como dependiente de una tienda de ultramarinos en Madrid, hasta ser llamado al servicio militar.
           
En 1934 inició su postulantado en el convento de La Puebla de Montalbán (Toledo). Vistió el hábito franciscano el 12 de abril de 1935 en Arenas de San Pedro (Ávila). Aquí emitió su profesión temporal el 13 de abril de 1936.
           
Durante el noviciado fue refitolero, ayudante del cocinero y sastre. Siguió siendo trabajador, fervoroso, educado, agradable de trato, de gran caridad con todos. Admitía la corrección, era obediente, no murmurador y vivía con gran paz. Al mes de profesar fue enviado al convento de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) como cocinero.

     

 

 
HERMANO GABRIEL JOSÉ LÓPEZ MARTÍNEZ

 

   
  Nació en Villar del Cobo (Teruel) el 17 de marzo de 1881. Desde los catorce años trabajó como pastor y campesino.
           
Después de un tiempo de postulantado, recibió el hábito de hermano terciario o donado el 5 de marzo de 1913 en el convento de Belmonte (Cuenca). En el mismo profesó como hermano terciario el 7 de marzo de 1914. Desde 1919 perteneció al convento de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Gabriel se ocupaba de las tareas domésticas: refitolero, recadero, encargado de limpieza, ayudante del cocinero, sacristán, siempre obediente y sacrificado. Lo hacía todo con sencillez, diligencia y alegría. Por la simpatía y bondad con que los trataba, era la alegría de los seminaristas menores.

 

La comunidad franciscana de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en julio de 1936, estaba compuesta por estos seis religiosos reseñados y además Fray Isidoro Álvarez, que no padeció martirio cruento y el Padre Laurencio Alday, que cuando comenzó la guerra no se encontraba en Alcázar.

La comunidad estaba preparada al martirio. En uno de sus sermones el Padre Ezequiel había dicho: Si tenemos que dar la sangre, la daremos. La noche del 20 de julio de 1936, el convento fue cercado por una turba numerosa. Cuando amaneció el día 21, llamaron a la puerta unos milicianos de parte de la autoridad. Al abrir, dijeron al hermano portero, Fray Isidoro, que venían a llevarse a los religiosos. Se presentaron todos, con el hábito puesto. Los milicianos dijeron: ¡Fuera hábitos! Fray Isidoro les entregó las llaves de la casa. Los franciscanos, ya vestidos de seglares, salieron sin llevarse nada más que lo puesto, sin protestar, ni resistirse, ni intentar huir.

Sin llevarlos atados, los condujeron al Ayuntamiento, custodiados por ocho milicianos armados y escoltados por varios coches donde iban las autoridades locales. Por las calles, la gente les lanzaba insultos y blasfemias. Los franciscanos iban en silencio. En el Ayuntamiento estaban detenidos los trinitarios, las concepcionistas franciscanas y un novicio dominico. La multitud que había en la plaza gritaba: Dejad que los matemos nosotros si no tenéis agallas. ¡Muerte a los curas! El alcalde les dijo desde el balcón: Esperad, esperad, que lo que se os ha prometido se realizará.

Hacia las dos de la tarde llevaron a los franciscanos, a los trinitarios y al novicio dominico a una ermita a las afueras de la población. En todo el día 21 no recibieron nada para comer. Lo angosto del lugar, que no tenía ventanas, y el calor del verano suponía una gran molestia, pero nadie se quejó. Al principio rezaban en común, pero se lo prohibieron. A las personas que les llevaban comida les decían los carceleros: Sí, traedles cosas, que ya les quedan pocos días. Los franciscanos se prepararon para el martirio con la oración personal y la confesión sacramental.

Hacia las doce de la noche del día 26, sacaron de la ermita a los trece religiosos en dos grupos. Ellos salieron sin resistirse ni protestar. Ninguno trató de huir. Entre las 12 de la noche del 26 de julio y la una de la madrugada del 27 de julio de 1936 fusilaron a los franciscanos (Padre Martín, Padre Juan Antonio López, Padre Ezequiel, Padre Juan Diego, Fray Antonio Pascual y el Hermano Gabriel José), a los trinitarios y al novicio dominico a las afueras de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), en el lugar llamado Los Sitios al oeste de la población. Fray Isidoro Alvárez cayó o se tiró al suelo sin ser herido y luego huyó. Los cadáveres fueron llevados al cementerio municipal y enterrados allí.

 

   
PADRE JOSÉ ANTONIO SIERRA GALLEGO
     
 

Natural de Quintanar de la Orden (Toledo), nació el 18 de septiembre de 1871. Tomó el hábito franciscano el 2 de octubre de 1886 en Pastrana (Guadalajara). Realizó su profesión solemne en La Puebla de Montalbán (Toledo) el 9 de octubre de 1890. Recibió la ordenación sacerdotal en Manila (Filipinas) el 30 de marzo de 1895.
           
Permaneció en Filipinas tres años más, regresando en 1898 a España. En 1915, después de diferentes apostolados y destinos, fue elegido Secretario de la Provincia Franciscana de Castilla. Definidor de la provincia en varias ocasiones, desde 1935 hasta su muerte fue Guardián del Convento-Seminario de La Puebla de Montalbán (Toledo).
           
Los que le conocieron le califican de religioso sencillo, afable, piadoso, muy trabajador, con gran celo para el confesionario y la predicación. Desempeñó el oficio de superior con solicitud y caridad.

     

 

   
PADRE AGUSTÍN ARÉVALO MALAGÓN
     
 

Nació el 2 de abril de 1913 en Almagro (Ciudad Real). Ingresó en 1924 en el Seminario Menor Franciscano de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Tomó el hábito franciscano el 25 de agosto de 1928. El 11 de noviembre de 1934 y, en el Convento de Consuegra (Toledo), hizo su profesión solemne. Un mes y medio antes del inicio de la guerra recibió la ordenación sacerdotal en Ciudad Real.
           
Un condiscípulo le define como persona de inteligencia común, de carácter alegre, sincero, respetuoso con los superiores y devoto de la Madre de Dios. A finales de junio de 1936, acabado el cuarto curso de teología, fue destinado al convento de La Puebla de Montalbán (Toledo).

     

 

   
FRAY ISIDORO CAÑIZARES VERA
     
 

Nació el 25 de mayo de 1908 en Las Mesas (Cuenca). Piadoso  desde niño, estuvo un tiempo con los trinitarios en Belmonte (Cuenca) y Castellón. Vuelto al pueblo, trabajó como jornalero. Visitaba a los enfermos y necesitados, socorriéndolos con parte de sus ganancias. Recibía con frecuencia los sacramentos y dedicaba parte de su tiempo libre a orar en la iglesia.
           
Consultó su vocación con el párroco y éste, considerando que era verdadera, lo encaminó a la vida franciscana. Tomó el hábito franciscano en el noviciado de Arenas de San Pedro (Ávila) el 4 de agosto de 1933. En ese convento hizo su profesión temporal el 5 de agosto de 1934. Permaneció allí varios meses y en 1935 fue destinado al convento de La Puebla de Montalbán (Toledo).
           
En los pocos años de vida franciscana se distinguió por su sencillez, servicialidad, piedad y diligencia en el trabajo. En el convento de Arenas de San Pedro hizo de sastre, zapatero y refitolero. En el de La Puebla, de portero. Tenía buen sentido práctico y la cojera que padecía no le acomplejaba.

     

 

El 24 de julio de 1936 los franciscanos de La Puebla de Montalbán fueron expulsados de su convento. Personal del Ayuntamiento y dirigentes de la Casa del Pueblo, acompañados de dos grupos de la gente de la localidad, se presentaron en el convento, reclamando las llaves y les ordenaron, intimidándoles, que lo abandonaran. Acompañados por la gente, los religiosos se dirigieron a casa de algunas familias, que los acogieron. En ellas se preparaban al martirio con largos ratos de oración.
           
El 29 de julio, los Padres José Antonio y Agustín y Fray Isidoro salieron en coche de línea para Madrid. Al llegar a Escalonilla (Toledo), los milicianos del control, avisados de antemano, los hicieron bajar del coche, los llevaron al Ayuntamiento y allí los maltrataron. Luego los trasladaron a la cárcel municipal y continuaron la tortura. Les quitaron las medallas y los rosarios que llevaban y les instaban a que blasfemasen. Para más forzarle a ello, al Padre José Antonio le metían en el pozo de la cárcel con la cabeza para abajo, desnudo y atado por los pies. Él decía únicamente: ¡Misericordia, Señor, misericordia! Una persona les llevó de comer, pero los milicianos no permitieron que les entregase la comida. Por la tarde llegaron otros milicianos de Toledo, que también maltrataron a los franciscanos. Se los llevaron en un camión alegando que iban a declarar ante el Gobernado de Toledo. En el camino, pasado el pueblo de Rielves (Toledo), a poco más de un kilómetro de la población, los bajaron del camión y los fusilaron junto a la misma carretera, dejando los cuerpos insepultos.

 

   
PADRE FELIPE PEREA SANTOS

 

Nació el 13 de septiembre de 1908 en Villanueva de Alcardete (Toledo). En 1922 ingresó en el seminario menor franciscano de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Vistió el hábito franciscano el 28 de agosto de 1924 en Arenas de San Pedro (Ávila). Siguió en diversos destinos con sus estudios. El 14 de septiembre de 1929 hizo su profesión solemne en Consuegra (Toledo). Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de mayo de 1932.
           
