BEATOS

 

 

 

 

A todos los sacerdotes y fieles cristianos de la Archidiócesis de Toledo

MÁRTIRES PARA LA RECONCILIACIÓN

Queridos hermanos y hermanas en el Señor: Se aproxima el día 28 de octubre, día grande y dichoso de la beatificación, en Roma, de 498 mártires del siglo XX en España. De ellos, 57 sellaron con su sangre el testimonio supremo de la fe en nuestra diócesis: 12 sacerdotes seculares, 1 subdiácono, 4 hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) de la comunidad de Consuegra, 16 carmelitas descalzos, 22 franciscanos de la comunidad de Consuegra, un trinitario y un dominico. Demos gracias y alabemos a Dios "porque la sangre de los mártires, derramada, como la de Cristo, para confesar su nombre, manifiesta las maravillas de su poder".
     Con devoción y agradecimiento unámonos a esta beatificación de estos mártires, que dieron su vida por Jesucristo como testimonio supremo de la verdad del Evangelio y de la fe. El martirio es un regalo de Dios preciosísimo que es preciso apreciar en todo su sentido. Nuestra moderna sociedad, permisiva y relativista, tiende a hacer arcaico y obsoleto el hecho y la grandeza del martirio. Los cristianos mismos parece que hemos perdido disponibilidad y aun sensibilidad para el martirio. Sin embargo es el supremo testimonio de la verdad de Dios y de la verdad del hombre.
     Es signo y prueba, diáfano testimonio, de que Dios es Dios, lo único necesario, que está por encima de todo y lo vale todo, que sólo Él basta, que Él es, en verdad, Amor, fuente inagotable y hontanar de todo amor. El martirio es testimonio valiente y cierto de que Cristo vive, reina y nos salva, y que su salvación, su vida y su amor valen más que todo, son el tesoro al que nada se le puede comparar. La diócesis de Toledo, agradecida hasta lo más, quiere y debe conservar y vivir la memoria de sus mártires de la persecución religiosa del 36. Ellos han sido y son una fuerza de la fe cristiana vivida hasta el extremo del amor, testigos singulares de Dios vivo que es Amor en la vida de los hombres, ellos "son fuego, luz, renuncia a todos los egoísmos, espléndida manifestación de vida de entrega a Dios por las causas más nobles que puedan darse: la del triunfo de Cristo en la sociedad" (Cardenal Marcelo González), la del amor sobre el odio, la del perdón sobre la venganza, la de la paz sobre la guerra. Conservar y vivir la memoria de los mártires es un deber del  cristiano.
     Ellos han sido los frutos o los retoños más insignes de la madre Iglesia en el siglo XX, sus hijos más ilustres, las cimas más altas de humanidad en nuestras tierras en muchos años, lo mejor de nuestros pueblos. Cuando estamos próximos a estas beatificaciones "el corazón se ensancha, y dice uno... ¡Qué Iglesia es ésta! ¡Qué Madre tan fecunda, que, en cualquier momento de la historia, engendra estos hijos!  ¡Qué fuerza lleva dentro de sí la Iglesia del Señor para ser tan perfectamente capaz de realizar esto: el que tantos hijos suyos amen al Señor y al depósito de la fe que la Iglesia custodia, hasta derramar su sangre!" (Cardenal Marcelo González).
     Hay un aspecto inolvidable en los mártires, en nuestros mártires, bienaventurados porque trabajaron por la paz. Nuestros mártires, en efecto, "son insignes colaboradores de la paz. Porque, en todo momento, ellos han servido, antes con su apostolado, y después con esa generosidad con que se entregaron a la grandeza de la convivencia humana: porque murieron perdonando, no odiando" (Cardenal Marcelo González), sin que hubiese un solo caso de apostasía de su fe en Dios que es Amor, y de Jesucristo, Rey y Señor de todo y de todos. Ellos han sido, y son, para todos ejemplos innegables y conmovedores de personas con entrañas de amor y de misericordia, capaces de perdonar y morir perdonando como su único Señor. Ellos son hoy y lo serán siempre memoria viva, llamada y signo, garantía de una honda y verdadera reconciliación, que nos marca definitivamente el futuro: un futuro de paz, de solidaridad, de amor y de unidad inquebrantable entre todos los españoles.
     Ellos son de todos y para todos. ¿Cómo no vamos a unirnos al gozo grande de su beatificación el 28 de octubre, y tenerlos dentro de nosotros en esa memoria agradecida que no los puede olvidar porque su entrega y su testimonio son la garantía más cierta de un futuro permanente de paz, de perdón, de amor y unidad entre todos los españoles, porque el futuro está en Dios, del que son testigos, de Dios que es amor y misericordia, que nos ha reconciliado y perdonado en su Hijo por su sangre, y ha derribado los muros de la separación que eleva el odio y la violencia?
     Porque, con estas beatificaciones la Iglesia también quiere "promover la unión de todos, porque ellos también la promovieron. No odiaron, repito, perdonaron... Ellos no tenían en la mano los resortes del poder, pero trabajaron para unir y para crear las bases de entendimiento entre unos y otros. Y cuando les llegó la hora suprema de la verdad, en que había de testificar, como testificaron ellos, su amor a Jesucristo, abrieron el corazón para que las balas entraran más fácilmente, y, de esa manera, demostrar con hechos más que con palabras, que seguían amando y perdonando" (Cardenal Marcelo González). ¡Qué paginas tan bellas de amor, de perdón de reconciliación nos dejaron todos nuestros mártires! Su muerte fue testimonio diáfano de Dios, que es Amor, y perdona, y concede el triunfo de la gloria donde permanecerá el Amor.
     Nuestros mártires, son aliento, estímulo e intercesión, ayuda y auxilio para nosotros, para que demos testimonio público de fe en Dios vivo en un mundo que vive a sus espaldas y como si no existiera, y por tanto contra el hombre y su futuro, para una verdadera convivencia en paz y justicia, en la verdad y en el amor, en libertad verdadera fruto del amor en que se expresa la verdad. Acudamos a la intercesión de nuestros mártires y sigamos con esperanza la estela que ellos nos han dejado -el testimonio y confesión de fe en Dios, que es amor- para alcanzar las verdaderas metas de humanidad y de paz que necesitamos.
     Y además, unámonos a estas beatificaciones. Os exhorto a que cuantos podáis no dejéis de asistir como peregrinos en Roma a la solemne celebración en la plaza de San Pedro, el día 28 de octubre. Que, como signo de lo que significan y son para nosotros nuestros mártires, sea muy numerosa la peregrinación diocesana. Que se vuelquen en esta peregrinación las parroquias donde nacieron nuestros mártires o llevaron a cabo su ministerio. Que la diócesis de Toledo, que tanto les debe a sus mártires, esté ampliamente representada por una gran afluencia de peregrinos y que el resto viva con piedad e intensidad religiosa este acontecimiento en sus respectivas comunidades.
     Queridos sacerdotes, especialmente de las parroquias más directamente afectadas, animad a los fieles a que se unan a la beatificación, insistiendo en la importancia de participar de manera presencial en Roma, habladles de lo que significa el martirio, avivad el ánimo de los fieles para que eleven a Dios la acción de gracias y las súplicas a Dios por medio de nuestros mártires.
     Preparémonos todos, en los días que faltan para este acontecimiento de gracia. No lo dejemos pasar.
     Con mi afecto y bendición para todos,

 

+ Antonio Cañizares Llovera
Cardenal Arzobispo de Toledo
Primado de España

Toledo, 23 de septiembre, 2007

 

 
   
   

 

Los días 23 y 24 de junio pasados “peregrinaron” hasta Toledo las reliquias de San Ildefonso, que se encuentran en la parroquia de San Pedro y San Ildefonso de Zamora. Años atrás fueron las reliquias de Santa Margarita María de Alacoque y las de Santa Teresita del Niño Jesús las que recorrieron algunos de nuestros pueblos y ciudades. También desde Italia, aunque no estuvieron en nuestra diócesis, vinieron recientemente las reliquias de Santo Domingo Savio. Desde esta página queremos responder a algunas de las dudas que se formulan con frecuencia al tratar el tema de las reliquias, de los cuerpos incorruptos y de la veneración debida a unos y otros. Pero, principalmente, deseamos presentar que es lo que la Iglesia dictamina sobre todo ello, especialmente, ahora que nos disponemos a exhumar los cuerpos de los mártires que próximamente serán beatificados.

Hoy día son muchos los medios de comunicación (televisión, radio, prensa escrita) que se dedican a seguir difundiendo mentiras sin ninguna ética. Pero frente a ellos hemos podido encontrar un arma poderosa (que como tal arma también muchas veces es destructiva) que nos ayuda a cotejar información y a poner en duda mucho de lo que se nos transmite como verdadero: se trata del mundo de los periódicos digitales por internet. La noticia era la siguiente:

Hace unos meses la diócesis de Tours (Francia) precisó que los supuestos restos óseos de Santa Juana de Arco conservados en Chinon (Francia) eran una falsificación realizada a partir de una momia egipcia del siglo III a.C. y que nunca fueron considerados reliquias por la Iglesia.

Los restos de huesos y ropa fueron descubiertos en una farmacia de París en 1867 dentro de un recipiente en el que se los identificaba erróneamente como "reliquias de la Doncella de Orleáns”. Años atrás tanto la diócesis como la parroquia a la que pertenecían se habían "desinteresado" por los restos, que "nunca fueron objeto de devoción alguna". El recipiente con los restos falsificados contenía una costilla humana aparentemente carbonizada, restos que parecen ser madera quemada, un trozo de lino y el fémur de un gato.

La polémica distribuida por muchos medios de comunicación pretendía dejar en ridículo a los cristianos de Tours por estar venerando ¡¡¡el fémur de un gato!!! La polémica, inexistente, ya estaba servida.
Y no olvidemos la manipulación informativa con la que siempre se ha tratado a una de las reliquias más importantes como fue la cometida contra la Sábana Santa de Turín.
Por eso vamos a desgranar qué son verdaderamente las reliquias, y el cómo y el por qué de su veneración.

Fotos de la visita de las reliquias de San Ildefonso

 

Se llaman reliquias en la Iglesia católica a los restos (en latín: reliquiae = remanentes) de los santos después de su muerte. En un sentido más amplio, una reliquia constituye el cuerpo entero o cada una de las partes en que se haya dividido, aunque sean muy pequeñas. Las reliquias también designan a las ropas y objetos que pudieran haber pertenecido al santo en cuestión o haber estado en contacto con él, considerados dignos de veneración. También, por ejemplo, las sábanas dispuestas sobre las tumbas o incluso el polvo recogido en los "loculi" (lugar de enterramiento en las catacumbas).

Fundamental es la enseñanza del Concilio de Trento cuando afirma que: "deben ser venerados por los fieles los sagrados cuerpos de los Santos y mártires y de los otros que viven con Cristo, pues fueron miembros vivos de Cristo y templos del Espíritu Santo, que por Él han de ser resucitados y glorificados para la vida eterna, y por los cuales hace Dios muchos beneficios a los hombres; de suerte que a los que afirman que a las reliquias de los Santos no se les debe veneración y honor, o que ellas u otros sagrados monumentos son honrados inútilmente por los fieles y que en vano se reitera el recuerdo de ellos con objeto de imprecar (solicitar) su ayuda (quienes tales cosas afirman) se sitúan fuera de la doctrina de la Iglesia” (Denzinger 985).

Desde Trento hasta el Concilio Vaticano II se ha seguido interpelando sobre las reliquias al afirmar: “De acuerdo con la tradición, la Iglesia rinde culto a los santos y venera sus imágenes y sus reliquias auténticas. Las fiestas de los santos proclaman las maravillas de Cristo en sus servidores y proponen ejemplos oportunos a la imitación de los fieles (“Sacrosanctum Concilium”, 111).

El 3 de septiembre del año 2000 el Siervo de Dios Juan Pablo II beatificaba al papa Juan XXIII. Meses después, el 3 de junio de 2001, durante la Misa de Pentecostés decidió acoger, junto al altar en la Plaza de San Pedro, los venerados restos mortales del beato Juan XXIII, que permanecían perfectamente conservados. Contra lo que se ha dicho ¡resulta que el rostro de Angelo Giuseppe Roncalli nunca fue sometido a tratamientos de embalsamiento ni a terapias de conservación especiales! Los que peregrinen en otoño a Roma podrá venerar su sepulcro en el altar de San Jerónimo en la Basílica de San Pedro. No es el único, los restos de San Pío X que también reposan en la Basílica Vaticana, mantenía un insólito estado de conservación cuando se procedió al traslado del cuerpo tras la canonización de 1954.

Ese 3 de junio de 2001, Juan Pablo II afirmaba: “También puede aplicarse a su persona lo que él mismo afirmó de los santos, a saber, que cada uno de ellos "es una obra maestra de la gracia del Espíritu Santo" (Discursos, mensajes y coloquios de Su Santidad Juan XXIII, II, p. 400). Y al pensar en los mártires y en los Pontífices enterrados en San Pedro, añadía palabras que conmueven al volver a escucharlas hoy: "A veces las reliquias de sus cuerpos se reducen a poco, pero siempre palpita aquí su recuerdo y su oración". Y exclamaba: "¡Oh, los santos, los santos del Señor, que por doquier nos alegran, nos animan y nos bendicen!" (Id., p. 401).

