ADORATRICES |
| MARÍA DEL PILAR-JOSEFINA-ELISA BRISSA GURMENDI (Religiosa) |
Nació en Madrid el 24 de noviembre de 1910, hija de Rafael Brissa Fucha, de ocupación empleado, y de Ramona Larzabal. Bautizada en la parroquia de San Lorenzo y confirmada en la de San Juan Bautista de Canillas. Por circunstancias familiares, se educó con su abuelos paternos, recibiendo muy buena educación cristiana. A los siete años, fue llevada interna al colegio de religiosas Mª Teresa, donde estaba de religiosa una tía suya. Pilar hizo su primera comunión en mayo de 1918. En Jesús Eucaristía encontró al amigo fiel, a quien contaba todas sus penas. Su abuela muere en 1933, y se quedó a vivir con su tía Joaquina. Estando con ella, fue cuando sintió la llamada a la vida religiosa. Les comunicó a sus tías y hermana su deseo de irse a las Adoratrices. No hubo oposición pero sí lágrimas por su decisión. Sus padres no estaban de acuerdo, pero al ser mayor de edad, podía obrar en consecuencia. De este modo, ingresó en la comunidad de las religiosas citadas el 9 de junio de 1935. Cuando estalló la guerra civil, la hermana Pilar estaba en el noviciado de Guadalajara. Al tener las religiosas que abandonar el convento, ella volvió a casa de sus tíos. Entre registros y sustos, llegaron al mes de noviembre. Con frecuencia iba a visitarles una religiosa de la institución de su tía, llamada María San Agustín, y le llevaba la sagrada comunión. El día 7, octava de Cristo Rey, Pilar había preparado un altarcito en el cajón de una mesilla, y Pilar dijo que pasaría la noche en adoración, y en la mañana, comulgaría. A los dos días, volvió Sor Mª Sen Agustín a verlas. La portera le preguntó a dónde iba, y al contestarle que a ver una familia, le dijo que, ese matrimonio y las dos religiosas, se los habían llevado, aunque no sabía a dónde, y que poco después había venido el novio de la muchacha de servicio, que les había denunciado, a decir que ellos se podían instalar en el piso, porque los otros no volverían. La hermana Pilar fue fusilada, junto con sus tíos, el día 10 de noviembre de 1936, en el Cementerio del Este de Madrid, por ser religiosa. Desde entonces, entre su familia, y en todas las comunidades de Adoratrices, ha tenido fama de mártir. |
FELISA GONZÁLEZ GÓMEZ (Religiosa) |
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Nació el 23 de mayo de 1890, en Santa Mª de Nieva (Segovia). Fue bautizada en la parroquia de Ntra. Sra. de Coterránea, del mismo lugar. Ingresó al postulantado el 31 de diciembre de 1921. Hizo el noviciado en Ávila, donde, el 10 de julio de 1924, profesó. Después estuvo destinada en Madrid, Valladolid y Guadalajara, donde fue ecónomo, llevando la oficina del telar de Guadalajara. También ejerció los oficios de sacristana y despensera. Su vida era edificante, dando, muy buenos ejemplos de virtud, entre sus hermanas. Al estallar la guerra, la hermana Felisa, procedente de la casa de Guadalajara, fue a Madrid el 30 de agosto, con el fin de reunirse con su familia. Hizo el viaje en tren, con la hermana Petronila Hornedo, y en la misma estación de Madrid fueron detenidas, junto al Sr. Hornedo que las esperaba. Desaparecieron los tres, conociéndose al día siguiente, que habían sido fusilados, al encontrarse sus cadáveres en un descampado por Méndez Álvaro. |
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Habiéndose reconocido su cadáver, al terminar la guerra, fue enterrada en el cementerio de Ntra. Sra. de la Almudena, en el panteón de las RR. Adoratrices. Estas religiosas consideran mártir, a la hermana Felisa, por haber entregado su vida por Cristo. |
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PETRONILA HORNEDO HUIDOBRO (Religiosa) |
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Nació en Santander el 18 de febrero de 1896, hija de D. Agustín Hornedo, ingeniero, natural de Santander, y de Dña. Petronila Huidobro, natural del Astillero de Guanizo. Fue bautiza en la parroquia de Santa Lucía el día siguiente de nacer, por el párroco, D. Pedro Gómez Oreña , actuando de padrinos Antonio y Rafaela Huidobro. Fue confirmada en la capilla del Palacio Episcopal de Santander. Ingresó en el postulado de Adoratrices el 30 de octubre de 1926. Vistió el santo Hábito el 1º de mayo de 1927. Tomó por nombre de religión: H. Petronila del Sagrado Corazón. Hizo sus primeros votos el 6 de octubre de 1929. Fue destinada a Guadalajara en junio de 1930. Sus votos perpetuos los hizo en Madrid el 28 de mayo de 1933. La vida en Guadalajara, desde el 21 de julio de 1936 fue de progresivo y continuo sobresalto, por las luchas callejeras, bombardeos, asesinatos y registros. A finales de agosto del mismo año, la Superiora de la casa vio, la necesidad de distribuir a las hermanas en diversas ciudades y casas. Se avisó al hermano de Petronila, José Luís, que residía en Madrid, para que saliera a la estación a recibir a su hermana y a la otra religiosa que le acompañaba, y conducirlas a la casa señalada para su refugio. |