En los años de su formación observó buena conducta y obtuvo buenas calificaciones. Era sencillo y buen compañero. Durante toda su vida fue notoria su piedad y fue considerado como buen religioso. Como profesor era competente y sabía estimular a los seminaristas. En febrero de 1936 fue destinado al convento de Almagro (Ciudad Real) y nombrado director de la catequesis.

Al estallar la guerra, el 24 de julio fue expulsado del convento junto con los demás religiosos. Ese día permaneció en casa de una familia del pueblo y fue encarcelado con los demás franciscanos al día siguiente.
           
El 30 de julio salió con tres dominicos para Ciudad Real en tren con intención de seguir hasta su pueblo. Llevaban los cuatro un salvoconducto del jefe de la Casa del Pueblo, pero iban vigilados por dos milicianos de Almagro (Ciudad Real). Estos creían que todos eran dominicos, pues el Padre Perea apenas era conocido en Almagro.
           

Al llegar a la estación de Miguelturra (Ciudad Real), la única entre Almagro y Ciudad Real, el jefe local de los milicianos subió al tren y mandó bajar a los cuatro religiosos, que fueron señalados por los dos que venían vigilándolos. En el andén les esperaba un piquete de milicianos armados con fusiles. La gente que había en la estación empezó a decir: ¡Bajan a los frailes! ¡Bajan a los frailes! Ordenaron a los religiosos que caminasen hacia un extremo de la estación y, cuando se habían separado unos pasos, empezaron a dispararles por la espalda. Tres de ellos cayeron al suelo. Uno echó a correr. Parece seguro que éste fue el Padre Felipe Perea. Los milicianos corrieron tras él y le abatieron en un sembrado cercano. La muerte de estos cuatro religiosos tuvo lugar en la estación ferroviaria de Miguelturra (Ciudad Real) el 30 de julio de 1936 hacia las tres de la tarde.

 

 
FRAY RAIMUNDO SÁNCHEZ SÁNCHEZ

  Nació el 15 de marzo de 1873 en Tomellosa (Guadalajara). Tomó el hábito franciscano el 16 de junio de 1888 en el convento de Pastrana (Guadalajara). El 27 de junio de 1892 hizo su profesión solemne en La Puebla de Montalbán.
           
Estudió tres años de teología en Consuegra (Toledo) de 1892 a 1895. Al curso siguiente estudió cánones en Belmonte (Cuenca). Completó su formación con uno o dos años de moral en Almagro (Ciudad Real). Sus calificaciones en conducta y estudios siempre fueron muy buenas.
           
Tras recibir el Orden del diaconado el 29 de febrero de 1896 en Ciudad Real, los superiores decidieron no ordenarlo de sacerdote, al aparecer ciertos desequilibrios en su psiquismo, que mostraban algunas extravagancias. Desde 1918 hasta su muerte formó parte de la comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo).

 

   
FRAY DAMIÁN LÓPEZ-COGOLLUDO RODRÍGUEZ
     
 

Natural de Mora de Toledo, nació el 29 de septiembre de 1850. Tomó el hábito franciscano el 9 de diciembre de 1878 en Pastrana (Guadalajara). Cuatro años después, en la misma fecha, hizo su profesión solemne en Arenas de San Pedro (Ávila).
           
Después de los diferentes destinos y oficios que desempeñó en los mismos, desde 1925 hasta su muerte, pasó a pertenecer a la comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo). Destacó por una conducta edificante, por la fidelidad a sus obligaciones, por ser grande su laboriosidad, y por su espíritu de oración. Solía llevar con paciencia las contrariedades, era sencillo, humilde y caritativo con sus hermanos de religión y con los pobres que acudían a la  portería del convento.

     

 

   
FRAY MATÍAS GARCÍA-ESTEBAN GARCÍA HUESA
     
 

Nació el 25 de febrero de 1864 en Yepes (Toledo). Desde los 14 a los 23 años trabajó como campesino, barbero y enfermero, y colaboró con las asociaciones religiosas de la parroquia.
           
Tomó el hábito franciscano el 25 de abril de 1887 en el convento de Pastrana (Guadalajara). Aquí, también hizo su profesión solemne el 26 de abril de 1891. Después de numerosísimos destinos, en 1934 pasó a la comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo), en la que permaneció hasta su martirio.
           
En su vida seglar y en su vida de franciscano, Fray Matías aunó la piedad y la caridad. Fue siempre fervoroso, pronto en el trabajo, atento a los actos comunes y a la obediencia; alegre y servicial, poniendo sus conocimientos de hierbas medicinales, de enfermero, barbero y practicante al servicio de todos.

     

 

   
FRAY ANTONIO GARCÍA MORENO
     
 

Nació el 17 de febrero de 1886 en Villanueva de Alcorón (Guadalajara). En su pueblo trabajó como pastor. Tomó el hábito franciscano el 19 de febrero de 1920 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila). Aquí también realizaría su profesión solemne el 20 de febrero de 1924.
           
Un año antes de ser asesinado, y tras varios destinos, llegó a la Comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo). Fue considerado por todos como un religioso ejemplar. Era habilidoso para todos los oficios, y muy activo y diligente. Desempeñó los oficios domésticos de cocinero, sastre, sacristán y enfermero. Lo hacía todo sin presumir, con la mayor naturalidad. Llevaba con resignación la sordera que padecía en un oído. Era parco en el hablar y destacaba por su piedad.

     

 

Fray Raimundo, Fray Matías y Fray Antonio fueron acogidos, tras ser expulsado el 24 de julio de su convento, por la misma familia en su casa. Fray Damián estuvo en otra casa. Los cuatro fueron detenidos el 31 de julio de 1936 por la mañana y, junto a cuatro varones seglares, conducidos en un camión hacia Toledo, con la excusa usual de que iban a declarar ante el Gobernador. Un poco antes de llegar a la antigua Venta del Hoyo, en el kilómetro 4,300 de la carretera de Toledo a Ávila, bajaron del camión a los cuatro franciscanos y a los cuatro seglares y los fusilaron junto a la carretera.

 

 
PADRE JUAN JOSÉ ALBACETE MORALEDA
     
 

Natural de Consuegra (Toledo). Nació el 23 de junio de 1907. Desde pequeño se mantuvo firme en su vocación religiosa. Tomó el hábito franciscano el 6 de septiembre de 1922 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila). Hizo, en el convento de su pueblo natal, la profesión solemne el 24 de junio de 1928. El 14 de junio de 1930 recibió la ordenación sacerdotal. Estudió en Roma de 1930 a 1934. Ese año fue destinado al seminario menor de Pastrana (Guadalajara) como profesor y rector del mismo. Allí permaneció hasta su muerte.
           
Los testimonios le caracterizan como inteligente, equilibrado, constante, estudioso, sencillo, prudente, sereno, de gran bondad y simpatía, y también piadoso. Supo ejercer su cargo con acierto y con respeto a todos.

     

 

   
FRAY LAMBERTO MORALEDA SÁNCHEZ
     
 

Nació el 17 de septiembre de 1914 en Consuegra (Toledo). El clima cristiano de su familia hizo que su vocación brotase espontáneamente siendo muy niño. Ingresó en el seminario menor franciscano de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1927. Tomó el hábito franciscano el 12 de septiembre de 1931 en el convento-noviciado de Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 13 de septiembre de 1932. Pasó entonces al convento de Pastrana (Guadalajara) para proseguir sus estudios. En el verano de 1936 se encontraba estudiando filosofía

               
     

 

Cuando estalló la guerra la comunidad de Pastrana (Guadalajara) abandonó el convento. El Padre Juan José y Fray Lamberto fueron hospedados por familias de Pastrana. Cuando comenzaron los registros, tuvieron que vivir, con otros de su comunidad, escondidos por los campos. En la madrugada del 7 de agosto salieron de Pastrana y un señor que iba con su carro a vender productos del campo los llevó hasta Pozo de Almoguera (Guadalajara). De ahí salieron en tren para Madrid hacia las 5 de la mañana, con intención de llegar después a Consuegra (Toledo). Una hora después llegaron a Orusco (Madrid), donde les esperaban para detenerlos, pues alguien los había delatado. Ahí les hicieron bajar del  tren y fueron conducidos al Ayuntamiento por el alcalde y dos policías municipales. Al tomarles declaración, manifestaron que eran franciscanos del convento de Pastrana (Guadalajara). Hubo gente que entró en el Ayuntamiento, insultó a los religiosos y les amenazó y hasta pidió que los matasen.
           
Por la tarde, el alcalde inició el traslado de los religiosos a Madrid en un camión. Ya en el término de Valdilecha, apareció un coche con militares que iban a Madrid. En ese coche se llevaron al Padre Juan José y a Fray Lamberto. Ambos fueron fusilados en la carretera de Vallecas (Madrid) a media tarde del 7 de agosto de 1936. Fueron enterrados en el cementerio de La Almudena, fueron trasladados posteriormente al Valle de los Caídos. Por el testimonio de los mismos verdugos sabemos que ambos murieron abrazados y gritando: ¡Viva Cristo Rey!

 

   
PADRE LAURENCIO ALDAY DE LA TORRE
     
 

Nació en Medina de Pomar (Burgos) el 6 de enero de 1905. Ingresó primero en el seminario menor franciscano de Belmonte (Cuenca) y luego en el de Alcázar de San Juan (Ciudad Real). Tomó el hábito franciscano el 1 de septiembre de 1920 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila). Hizo su profesión solemne en Consuegra (Toledo) el 7 de enero de 1926. Fue ordenado sacerdote el 2 de junio 1928.
           