 
 
 
 
Foto del altar del Beato Juan XXIII
 
 

Cuando se habla de reliquias en general, afirma Raymond Zambelli, conviene descubrir que éste es un fenómeno antropológico, universal y, que se remonta a los orígenes del hombre. Cuando, cada año, millones de hombres y de mujeres de todas las culturas y de todas las condiciones sociales se reúnen en los cementerios, lo hacen delante de las reliquias, es decir, de los restos mortales de sus allegados, y rezan, recuerdan y están en comunión con ellos por el pensamiento, el corazón y la plegaria.

La Iglesia, experta en humanidad –según la hermosa expresión de Pablo VI–, ha respetado siempre la costumbre de recogerse y de rezar en presencia de los restos mortales de las personas que hemos conocido y amado. Esta práctica, presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, perdura hasta hoy. Los hombres no somos sólo espíritu, y por eso tenemos necesidad de signos. Precisamente, las reliquias de los santos son consideradas como signos, muy pobres y muy frágiles, de lo que fueron sus cuerpos.

Ante una reliquia podemos evocar más fácilmente la condición humana de estos santos: con sus cuerpos, pensaron, actuaron, rezaron, sufrieron y experimentaron la muerte. De estos signos tan pobres se sirve Dios para manifestar su presencia y hacer brillar su poder y su gloria, ya que es Él quien obra por medio de ellos. Estamos, pues, ante una lógica distinta a la del mundo; estamos ante la lógica de Dios, tan desconcertante para nuestros pobres espíritus.

La práctica de celebrar la liturgia sobre las tumbas de los mártires en las catacumbas de Roma, fue instituida por el Papa San Félix en el año 269. En el norte de África, desde el siglo IV, las reliquias de los mártires eran objeto de culto privado, los fieles las llevaban sobre sí, encerradas en relicarios o en cajas de hierro.
En el siglo VI, los Papas decidieron que debían incluirse restos de mártires en los altares destinados a la celebración de la misa, en la llamada piedra de ara.

Ya antes, la veneración a las reliquias fue unida a la experiencia de las catacumbas.  Durante las persecuciones sirvieron, en casos excepcionales, como lugar de refugio momentáneo para la celebración de la Eucaristía. Terminadas las persecuciones, las catacumbas se convirtieron, sobre todo en tiempo del papa San Dámaso I (366-384), en verdaderos santuarios de los mártires, centros de devoción y de peregrinación desde todas las partes del imperio romano.

Actualmente cuando se consagra un altar, en su base se pone la reliquia de un santo, preferentemente de un mártir. El altar es donde se realiza la Eucaristía, que es banquete y sacrificio, el culmen de la vida cristiana. Los santos alcanzaron esa plenitud del amor de Dios participando del sacrificio eucarístico. Las reliquias están relacionadas entonces con la liturgia, la cual no es algo sólo de esta tierra sino que está conectada con la liturgia celestial.

No es nada más que una consecuencia lógica que también otras iglesias quisieran tener estos signos de estar unidas a la fe de los mártires y de los santos. Se desarrolló la costumbre de compartir con las comunidades que no tenían tumbas de los santos enviándoles algunas reliquias. Estas fueron encerradas en la piedra o la madera del altar mayor.

El año pasado el arzobispado de Valencia informaba que ha distribuido hasta el momento más de dos mil reliquias de mártires valencianos de la persecución religiosa de 1936 por parroquias, seminarios, colegios y comunidades cristianas de todo el mundo. La mayor parte de las reliquias repartidas corresponden a pequeños fragmentos óseos de los mártires. Entre las peticiones destaca la del seminario de Hong Kong, que ha solicitado una reliquia del beato Pascual Torres a través de una familia valenciana del camino neocatecumenal que está en Macao.

El ritual para consagrar un altar prevé que en el lugar donde generalmente se colocan los signos eucarísticos del cuerpo y la sangre de Cristo se debe abrir una cavidad donde el obispo deposita las reliquias que luego son cubiertas con una piedra lisa de manera que forma un nivel plano con la mesa del altar. Esta piedra es fijada con argamasa. Todas las iglesias consagradas cuentan con reliquias en el altar mayor.

 
 
 
 
Tumba del altar mayor de la Basílica de San Pancracio
 

 

 

 

 

MÁRTIRES  FRANCISCANOS  TOLEDANOS

POR PADRE MARCOS RINCÓN CRUZ, ofm

BEATO P. VÍCTOR CHUMILLAS

         Víctor Chumillas Fernández nació en Olmeda del Rey (Cuenca) el 28 de julio de 1902. Sus padres, Alfonso y Catalina, eran de condición humilde y muy religiosos. En 1914 entró en el seminario menor franciscano de Belmonte (Cuenca). Tomó el hábito franciscano en Pastrana (Guadalajara) el 2 de agosto de 1917. Profesó de votos temporales en Arenas de San Pedro (Ávila) el 4 de agosto de 1918. Cursó la filosofía en Pastrana y la teología en Consuegra (Toledo). El 29 de julio de 1923 hizo su profesión solemne. El 6 de junio de 1925 fue ordenado sacerdote.
       
        Fue profesor a los seminarios de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), La Puebla de Montalbán (Toledo) y Pastrana. En 1932 fue destinado al convento de San Antonio en Madrid, donde actuó como director de la revista Cruzada Seráfica, de la catequesis y la Juventud Antoniana. El Capítulo de 1935 le nombró Guardián y Rector del Convento-Teologado de Consuegra, donde permaneció hasta su muerte.
       
        La virtud del P. Chumillas era reconocida por todos. Sencillo, humilde, optimista, bondadoso, servicial, siempre dispuesto a la obediencia, hombre de oración y fiel a todos su deberes. Ya sacerdote, ejerció el apostolado por todos los medios a su alcance: atención al culto, a la predicación, al confesonario, a la dirección espiritual, a la dirección de asociaciones religiosas, a los enfermos y a la catequesis infantil. Sus artículos en Cruzada Seráfica y Hogar Antoniano eran verdaderas catequesis de adultos y de niños, muestran su pasión por la Iglesia y por las verdades de la fe, así como una disposición total para el martirio y el amor a los que perseguían la religión. Sufrió el martirio con 19 hermanos de su comunidad en Fuente el Fresno (Ciudad Real) el 16 de agosto de 1936.
       

BEATO P.  MARTÍN  LOZANO

        Martín Lozano Tello nació en Corral de Almaguer (Toledo) el 19 de septiembre de 1900. Niño aún, perdió a sus progenitores, Román y Carmen. Ingresó en el seminario de Belmonte en 1913. Tomó el hábito franciscano en Pastrana el 14 de julio de 1916 y emitió su profesión temporal en la misma fecha del año 1917. En dicho convento cursó la filosofía y el primer año de teología, y profesó de votos solemnes el 4 de octubre de 1921. Los otros tres años de teología los cursó en Consuegra. Fue ordenado sacerdote el 6 de junio de 1925.
       
        Licenciado en Sagrada Escritura, ejerció su labor como profesor desde 1929 hasta su muerte en el teologado franciscano de Consuegra, trasladado a Quincy (Illinois-USA) los años 1931-1933. Por un año fue también maestro de disciplina. No descuidó la predicación dominical, ni el confesonario. Escribió también en Cruzada Seráfica algunos artículos titulados Página Bíblica.

        De natural era bien dotado intelectualmente, introvertido, emotivo y tímido. Era amante del estudio, cumplidor de sus deberes, piadoso, no dado a disputas ni críticas, indulgente en las calificaciones, y sabía encajar los desaires que recibía. Ante una propuesta de dejar la Orden y hacer carrera en el siglo, contestó que era franciscano, y franciscano había de morir. A pesar de su timidez, estaba dispuesto al martirio. Días antes de la guerra civil, le dijo una persona: “¿Cómo anda usted por la calle vestido de hábito? Le van a matar”. Y él respondió: “Tengo la mortaja puesta. Cuando gusten, pueden hacer de nosotros lo que quieran”. Fue asesinado el 16 de agosto de 1936.

       
BEATO FR.  JOSÉ  DE  VEGA

         José de Vega Pedraza nació en Dos Barrios (Toledo) el 30 de agosto de 1913 y fueron sus padres Matías y María de las Candelas. Entró en el seminario franciscano de Alcázar de San Juan en 1926. Estudiadas las humanidades en él y en La Puebla de Montalbán, tomó el hábito el 20 de mayo de 1929 en Arenas de San Pedro, en donde hizo la profesión temporal el 21 de mayo de 1930. En el seminario menor y en el noviciado seguía pidiendo como gracia el martirio. En los cursos 1930-1933 completó los estudios humanísticos y cursó la filosofía en Pastrana. De 1933 a 1936, aprobó los tres primeros años de teología en Consuegra. En ese convento hizo su profesión solemne el 17 de agosto de 1935. En octubre y noviembre de ese año recibió la Tonsura y las Órdenes Menores y el 6 de junio de 1936 el subdiaconado.

        Sus dotes intelectuales eran corrientes, su aplicación buena, y sus aficiones, la música y la poesía. En su carácter había cierta timidez, nerviosismo e inestabilidad, que le hacían pasar de épocas de intensa vivencia espiritual a comportamientos reprensibles. Tuvo en esto dos crisis, una en los años de filosofía y otra en el tercer curso de teología, en las que se sumó a los descontentos, pero aceptó la corrección y las superó, dando paso a una vida centrada en sus convicciones religiosas y en su ilusión por llegar a ser un buen director de almas o un educador de futuros sacerdotes, preparándose con entusiasmo. Obtuvo la gracia que venía pidiendo desde niño: con 19 hermanos de hábito fue martirizado el 16 de agosto de 1936.

 

MARTIRIO DEL P. VÍCTOR CHUMILLAS
Y DIECINUEVE FRANCISCANOS
DE LA COMUNIDAD DE CONSUEGRA

         Al comenzar la guerra civil española de 1936, la comunidad franciscana de Consuegra era sede del teologado de la Provincia de Castilla y estaba formada por 32 religiosos: 9 sacerdotes, 19 estudiantes y 4 hermanos no clérigos. Los franciscanos estaban bien vistos por el pueblo, que era muy religioso.      
        El 21 de julio, las autoridades se incautaron de todas las iglesias y prohibieron celebrar actos religiosos, incluso a puertas cerradas. Del 21 al 24, los franciscanos siguieron en su convento, pero sin poder salir y cercados por guardias del pueblo. Pasaron esos días en oración, se confesaron y celebraron la eucaristía en el oratorio del estudiantado. El 24 fueron expulsados del convento. Fueron hospedados por familiares y bienhechores.   
Entre los días 9, 10, y 11 de agosto fueron llevados a la cárcel municipal. Todos iban contentos de sufrir por el Señor y, al verse, se abrazaron, se pidieron mutuamente perdón y recibieron del superior la absolución general. Ellos y los demás eclesiásticos encarcelados se confesaron, oraron y renovaron los votos y las promesas sacerdotales. El P. Chumillas les exhortó a sufrir el martirio por Dios. Todos quedaron con ardiente deseo de padecerlo y decían:“Preparado está nuestro corazón, Señor, preparado está nuestro corazón. Vengan cuando quieran a darnos muerte, que nosotros esperamos firmemente la vida eterna de la mano de Dios misericordioso”.

        En la tarde del día 11, fueron todos trasladados a la iglesia de Santa María, convertida en prisión. Allí recibían el alimento de los familiares y bienhechores. Estaban serenos y dedicaban el tiempo a la oración y al diálogo mutuo, estimulándose al martirio. Todos hicieron confesión sacramental.
       
        Pasada la media noche del 15 al 16, los franciscanos fueron sacados de la iglesia-prisión. Mientras salían, el P. Benigno Prieto dijo: “No os asustéis, hermanos, que vamos al cielo”.  Inmediatamente, mandaron volverse a los naturales de Consuegra y a los hermanos no clérigos, en total, ocho, que serían asesinados posteriormente. Los veinte restantes fueron subidos a un camión.

Escoltado por varios coches, en los que iba el alcalde y miembros del Ayuntamiento, el camión salió de Consuegra, pasó por el pueblo de Urda y se detuvo en el lugar llamado Boca de Balondillo, en el término municipal de Fuente el Fresno (Ciudad Real). Los franciscanos, que habían ido rezando por el camino, fueron mandados bajar y ponerse en fila a pocos metros de la carretera. El P. Víctor Chumillas pidió al alcalde que los desatasen para morir con los brazos en cruz, pero no le fue concedido. Pidió que los fusilasen de frente, y el alcalde permitió que se volviesen. Entonces el P. Víctor dijo a su comunidad: “Hermanos, elevad vuestros ojos al cielo y rezad el último padrenuestro, pues dentro de breves momentos estaremos en el Reino de los cielos. Y perdonad a los que os van a dar muerte”. Y al alcalde: “Estamos dispuestos a morir por Cristo”. Inmediatamente, Fr. Saturnino clamó: “¡Perdónales, Señor, que no saben lo que hacen!”. Empezó la descarga de disparos. En ese mismo momento, varios de los franciscanos gritaron: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Orden Franciscana! ¡Perdónales, Señor!”. Eran aproximadamente las 3,45 de la madrugada del 16 de agosto de 1936. Los cuerpos de los veinte franciscanos fueron sepultados en el cementerio de Fuente el Fresno.