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El 30 de agosto de 1936, llegadas a Madrid, en la estación ya las esperaba el Sr. Hornedo; estaban saludándose, cuando fueron detenidos los tres y llevados a una checa próxima. Les hicieron salir, simulando su libertad, y allí mismo fueron asesinados. Los cadáveres aparecieron al día siguiente, en un descampado de la calle Méndez Álvaro, cercano a la estación. Fueron fotografiados en el Depósito Judicial ese mismo día, siendo la de Petronila, la foto nº 6, que presentaba una leve sonrisa. Sus restos fueron depositados en el Cementerio del Este, y, a petición de la familia, se trasladaron al panteón familiar, en el mismo cementerio. Su fama de martirio sigue viva entre sus familiares y las Religiosas de su Congregación. |
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| Mª DEL CARMEN MARCOS ALCOCER (Religiosa) |
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Nació en Covarrubias (Burgos) el día 7 de mayo de 1862. Fue bautizada en la parroquia de San Cosme y San Damián de dicha población. Ingresó en la Congregación de Adoratrices, el 18 de abril de 1897, a los 34 años. Tomó el hábito el 29 de junio del mismo año, con el nombre de religión, de hermana Mª Rosario. Emitió los primeros votos, el 2 de julio de 1899. Fue destinada a la Casa-Colegio de Burgos, el 20 de abril de 1900. Hizo sus votos perpetuos, en la capilla de la casa de Ávila, el 15 de octubre de 1904. Regresó a la casa de Madrid el 13 de noviembre de 1915, para marchar a las Palmas de Gran Canarias, al mes siguiente. En agosto de 1922, fue destinada a la casa de Salamanca. Ejerció el cargo de superiora, en las casas de Burgos, Las Palmas y Salamanca. Infundía en las Hermanas y colegialas, un gran espíritu, que las animaba en su labor. Tenía mucho celo por la observancia religiosa, y por el progreso espiritual de todas. En 1931, fue a la casa de Alcalá de Henares, para ser atendida en la enfermedad que había contraído, y que le impedía seguir ejerciendo el cargo de superiora. Cuando estalló la guerra civil, daba pruebas de su acendrada virtud y total conformidad con la voluntad de Dios, en medio de sus padecimientos, que fueron acentuándose, hasta dejarla completamente imposibilitada. Todo lo soportaba con paciencia y dulzura. El día en que Alcalá fue tomada por los rojos, como dieron la orden de desalojar la ciudad, debido a los terribles bombardeos, fue llevada al campo donde pasó el día con las demás hermanas de la Comunidad. Todas sufrieron temores y angustias, al ver los incendios de iglesias y oír el vocerío, al descargar con ametralladoras a los generales y defensores de la ciudad. Para regresar a la Casa, un señor que tenía allí su coche, se ofreció a llevar en él a la M. Rosario. Con grandes esfuerzos se logró subirla, pero llegaron unos hombres que se apoderaron del vehículo, dejándola en el suelo, y llevándose también al señor, del que después se dijo que lo habían fusilado. Con otras hermanas enfermas, fue llevada a una casita, que, a prevención, las religiosas habían alquilado. Escribieron a un sobrino de la M. Rosario, el Sr. Alcocer, Director del Banco de España en Madrid, pidiéndole si era posible llevarla a su casa, por mayor seguridad y cuidado, pero no contestó porque, afortunadamente para él, había salido para Burgos en aquellos días, como se supo posteriormente. Durante la permanencia en el piso, estuvo atendida lo mejor posible. Sufrió mucho por las continuas amenazas y registros. Se mostraba siempre incondicionalmente entregada a la Voluntad Divina y oraba sin cesar, para impetrar misericordia y gracia del cielo para su amada Patria. Servía de edificación para todas las demás hermanas. Al tener éstas que trasladarse a Madrid, se procuró también salvoconducto para la M. Rosario, ya que era la mayor preocupación para todas, por su edad y completa imposibilidad de moverse por sí misma. En Madrid había gestionado la Superiora General que la recibieran en una clínica, pero no fue posible su traslado, pese a todos los intentos, que fueron vanos. Entonces logró que la permitieran vivir en la casa que fue del capellán, junto con dos Hermanas y dos Hijas de Casa, que pasaban por colegialas. Allí permanecieron unos meses, hasta que en octubre se incautaron los rojos el piso, llevando a las hermanas a la cárcel y, a M. Rosario, dijeron que la llevarían a un hospital de Madrid. Haciendo gestiones, se supo que dicho hospital había sido trasladado a Alicante. Desde ese momento se perdió la pista de ella. Aunque el día 31 de octubre se tuvo la terrible intuición de que pereció a manos de los perseguidores de la Iglesia, viniendo a se una de las venturosas mártires que, ante el trono de Dios, sería nuestra constante intercesora. |