Tras estudiar en el conservatorio de Música de Madrid, en 1933 fue destinado al convento de Consuegra (Toledo) como director del coro del teologado. En 1935 fue destinado a Alcázar de San Juan (Ciudad Real).
           
Cuando empezó la guerra civil, se encontraba predicando, fuera de Alcázar. Al llegar a ésta, en la noche del 20 de julio y dirigirse al convento, lo encontró rodeado por gente del pueblo. Se dirigió entonces a casa de una familia. Al poco, llegaron dos milicianos y le registraron el maletín, descubriendo en éste el hábito franciscano. No mucho después, llegaron otros dos milicianos diciendo: Aquí hay un fraile escondido. Venimos por él para que preste una declaración. Se lo llevaron al Ayuntamiento. Le tomaron declaración y él confesó que era franciscano. Después lo llevaron a la cárcel. Desde el Ayuntamiento quisieron sacarlo de la cárcel y llevarlo con los demás religiosos detenidos en la ermita, sin duda para matarlo esa noche con ellos.
           

En la madrugada del 9 de agosto, sacaron a los 46 presos de la cárcel, entre ellos al Padre Laurencio, y los llevaron en tren a Ciudad Real. Llevados a la cárcel los siete presos comunes, el Padre y los otros treinta y ocho fueron fusilados cerca de la estación de ferrocarril de Ciudad Real, no mucho después de las tres de la madrugada. El Padre Alday exhortó a sus compañeros a morir por Dios, les dio la absolución y entonó el Te Deum cuando empezaban a fusilarlos. Los asesinos dijeron después: ¡Pero serían (tales y cuales)..., que cuando los iban a matar todavía creían en Dios!

 

   
PADRE JESÚS JIMÉNEZ GÓMEZ-MIGUEL
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 5 de febrero de 1876. Tomó el hábito franciscano el 5 de junio de 1892 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal. En La Puebla de Montalbán (Toledo) hizo su profesión solemne el 17 de junio de 1896. Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1899.
           
Después de numerosos destinos (definidor provincial en Madrid, guardián de diferentes conventos...) en 1935 fue designado Vicario del convento de San Antonio, en Madrid, hasta su muerte. Su labor sacerdotal la ejercitó principalmente en el sacramento de la penitencia. Era austero y extremado en la pobreza. Como superior, mostró laboriosidad, celo por la observancia de la vida común y por el esplendor del culto divino, con la palabra y el ejemplo.
           
Dos días después de iniciada la guerra civil española, el Padre Jesús salió del convento para hospedarse en casa de una prima suya, que vivía en Madrid, cerca del convento. En la familia, compuesta por el matrimonio y tres hijos, se oía la radio y se  sabía que se estaban produciendo muchos asesinatos de sacerdotes y religiosos. El Padre Jesús decía que los rojos eran gente inculta y había que perdonarles. Se había llevado una sotana, el breviario, rosarios, un crucifijo, estampas y medallas. Hacía todos los rezos en su habitación.
           

El 11 de agosto de 1936, a las 4 de la madrugada, se presentaron seis individuos armados y obligaron al vigilante a abrirles la casa. Cuando el ama de la casa dijo que allí estaba un primo suyo hospedado, dijeron: Ya hemos encontrado lo que buscábamos. Alguien le había delatado. Avisado el Padre Jesús, se levantó, se vistió y se presentó a aquellos hombres. Estos le abrieron la maleta antes de llevárselo y de ella cogieron dos fotos suyas con hábito. Al llegar el día, su cadáver apareció cerca de la madrileña Plaza de Legazpi con esas dos fotos encima y la cara parcialmente destrozada, con heridas y golpes en la frente, en la nariz y en la mejilla derecha.

 

   
PADRE ADOLFO CUADRADO ALONSO
     
 

Nació en Pastrana (Guadalajara) el 27 de septiembre de 1892. Desde muy pequeño manifestó gran amor a la escuela y a la iglesia. Tomó el hábito franciscano el 12 de junio de 1908 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en 1909. Pasó entonces al convento de La Puebla de Montalbán (Toledo) en donde estudió los cursos de filosofía y teología, excepto el último año y medio de ésta, estudiados en Consuegra (Toledo). En Pastrana (Guadalajara) hizo su profesión solemne el 4 de mayo de 1913.

En septiembre de 1916 fue enviado a Filipinas y allí fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1916. Trabajó de párroco en diversas localidades, hasta que en 1934 regresaría a España. Fue destinado al convento de Guadalajara, en donde permaneció hasta su muerte. Además del apostolado en la iglesia franciscana, era capellán del asilo de ancianos y se distinguía por su solicitud en socorrer a los necesitados.
           

Empezada la guerra civil, los franciscanos siguieron su vida normal hasta el 22 de julio de 1936, en que los milicianos tomaron Guadalajara. Entonces se confesaron todos, se vistieron de seglar y pasaron al convento de las concepcionistas, con las que comparten la iglesia aún hoy. Cuando anocheció, ambas comunidades se fueron a la casa de una hermana del Padre Adolfo. A la mañana siguiente, fueron a pedir alojamiento a diversas personas. Al no conseguirlo se fueron al Asilo de las Hermanitas de los Ancianos. Allí procuraban no dar indicios de su condición de religiosos, pero uno celebraba a escondidas para las religiosas y los demás comulgaban. Pudieron burlar alguno de los registros de los milicianos, pero el 13 de agosto tuvieron que salir del asilo ante la inminencia de un registro más minucioso y con amenazas de matar a religiosos y religiosas si encontraban alguno escondido.

El Padre Adolfo intentó irse a su pueblo, Pastrana. A la salida de Guadalajara, fue detenido por los milicianos del control y fusilado en el lugar llamado El Sotillo. Era el 13 de agosto de 1936. Según otra declaración le asesinaron en un pueblo muy cercano a la capital, llamado Iriépal (Guadalajara).

 

   
PADRE ROMÁN GUILLÉN ARGUDO
     
 

Natural de El Toboso (Toledo), nació el 20 de noviembre de 1900. Tomó el hábito franciscano el 24 de julio de 1918 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila). Aquí, y en 1919, haría su profesión temporal. En Pastrana (Guadalajara) hizo su profesión solemne el 30 de julio de 1922. Fue ordenado sacerdote el 29 de mayo de 1926.

Sus condiscípulos le califican de tímido. Llevó con resignación aceptable la tuberculosis que padeció durante los años de filosofía. Tras ser ordenado sacerdote, ejerció como profesor en diversos seminarios de los padres franciscanos. Desde 1934 perteneció a la comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo). Desde marzo de 1936 ejercía de capellán de las concepcionistas franciscanas de Torrijos (Toledo), pueblo cercano a La Puebla.

En Torrijos le sorprendió la guerra civil. Llevado al Ayuntamiento el 24 de julio, fue puesto en libertad por estar enfermo. El 26 de julio, al ser expulsadas de su convento las religiosas, los miembros del Comité republicano local de defensa dejaron al Padre Román en casa de una familia. De esa casa le sacaron los milicianos armados, en la mañana del 14 de agosto, diciéndole: Anda, que vas a rezar el último rosario y le llevaron a la iglesia parroquial convertida en cárcel. Al tomarle declaración, confesó que era religioso franciscano. Fue insultado y amenazado. En la iglesia estuvo confesando, animando a los demás presos y preparándose para morir por Cristo. A mediodía, milicianos de la FAI y de la CNT nombraron a cinco seglares y luego les dijeron: ¡El maestro y el fraile que salgan! Se los llevaron a los siete y los fusilaron en el kilómetro 14 de la carretera de Toledo a Ávila, a 9 Kilómetros de Torrijos, en el término de Rielves (Toledo). Eran sobre las dos de la tarde del 14 de agosto. Su cuerpo fue trasladado de Torrijos a La Puebla el 25 de febrero de 1942.

 

   
PADRE ÁNGEL GALLEGO DE LERMA FERNÁNDEZ
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 12 de abril de 1879. Tomó el hábito franciscano el 15 de agosto de 1894 en Pastrana (Guadalajara) y en este convento hizo la profesión temporal el mismo día de 1895. En La Puebla de Montalbán (Toledo) hizo su profesión solemne el 15 de agosto de 1898. Fue ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1902.
           
Realizó diferentes ministerios en los conventos de Almansa (Albacete), Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Segovia, Consuegra (Toledo) y Madrid. En 1935 fue nombrado Guardián de la comunidad de Quintanar de la Orden (Toledo), donde padeció el martirio con toda su comunidad el 16 de agosto de 1936.
           
Poseía buen carácter, sencillo, cordial y simpatía con la que se ganaba a todos, Era ejemplo de fidelidad a sus deberes franciscanos y ejerció sus cargos con solicitud y caridad para con los encomendados a él.

     

 

   
PADRE MARCELO-MARIANO CAMUÑAS VELASCO
     
 

Nació en Quintanar de la Orden (Toledo) el 16 de enero de 1873. Siguiendo el ejemplo de su hermano Saturio, tomó el hábito franciscano el 26 de junio de 1888 en Pastrana (Guadalajara), en donde en la misma fecha de 1889 hizo su profesión temporal. En La Puebla de Montalbán (Toledo) hizo su profesión solemne el 27 de junio de 1892. En septiembre de 1895 salió para Filipinas. Allí terminó los estudios sacerdotales y recibió la ordenación sacerdotal el 19 de diciembre de 1896.
           