Terminada la guerra civil, fueron llevados al cementerio de Consuegra. El 15 de agosto de 1940, se trasladaron sus cuerpos a la capilla construida al efecto en la iglesia del convento franciscano de esa localidad. El 23 de diciembre de 1982 fueron inhumados definitivamente en la iglesia franciscana de San Juan de los Reyes. El pueblo cristiano los consideró mártires y santos desde que supo su muerte, se encomendó a ellos y bastantes personas declaran haber recibido gracias por su intercesión.

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BEATO P. FÉLIX GÓMEZ-PINTO

         El P. Félix Gómez-Pinto Piñero nació en La Torre de Esteban Hambrán (Toledo) el 18 de mayo de 1870. Fue hijo de Deogracias y Práxedes, humildes agricultores. El 12 de mayo de 1886 vistió el hábito franciscano en Pastrana. Hizo su profesión temporal el 14 de mayo de 1887. Estudió el trienio de filosofía en los conventos de Pastrana y de La Puebla de Montalbán, y emitió en este último su profesión solemne el 16 de mayo de 1890. Pasó entonces al convento de Consuegra para los estudios de teología. Allí cursó el primero, y los restantes en Belmonte. Fue ordenado sacerdote el 9 de mayo de 1894.

        Enviado a Filipinas, ejerció su ministerio en la isla de Polillo. En la lucha de independencia filipina sufrió casi dieciséis meses de prisión. Reemprendió la actividad apostólica en la isla de Samar. Vivió en el convento de Pastrana de 1914 a 1919. Regresó a Filipinas y trabajó en varias parroquias de Samar y en la de Bay (Laguna) hasta 1930. “No tenía más preocupación que hacer buenos cristianos a sus feligreses”. Atendiendo a todo, cuidaba de modo especial la catequesis, la administración de sacramentos y las visitas diarias a los enfermos.

        Volvió a España a finales de 1933 y fue destinado al convento de Pastrana, en donde vivió hasta su muerte. Era un testigo viviente, un modelo vivo, un testimonio acrisolado de lo que es una vida entregada por entero a la gloria de Dios y al bien espiritual del prójimo. A todos les cautivaba su piedad intensa, su sencillez y alegría en el trato con los más jóvenes, su buen corazón, el dominio de su temperamento apasionado, su prontitud en los actos comunes, su disposición para oír en confesión a cualquiera que se lo pidiese y para atender a los enfermos.

        Al empezar la guerra civil española, la comunidad franciscana de Pastrana tuvo que abandonar el convento, que luego fue asaltado. Los religiosos fueron acogidos por diversas familias del pueblo. Ante el anuncio de un registro por parte de milicianos de Madrid, el P. Félix se fue al campo y se ocultaba en una choza. Visto en las inmediaciones de  la misma el día 2 ó 3 de septiembre, fue delatado. Los jóvenes mandados a detenerlo por las autoridades lo llevaron al pueblo entre burlas y malos tratos, pronunciando blasfemias y conminándole a que las repitiese. Él replicaba: “¡Qué horror! ¡Qué horror! ¡Matadme, pero yo eso no lo digo!”.

        Llegados al pueblo, el alcalde mandó que lo llevasen al antiguo convento de San Francisco, que hacía de cárcel. En la tarde del día 6, unos milicianos se presentaron en la misma y empezaron a hablar contra la religión. El P. Pinto la defendió con toda energía y terminó la discusión diciendo: “Pues yo nací creyendo en Dios, vivo creyendo en Dios, y moriré creyendo en Dios”.

        Hacia la medianoche lo sacaron de la cárcel y se lo llevaron en un coche en donde iban los milicianos y el alcalde. Por el trayecto, entre los insultos y groserías de éstos, él musitaba oraciones. Ya en el término municipal de Hueva, en un lugar cercano a la cañada llamada La Galiana, le hicieron bajar del coche y le ordenaron caminar por la carretera. Apenas se había retirado unos metros, el alcalde y los milicianos le dispararon por la espalda. Mientras caía, aún tuvo fuerzas y espíritu para clamar: “¡Yo os perdono! ¡Viva Cristo Rey!”. Era la madrugada del 7 de septiembre de 1936. El mismo día fue sepultado en el cementerio de Hueva y allí permaneció hasta que el 9 de octubre de 1989 fue trasladado a la iglesia franciscana de San Juan de los Reyes en Toledo.

        El P. Félix Gómez-Pinto, fue tenido por mártir desde su muerte e invocado como santo por familiares, gentes de Hueva y Pastrana, y por sus hermanos de hábito. Alguna personas atribuyen a su intercesión el haber recuperado la salud.

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BEATO P. PERFECTO CARRASCOSA

        Perfecto Carrascosa Santos, nació en Villacañas (Toledo) el 18 de abril de 1906. Fue hijo de Benito y Ángela, labradores de posición media y de religiosidad excepcional. A los diez años comenzó las cinco de humanidades en el seminario franciscano de Belmonte, donde estudió los tres primeros cursos, y las terminó en el de Alcázar de San Juan. Con los compañeros hablaba con frecuencia de su sueño: llegar a ser misionero y mártir. El 3 de agosto  de 1921 vistió el hábito franciscano en Arenas de San Pedro. Hizo su profesión temporal el 4 de agosto de 1922. Empezó los estudios de filosofía en el convento de Pastrana. En Consuegra (Toledo) terminó la filosofía y cursó la teología, entregándose con ardor a su formación. Emitió su profesión solemne en Consuegra el 3 de mayo de 1927 y fue ordenado sacerdote el 2 de junio de 1929.

        Bondadoso y con cierta dosis de timidez, se sentía feliz en su vocación y amaba ardientemente a su Orden y a la Iglesia. De 1929 a 1935 fue profesor del seminario de Pastrana. Además, era director del coro, confesor de los seminaristas mayores y director espiritual del seminario menor. Escribió artículos y poemas en la revista Cruzada Seráfica, en los que explicaba las verdades de la fe, ensalzaba y defendía a la Iglesia y la religión en los años de la Segunda República española. En octubre de 1935 fue destinado al convento de San Antonio en Madrid, como secretario de la provincia franciscana de Castilla.

        En ese convento le encontró la guerra civil española de 1936. La comunidad tuvo que abandonar el convento. Tras varios días en casa de unos vecinos, hacia el 24 de julio salió para Villacañas. En casa de sus padres estuvo unos 50 días. En ese tiempo se preparó para el martirio con una vida de oración casi ininterrumpida. También confesó a algunas personas. Tenía miedo a la muerte y le sacudían los nervios al oír relatar los asesinatos, pero decía: “Si Dios me quiere mártir, ya me dará fuerzas para soportar el martirio”. Lo veía cercano y, a pesar de su miedo, deseba esa gracia, repitiendo con frecuencia: “¡Qué ocasión para ser mártir!”.

        En la madrugada del 14 de septiembre se presentó un miliciano, acompañado de tres hombres armados, y ordenó: “¡Que salga el fraile!”. Avisado, Perfecto se vistió y salió. A partir de ese momento perdió todo miedo. Dijo a la familia: “No teman ustedes por mí”. El padre le dijo: “Hijo mío, a decir la verdad”. Y él: “Sí, padre, sí”.

        Se lo llevaron a la ermita del Cristo, donde tenían presos a algunos más. La familia y otras personas constataban las señales de las torturas, que también los otros presos sufrían: el rostro amoratado, hinchado y desfigurado, los ojos enrojecidos, el cuerpo como si no cupiese en la ropa, en ésta, manchas de sangre. Una persona atestiguó: “¡Hay que ver las palizas que le están dando para que blasfeme y no lo logran!”. Una vez le presionaban: “Di que tu madre es una mala mujer y que la Virgen también lo fue”. Él respondió: “Mi madre no es lo que decís, aunque pudo haberlo sido; pero la Virgen ni lo fue ni pudo serlo”. No se abatió, no se quejó de las torturas ni de los torturadores. Alentaba a los compañeros, les exhortaba a aceptar el martirio, a no blasfemar, a perdonar a los verdugos y a rezar, y les administraba el sacramento del perdón.

        A primera horas de la madrugada del 17 de octubre de 1936, el P. Perfecto fue conducido junto con cinco seglares al cementerio de Tembleque (Toledo). En el trayecto expresó su gozo porque iba a alcanzar a Dios con el martirio. Ya en el cementerio, animó a los compañero y les fue dando la absolución, para lo cual pidió ser fusilado el último. Allí fueron enterrados. Terminada la guerra civil, en abril de 1939, los cuerpos del P. Perfecto y sus compañeros de martirio fueron trasladados a Villacañas, llevados procesionalmente por las calles y por la ermita que les hizo de prisión, y enterrados en el cementerio municipal. El 1 de noviembre de 1942, el P. Perfecto fue trasladado al crucero de la iglesia parroquial, donde permaneció inhumado hasta el 10 de octubre de 1989, fecha en que sus restos fueron llevados a Toledo para ser inhumados definitivamente en la iglesia franciscana de San Juan de los Reyes.

        Tenido siempre como modelo de inocencia y de buen franciscano por sus hermanos de hábito y como “ángel” y “santo” por sus compañeros de prisión, el pueblo empezó a tenerlo como santo y a invocarlo después de su martirio. Varios paisanos le atribuyen la curación y la conversión de algunos familiares.

Monumento a los mártires en Consuegra (Toledo)
 

*                      *                      *
       
Oración

Señor y Padre nuestro, que fuiste glorificado por la vida humilde y el martirio de tus siervos Víctor y compañeros, concédenos, por su intercesión, servirte con entrega gozosa, hacernos semejantes a ti mediante la cruz de Cristo tu Hijo y poner en ella nuestra gloria. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 
   
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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LA DICHOSA VENTURA  DE  LOS 16  MÁRTIRES CARMELITAS    DESCALZOS  DE TOLEDO (+ 1936)

 
 

JOSÉ VICENTE RODRÍGUEZ, OCD

De la comunidad de los descalzos carmelitas de Toledo compuesta de 21 miembros en 1936,  fueron martirizados 16:  5 sacerdotes; 8 estudiantes de teología  y 3 hermanos no clérigos.  Fueron sacrificados  del 22 de julio  al 31 del mismo mes de 1936;  y el último en ser martirizado lo fue el 7 de septiembre de ese mismo año. Hace ahora 71 años. 
Formaban los 16 una comunidad teresiana  compacta que  la muerte no disgregó sino que la consagró para siempre en la unidad. Juntos vivieron, juntos padecieron, juntos suben  a los altares, y los invocamos a todos ellos juntos...  
                                                                       
                                                                       * * *
Hecha esta presentación general  nos toca ahora hablar,  uno por uno,  de su vida y de su muerte. Atendiendo al espacio que se me concede, seré más breve en las biografías de los estudiantes.  En otra ocasión hablaremos más abundantemente de ellos.

1.- BEATO P. EUSEBIO DEL NIÑO JESÚS (Ovidio Fernández Arenillas)

Nació en Castilfalé (León) en febrero de 1888. Bautizado en la iglesia parroquial de San Juan Degollado del pueblo. Confirmado también en ella en 1896. A los 13 años ingresó en el Colegio de Carmelitas Descalzos de Medina del Campo. Terminados estos años de Humanidades, pasó al noviciado de Segovia, donde vistió el hábito en octubre de 1903, tomando el nombre de Eusebio del Niño Jesús, y profesando al año siguiente.

Hechos sus estudios filosófico-teológicos en los colegios de la Orden, se ordenó de sacerdote el 21 de diciembre de 1912  en Toledo. Al año siguiente se le nombró profesor de Humanidades en el Colegio de Medina y subdirector del mismo Centro.

En 1917 fue destinado a Cuba, adonde llegó el 3 de agosto. Pasados unos meses en el convento de Matanzas, en junio de 1918 se le nombró Superior y párroco de Sancti Spiritus. Renunció a estos cargos  y dejó la parroquia al comenzar enero de 1919.

Trasladado a la iglesia y convento de San Felipe de la Habana, además del ministerio apostólico, tuvo que emplearse en dar clases de teología a su hermano menor, fray Valentín de San José (Prisciliano).

De salud quebradiza, enfermó seriamente, y los Superiores le trasladaron a Camagüey en octubre de 1920, yendo con él su hermano y discípulo. En Camagüey fue muy querido y estimado. Y mejorando ostensiblemente su salud, desplegó una actividad muy amplia: escribió en el periódico local llamado El Camagüeyano, atendió con toda solicitud y competencia a la Institución de los Caballeros de Colón, escribió sus libros más voluminosos sobre Santa Teresa y el espiritismo. Censor de libros de la Diócesis, predicó y confesó incansablemente, a pesar de sus males de garganta, siguió dando clases a su hermano, cultivó la dirección espiritual...
 
En 1927 volvió a España. Consejero Provincial, Director del Colegio de  Medina y  Superior de la Comunidad, dejó fama por sus grandes dotes pedagógicas al frente del colegio. En 1930 fue elegido Prior del convento de la Santa en Ávila; en 1933, maestro de estudiantes de Toledo;  y en mayo de 1936, Prior de la Comunidad de Toledo.  

Sus repetidas previsiones de martirio se cumplirán con el derramamiento de su propia sangre. El 22 de julio se dirigió él a casa de la familia Rodríguez Bolonio, en la calle del Instituto, 19. Allí estaba rezando, leyendo en su retiro, atendiendo a quien le pedía confesión,  animando a sufrir el martirio.

Llaman a la puerta convulsamente, entran dos milicianos encañonando a quien les abre y diciendo: “Aquí hay un cura refugiado. Si no dices dónde está, te mataremos”. Eusebio, que oye la amenaza  desde su habitación, sale al paso y se entrega voluntariamente, diciendo a los que le conducían que no hiciesen ningún daño a la familia, pues eran muy buenas personas. Ese gesto de Eusebio hace pensar en la escena del prendimiento de Jesús en Getsemaní, cuando dice a los que le buscan: Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos (Jn 18, 7). 

Le sacan a empujones a la calle, camina con gran serenidad con los brazos en cruz, sin alterarse, con dominio de sí mismo, y le fusilan a unos ocho o diez metros de la casa. Allí quedó tirado en el suelo. Le mataron por ser fraile. ¡Este era su crimen!


2. BEATO NAZARIO DEL SAGRADO CORAZÓN (Del Valle González)

Nació en Castilfalé (León) en julio de 1901. Bautizado a los pocos días y confirmado el 3 de mayo de 1913. Ingresó en el Colegio teresiano de Medina en diciembre de 1913. Terminado el Bachillerato, partió para el noviciado de Segovia en  agosto de 1916. Profesó en septiembre de 1917. Cumplió sus estudios de filosofía y teología en centros de la Orden. Ordenado sacerdote en diciembre de 1923. En 1924 fue nombrado profesor de Latinidad, Geografía e Historia de España. En  enero de 1926 llegó a Cuba, donde, misionado, cumplirá el servicio militar. En marzo se encontraba en la parroquia Sancti Spiritus, desde donde comenzó a escribir y publicar sus impresiones de la tierra cubana.  Desde noviembre de 1927 a agosto de 1928 trabajó, mucho y bien, con la palabra y con la pluma, en la parroquia y en los campos de Ciego de Ávila.

Su salud no era nada buena y fue trasladado a La Habana, buscando la atención médica correspondiente. No escatimó trabajos en la labor parroquial del Carmen de La Habana, llevando entre otras cosas la dirección de la Pía Unión de Santa Teresita, y la dirección de la Hoja Parroquial del Carmen, con editoriales de mucha sustancia y una sección de Pensamientos.

Atendiendo al quebranto de su salud, regresó a España en abril de 1929. Su primer destino en España fue San Benito de Valladolid. En 1933 fue elegido Suprior del convento. En 1935 pasó al convento de la Santa de Ávila. En mayo de 1936 fue elegido Suprior y maestro de estudiantes de  Toledo.

Terminado el novenario del Carmen predicado en Guadalajara, volvió a Toledo, para estar con sus estudiantes. El 22 de julio, buscando refugio, fue a casa del médico de la Comunidad. Don Emilio fue recibiendo generosamente en su casa a siete de los nuestros. Entre los familiares del médico, religiosos y otros refugiados se llegaron a juntar 37 personas en la casa. En aquella iglesia catacumbal vivieron alegres,  entregados a las prácticas religiosas con todo fervor y edificando a  todos los demás refugiados. Después de una denuncia y de un conato de registro de la casa por parte de los milicianos, se creyó como lo más conveniente que se pasasen a otra casa contigua, con la que había comunicación interna sin necesidad de salir a la calle. 

“Antes de salir para el piso el P. Nazario, presagiando a lo que estaban expuestos, según iban saliendo del sótano, uno a uno les fue  dando la absolución preparándolos para morir; y todos, de rodillas, la recibieron” También dio la absolución a todos los de la casa, exhortando a todos a recibir lo que viniera como venido de la mano de Dios, porque la vida no vale nada..

A eso de las 11 del 31 de julio, se presentó un piquete de milicianos exigiendo las llaves del nuevo piso donde se encontraban los frailes. Abrieron el piso y allí los apresaron; y a culatazos y empujones los sacaron a la plaza del convento.

Los milicianos se pusieron a discutir entre ellos sobre el lugar de la ejecución. Al fin, acordaron que fuera en los cobertizos al oírse una voz que gritó: “¡A los cobertizos, a los cobertizos!”. Comenzó la marcha de los inocentes hacia el lugar determinado. Pero por la impaciencia  morbosa de terminar con ellos cuanto antes, o por otros imponderables, hicieron que se detuvieran antes de llegar a los cobertizos. A Nazario con sus compañeros los fusilaron colocándolos a lo largo de la fachada que corre entre el costado de la iglesia y la puerta del huertecillo del convento. Su último grito fue: “¡Viva Cristo Rey!”


3. BEATO PEDRO JOSÉ DE LOS SAGRADOS CORAZONES (Jiménez Vallejo)

Nació en de Valdeprado (Soria) en febrero de 1861. Fue bautizado ese mismo día en la parroquia de San Pedro Advíncula y confirmado en 1867. Con la ayuda de un tío suyo, sacó adelante la carrera de maestro y ejerció como tal en Aldeaelcardo, del partido judicial de Ágreda. Más adelante, comunicó a la novia que tenía la decisión de irse a un convento y la dejó. Su tío le aconsejó que no abandonase a su madre, después de tanto como había trabajado por sacar a todos los hijos adelante, al quedarse viuda.

Hizo entonces los estudios para sacerdote secular. El 28 de agosto de 1885 fue promovido al presbiterado, a título de su curato. Después de un tiempo como párroco de Tañine, pasó a la villa de Pradejón (Logroño), donde estuvo de párroco hasta mediados de 1894.

Al morir su madre, obtenidos los permisos de la diócesis, se fue al convento a sus 33 años. Con informes inmejorables llegó al Desierto de Las Palmas (Castellón), donde estaba  el noviciado. Tomó el hábito el 7 de julio de 1894. En octubre se trasladaron los novicios con el mismo maestro a la nueva sede, Segovia, geográficamente más central  respecto a los conventos  de la provincia y espiritualmente  vinculado a la persona de San Juan de la Cruz. 

Hizo su profesión religiosa el 7 de julio de 1895. De 1896 a 1898 estuvo destinado en Alba de Tormes. Fue el primero de los mártires que partió para Cuba, adonde llegó en enero de 1900, estableciéndose en la iglesia de San Felipe como predicador sólido y valiente.

Además del apostolado de la predicación y de la administración de sacramentos, publicó un opúsculo que tituló La buena prensa  grande acopio de doctrina. Anduvo muy metido en esta tarea y campaña por la buena prensa.

En la primavera de 1906 volvió a España, y residió sucesivamente en varios conventos: Alba de Tormes, Ávila, Salamanca, y otra vez  Alba. Su última mansión fue Toledo, desde mayo de 1924 hasta su muerte. Fue confesor ordinario de los estudiantes y profesor de  Teología Moral, Derecho Canónico y Liturgia. Era “el viejo” de la Comunidad; y en plan de broma le llamaban “el joven”, a lo que respondía que de viejo tenía tan sólo el cuerpo, pues el corazón y el espíritu lo tenía como a los veinte años. Y añadía, con no poco gracejo, que tenía la voluntad virgen aludiendo a su carácter entero e indomable.  

Estuvo refugiado en la casa del médico de la Comunidad con sus compañeros. Al descubrirlos en el segundo escondite, como ya queda dicho en la biografía del P. Nazario, los milicianos se encontraron con que Pedro José, con sus 75 años, casi no los podía seguir al bajar las escaleras. Camino del lugar del suplicio iban los otros seis, de dos en dos cogidos de la mano, menos Pedro José, que iba el último con las manos en alto e iban dándole culatazos. Creyéndole el Superior del convento por ser el más anciano, se ensañaron particularmente con él y le destrozaron el cráneo. Creían los milicianos que llevaba armas y dinero y le registraron. Buscaron el dinero por todo el cuerpo, hasta en los calcetines. Uno de los asesinos se presentó después del fusilamiento en casa de Don Emilio a pedir agua y él mismo comentó: “¡Qué  cantidad de tiros hemos dado al Padre Pedro, que hasta el techo han saltado los sesos!”. Tirado en la calle con sus compañeros, después de unas horas se llevaron los cadáveres en un camión sucio de obras.

 4. BEATO RAMÓN DE LA VIRGEN DEL CARMEN (José Grijalvo Medel)

Nació en Calahorra (Rioja) el 29 de marzo de 1896, y fue bautizado al día siguiente en la parroquia de San Andrés. Era el cuarto de ocho hermanos. Fue confirmado en Calahorra el 19 de agosto de 1896. Hechos sus estudios primarios en  Calahorra,  ingresó en 1909 en el Colegio de Carmelitas Descalzos de Medina.

También, como otros de sus compañeros de bachillerato, ya en Medina dio sus primeros pasos con la pluma, publicando ya en 1910  una Canción de Navidad y escribiendo otras páginas muy sentidas los años sucesivos.

Tomó el hábito en Segovia en septiembre de 1913. Profesó en diciembre de 1914. Los cursos de filosofía y teología los realizó en los colegios de la Orden. Fue ordenado sacerdote en la iglesia de la Santa, en Ávila, el 18 de junio de 1922.

Enseguida comenzó para él el ejercicio del profesorado: di clases de Humanidades en Medina; de Matemáticas y Ciencias Naturales en Toledo; de Patrología e Historia de la Iglesia en Salamanca.

Terminada su docencia en Salamanca, pasó a Toledo y aquí permaneció hasta su muerte. En el Colegio de Toledo fue profesor de Teología Espiritual. Aquí vivió muy entregado al apostolado y a su entera vida carmelitana. Entre los niños de Toledo ejerció un apostolado directo y eficaz, por haber sido todo el tiempo Director de la entonces floreciente Archicofradía del Milagroso Niño Jesús de Praga.

Sus criterios acerca de la auténtica devoción eran muy exactos, claros y profundos, y los dejó reflejados en su precioso Devocionario del Niño Jesús de Praga, que salió de la imprenta en 1936, cuando el autor estaba ya muy cercano al martirio. Que tenía madera de escritor lo hacen ver sus investigaciones de tipo histórico y de tema carmelitano.

Ramón es uno de los siete refugiados en la casa del médico, Don Emilio. Ya en esta casa tuvo lugar una escena preciosa y llena de ternura. Doña Emilia, hija del médico, había dado a luz a un niño el 17 de julio. La madre pensó que dadas las circunstancias que corrían no podía tener sin bautizar a la criaturita. Lo bautizó el Padre Ramón y se le impuso el nombre de Francisco Javier Alejo de la Virgen del Carmen.  Asistieron todos los que estaban en la casa con alguna vela encendida y el crucifijo del Padre Ramón. Ninguno de los presentes olvidó aquella escena tan cristiana y entrañable.

Cómo apresaron los milicianos a los siete, y entre ellos al Padre Ramón, ya queda detallado en biografías anteriores. De la mano con otro compañero le vieron marchar gozoso al lugar del suplicio y allí le fusilaron sin piedad. Su cuerpo quedó con las costillas hundidas y  descubierta lo que se llama el arca  del cuerpo.

5. BEATO TIRSO DE JESÚS MARÍA (Gregorio Sánchez Sancho)

Nacido el 19 de abril de 1899 en Valdecarros (Salamanca), fue bautizado solemnemente el día 23 del mismo mes y recibió la Confirmación en octubre de 1909. Era el tercer hijo de una familia de labradores charros. Ya desde muy pequeño estaba siempre con los libros en la mano.

Fue a Medina a estudiar en el Colegio teresiano. Durante sus años medinenses se hizo famoso por sus colaboraciones en El Nubarrón y en La Nubecilla, dos revistas del Colegio. Ya apuntaba en él el buen escritor y literato y poeta que iba a ser. En la segunda quincena de junio de 1915, terminado el curso, salió para el noviciado de Segovia, y tomó el hábito el día 30 del mismo mes con el nombre de Tirso de Jesús María. Su profesión religiosa fue el  23 de julio de 1916. Los estudios de filosofía y teología los hizo en Ávila, en Toledo y en Salamanca, dedicándose también a la poesía en estos años (1920-1923). 

El 22 de diciembre de 1923 fue ordenado sacerdote en la iglesia del Seminario conciliar de Segovia. A los pocos días cantaba la primera Misa en su pueblo natal.