Después de diferentes destinos dentro de las Islas, con motivo de la guerra de independencia filipina, el Padre Marcelo-Mariano y su comunidad fueron expulsados del convento de Naga y encarcelados. Muchas fueron las calamidades que padecieron en su cautiverio, pero ellos lo supieron soportar y convirtieron la prisión en convento, en donde se rezaba y se celebraba la misa, según podían. El 26 de febrero de 1900 fueron liberados por los americanos.
           
El Padre Camuñas quedó un año en Manila y volvió a España en 1901. Tras recorrer diversas comunidades, con diferentes cargos, a lo largo de los treinta primeros años del siglo, desde 1935 hasta su muerte, residió en Quintanar de la Orden (Toledo) hasta su muerte.

     

 

   
PADRE ARECIO CIDAD PÉREZ
     
 

Nació el 4 de junio de 1867 en Villegas (Burgos). Tomó el hábito franciscano el 16 de septiembre de 1884 en Pastrana (Guadalajara) y profesó allí de votos temporales en igual fecha del año siguiente. Hizo su profesión solemne el 17 de septiembre de 1888 en Arenas de San Pedro (Ávila).
           
En 1891 fue destinado a Manila (Islas Filipinas), donde recibiría la ordenación sacerdotal el 11 de junio de 1892. Tras diferentes destinos, allí le sorprendería la independencia filipina y tuvo que soportar prisión y traslado a distintas localidades, siempre a pie, con grandes penalidades y escasez de alimento. Fue liberado el 28 de febrero de 1900 con otros muchos, después de algo más de veinte meses de prisión.
           
Seguiría su ministerio en Filipinas hasta 1922, año en que regresó a España. El Capítulo Provincial de 1935 lo trasladó a Quintanar de la Orden (Toledo), en donde permaneció hasta su martirio con toda la comunidad en 1936.
           
Era hombre pacífico y de gran bondad, querido por sus hermanos de hábito. Pensaba que la situación de España acabaría en persecución abierta contra la Iglesia y en la muerte de sacerdotes y religiosos.

     

 

   
PADRE RAIMUNDO MUR BESCÓS
     
 

Nació en Colungo (Huesca) el 23 de marzo de 1899. Era de buena capacidad intelectual y sobresalía por su inclinación a lo religioso.
           
Tomó el hábito franciscano el 2 de octubre de 1914 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal el 4 de octubre de 1915. En Consuegra (Toledo) hizo su profesión solemne el 23 de mayo de 1920. Fue ordenado sacerdote el 25 de julio de 1922. Fue profesor en el seminario menor franciscano de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), y luego lo fue en el de La Puebla de Montalbán (Toledo). Desde 1929 hasta su muerte vivió en el convento de Quintanar de la Orden (Toledo), trabajando con gran celo en el apostolado. Era de carácter abierto y afable, y de talante crítico. Alguien le propuso un buen partido si dejaba la Orden franciscana, pero contestó que no lo haría ni por todo el dinero del mundo. Sufrió el martirio en Quintanar de la Orden con toda su comunidad.

     

 

   
FRAY REGINO CORTÉS DORADO
     
 

Nació en Auñón (Guadalajara) el 7 de septiembre de 1875. Vistió el hábito franciscano el 30 de junio de 1893 en el convento de Pastrana (Guadalajara). Allí profesó de votos temporales en 1894. En este mismo convento emitió sus votos solemnes el 30 de junio de 1897. De 1900 a 1907 fue cocinero en el convento de Guadalajara. De 1910 a 1914, en Madrid. Desde 1932 hasta su muerte vivió en el convento de Quintanar de la Orden (Toledo), ejerciendo el oficio de cocinero.
           
Era un verdadero hermano menor, sobre quien ningún testimonio proyecta sombras. Todos le veían como modelo por su sencillez, humildad, diligencia, piedad y una caridad que evitaba toda murmuración. Sufrió el martirio con toda su comunidad en Quintanar en 1936.

     

 

    HERMANO JOSÉ HERRERA BERMEJO
     
 

Nació el 25 de enero de 1914 en Almagro (Ciudad Real). Tomó el hábito franciscano el 6 de septiembre de 1929 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 7 de septiembre de 1930.
           

Por problemas en su capacidad para el estudio, dejó por un tiempo la Orden, a principios de 1934. Después de un año o algo más, volvió a la Orden franciscana y tomó el hábito como terciario o donado. Fue destinado al convento de Quintanar de la Orden (Toledo) y allí permaneció hasta su muerte, sirviendo a la comunidad en los oficios domésticos. Padeció el martirio junto a toda la comunidad
     

 

Como se relató en el martirio del Padre Lorenzo Ayala y del Hermano Leocadio Polo, pertenecientes también a la Comunidad de Quintanar de la Orden (Toledo), al empezar la guerra civil española, los ocho franciscanos de esta comunidad siguieron en su convento. El 21 de julio de 1936, les fue comunicada la orden de detención de parte del alcalde, orden que fue ejecutada por la tarde. Veinte milicianos y veinte milicianas los ataron con cordeles, de dos en dos, y los sacaron del convento. Todos los franciscanos iban con hábito. Entre burlas, los llevaron a la iglesia parroquial, convertida en prisión.

El Padre Ayala y el Hno. Polo fueron asesinados en la noche del 25 al 26 de julio de 1936. El resto de la Comunidad, los Padres Gallego de Lerma, Camuñas, Cidad y Mur, Fray Regino y el Hermano José Herrera siguieron encarcelados. Al Hermano Herrera le ofrecieron la libertad, pero él prefirió morir con sus hermanos, cosa que admiró a los milicianos, quienes decían que le iban a tener que matar sin querer.

El 29 de julio fueron trasladados todos a la cárcel municipal. El 13 de agosto les mandaron quitarse el hábito y ponerse unos trajes pobres recogidos por el pueblo, burlándose de ellos cuando les vieron en ese atuendo. En la madrugada del 16 de agosto sacaron de la cárcel a los seis franciscanos, con tres sacerdotes y dos seglares. Los once fueron conducidos en un camión al cementerio de Quintanar de la Orden (Toledo) y allí fusilados hacia las tres de la madrugada del 16 de agosto de 1936. El Padre Marcelo-Mariano Camuñas dijo a los verdugos que los perdonaba. El Padre Raimundo Mur gritó: ¡Viva Cristo Rey!

 

   
FRAY CECILIO ALOCÉN AGUADO
     
 

Natural de Sacedón (Guadalajara), nació el 22 de noviembre de 1870. Tomó el hábito franciscano el 30 de junio de 1892 y profesó en la misma fecha del año 1893 en el convento de Pastrana (Guadalajara). Hizo su profesión solemne el 30 de junio de 1896, probablemente en Pastrana (Guadalajara).       

Después de varios destinos, en 1899 pasó con otros religiosos a las misiones de Brasil y permaneció allí tres años. De regreso a España se incorporó al convento toledano de La Puebla de Montalbán. Tras pasar por otras comunidades, desde 1915 a 1918 estuvo en el seminario menor franciscano de Belmonte (Cuenca), donde trabajó como sacristán, hospedero y hasta sastre. En 1918 marchó, hasta su muerte, a la comunidad de Consuegra (Toledo), aquí hizo de sacristán, sastre, enfermero, hospedero y refitolero. Trabajaba sin descanso y ayudaba a otros en sus quehaceres. Cumplía la obediencia como buen religioso y, a pesar de ser nervioso por temperamento, era de buen temple.
     

 

   
FRAY JOSÉ ÁVILA MERINO
     
 

Nació el 10 de marzo de 1915 en Escarabajosa de Cabezas (Segovia). Tras pasar por los seminarios menores franciscanos de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y de La Puebla de Montalbán (Toledo), el 1 de septiembre de 1930 tomó el hábito franciscano en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 2 de septiembre de 1931. En el convento de Consuegra (Toledo) hizo su profesión solemne el 17 de mayo de 1936. Los días 5,6 y 7 de junio de ese año recibió la tonsura y las cuatro órdenes menores en Ciudad Real.
           
Su capacidad, aplicación al estudio y conducta fueron buenas. Lo más notorio en él era su buen humor, con el que hacía las delicias de sus condiscípulos en los recreos, por su simpatía y cordialidad.

     

 

   
FRAY GABRIEL GARCÍA GARCÍA
     
 

Nació en Escarabajosa de Cabezas (Segovia) el 31 de marzo de 1915. Ingresó en el seminario menor franciscano de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) en 1928. De allí pasó a La Puebla de Montalbán (Toledo). Tomó el hábito franciscano como novicio de coro en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila) el 30 de agosto de 1931. Después de algunos problemas por no querer ser clérigo, Fray Gabriel profesó de votos temporales el 22 de abril de 1935 en Arenas. En octubre de 1935 fue destinado al convento-teologado de Consuegra (Toledo) con el oficio de cocinero. En dicho convento permaneció hasta sufrir el martirio.