También Tirso emprendió el camino de Cuba. Ya estaba en la isla  en febrero de 1924. Se estableció en la parroquia del Carmen de La Habana y aquí estuvo hasta finales de 1927. De La Habana pasó a Ciego de Ávila. Sus actividades ministeriales en Ciego de Ávila fueron  múltiples: director del Apostolado de la Oración, predicador de los sermones de más compromiso: nuestra Señora de la Caridad, Patrona de Cuba, sermón de la Soledad el Viernes Santo, etc. Además del trabajo de bautizos, catequesis, bodas en la parroquia de San Eugenio de Ciego y por los diversos poblados, fue Tirso uno de los más asiduos colaboradores de la revista Vida parroquial. En los 46 números que tengo ante mis ojos, publicó 6 artículos en prosa y 34 composiciones poéticas.

De Ciego de Ávila pasó a Matanzas en marzo de 1929. En Matanzas era el rey del púlpito, y le llamaban el sinsonte del Carmelo, pájaro cantor de América. De Matanzas pasó a Sancti Spiritus. En 1933 hubo cambio de Superiores en España y a Tirso le llegó la orden de regresar a la península después de casi diez años en la isla sin haber vuelto nunca a la madre patria.

Estaba de vuelta en España en septiembre de 1933 y fue destinado a la Comunidad de Toledo. Aquí tuvo más tiempo para componer poesías, escribir artículos y colaborar en la revista Mensajero de Santa Teresa. No dio tregua a la pluma ni tampoco a su  predicación en Toledo, en Madrid, en Talavera, en Salamanca, etc. Su última predicación tuvo lugar en Madrid, en el Templo Nacional de Santa Teresa, de la Plaza de España, con motivo de la Novena del Carmen, ante una concurrencia enorme de fieles.

Volvió a Toledo el 19 por la tarde y fue a dormir a la casa de la señora Antonia Martín y Carmen, en la calle de las Bulas, n. 6. Al día siguiente se acercó al convento. La tarde del 21 volvió a la casa de Doña Antonia y allí se quedó hasta el 24 de agosto, llevando una vida de oración y de piedad admirable. El 24 lo detuvieron, pero lo devolvieron; y transcurrido sólo un rato se lo llevaron los milicianos. Ingresó en la prisión provincial de Toledo en calidad de detenido a disposición del gobernador civil el 27 de agosto. El Juzgado Especial del Tribunal Popular de la ciudad decretó la prisión incondicional del detenido el día 3  de septiembre. 

El gobierno de Madrid nombró a Don José González Serrano  juez especial de la rebelión. Este llegó a Toledo en los primeros días de septiembre de 1936. Se presentó en la prisión provincial y ante él compareció Gregorio Sánchez Sancho (Padre Tirso), detenido como sospechoso. Es el propio juez quien informó sobre aquella entrevista en la que Tirso negó haber tomado parte directa ni indirectamente en la rebelión, y haber hecho uso de las armas durante la misma. “En este estado del interrogatorio, el detenido, mirándome con una expresión indefinible, me dijo de pronto: ‘Yo, señor, no soy viajante de comercio, soy religioso carmelita’. Y volvió a negar que hubiera tomado parte directa ni indirecta en los sucesos de aquellos días. Como no había acusación alguna contra él, y ateniéndome por tanto a los términos de su declaración, di por terminada ésta, haciendo constar en auto a continuación dictado que no constaba la existencia de indicio alguno revelador de cualquier género de conducta delictiva”.
 
El Tribunal Popular expidió cédula de notificación y citación,  señalando: “El día 6 de los corrientes [septiembre 1936] y hora de las nueve de la mañana, para dar comienzo a las sesiones del juicio oral en la Causa número 1 del Juzgado especial de esta capital, contra Gregorio Sánchez Sancho, por rebelión militar”. Llevado por la fuerza pública, salió de la prisión poco antes de las 9 de la mañana del día 6 de septiembre y fue conducido al llamado “Salón de Concilios”, y comienzó la sesión en el día y hora señaladas en la citación.

Se trata de la primera causa seguida por el Tribunal Popular de la provincia, creado por orden del Ministerio de Justicia el 28 de agosto.
        
El fiscal, como parte acusadora querellante, era Nicolás González Domingo, quien formuló  tres conclusiones, que traía ya especificadas y firmadas por él y por el secretario Francisco de Mora el 3 de septiembre. En la primera recogía la secuencia de varios hechos: la llegada de Gregorio Sánchez Sancho de Madrid a Toledo; su búsqueda de refugio en el domicilio de Carmen y Antonia Martín Galán. Su marcha al convento el día 20. “Allí estaba cuando fue declarado el estado de guerra y cuando la Guardia Civil de esta Comandancia ocupó la residencia de los carmelitas, sin obstáculo alguno por parte de éstos, haciendo fuego desde el edificio».
         La segunda conclusión suena así: “Los hechos relatados constituyen un delito de rebelión militar previsto en el artículo 237 del Código de Justicia Castrense y penado en el 238 caso 2º del mismo Cuerpo legal”.

El encabezamiento de la sentencia dice: “Sentencia número uno[...] por el delito de rebeldía militar en virtud de querella del fiscal de este Tribunal contra Gregorio Sánchez Sancho, de treinta y siete años de edad, soltero, religioso carmelita, natural de Valdecarros, partido judicial de Alba de Tormes, provincia de Salamanca, hijo de Juan y de Nicanora, vecino de esta capital [...], privado de libertad desde el 26 de agosto último[...], siendo parte acusadora el fiscal querellante  y ponente el Illmo. Señor Presidente de este Tribunal, Juan José González de la Calle”.

         En el primer resultando aparece el veredicto del Jurado. De las seis preguntas que se formulan y de las respuestas afirmativas que se dan, interesan especialmente la cuarta y la quinta. En las tres primeras, de hecho, se repite lo de la llegada del procesado de Madrid a Toledo, la casa donde se refugió, etc.; en la segunda, la ocupación del convento por la Guardia Civil, etc.; en la tercera, su regreso al domicilio de Carmen y Antonia Martín el día 21. La cuarta dice literalmente: “¿El procesado Gregorio Sánchez Sancho, al penetrar en el convento el 20 de julio último, tenía ya noticia de que la rebelión militar se estaba preparando? Sí”. La quinta: “¿El procesado antes nombrado, mientras permaneció en el convento el día 21 de julio último, tomó parte activa en la agresión que desde dicho convento fue hecha por los elementos militares sublevados contra los poderes legítimos y por los paisanos armados que con aquellos se unieron, disparando contra las fuerzas leales? Sí”.

Es de advertir cómo se ha ido endureciendo la acusación en la quinta pregunta, pasando a decir que el procesado “tomó parte activa en la agresión”, cuando en las conclusiones del fiscal no aparecía claro si los que hicieron fuego desde el convento eran los guardias civiles únicamente o también los religiosos.

         En el segundo resultando el fiscal confiesa que, vistas las manifestaciones del procesado y practicadas las pruebas del juicio, se convenció tratarse de rebelión castrense, pidiendo por ello que se impusiera al procesado la pena de muerte.

La actuación del abogado defensor era pura farsa, ya que era el presidente de uno de los comités de milicias; y con esto está dicho todo. En el tercer considerando se afirma: “La pena solicitada por el fiscal es la correspondiente al delito de que es reo el acusado”.
        
Y llegada la hora del fallo, vistos los preceptos legales y los de general aplicación... “Fallamos: que debemos condenar y condenamos al acusado Gregorio Sánchez Sancho, como autor responsable del delito de rebelión militar de que ha sido acusado, a la pena de muerte, sin hacer expresa condena en cuanto a responsabilidades civiles por no haberse interesado. Asimismo, debemos omitir y omitimos todo pronunciamiento en relación con el hecho de la ocultación de nombre, por no haber sido objeto de expresa acusación. Así por esta nuestra sentencia, definitivamente juzgando, la pronunciamos, mandamos y firmamos. Juan José González de la Calle, Leoncio R. Aguado, Domingo Segarra”.

Escuchada la sentencia, Tirso “la acogió con tranquilidad y grande serenidad de espíritu, feliz de ser muerto sólo por ser religioso y carmelita y sacerdote”.

         La fuerza pública le llevó de nuevo a la cárcel provincial y allí quedó desde las 11,30. ¿Dónde estaban las pruebas para condenarle a muerte? Uno de los religiosos superviviente de aquellos días, el Padre Raimundo, que moriría muchos años después, en 1992, y que se encontraba con los demás en el convento, afirma en una carta que el Padre Tirso no empuñó armas, ni disparó contra las fuerzas enemigas. Tampoco lo hicieron los demás religiosos. Y declaró ante el Tribunal del proceso de beatificación: “Nada tengo que añadir, quitar o rectificar a lo que tengo declarado; pero me interesa mucho destacar que los siervos de Dios no tuvieron parte ninguna activa en el nacional [...] y que es falso totalmente que tuvieran armas ni que las emplearan”.

         Al no ser verdadera la acusación de que el procesado hubiera disparado contra las fuerzas del orden establecido,  y no tener ninguna prueba, la sentencia de muerte no era ni más ni menos que condenar a sangre fría a un inocente con toda premeditación. Cuando el procesado negó con toda su entereza y honor de hombre y de sacerdote que todo lo que le imputaban era falso, estaba desmantelando toda la acusación.

¿Cómo se comportó el acusado en el juicio? Uno de los magistrados nos dice: “En el acto del juicio, el Padre Tirso negó rotundamente haber hecho uso de las armas, tanto él como sus hermanos del convento. Fue la Guardia Civil. Se negó por el Padre Tirso la acusación de que era objeto, con tal entereza y sinceridad, que yo saqué el convencimiento de que el religioso era inocente de los hechos de que se le acusaba”.

Devuelto a la prisión después del juicio y la condena, se dispuso que fuera “puesto en capilla el reo hasta el momento en que se presenten en el día de mañana, con el oportuno mandamiento, las fuerzas encargadas de la ejecución, a las que se hará entrega de dicho reo”.

En lo que le quedaba de la mañana o en la tarde-noche, Tirso, el condenado, escribió la siguiente carta de despedida a los suyos:

«Sr. Don Juan Sánchez,
      Valdecarros (Salamanca).

                   Amadísimos padres, hermanos, sobrinos y demás familia:
                   Por conducto del Sr. Director de la cárcel, deseo llegue a su poder la presente con todos mis últimos documentos. Como verán por ellos, no he cometido delito ninguno. Un tribunal de guerra me condena a la pena de muerte. Son cosas de la guerra. ¡Cúmplase la voluntad de Dios! ¡Dios lo ha querido así! ¡Bendito sea! A todos les tengo presentes y les abrazo a todos con el deseo de que sean muy felices en esta y la otra vida. Sean todos muy buenos. Perdonen y bendigan y amen a todos, como yo les amo y perdono y bendigo. No se ocupen de mí más que para rezar por mí. Adiós. Les bendice y abraza: Gregorio Sánchez.

Toledo, 6.IX.I936».

La carta ha sido leída por miles y miles de personas en España y en el extranjero, que se conmueven ante la grandeza del mártir. Esa misma noche pidió Tirso un Breviario para rezar y un escapulario, y se los dieron, como contó la misma persona que se los entregó.

En el Expediente podemos leer: “En el día de la fecha y a las 6 de su mañana, me hago cargo del detenido que menciona la presente orden. Toledo, 7 de septiembre de 1936. El alférez, Juan Ribas».  Y se lo llevaron como un cordero al degüello (Is 53, 7) y “como se le llevaran con engaño de que iba a Ocaña, al divisar los cipreses del cementerio dijo a sus conductores: ‘¿No decían que me llevaban a Ocaña?’ Contestándole que tenían que cumplir la sentencia. Ya en el lugar de su ejecución y en su presencia, se echaron suertes entre soldados, guardias de asalto y milicianos para designar los que habían de disparar. Preguntósele de qué forma le tiraban y sí le vendaban los ojos, contestando que como ellos quisieran. Y pidiendo un pañuelo negro, se los vendaron. El padre entonces, con las manos cruzadas, y teniendo en ellas un crucifijo, pedía perdón a Dios una y otra vez por sus enemigos, hasta que recibió la descarga, conmoviendo los corazones de sus verdugos”.

Así lo certifica quien asistió a la ejecución en nombre del Tribunal Popular. Lo fusilaron en la madrugada del día 7 de septiembre junto a las tapias del cementerio de Toledo. Otro testigo bien enterado certifica: “El día siete de septiembre de 1936, hacia las 6 o las 7 horas de la mañana, fue llevado dicho Padre Tirso de Jesús María a ejecutar junto al cementerio municipal. Yo le vi pasar con las manos juntas, y en ellas el santo crucifijo. Yo mismo entregué un trozo de tela blanca para que le tapasen los ojos antes de ser fusilado, pues así me lo mandó el administrador del cementerio, Don Antonio Alcoba”.

Y dice más este mismo testigo de la ejecución: “Al ir a recoger el cadáver del Padre Tirso, notaron que aún tenia vida; avisados de ello los milicianos, acudió el capitán médico para observarle, comprobando que, en efecto, aún tenía vida. Entonces los milicianos, no sé si uno o dos, le remataron disparando nuevos tiros. Y al confirmar que ya estaba muerto, otros tres compañeros y yo le llevamos a enterrar”.
 
Antonia Martín cuenta cómo uno de los verdugos volvió por su casa diciendo: “¡Ya le hemos matado!”. Y otro, admirado de la entereza y valor del Padre, exclamaba: “¡Qué hombre..., qué hombre hemos matado! ¡Me ha dado lástima!”.
 
         “En verdad que este mártir presenta la estampa más patética y devota de los mártires toledanos. Cruzó ante el pecho sus manos, en señal de recogimiento y sumisión al destino, digamos mejor a la permisión divina, osculando y apretando un pequeño crucifijo que consigo llevaba; pidió a Dios perdón por sus enemigos y por sus faltas propias, hasta que una ráfaga de balas le abatió”(P. Herrera).

Con la prisa morbosa por matarle, no esperaron a ver si llegaba el indulto del gobierno de Madrid. El indulto llegó, de hecho, cuando Gregorio Sánchez, Tirso de Jesús María, estaba ya en la gloria.

6. BEATO JOSÉ AGUSTÍN DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO (Tomás Mateos Sánchez)

 

Nacido en Anaya de Alba (Salamanca) en septiembre de 1912, fue bautizado a los pocos días y confirmado en 1917. Ingresó en el Seminario Teresiano de Medina del Campo en 1924 y profesó la vida carmelitana en Segovia en 1928. Realizó sus estudios filosóficos en Ávila y los teológicos en Toledo y Salamanca. Vuelto a Toledo en 1936, hizo su profesión solemne el día de San Pedro y San Pablo,  y recibió las órdenes menores enseguida.

Al mes siguiente de su compromiso religioso definitivo pudo cumplirlo, como había profesado: “hasta la muerte”.  

Ya atardecido el 21 de julio, se refugió con otros tres compañeros de Comunidad en la casa de Don Julio Perezagua, en la calle Alfileritos, n. 5. Allí pasaron la noche y allí estuvieron hasta la tarde del día siguiente. No estaban asustados y hablaban con tranquilidad del martirio. Las tropas rojas entraron en Toledo hacia las 5 ó 5,30 por algunas partes. Los milicianos amenazaron con irrumpir violentamente en la casa si no salían fuera todos los refugiados. José Agustín y sus compañeros, para evitar que la familia que los acogía fuera exterminada, lograron evadirse y se alejaron. Mientras nuestro estudiante caminaba por la calle Alfíleritos le reconocieron y cayó abatido por una ráfaga de fusil.

Suerte venturosa la de este mártir. Tenía que haber venido otro estudiante desde Salamanca, pero, al no poder hacerlo por motivos de salud, le enviaron a él a Toledo para que hiciera de organista en el convento, muy en especial para las grandes fiestas de la Virgen del Carmen. Y así le encontró la muerte, y se enriqueció con el martirio.

Father Herrera, que hace un retrato físico de José Agustín magnífico, añade al final de la semblanza: “Con pleno conocimiento de la responsabilidad y gravedad de lo que voy a afirmar, digo que de los siete religiosos carmelitas descalzos, mártires de Toledo, que más conocí y traté, era, a mi juicio, el mejor preparado para el martirio y el más santo y santificado para una vida realmente virtuosa y probada”.

7. BEATO HERMILO DE SAN ELISEO (Pedro Ramón Rodríguez Calle)

Nació en Fuensaldaña (Valladolid) en 1913. Huérfano de padre y madre, se educó en un Centro benéfico de Valladolid e ingresó en el Seminario teresiano de Medina del Campo en 1925. Profesó la vida carmelitana en Segovia en 1929. Hizo sus estudios de filosofía y teología en Ávila, Salamanca y Toledo. Profesó solemnemente el 29 de junio de 1936 y recibió las órdenes menores. Antes de cumplirse el mes de su profesión solemne, ya se hizo con la palma del martirio.

Fray Hermilo, con otros dos compañeros (Perfecto y Clemente),   se refugió ya en las ultimas horas del día 21 en la casa de doña Cecilia Criado, que vivía con su hijo sacerdote, Don Antonio Gutiérrez, capellán de la Armada, en Alfileritos, n. 8. Pasaron la noche bastante tranquilos, rezando y en conversaciones espirituales, animándose al martirio y se confesaron con Don Antonio. Por la mañana del día 22 se pasaron los tres a la terraza de la casa próxima del señor Nodal y se  acomodaron en un rinconcito de la misma. A Fray Clemente lo mataron solo, como indicaremos en su biografía.

A Hermilo y Perfecto los mataron un poco más tarde, por una descarga que les hicieron desde la casa de Correos, que dominaba toda la azotea. En la azotea donde murieron durarán “unos tres años las manchas de sangre que allí dejaron, a pesar de las lluvias y ventiscas: y nosotros siempre las mirábamos con respeto, diciendo: Sangre de mártires”, dirá la dueña de la casa, Doña Justina. Y su marido puntualiza: “He de consignar que la sangre de los dos religiosos que murieron en mi azotea, no conseguimos hacerla desaparecer por muchos medios que pusimos para ello. Yo considero esta circunstancia como signo o señal especial”.

8. BEATO ELISEO DE JESÚS CRUCIFICADO ( Esteban Cuevas Casquero)

Nació en Besande (León) el 26 de diciembre de 1913, y fue bautizado el último día del año. Recibió la Confirmación en 1914. Muerta su madre al nacer el niño, le cuidó y educó un tío suyo sacerdote. Ingresó en el Seminario carmelitano de Medina del Campo  en 1926. Terminado el bachillerato, profesó la vida carmelitana en Segovia en 1930. Estudió filosofía en Toledo y Ávila; teología, en Toledo. Hecha su profesión solemne en diciembre de 1935, se ordenó de menores en junio-julio del año siguiente.

Eliseo con otros tres compañeros se había refugiado el día 21 de julio en casa del señor Perezagua, en la calle Alfileritos, 5. El rosario que rezaban allí todos los días lo dirigía él. Una vez que salieron de aquella casa-refugio, como queda relatado en la biografía de José Agustín, los acontecimientos se fueron desarrollando así: a la caída de la tarde del día 22, las milicias iban persiguiendo a Fray Eliseo, calle Alfileritos arriba. Llegó hasta donde se encuentra la hornacina de la Virgen, dio un paso atrás y bajó por la calle del Cristo de la Luz. Se refugió en el sótano de una casa donde había otras personas escondidas. Los perseguidores “se pusieron a pitar a la puerta, para que saliese el fraile, que se había escondido allí, y amenazaban que de no salir dispararían contra todos los que se encontraban dentro”.

Al oír esto, Fray Eliseo salió espontáneamente del escondite y se presentó a los que le buscaban diciéndoles: “No disparéis, yo soy el religioso a quien buscáis”. Un testigo de vista cuenta: “Entonces Fray Eliseo de Jesús Crucificado, empuñando en sus manos el santo Cristo que llevaba consigo, se santiguó, salió a la calle, y allí en la pared de enfrente vi cómo era fusilado por los rojos”.

La señorita María García dice: “Yo no vi el acto del fusilamiento, pero luego al atardecer vi el cadáver del dicho Fray Eliseo y lo reconocí. El cadáver estuvo abandonado en la calle día y medio. Vi la tapa de los sesos esparcidos por la calle”.

Valiente este muchacho que se adelanta, a imitación del Señor en Getsemaní, para que otros hermanos se puedan salvar. Esto mismo hizo esa misma tarde su padre Prior Eusebio del Niño Jesús.

9. BEATO PERFECTO DE LA VIRGEN DEL CARMEN (Perfecto Domínguez Monge)

Nació el 18 de abril de 1914 en Besande (León). Bautizado al día siguiente, fue confirmado en septiembre de 1914. Ingresó en el Colegio teresiano de Medina del Campo en 1926. Terminado el bachillerato, pasó a Segovia, donde profesó en agosto de 1930. Cursó filosofía en Toledo y Ávila y teología en Salamanca y Toledo. Hecha su profesión solemne en diciembre de 1935, recibió las órdenes en junio-julio de 1936.Como hemos narrado en la biografía de Hermilo, pasó Perfecto la noche del 21 de julio con sus dos compañeros en la casa de doña Cecilia Criado. Con los otros dos se pasó la mañana siguiente a la terraza de don José Nodal y allí los abatieron a tiros los milicianos desde la  oficina de Correos, que dominaba toda la azotea. La “sangre de mártires”, que quedó en el suelo de la terraza y que no se quitó durante unos tres años, era la de Fray Hermilo y la de Perfecto, que invocaba el perdón y la clemencia sobre quienes les habían quitado la vida. Aquella vida tan joven y  tan prometedora.

 

10. BEATO MELCHOR DEL NIÑO JESÚS (Melchor Martín Monge) 

Nació en julio de 1914 en San Pedro de Cansoles (Palencia). Recibió el Bautismo el 22 del mismo mes y fue confirmado en 1917.  Pasó al Seminario teresiano de Medina del Campo en 1927. Terminado el bachillerato, marchó al noviciado de Segovia, donde profesó la vida carmelitana en 1930. Estudió filosofía y teología en Toledo y Salamanca. Hizo su profesión solemne en Toledo en febrero de 1936, y recibió las órdenes menores en junio-julio de 1936.

Melchor es uno de los que se refugiaron en casa del médico Don Emilio González Orúe; allí estuvo templando sus fuerzas para la prueba  final de su amor a quien había proclamado ser fiel hasta la muerte.  Quedan ya contadas (en la biografía del P. Nazario) las incidencias del apresamiento final del grupo y de su conducción al lugar del martirio.

Allí iba Fray Melchor, cogido de la mano de otro de los mártires como para darse un apretón de ánimo y fortaleza. Después del  fusilamiento el 31 de julio de 1936, una testigo vio cómo “Fray Melchor tenía levantada la tapa de los sesos, dejando al aire la masa encefálica”.  Conservamos la cartilla militar que llevaba consigo y está manchada con su sangre derramada.

11. BEATO CONSTANCIO DE SAN JOSÉ ( José Mata Luis) 

Nació el 23 de agosto de 1914 en Las Heras (Palencia). Fue bautizado a los ocho días y confirmado en 1916. Ingresó en el Colegio teresiano de Medina del Campo en 1926. Terminados los estudios de Humanidades, pasó al noviciado de Segovia, donde profesó en agosto de 1930. Estudios de filosofía en Toledo y Ávila. Cursó dos años de Teología en el Colegio Internacional de la Orden, en el Teresianum de Roma,  (1933-1934; 1934-1935). Volvió a España y fue a terminar sus estudios en Toledo. Hecha su profesión solemne, fue ordenado de subdiácono el 6 de junio.

Después de varios refugios se presentó con Fray Daniel en la casa del médico que había abierto las puertas a cuantos iban llegando. Viendo que ya había tanta gente refugiada allí, y siete de la Comunidad,  hablaron con el P. Nazario. Daniel se quedaría allí. Constancio propuso irse hacia Madrid. Se ofreció como su compañero de viaje Fray José María. El P. Nazario les bendijo y les dio algún dinero.

Pero ¿cómo se prepararon, cómo se disfrazaron para este que sería su último viaje? Se disfrazaron de carboneros, con un saquito terrero al hombro, y emprendieron la marcha. Caminaron y caminaron, pasaron Olías del Rey sin ninguna dificultad y se fueron acercando a Cabañas de la Sagra. Allí estuvieron descansando algún tiempo a la sombra del muelle de la estación. En declaración procesal abundante y precisa de quien lo vio, se dice: “Una vez que descansaron, hacia las cinco de la tarde poco más o menos, emprendieron de nuevo el camino en dirección a Madrid.

Al llegar al pueblo de Cabañas de La Sagra se desviaron un poco en dirección a una fuente, donde bebieron agua; después cruzaron el pueblo y cogieron de nuevo la carretera”. Al cruzar la segunda guardia fueron detenidos por la misma; les condujeron al Comité, situado en la plaza del pueblo y aquí fueron identificados como religiosos, por los escapularios que llevaban. Fueron insultados, incluso uno de ellos, abofeteado. En esto estaban cuando llegó un camión de milicianos, que se dirigían de Madrid a Toledo. Enterados los milicianos de que aquellos dos detenidos eran religiosos, los mandaron subir al camión, y partieron con dirección a Toledo. Habían recorrido como un kilómetro, cuando en el kilómetro 54 de Madrid a Toledo, en la carretera, en la finca llamada hoy día “El Picón de los Frailes”, fueron bajados del camión y fusilados.

12. BEATO FÉLIX DE LA VIRGEN  DEL CARMEN (Luis Gómez de Pablo)

Nacido en Valladolid en enero de 1912, fue bautizado a los pocos días y recibió la Confirmación en mayo de 1918. Comenzó sus estudios en el colegio de Santiago Apóstol y los prosiguió en el Instituto General y Técnico de la ciudad. Optó por la vida religiosa y fue al noviciado del Carmen descalzo en Segovia, donde profesó en 1930. Estudió filosofía  en Toledo y en Ávila, y teología en Salamanca y Toledo. Hecha su profesión solemne en 1933, fue ordenado de tonsura y de las cuatro órdenes menores en junio-julio de 1936.