     

 

Al ser expulsados los franciscanos de su convento de Consuegra (Toledo) el 24 de julio de 1936, Fray Cecilio, Fray José y Fray Gabriel fueron acogidos por diversas familias del pueblo en sus casas. Fray Cecilio fue encarcelado el 9 de agosto, Fray José al día siguiente y Fray Gabriel al día 11. Primeramente estuvieron en la cárcel municipal, con los demás franciscanos y otros religiosos y sacerdotes. El día 11 fueron trasladados todos a la iglesia parroquial de Santa María, convertida en prisión. En ambas, todos se prepararon para el martirio, con la oración, la confesión y la renovación de su profesión religiosa. En la noche del 15 al 16 de agosto, fueron sacados de la iglesia-cárcel con los demás franciscanos, pero a estos tres y algunos otros, les hicieron volver a la iglesia-cárcel. En la madrugada del 18 al 19 de agosto, Fray Cecilio, Fray José, Fray Gabriel, Don Manuel del Campo, párroco de Consuegra (Toledo) y siete seglares fueron sacados en un camión hasta el término de Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) y fusilados junto a la Cuesta de la Virgen de la Sierra hacia las tres de la madrugada. Los cadáveres de las once personas fueron paseados entre mofas por algunas calles de Villarrubia por los milicianos hasta llegar al cementerio municipal, donde los enterraron en la mañana del 19 de agosto de 1936.

 

   
PADRE MANUEL TRUJILLO GUTIÉRREZ
     
 

Nació en Moral de Calatrava (Ciudad Real) el 15 de junio de 1881. Tomó el hábito franciscano el 9 de junio de 1896 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal el 2 de julio de 1897. En La Puebla de Montalbán (Toledo) el 3 de julio de 1900 haría su profesión solemne, Fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1904.
           
Era de natural sencillo, comunicativo, cariñoso y algo nervioso. Como religioso, fiel. Como superior, recto e imparcial. Cantor extraordinario, buen predicador y director de almas, se entregó con ardor a estas tareas. Consuegra (Toledo), Almagro (Ciudad Real), Belmonte (Cuenca), Quintanar de la Orden (Toledo), Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Segovia y Madrid fueron los pasos que, tras la obediencia, le llevaron a cumplir con los diversos cargos propuestos. En 1935 se le nombró asistente de la Orden Franciscana Seglar y Guardián del Convento de San Antonio (Madrid), hasta su muerte.
           

Empezada la guerra civil, fue acogido en una casa, que tuvo que abandonar pronto. Entonces pasó a la de los padres de un novicio franciscano, El 2 de agosto salió para su pueblo, en tren hasta Valdepeñas (Ciudad Real) y luego a pie. Estuvo en casa de una hermana y desde la tarde del día 6 en la de una sobrina. En la mañana del 7 de agosto, fue sacado de ella por la policía local y hecho prisionero en el Ayuntamiento. Hasta el 18 permaneció en una habitación aislado. Desde ese día estuvo con los demás presos, entre los cuales estaban varios sacerdotes y el Padre Máximo Durana.

 

    PADRE MÁXIMO DURANA RODRÍGUEZ
     
 

Natural de Torre, en el Condado de Treviño (Burgos). Nació el 13 de agosto de 1892. Vistió el hábito franciscano el 30 de diciembre de 1908 en Pastrana (Guadalajara), en donde emitió su profesión temporal el 31 de diciembre de 1909. Hizo su profesión solemne en Pastrana (Guadalajara) el 4 de mayo de 1913. En 1916 fue destinado a Filipinas, en donde fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1916.

Ejerció su apostolado en varias parroquias de las Islas y en 1933 regresó a España. En 1935, después de varios destinos, fue destinado al de Almagro (Ciudad Real), en donde ejerció el apostolado sacerdotal con entusiasmo. Era director de la Juventud Antoniana y el administrador de la comunidad. Poseía buenas dotes para la predicación y la comunicación.

El 24 de julio de 1936 el Padre Máximo Durana y los demás franciscanos del convento de Almagro fueron expulsados del convento por orden de las autoridades municipales. El Padre Durana fue hospedado por una familia del pueblo. En la tarde del día siguiente, los franciscanos y los dominicos del pueblo fueron llevados a una casa deshabitada, que hizo de prisión. En ella los religiosos rezaban en común y los sacerdotes celebraban la eucaristía hasta que los que los custodiaban se lo prohibieron.

El 28 de julio el padre Durana fue autorizado para salir de la casa-prisión y marchó al pueblo cercano de Moral de Calatrava (Ciudad Real), en donde se hospedó en casa de un sobrino de un franciscano. El 14 de agosto fue encarcelado en el Ayuntamiento de esa localidad

 

Como queda dicho y, aunque eran de Comunidades distintas, en la prisión del Ayuntamiento Moral de Calatrava (Ciudad Real) coincidieron los Padres Manuel Trujillo y Máximo Durana. Estaban dispuestos a morir por Dios, rezaban, se confesaban mutuamente y prepararon a los presos para la muerte. No respondían a los insultos de los que los custodiaban y decían que había que perdonarlos, pues obraban por ignorancia. Así se expresa el Padre Durana: Aunque os hagan lo que quieran, no os defendáis, perdonadlos, no saben lo que hacen.

El 30 de agosto fueron trasladados a la ermita de Nuestra Señora de la Sierra. Excepto un poco de tiempo en que conversaron con los presos, ambos franciscanos dedicaron el tiempo a rezar. Pasadas las 12 de la noche, los guardias despertaron a los presos, y uno dijo en voz alta: ¡Que salgan los frailes! Sacaron también a tres seglares. Llevaron a los cinco presos en dos coches hasta el término de Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real). Allí cerca de la población, a las dos de la madrugada del 31 de agosto de 1936, fueron fusilados. Los franciscanos perdonaron a sus verdugos.

 

    PADRE SANTIAGO BIEZMA MORALEDA
     
 

Nació el 25 de julio de 1904 en Consuegra (Toledo), vistió el hábito franciscano el 3 de agosto de 1919 en Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 4 de agosto de 1920. En el convento de su pueblo natal haría su profesión solemne el 25 de julio de 1925. De estudiante profeso, se mostró inteligente, con personalidad, entusiasta, aplicado, piadoso y ejemplar en su comportamiento. Fue ordenado sacerdote el 11 de junio de 1927.
           
Tras ocupar diferentes cargos, en 1935 le encontramos ejerciendo de maestro de novicios en la comunidad de Arenas de San Pedro (Ávila), cargo que ejerció hasta mayo de 1936, en que fue relevado por falta de salud. Los que fueron sus discípulos hablan de él como persona de gran valía, con grandes dotes como educador y de gran espíritu religioso y sacerdotal.
           
En junio de 1936 el Padre Santiago pasó al sanatorio Gredos, en el término de La Parra (Ávila), pueblo muy cercano a Arenas de San Pedro. Allí se dedicó a restablecerse físicamente, sustituía al capellán y se ocupó de la parroquia de La Parra mientras no lo impidió la guerra. Empezada ésta, siguió en el sanatorio. Cuando la comunidad franciscana de Arenas abandonó el convento y marchó hacia Ávila a finales de julio de 1936, el Padre Guardián invitó al Padre Santiago a que se les uniese, pero él dijo que no abandonaría a los enfermos ni a las religiosas que regentaban el sanatorio, aunque le costase la vida.           
      

Varias veces intentaron sacarlo de allí los milicianos, pero el director del centro pudo evitarlo. El 30 de agosto los milicianos dijeron que se llevarían al fraile por la fuerza. Antes de salir, el Padre Biezma se confesó con un sacerdote atendido en el sanatorio. Se lo llevaron a Arenas y lo dejaron detenido en el Hospital de la sangre. Esa noche lo sacaron de allí y lo llevaron hacia Ávila. El citado jefe declaró después que lo hicieron siguiendo órdenes del Gobierno Republicano de Madrid. Entre las tres y las cuatro de la madrugada del 31 de agosto de 1936, lo fusilaron junto a la carretera, en el lugar llamado de Arroyocastaño, en el término de Mombletrán (Ávila). Por orden del alcalde de la localidad, el cadáver fue enterrado en un olivar, cerca del lugar de ejecución.   

 

   
PADRE JUAN SÁNCHEZ-SECO MORALES
     
 

Nació en Pastrana (Guadalajara) el 20 de octubre de 1875. Tomó el hábito franciscano en el convento de su pueblo natal el 24 de mayo de 1891. Realizó su profesión solemne en el Convento de La Puebla de Montalbán (Toledo) el 26 de mayo de 1895. Fue ordenado sacerdote el 18 de septiembre de 1898.
           
En los conventos de Mayorga de Campos (Valladolid), Quintanar de la Orden (Toledo), Almagro (Ciudad Real) y hasta su muerte en La Puebla de Montalbán (Toledo), ejerció en diversos ministerios su vida franciscana. Desde 1932 a 1936, en La Puebla, ejerció de administrador, director de la Juventud Antoniana, organista, cantor y confesor de los seminaristas menores. Era de carácter enérgico y algo áspero, pero llano y asequible. Siempre fue cumplidor de sus deberes religiosos y sacerdotales.