Dejado otro refugio, recaló también él en casa de Don Emilio González Orúe, compartiendo con los demás refugiados aquella vida de piedad y de preparación para el martirio. Quedan ya contadas en anteriores biografías las secuencias de aquellos días y cómo pasaron de un piso a otro contiguo y fueron sacados de allí para ser fusilados. Caminaba Fray Félix al lugar del suplicio, cogido de la mano de otro compañero,  y allí cayó con los otros seis el 31 de julio de 1936.

13. BEATO PLÁCIDO DEL NIÑO JESÚS (José Luis collado Oliver)

Nacido en Madrid el 25 de enero de 1912, fue bautizado el 1 de febrero y recibió la Confirmación en 1918. Después de haber  frecuentado el Colegio de Doña Luz y el de La Salle, continuó sus estudios en el famoso colegio de San Antón, de Padres Escolapios.  Concluida la carrera de Comercio, manifestó en familia su vocación religiosa. Era, al mismo tiempo, muy activo en la Acción Católica y en 1930 llegó al noviciado carmelitano de Segovia, donde profesó en marzo de 1931.

Estudió filosofía en Toledo y Ávila. Comenzó el estudio de la teología  en Salamanca y tuvo que interrumpirlo por ser llamado su batallón al frente de Asturias en 1934. Escribió un Diario de estos días de campaña. Vuelto a Toledo en enero de 1935 estudió otros dos cursos de teología. Profesó solemnemente y recibió las órdenes menores en junio-julio de 1936. Era ejemplarísimo en su vida, con fama de santidad.

Llegaba Plácido alegre como pocos a los días de su martirio, que había anunciado de pequeño y que presentía  de manera clara. Forma parte del grupo de siete sacrificados el 31 de julio de 1936, convocado como iglesia doméstica en la casa de Don Emilio González Orúe. Les esperaba su semana de Pasión.     

En la fiesta del apóstol Santiago pedían todos que pasara pronto aquella tragedia. En una de las conversaciones tenidas aquellos días, dialogaba Don Emilio con Fray Plácido y le dijo: “Hermanito Plácido, este año no hemos podido terminar el mes del Carmen”. Lo habían hecho hasta el día 21. “¡Qué le vamos a hacer, Don Emilio, contestó él, otro año será, ya que éste no lo han permitido las circunstancias!”

En aquella casa, convertida en un auténtico santuario, quien dirigía el rezo del rosario era Fray Plácido. Quedan ya suficientemente  detalladas en biografías anteriores, particularmente en la del Padre Nazario, las secuencias del paso del grupo al piso vecino, su apresamiento y muerte. Antes de ser fusilado, Fray Plácido decía: “¡Qué suerte morir por Dios!”. Y añadió: “Hermanos, demos gracias a Dios, porque ha querido elegirnos para el martirio”. Y “pidió perdón para todos sus enemigos, que le fusilaban”, dice uno de los testigos.

Terminado el fusilamiento, uno de los asesinos se presentó en casa de Don Emilio a pedir agua, y diciendo estas palabras: “Que cantidad de tiros le hemos dado al Padre Pedro,  y me ha dado una gran pena un hermanito que se puso de rodillas y con los brazos en cruz para morir así”. El hermano de rodillas era Fray Plácido. Con una bufanda al cuello. Paca, la criada de doña Emilia, le había dado una bufanda días antes porque le dolía la garganta. El religioso se había puesto de rodillas y mientras daba un ¡Viva Cristo Rey! le fusilaron.

14. BEATO JOSÉ MARÍA DE LA DOLOROSA (Vicente José Álamo Jiménez)

Nació en Fondón (Almería) el  3 de agosto de 1901 y fue bautizado dos días después. Recibió la Confirmación en 1910.  Discernida su vocación al Carmelo, sería hermano donado. Ingresó en el noviciado de Segovia en 1925, y profesó en febrero de 1928.

Ejerció el oficio conventual de portero y sobre todo el de cocinero, siendo extraordinario  y muy competente en las artes culinarias. “En la cocina era caritativo y servicial, limpio y ahorrador, y siempre tenía sumo interés en arreglar lo mejor posible las pobres comidas del Carmelo. Con los enfermos y delicados tenía solicitud maternal, y su corazón compasivo y misericordioso en este oficio se explayaba”.

De carácter sumamente alegre, junto a él no había tristezas. Así vivía atendiendo a su cocina, a sus rezos, y viviendo con gozo todo lo que había prometido al Señor hasta la muerte.

El 21 de julio se habían refugiado en la casa del señor Perezagua, en la calle Alfileritos José María y Constancio. Allí pasaron la noche junto con los otros dos compañeros acogidos al mismo techo: José Agustín y Eliseo, que encontraron la muerte, como queda dicho, el día 22. Abandonada la casa del señor Perezagua, José María, acompañado del sacerdote Don Antonio, llamó a la casa de Gregorio Parrilla, carbonero de oficio. El sacerdote se marchó enseguida para ir a casa de un hermano suyo. José María se quedó en la casa unos días.

Angelita del Castillo, mujer del carbonero, dijo: “Del H. José María de la Dolorosa puedo declarar que, estando en mi casa, rezaba el rosario y besaba el escapulario, mostrándose en todo buen religioso, haciendo sus rezos”.

Finalmente, como iban haciendo un poco todos, José María  recaló en la casa de Don Emilio, el médico. En el mismo domicilio se presentaron Constancio y Daniel. Hablaron con el P. Nazario. Fray Daniel  se quedaría allí. Constancio, el aventurero, propuso irse hacia Madrid y se ofreció como su compañero de viaje Fray José María, no menos aventurero. Ambos, “aventureros a lo divino”. Corrieron juntos los mismos riesgos. Tendríamos que repetir aquí literalmente la  misma historia ya contada en la biografía de Fray Constancio. En resumen: recibida la bendición del P. Nazario y algún dinero, salieron   disfrazados  de carboneros. Caminaron y caminaron, pasaron Olías del Rey sin ninguna dificultad y se fueron acercando a Cabañas de la Sagra, donde los detuvieron, los identificaron como religiosos, los insultaron y a uno de ellos lo abofetearon. Los mandaron subir a un camión de milicianos que venía de Madrid y se dirigía a Toledo. Habrían  recorrido como un kilómetro, cuando en el kilómetro 54 de Madrid a Toledo, en la finca llamada hoy día “El Picón de los Frailes”, fueron bajados del camión y fusilados sin piedad.

Un vecino que lo presenció todo cuenta: “Posteriormente, ya caída la tarde, vi el tumulto y algazara del traslado de los cuerpos de los citados religiosos. Los conducían en un carro al cementerio. Todo ello lo presencié, desde mi era; constándome después, por las averiguaciones que hice, que los cadáveres fueron vejados durante su traslado, y que fueron enterrados en la parte interior del cementerio, en la misma puerta de entrada por aquella fecha, con el fin de que fuesen pisados por todos los que entrasen al cementerio”.

Otro testigo principal cuenta cómo los cadáveres de los fusilados quedaron “en el trigal, hasta el caer de la tarde, en que fueron llevados en un carro al cementerio entre insultos y algarabías, siendo sepultados dentro de la entrada del cementerio junto a la puerta, para que todos los pisoteasen. La conducción de los cadáveres al cementerio, y la bofetada al religioso la presencié yo, desde mi propia casa”. A uno de ellos le partieron un brazo al enterrarle. Pisoteados por la gente, desde su sepulcro exhalaban el buen olor de Cristo. Ni escogidos adrede estos dos aventureros del Carmelo.

15. BEATO DANIEL DE LA SAGRADA PASIÓN (Daniel Mora Nine)

Nació en Pontevedra el 17 de febrero de 1908. Fue bautizado al mes siguiente y recibió la Confirmación en 1915. Entrado en la juventud ocupó un puesto de músico en la banda del Regimiento de Zaragoza, con guarnición en Santiago de Compostela. Bien aconsejado por el capellán del Regimiento se preparó para irse al convento. Con informes inmejorables, llegó a la Casa de Segovia en enero de 1931. Hizo su primer año de noviciado en Medina del Campo; el segundo año, en Segovia. Y profesó en octubre de 1933, en calidad de hermano donado. Se despidió de San Juan de la Cruz, “padre muy amado”, con un escrito precioso. Salió para Toledo en 1934 y allí estuvo ejerciendo el oficio de portero del convento.

Por el mes de mayo de 1936 le llegó una carta de su madre, Rosalía Nine: “Hijo, corren rumores de que va a estallar una guerra civil en España. Temiendo pueda ocurrirte una desgracia, solicita y pide permiso a tus Superiores para que puedas venir a nuestro lado”. La respuesta de Fray Daniel fue: “La suerte que puedan correr mi Superior y hermanos, quiero sea la mía también. Mientras, Vd., como madre, rece y pida mucho al Señor y a la Santísima Virgen del Carmen para que nos proteja a todos”.
 
Siguió valiente y animoso en Toledo. Pero, como los demás miembros de la Comunidad, tuvo que buscar un refugio y lo encontró  definitivo en la casa del médico, habiendo estado anteriormente en otro par de refugios.
        
         Se presentaron, pues, en la casa del médico y ahí se quedó hasta el día de su martirio, compartiendo la vida de piedad con sus compañeros. Sacados violentamente de su escondite el día 31 de julio,  le dieron muerte bajo una verdadera lluvia de balas, pues todos los que llevaban fusil disparaban alocadamente. Y Daniel se fue a disfrutar de  las sinfonías celestiales, él que tanto amaba la  armonía...


16. BEATO CLEMENTE DE LOS SAGRADOS CORAZONES (Clemente López Yagüe)

Nació el  25 de noviembre de 1911 en Campo de San Pedro (Segovia). Fue bautizado al día siguiente y confirmado en 1915. Ejerció el oficio de pastor y trabajador en el ferrocarril Madrid-Burgos. Deseó siempre ser sacerdote, pero no pudo ser por la pobreza de la familia. Con toda alegría ingresó en el noviciado carmelitano de Segovia en 1935, donde recibió el hábito el 19 de agosto. Después de unos meses en Segovia, se le destinó a Toledo para hacer allí su primer año de noviciado, como hermano donado.

Poco antes de salir el día 21 de julio para el refugio que se les había asignado los Padres Raimundo y Eduardo, dos que se salvaron de la muerte, salió delante de ellos Fray Clemente y regresó al instante todo impresionado, porque al dar la vuelta al callejón de los carmelitas para la Plaza de San Vicente, la  Guardia Civil, que estaba de servicio en dicha plaza, ignorando de quién se trataba, le tiraron dos tiros, sin que por fortuna hiciesen blanco en él.
   
Los mencionados padres salieron con toda prevención y se identificaron ante los guardias, conversaron con ellos y les hicieron saber que iban a salir más religiosos del convento. Así fue, de hecho. Hermilo, Perfecto y Clemente -éste ya tranquilo, siguiendo las órdenes del P. Prior- se refugiaron ya en las ultimas horas del día 21 en la casa de Doña Cecilia Criado, en la calle Alfileritos, 8.

Entre rezos y conversaciones espirituales se pasó la noche, animándose al martirio; y se confesaron con Don Antonio, hijo de doña Cecilia. La mañana siguiente se pasaron los tres a la terraza de la casa próxima del señor Nodal. Allí se encontraron con un nido de avispas que comenzaron a acometerlos. Fray Clemente, huyendo de las avispas, trató de pasarse al tejado de enfrente, por las varillas de hierro del toldo. Cedió una de éstas y cayó al patio “encima de la cuerda que servía para abrir la puerta desde el principal, con tan mala fortuna que al caer él encima de la cuerda, se abrió la puerta, en el momento crítico en que entraban unos milicianos”. Uno de ellos dijo, sin más: “Éste es un fraile”, echándose el fusil a la cara para matarlo en el mismo patio.

Doña Justina, la dueña de la casa, empezó a gritar, rogando a los milicianos que no le diesen muerte. Lo mismo les rogó Don José, su marido, y a sus ruegos no le dieron muerte en el patio. Y aunque Fray Clemente les enseñó la cartilla militar, le dijeron: “A pesar de todo, te vamos a matar”. Y le llevaron hasta el portal, donde le dieron una descarga, habiéndolo sacado a empujones de la casa. El cadáver de Fray Clemente estuvo, boca abajo, con el pañuelo en la mano, dos días tirado en la acera delante de la puerta de la cochera de la familia Basarán. Fray Plácido, refugiado en la casa del médico Don Emilio G. Orúe, se asomó un poco desde la puerta, no aproximándose más por los muchos tiros que se cruzaban, y reconoció tratarse del H. Clemente.