Al ser expulsados del convento de los franciscanos, fue recibido por una familia de La Puebla de Montalbán. El 7 de agosto, acompañado por su hermano Vicente, emprendió viaje hacia su pueblo natal, Pastrana. No llegó, de momento, a entrar en él, avisado del peligro, y quedó por el campo con otros franciscanos de la comunidad de Pastrana (Guadalajara). El día 9 le sorprendieron unos guardias que merodeaban por allí. Él confesó que era religioso. Ellos le llevaron al pueblo de Yebra entre insultos y golpes. Allí recibió nuevos insultos de la gente y estuvo dos días detenido en las dependencias del Ayuntamiento. El día 11 pudo llevárselo su hermano al domicilio familiar en Pastrana. En él estuvo recluido por orden del Gobernador hasta el día 31

 

   
PADRE TOMÁS PÉREZ FRAILE
     
 

Nació el 21 de diciembre de 1874 en Pastrana (Guadalajara). Vistió el hábito franciscano en Pastrana (Guadalajara) el 16 de abril de 1890 y profesó de votos temporales en igual fecha de 1891. Hizo su profesión solemne en el convento de La Puebla de Montalbán el 16 de abril de 1894. Fue ordenado sacerdote el 26 de marzo de 1898. Siempre obtuvo buenas calificaciones por su inteligencia, memoria y amor al estudio. Se mostraba además fiel a sus deberes religiosos y con gran sensatez.
           
Después de numerosos cargos en varios destinos, en 1914 pasó como vicario al convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Manila. De 1917 a 1920 fue Comisario Provincial de la Orden en Filipinas. Luego regresó a España, donde también tras numerosos destinos, desde 1935 le encontramos ejerciendo de capellán para las concepcionistas franciscanas de Almonacid de Zorita (Guadalajara), allí se encontraba cuando comenzó la guerra civil. Diez días después, el 28 de julio, se trasladó a su pueblo natal, Pastrana, cercano a Almonacid. Fue acogido por un familiar suyo y permaneció en su casa hasta que fue encarcelado. En esta casa, llevó vida de oración y se confesó varias veces con su hermano el Padre Lorenzo, también franciscano.         

El 31 de agosto de 1936 llegaron a Pastrana milicianos de Madrid y detuvieron a 20 personas, entre ellas al Padre Tomás y a otros dos franciscanos, el Padre Juan Sánchez-Seco y Fray Eusebio García de la Tenaza.

 

   
FRAY EUSEBIO GARCÍA DE LA TENAZA JIMÉNEZ
     
 

Natural de Dosbarrios (Toledo), nació el 1 de noviembre de 1875. Tomó el hábito franciscano el 30 de junio de 1893 en el convento de Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en la misma fecha del año siguiente. Hizo su profesión solemne el 14 de julio de 1897 en el convento de Belmonte (Cuenca).
           
Ejerció las tareas que entonces se asignaban a los hermanos no clérigos. Desde 1935, y tras pasar por numerosos conventos de la Orden, quedó incorporado a la comunidad de Pastrana (Guadalajara), en donde ejerció el oficio de refitolero, hasta que comenzó la guerra civil.
           
Vivió su vida religiosa con sencillez, humildad y fidelidad en la obediencia y en el servicio de las tareas diarias. Grande fue su paciencia ante las represiones o las burlas de otros en sus desaciertos, Su vivir estuvo impregnado del espíritu de oración.

Pocos días después de iniciada la guerra, la comunidad franciscana de Pastrana abandonó el convento y fue acogida por diversas familias de la localidad. Posteriormente, el día 27 de julio, el convento fue asaltado por milicianos procedentes de Madrid, que practicaron registros en las casas. Fray Eusebio pasó algunos días escondido en una cueva. Después volvió a casa de los bienhechores, donde llevó una vida de piedad y silencio preparándose para la muerte, pues pensaba que le encarcelarían y matarían. El 31 de agosto de agosto fue sacado de la casa donde estaba hospedado a rastras y entre insultos, sin que él abriese la boca.

 

Así pues, el 31 de agosto fueron detenidos, como queda dicho, los Padres Juan Sánchez-Seco y Tomás Pérez y Fray Eusebio García de la Tenaza, junto a 17 seglares y trasladados a Madrid, donde fueron encarcelados en una checa de la Calle Velásquez, nº 50-52. A lo largo de esos pocos días los franciscanos dedicaron mucho tiempo a la oración y se confesaron. El Padre Tomás estaba sereno, según los testigos, y confesó a algunos reclusos, exhortándoles a morir por Dios. En la madrugada del 3 de septiembre de 1936 los tres franciscanos junto a un seglar fueron asesinados cerca de la madrileña Plaza de Legazpi. Encima del cadáver de Fray Eusebio pusieron un cartel, donde se leía: Fraile. Fueron inhumados el día 4 en el cementerio de La Almudena de Madrid.

 

   
PADRE RAMÓN PÉREZ GÓMEZ-MIGUEL
     
 

Natural de Consuegra (Toledo) el 27 de marzo de 1880. El 30 de junio de 1897 tomó el hábito de franciscano en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal el 3 de julio de 1898. Ramón se ofreció, por dos años, a seguir sus estudios en Ecuador, allí emitió su profesión solemne el 25 de julio de 1901. Su ordenación sacerdotal tuvo lugar el 24 de septiembre de 1904, mientras pertenecía a la comunidad de La Puebla de Montalbán (Toledo).
           
En febrero de 1905 salió para Filipinas como misionero. Tras ejercer el ministerio en varias localidades y ejercer de Guardián en el convento de Manila, en 1933, enfermo, regresó a España. Sin cargos, vivió el último año, antes de su martirio, en la comunidad de Consuegra (Toledo).

     

 

   
FRAY PEDRO LUMBRERAS GARCÍA
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 16 de junio de 1914. Tomó el hábito franciscano el 6 de septiembre de 1929 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 7 de septiembre de 1930. Desde ese año hasta 1933 cursó en Pastrana (Guadalajara) los cursos de filosofía. De 1933 a 1936 cursó los tres primeros de teología en el convento de Consuegra (Toledo). Sujeto al servicio militar, no emitió la profesión solemne ni recibió las sagradas órdenes.

     

 

   
FRAY DEMETRIO BIEZMA MORALEDA
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 29 de noviembre de 1914. Tomó el hábito franciscano el 1 de junio de 1930 en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 2 de junio de 1931. Pasó al seminario de Pastrana (Guadalajara) donde cursó los estudios de filosofía. De 1934 a 1936 cursó en el convento de Consuegra los dos primeros años de teología. Aquí emitió su profesión solemne el 15 de diciembre de 1935. Su aplicación al estudio, sus calificaciones y su conducta siempre fueron muy buenas.

     

 

 
FRAY ORENCIO MONTERO NOVILLO
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 22 de enero de 1915. Tomó el hábito franciscano el 1 de septiembre de 1930 en Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 2 de septiembre de 1931. Estudió la filosofía en Pastrana (Guadalajara). De 1934 a 1936 curso los dos primeros de teología en el convento de Consuegra (Toledo). No emitió su profesión solemne ni recibió órdenes sagradas por estar sujeto al servicio militar. De carácter apacible, sencillo y bonachón, fue apreciado por superiores y compañeros.

     

 

   
FRAY GREGORIO AYUSO ORETE
     
 

Nació en Pastrana (Guadalajara) el 12 de marzo de 1916. En 1932 empezó el postulantado en el convento de Pastrana, Tomó el hábito el 15 de enero de 1933 en Arenas de San Pedro (Ávila), en donde profesó de votos temporales el 16 de enero de 1934. Fue enviado entonces al convento de Consuegra (Toledo), en el que desempeñó los oficios de ayudante de cocina y refitolero, y en el que permaneció hasta su muerte. Siempre se distinguió por su amabilidad, sencillez y servicialidad. Estas cualidades cautivaron incluso a sus carceleros.

     

 

 El Padre Ramón Pérez, Fray Pedro Lumbreras, Fray Demetrio Biezma, Fray Orencio Montero y Fray Gregorio Ayuso, fueron expulsados del convento de Consuegra (Toledo) con toda la comunidad franciscana el 24 de julio de 1936. Recogidos en casas de familiares y bienhechores, fueron sacados de ellas para ser encarcelados el 9 de agosto en la prisión municipal y trasladados el 11, junto con los demás detenidos, a la iglesia de Santa María, convertida en prisión. En ella se prepararon para el martirio. En la noche del 15 al 16 de agosto no fueron sacados de ella por ser naturales de Consuegra los cuatro primeros, y por simpatía y compasión hacia Fray Gregorio por su servicialidad y su poca edad. El 23 de septiembre, en el entierro de un comunista del pueblo, muerto en acción de guerra en Toledo, los asistentes exigieron la muerte de los de la prisión. En la noche del 23 al 24, las autoridades locales sacaron de la iglesia-prisión a los cinco franciscanos citados, a seis sacerdotes seculares, a cuatro escolapios y un hermano dominico. Nada más subir al camión en donde eran conducidos, los dieciséis empezaron a rezar y a cantar, y así continuaron durante el recorrido. Al llegar al lugar llamado Camino de la Plata del Caorzo, a 5 kilómetros de Los Yébenes (Toledo), los bajaron del camino, les insultaron, los maltrataron y les quitaron los objetos religiosos. Allí mismo, cerca de la carretera y del puente sobre el Algodor, los fusilaron en la madrugada del 24 de septiembre de 1936.

 

   
FRAY EUGENIO GIL GARCÍA
     
 

Nació el 8 de enero de 1900 en Carbonero el Mayor (Segovia). Inició el postulantado en febrero de 1931 en el convento de Arenas de san Pedro (Ávila). En éste tomó el hábito franciscano el 21 de julio de 1931 e hizo su profesión temporal el 22 de julio de 1932. Pudo hacer la profesión solemne, pero no consta. Sus cuatro años de profeso en la Orden franciscana como hermano no clérigo los repartió en las comunidades de Mayorga de Campos (Valladolid), La Puebla de Montalbán (Toledo) y San Antonio de Madrid, en donde desempeñó el oficio de portero desde 1934 hasta su muerte.
Un testimonio dice de él que era de temperamento nervioso, muy activo, bondadoso, lleno de santa simplicidad y arraigado en su vocación religiosa.

Al tener que abandonar el convento el día 20 de julio de 1936, pues iba a ser asaltado por los milicianos, Fray Eugenio se refugió con otro hermano de comunidad en casa de una sobrina de éste. Allí estuvo 89 días, llevando una vida de mucha oración hasta que tuvo que abandonar la casa el 16 de octubre por la inminencia de un registro. En una ocasión dijo que si le preguntaban, diría que era un religioso franciscano... que él no negaba a Dios, aunque le costara la vida, porque sólo había nacido para confesarle y servirle.

 

La noche anterior a su salida, se la pasó cosiéndose medallas por el interior de la ropa. Fue a pedir hospedaje a unos paisanos, que no se lo concedieron por el peligro de los registros, pero le dijeron que se fuese a una pensión y ellos pagarían el gasto. Fray Eugenio no aceptó. La familia le dio una cantidad de dinero. Acudió entonces a la casa de otros paisanos a pedir hospedaje, pero tampoco lo obtuvo. Después fue apresado por los milicianos en la calle. La tarde del día 16 de octubre un grupo de ellos acudió a la primera casa donde había acudido el fraile y acusaron al dueño de haberle dado dinero. Le dijeron que le tenían preso en la checa de Fomento, que se le notaba que era fraile y que llevaba un montón de medallas.

Debieron darle muerte en la checa en la madrugada del 17 de octubre, pues un testimonio dice que pocos días después supo que Fray Eugenio había sido asesinado.

 

   
PADRE SEVERIANO ALCOBENDAS MERINO
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 21 de febrero de 1881. Tomó el hábito franciscano el 25 de septiembre de 1896 en el convento de Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en la misma fecha de 1897. En La Puebla de Montalbán (Toledo) hizo su profesión solemne el 1 de octubre de 1900. Fue ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1904. Tras realizar estudios en Roma se dedicó a la docencia.

Al agravarse la sordera que padecía desde hacía años, en 1929 fue destinado al convento de Pastrana (Guadalajara) como archivero y cronista de la Provincia franciscana de Castilla. En 1935 fue trasladado a la comunidad de Cisneros, de Madrid, a la que perteneció hasta su muerte.

El 20 de julio de 1936 el convento madrileño de Cisneros fue asaltado por la gente, que incendió el edificio. Los religiosos fueron insultados y amenazados. Guardias de asalto sacaron a los franciscanos y los llevaron a la Dirección General de Seguridad. Después, éstos fueron trasladados a la cárcel Modelo. Al Padre Severiano le sacaron de la cárcel el 8 de noviembre. Cuando le sacaban, al pasar por la celda de otro franciscano encarcelado en la Modelo, el Padre Ángel Monclús, el Padre Alcobendas le dijo: Monclús, absuélveme, que me llevan. Conducido con un grupo de presos, fue fusilado con ellos en Paracuellos del Jarama (Madrid) en la madrugada del 9 de noviembre de 1936.

     

 

 
PADRE LUIS RODRÍGUEZ-CRESPO GARCÍA-BENITO
     
 

Nació el 23 de agosto de 1879 en Consuegra (Toledo). Tomó el hábito franciscano el 10 de octubre de 1894 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en igual fecha de 1895. El 15 de noviembre de 1898 hizo su profesión solemne en el convento de Arenas de San Pedro (Ávila). Fue ordenado sacerdote el 15 de marzo de 1902.
           
Sus primeros años de sacerdote los pasó en Arenas de San Pedro y Madrid. En agosto de 1905 salió para Filipinas, permanecería en las Islas hasta 1920.
           
De 1923 a 1929 estuvo en el convento de Ávila como capellán y confesor de las clarisas. Luego fue nombrado Guardián del convento de Segovia y desde 1932 pasó a ser definidor provincial y confesor de las Descalzas Reales de Madrid. Desde 1934 hasta su muerte fue superior de la comunidad del Cardenal Cisneros de Madrid.

El 20 de julio de 1936, como apuntábamos anteriormente, ese convento fue asaltado por la gente, que prendió fuego al edificio. Los religiosos fueron insultados y amenazados. Guardias de asalto sacaron a los franciscanos y los llevaron a la Dirección General de Seguridad. Después, éstos fueron trasladados a la cárcel Modelo. Además del Padre Luis, estaba encarcelado el Padre Severiano Alcobendas de la misma comunidad. Ambos estaban serenos y veían que Dios era servido en todo lo que estaba pasando. El 22 de agosto hubo un intento de acabar con los presos disparándoles desde las azoteas de las casas cercanas, aunque pudieron salvarse. Un sacerdote les dio la absolución.

El 16 de noviembre el Padre Luis Rodríguez-Crespo fue trasladado a la cárcel de San Antón o Porlier. De ella fue sacado con un grupo de presos en la noche del 27 de noviembre, llevado a Paracuellos del Jarama (Madrid) y fusilado allí con todos los demás en la madrugada del 28 de noviembre de 1936.

 

   
PADRE SILVERIO FELIPES GÓMEZ-NAVARRO
     
 

Nació el 19 de junio de 1876 en Arenas de San Pedro (Ávila). Tomó el hábito franciscano el 17 de mayo de 1893 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en la misma fecha del año 1894. En La Puebla de Montalbán emitió su profesión solemne el 17 de mayo de 1897. Y el 22 de septiembre de 1900 fue ordenado sacerdote.

Después de varios destinos, desde 1926 a 1935 fue destinado al convento de San Antonio de Madrid ocupando cargos de responsabilidad. En 1935 ejerce de superior del convento de Guadalajara. Dirigía la Orden Franciscana Seglar y la Juventud Antoniana, y era confesor de las religiosas adoratrices.

Era de carácter apacible, comunicativo y alegre. Durante los estudios se mostró delicado de conciencia y cumplidor del deber. En su vida sacerdotal actuó con sencillez y amabilidad con la gente. Además de la enseñanza, se dedicó al apostolado sacerdotal, especialmente a la predicación.

     

 

   
PADRE ANACLETO BAQUERO ALCÁZAR
     
 

Nació en Consuegra (Toledo) el 13 de julio de 1864. Tomó el hábito franciscano el 7 de septiembre de 1879 en Pastrana (Guadalajara), en donde hizo su profesión temporal en la misma fecha del año 1880. Emitió su profesión solemne el 7 de septiembre de 1883 en Consuegra (Toledo). En junio de 1887, siendo aún diácono, salió para Filipinas. Allí fue ordenado sacerdote el 17 de diciembre de 1887.

   Tras numerosos trabajos en diversos lugares de las Islas, en 1898 le sorprendió la revolución independentista filipina. Fue hecho prisionero por los filipinos junto a otros franciscanos. Su cautiverio duró veintiún meses, con numerosas penalidades. Tras ser liberado trabajó en Manila hasta 1914.

               
Ese año regresó a España como vicario de la comunidad de Quintanar de la Orden (Toledo), tras algunos destinos en 1923 fue enviado a la comunidad de Guadalajara en donde vivió hasta su muerte. Allí era confesor de cinco comunidades de religiosas. Se mostraba sencillo, muy sufrido y piadoso, bondadoso y servicial
     

 

   
FRAY DIONISIO CULEBRAS ARDIZ
     
 

Nació en Gascueña (Cuenca) el 9 de octubre de 1882. La muerte de su padre obligó a Dionisio a trabajar en el campo siendo aún niño. Dilató, pues, su entrada en religión por ayudar a la familia.

En 1904 empezó el postulantado en el convento de Pastrana (Guadalajara). Tomó el hábito franciscano el 29 de octubre de 1904 en Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal en la misma fecha de 1905.

Como hermano no clérigo, trabajó en las tareas domésticas de los diferentes conventos a los que fue destinado, sobre todo ejercía de cocinero. El 12 de noviembre de 1908, en Almagro (Ciudad Real) hizo su profesión solemne. Tras algunos destinos en España, pasó en 1922 a Filipinas. Por seis años fue sacristán en el convento de Manila. Enfermo, regresó a España en 1928, y tras recuperarse fue destinado al convento de Guadalajara. En ese convento permaneció hasta su muerte, trabajando como hortelano y cocinero. Se entregaba con dedicación plena y con fidelidad al trabajo. Era afable, fervoroso, obediente y asiduo a los actos de comunidad. Las religiosas del asilo de ancianos, donde los franciscanos estuvieron un tiempo acogidos durante la guerra, y los compañeros de prisión le califican como piadoso y bondadoso.

     

 

Al hablar del martirio del Padre Adolfo Cuadrado, asesinado en Guadalajara el 13 de agosto de 1936, ya recordamos que la Comunidad franciscana de Guadalajara siguió su vida normal hasta el 22 de julio, en que los milicianos tomaron Guadalajara. Entonces se confesaron todos, se vistieron de seglar y pasaron al convento de las concepcionistas, con las que comparten la iglesia aún hoy. Cuando anocheció ambas comunidades se fueron a la casa de una hermana del Padre Cuadrado. A la mañana siguiente,  fueron a pedir alojamiento a diversas personas. Al no conseguirlo, se fueron al asilo de las Hermanitas de los Ancianos. Allí procuraban ni dar indicios de su condición de religiosos, pero uno celebraba a escondidas para las religiosas y los demás comulgaban. Pudieron burlar algunos registros de los milicianos, pero el 13 de agosto tuvieron que salir del asilo ante la inminencia de un registro más minucioso y con amenazas de matar a religiosas y religiosos si encontraban alguno escondido.

Fray Dionisio salió en atuendo y con instrumentos de segador y llegó hasta el pueblo de Horche. A los dos días fue encontrado por los milicianos y conducido en su camión hasta la cárcel de Guadalajara.

El Padre Silverio y el Padre Anacleto se fueron al convento de las adoratrices, en donde estuvieron hasta el día 22 de agosto, en que los milicianos se incautaron del edificio. El Padre Silverio tuvo que pasar de unas casas a otras por el peligro de ser encontrado. El 4 de septiembre se fue a la cárcel con dos sacerdotes por ser ya el único sitio seguro para ellos.

El Padre Anacleto no encontró quien le acogiera en su casa y pasó unos días en la calle, yendo a cenar y a dormir en el asilo de ancianos. Después entró en el hospital provincial, pues podía pasar por enfermo dado que padecía cáncer de piel en la cara. Allí estuvo hasta el 28 de octubre, en que los enfermos que eran de derechas fueron llevados a la cárcel.

En ésta, el Padre Silverio estaba en el departamento asignado a los sacerdotes, unos veinte. El departamento estaba más vigilado por los milicianos. Los sacerdotes rezaban y se confesaban entre sí, preparándose para la muerte que estaban convencidos que sufrirían. El Padre Anacleto estaba en la enfermería. Fray Dionisio, en uno de los dormitorios o pabellones con presos. Fray Dionisio iba todos los días a la enfermería para atender al Padre Anacleto, rezaba y animaba a los presos con sencillez, con la fe del carbonero.

El 6 de diciembre de 1936, los carceleros de la Cárcel Provincial de Guadalajara mandaron a los presos que saliesen al patio. Cuando llegaban a una galería descubierta, recibían la muerte a tiros. Casi todos murieron 277 ó 278, entre ellos estaban el Padre Silverio, el Padre Anacleto y Fray Dionisio. Pocos quedaron con vida. Uno de ellos fue Higinio Busons, que logró esconderse en el depósito de la leña y luego contó lo sucedido. La matanza fue autorizada por el Gobernador civil. Parte de los cadáveres fueron enterrados en el cementerio municipal y parte junto a la carretera de Guadalajara a Loeches. En 1941 todos ellos fueron exhumados y colocados en el panteón de mártires en el cementerio de la ciudad.

 

   
FRAY JOSÉ JIMÉNEZ GARCÍA DE LA SERNA
     
 

Natural de La Puebla de Montalbán (Toledo), nació el 18 de septiembre de 1915. Vistió el hábito franciscano el 11 de agosto de 1932 en Arenas de San Pedro (Ávila), en donde hizo su profesión temporal el 12 de agosto de 1933. En julio de 1936, Fray José estaba en el convento de Pastrana (Guadalajara) estudiando segundo de filosofía. Era piadoso, alegre, voluntarioso, emotivo y un tanto apasionado.

Al abandonar los franciscanos el convento de Pastrana, Fray José fue acogido por una familia del pueblo. Tenía una rodilla inflamada y la familia le procuró las atenciones médicas necesarias. Después tuvo que esconderse por los campos con otros hermanos de comunidad. El 6 de septiembre de 1936 fue sorprendido, junto con otros franciscanos, por unos milicianos que los buscaban por los campos, conducido al pueblo y encarcelado. En la cárcel recibió insultos y malos tratos de los milicianos. Después de dos meses pudo salir de la cárcel y hospedarse en casa de una familia.

Cuando los registros de las casas se hicieron más frecuentes y minuciosos, pudo obtener un salvoconducto y vino su padre a recogerle. Con él marchó hasta Aranjuez (Madrid) el 31 de marzo de 1937. Desde allí marchó el 5 de abril a Madrid, en donde tenía que incorporarse al ejército republicano. En los tres meses que estuvo en el ejército, escribió varias cartas a su familia. En ellas se muestra firme en su vocación. Además, mandaba a sus padres casi todo el dinero que le pagaban como soldado para aliviarles en sus necesidades.
           
El 5 de julio de 1937, por la tarde, fue a visitar a unos familiares en el mismo Madrid. Varios milicianos, entre ellos uno de su mismo pueblo natal, vigilaban junto a la casa, pues sabían que José acudía con frecuencia a ella. En cuanto llegó, le bajaron por la calle Ríos Rosas hasta la Castellana y allí le mataron de varios tiros en la cara.

 

   
FRAY JULIÁN RUIZ ARAGONÉS
     
 

Natural de Auñón (Guadalajara). Nació el 9 de diciembre de 1916. Ingresó en el seminario menor de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y algunos cursos en La Puebla de Montalbán (Toledo). Regresó con su familia al producirse la quema de conventos en España en mayo de 1931. Luego regresaría a La Puebla, y pasó a tomar el hábito franciscano, el 10 de diciembre de 1931, en Arenas de San Pedro (Ávila), donde emitiría su profesión temporal el 12 de diciembre de 1932. Pasó al convento de Pastrana (Guadalajara) en donde estaba acabando el trienio de filosofía, cuando empezó la guerra civil. Tras abandonar el convento, Fray Julián se hospedó con otro condiscípulo en casa de una familia de Pastrana. Cuando había registros pasaban el día en el campo. En agosto marchó a su pueblo con un hortelano que iba a vender sus productos. Allí permaneció diez meses. Encarcelados por los izquierdistas su padre y un hermano y despojada la familia de sus bienes, Julián tuvo que trabajar con su otro hermano seminarista para sustentar a su familia. No descuidó la vida de oración en su casa. Dirigió varias cartas a su maestro y algunos condiscípulos en las que les hablaba con entusiasmo de su vocación y expresaba su deseo de que acabase la guerra para volver al convento.
           

En julio de 1937 tuvo que alistarse por fuerza en el ejército republicano. A primeros de marzo de 1938 pidieron en el pueblo datos personales sobre él y sobre su hermano seminarista. El día 8 fechó su última carta, dirigida a su madre. Esa noche le llamaron a la comandancia y lo fusilaron en la madrugada del 9 de marzo de 1938 (o un día o dos después) en el kilómetro 14 de la carretera de Madrid a Valencia, en donde su compañía estaba de descanso. Su muerte fue por condición de religioso. No murió en el frente de batalla como consecuencia de acción de guerra.

 

   
FRAY JOSE Mª LÓPEZ ANTONA
 

Nació en Los Yébenes (Toledo) el 6 de marzo de 1870. Trabajó como pastor hasta que hizo el servicio militar en Marruecos. Tomó el hábito franciscano el 30 de noviembre de 1895 en el Colegio de Misiones de la Provincia de Santiago. Cambió su nombre de pila, Victoriano, por el de Fray José María. Hizo su profesión solemne el 8 de diciembre de 1899. Estuvo en las Comunidades de Castroverde (Zamora) en 1898, de Herbón-Padrón (Coruña) en 1900 y de Ponteareas (Pontevedra) en 1902. Desde 1904 hasta su muerte estuvo destinado en Marruecos. Residió en Alcázarquivir, en Casablanca (1910), en el Colegio del Sagrado Corazón de Tánger, en septiembre de 1921 llega a Nador, los últimos años fue síndico (administrador) en el convento de Tetuán.

Era de estatura media y de complexión recia. Campechano y amable, cercano y dado a la gente. En Marruecos, cuando ya era franciscano, aprovechaba su influencia para ayudar a sus paisanos de Los Yébenes o del pueblo cercano de Marjaliza que tenían que hacer allí el servicio militar.

Al estallar la guerra civil española, se encontraba en Los Yébenes descansando con sus familiares. Los suyos le decían: “Vete, que te van a matar”. Él respondía: “¿Por qué me van a matar? Yo no he hecho nada malo”. Le recomendaban marcharse a casa de otra sobrina, que residía en el pueblo de Malagón (Ciudad Real), donde no le conocían y podía pasar inadvertido; pero él prefirió quedarse en el pueblo.

Los milicianos enseguida se presentaron en la casa: “-Venimos a por ése”. Él les dijo: “Tanto bien como os he hecho, ¿y ahora me vais a matar? Ellos contestaron: “Ahora son otros tiempos”. Les añadió: “Ninguno de vosotros tres llegará al 37”. Y así fue: uno se cayó del caballo, a otro se les disparó el arma que estaba limpiando y al tercero lo pilló un camión pequeño. Les dijo también: “Si me vais a matar, llevadme a las puertas del cementerio”. Ellos lo sacaron de la casa de la sobrina y se lo llevaron. Una vez que llegaron al cementerio del pueblo, les dijo: “-No me tiréis al rostro, tiradme al cuerpo. Y dejadme rezar unas oraciones”. Pidió en voz alta por sus verdugos y murió gritando. ¡Viva Cristo Rey!

Los verdugos se ufanaban después y decían: “Le hemos cogido el dinero, el reloj…”  Fue enterrado en el cementerio de Los Yébenes y en él siguen sus restos, perfectamente identificados, en la sepultura familiar. Los que le enterraron dijeron a su sobrina Francisca: “No bajes a verle, que está destrozado, quiso morir de frente. Nosotros le recogeremos y enterraremos”. Era el 8 de agosto de 1936.