Toledo, 1932. Los estudiantes con los padres prior y subprior de la comunidad. Entre los estudiantes figuran siete de los futuros mártires

           
* * *                                                       

En el DECRETO SOBRE EL MARTIRIO  de nuestros 16 , del 28 de abril de 2006 se proclama: “Adherirse a Cristo, éste fue el programa de vida de Eusebio del Niño Jesús, sacerdote, y de sus 15 compañeros, que, despreciando la vanidad del mundo, se consagraron a Dios en la Orden de los Carmelitas descalzos, y conservaron su vocación en el convento y fuera en tiempo de guerra, como corresponde a auténticos discípulos de Santa Teresa de Jesús. Pues ellos no se apartaron del camino escogido ni siquiera cuando se desencadenó en España la terrible persecución contra la Iglesia de Cristo.

Habitaban todos en el convento de carmelitas descalzos de Toledo, cada uno desempeñando su oficio, sin mezclarse para nada en las controversias políticas que se agitaban en el pueblo; más bien, conscientes de los graves riesgos que corrían los hombres de Iglesia, estaban preparados a inmolar su vida por Cristo, si se les daba la gracia del martirio.

El día 21 de julio del año 1936 la Guardia Civil ocupó el convento. Los religiosos, aunque se refugiaron en varias casas privadas, no pudieron evitar la persecución desencadenada por los milicianos, y así en varios días y tiempos fueron martirizados”.

De todo esto enterado, por referencia del cardenal Prefecto, el Sumo Pontífice Benedicto XVI, recibiendo los votos de la Congregación de las Causas de los Santos y ratificándolos, declaró:

Consta del martirio y de su causa de los siervos de Dios Eusebio del Niño Jesús (en el siglo Ovidio Fernández Arenillas) y de sus 15 compañeros, de la Orden de los carmelitas descalzos, en el caso y a los efectos de que se trata”.

Rilke, el gran poeta checo (1875-1926) dejó clavada en la puerta del cielo esta oración estremecedora: “Señor, da a cada uno su propia muerte; el morir que emerge de aquella vida en la cual tuvo amor, sentido y necesidad”.

A cada uno de nuestros 16 con su nombre y apellidos fue el Señor regalando su propia muerte martirial, la que colmó su vida y les dejó configurados para siempre con Cristo, fuente y modelo de todo martirio.   
Muy bien dejó dicho Ortega y Gasset en El Espectador: “El hombre no puede vivir plenamente si no hay algo capaz de llenar su espíritu hasta el punto de desear morir por ello. Lo que no nos incita a morir no nos incita a vivir.  Sólo nos empuja irresistiblemente hacia la vida lo que por dentro inunda nuestra cuenca interior. Renunciar a ello sería para nosotros mayor muerte que con ello fenecer. Por esta razón, yo no he podido sentir nunca hacia los mártires admiración, sino envidia. Es más fácil lleno de fe morir, que exento de ella arrastrarse por la vida”.

De verdad que “el cristianismo se presenta como una fe que merece la pena vivir, porque es también una fe por la que merece la pena morir”(Dodds).

Los mártires nos enseñan que el amor vale más que la vida.Habrá que soltar las campanas repicando aleluyas cuando nuestros mártires sean beatificados en Roma en el otoño de este año, a los 71 años de su martirio.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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CUATRO HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS DE LA SALLE MARTIRIZADOS EN CONSUEGRA (TOLEDO).

Breve reseña de los cuatro Hermanos de las Escuelas Cristianas, martirizados, tres de ellos, en la Boca del Congosto (Toledo) y uno en Fuente el Fresno (Ciudad Real) en los días 6 y 7 de agosto, respectivamente, de 1936. Esta reseña ha sido reelaborada en base a un artículo del Hermano Andrés Hibernón escrito el 22 de marzo de 1940. El original de este artículo se conserva en el Archivo de La Salle de Griñon.

Imagen tomada del libro "Maestros y Testigos"

 

 I. BREVE RESEÑA DE LOS CUATRO HERMANOS

  • BEATO HERMANO TEODOSIO RAFAEL (Diodoro López Hernando)

   Nació en Salguero de Juarros (Burgos) el 27 de septiembre de 1898. El mismo día de su primera comunión afirma: “Desde mi primera comunión me sentí fuertemente atraído a la vida religiosa en la que me es más fácil y segura la salvación eterna”. Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas en Bujedo (Burgos) el 27 de junio de 1914. Pocos días después escribió: “Mi vida consistirá en el amor divino, y buscaré mi gozo en el sacrificio”.

Obtenidos los diplomas de Catequista Elemental y Superior y el de Magisterio Nacional ejerció su apostolado en Mieres (Asturias), Melilla, Griñón (Madrid) y Bujedo (Burgos), siendo siempre un brillante educador. Tras terminar su formación religiosa y pedagógica, prosiguió estudiando cuanto pudo. En ocasiones se le oía decir con cierto gracejo: “Los Hermanos tenemos que pertenecer a la aristocracia de la inteligencia". Este empeño por acrecentar el saber no le hacía menguar en nada ni su piedad ni las demás observancias religiosas.

   Entre las cosas que dejó escritas podemos leer: “En cuanto a mí toca, pediré siempre los permisos generales para la Comunidad, a fin de estar siempre bajo el yugo del Señor. ¡Ah, si fuéramos todos mártires de la obediencia! ¡Qué pujante estaría nuestra congregación y cuánto bien haríamos en nosotros y por nosotros!”

   Reveladoras de su gran amor al prójimo son estas palabras: “Tengo que querer mucho a los escolásticos (los estudiantes de la carrera de Maestro en la Normal de Griñón, de los cuales era subdirector). Tienen necesidad de sentir mi cordial amor”. Para animarlos a preparar su futura misión de educadores apostólicos les recordaba a menudo estas palabras de San Juan Crisóstomo: “¿Hay, por ventura, misión tan sublime como la de gobernar almas y educar en las buenas costumbres a los jóvenes? Por cierto que ningún pintor, ni escultor, ni artista puede compararse al que posee el arte de educar a la juventud”.

   Siendo profesor de Magisterio en Bujedo (Brugos) hizo de él este elogio su Hno. Director: “El Hermano Teodosio Rafael es un religioso ejemplar: cumplidor, piadoso y profesor consciente”.
  
   Finalmente fue destinado a Consuegra (Toledo) en donde los Hermanos de las Escuelas Cristianas regentaban una hermosa escuela gratuita, fundada por D. Gumersindo Díaz-Cordovés. Él fue con el encargo de ser Director del Colegio San Gumersindo, patrocinado por la “Fundación Díaz-Cordovés”.

   El anhelo de asegurar la perseverancia de sus discípulos en el servicio divino hasta la muerte, sobre todo de los Hermanos jóvenes, fue su gran preocupación durante la persecución religiosa en España. Las pruebas y contrariedades durante aquellos calamitosos tiempos, de modo especial, lejos de abatir su valor, lo acrecentaron, como también su confianza en Dios. No cesaba de decir: “No me importa mi muerte, sino la suerte que pueden correr nuestros Hermanos jóvenes”. Esperaba obtener mucho fruto de las almas confiadas a sus cuidados. Lo fundamental para ello, decía, es la oración y la devoción a la Santísima Virgen. Trataré de inculcárselo. En los tiempos difíciles y persecutorios, lejos de abatirse, las pruebas y contrariedades que se le presentaron, no hicieron sino acrecentar más y más sus energías y confianza en Dios.

  • BEATO HERMANO EUSTAQUIO LUIS (Luis Villanueva Montoya)

         Vio la luz primera en Cucho (Burgos), el 10 de octubre de 1888, y fue bautizado el mismo día de su nacimiento. Se cuenta en su biografía que hallándose un superior lasaliano tomando aguas en el balneario de Cucho (Burgos) el joven Luis le manifestó deseos de ingresar en su Instituto. Como el Hermano le expusiera algunas dificultades que podría encontrar y los estudios fuertes que tendría que hacer, Luis pregunto:

   - ¿Pero todos los hermanos han de dedicarse necesariamente a los estudios? ¿No hay ninguno destinado a los menesteres caseros?
- , respondió el Hermano. Entre nosotros también los hay cocineros, sastres, etc. pero son los menos.
        - Bien, agregó Luis. Si no sirvo para los estudios, puedo prestar servicios de otra forma. Lo que yo quiero es servir a Dios como religioso.

El 8 de marzo de 1907 recibió el hábito de los Hermanos de La Salle en Bujedo (Burgos). Finalmente como sus dotes intelectuales no le hacían apto para la enseñanza, primero en Bujedo y después en Griñón (Madrid), ejerció empleos manuales, igual que en Consuegra (Toledo), donde asimismo fue un ejemplo vivo de regularidad, de humildad y de obediencia sobrenaturales, que le prepararon para dar a Dios la máxima prueba de amor con el derramamiento de su sangre por Él.

   Nunca omitió la visita a Jesús Sacramentado, ni por la mañana ni por la tarde, y los domingos y demás días festivos, en los cuales disponía de más tiempo, y sin que nadie le obligara a ello, sino que por su gran amor a Dios y a las almas prolongaba tales visitas.

   El siervo de Dios, en la sastrería de Bujedo y posteriormente en la de Griñón, estaba encargado de recordar la presencia de Dios cada media hora, como lo prescribe San Juan Bautista de La Salle para las clases. Indefectiblemente así lo hacía el Hno. Eustaquio Luis con puntualidad y durante breves minutos, al igual que todo el personal que trabajaba en el taller, en su compañía.

   Don Pedro Clemente Galán, vecino del colegio La Salle “San Gumersindo”, en Consuegra, asegura que al manifestar al Hno. Eustaquio Luis el mal cariz que tomaban las cosas por causa del Gobierno republicano y el peligro de que mataran a los sacerdotes, religiosos y católicos practicantes, el siervo de Dios le respondió repetidas veces: “Será una gloria muy grande el morir por Dios”.

  • BEATO HERMANO CARLOS JORGE (Dalmacio Bellota Pérez)

        Vino al mundo en Campillas de Campos (Palencia) el 22 de noviembre de 1908.Vistió el hábito de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 2 de febrero de 1925. Tanto en su pueblo natal como después en el aspirantazgo o noviciado menor de Bujedo (Burgos) evidenciaba ya su piedad arreglando los altares las vísperas de las fiestas.

   Terminada su formación religiosa y profesional en Bujedo (Burgos) ejerció su apostolado en el colegio de Nuestra Señora de las Maravillas de Madrid, hasta que en 1931 fue pasto de las llamas, porquesegún decían sus enemigos, era el cuartel general del Cardenal Primado de España, doctor Pedro Segura. Su destrucción había sido ya preparada y hasta anunciada en periódicos suizos y comunistas de Berlín un mes antes de que sucediera.

   Tras la quema del Colegio con la ausencia y pasividad de las autoridades republicanas, el Hno. Carlos Jorge continuó su apostolado en Cuevas de Almanzora (Almería). Posteriormente en la Escuela Gratuita de Chamberí (Madrid) y por último en Consuegra (Toledo), en cuyas cercanías fue asesinado como había preferido antes que faltar a su vocación de educador cristiano y religioso. En efecto, al proponérselo personas de su familia que se quedase en casa, vistos los malos tiempos que corrían para los religiosos después del incendio del Maravillas, él contestó: “Prefiero seguir Hermano de las Escuelas Cristianas aún cuando para ello tenga que morir mártir”.

En el colegio de Ntra. Sra. de las Maravillas y, después de ser este incendiado por orden del gobierno republicano, en el de Cuevas de Almanzora, adonde fue destinado para continuar su apostolado, como también en los demás centros lasalianos en que estuvo siempre dio ejemplo de piedad y de amor al estudio. Mañana y tarde, una vez preparada la explicación religiosa diaria y las reflexiones educativas para los alumnos, prescritas por San Juan Bautista de La Salle, iba a postrarse ante el sagrario para pedir a Jesús Sacramentado que bendijera su actuación apostólica y la de los demás Hermanos que hacían lo propio en sus respectivas clases.

   Al empezar el curso escolar, sus primeras instrucciones religiosas se dirigían a recordar y enseñar las verdades básicas del cristianismo. Después se extendía más en lo relativo a la Santa Misa y a la recepción de los sacramentos de Penitencia y Eucaristía. Insistía con sus alumnos durante tales explicaciones religiosas, en lo que el fundador de los Hermanos denominaba recapitulación de los principales misterios del cristianismo. También los instruía sobre cuanto se refiere a una auténtica y filial devoción a la Santísima Virgen.

  • BEATO HERMANO FELIPE JOSÉ (Pedro Álvarez Pérez)

        Ver presentación sobre su vida

Nació en Carmena (Toledo), donde vino al mundo el 27 de junio de 1914. Es el único toledano de los cuatro. Desde muy pequeñito mostró sumo respeto a la iglesia y guardo con celo las devociones al uso. Cursó sus primeras enseñanzas en las Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón de Jesús que los Hermanos de las Escuelas Cristianas regentan en Madrid. Ingresó en el noviciado menor o aspirantazgo de Griñón (Madrid) en marzo de 1927. En este nuevo ambiente, de mayor piedad y estudio que el que acababa de dejar, permaneció tres años, enriqueciéndose su inteligencia con más vastos conocimientos y su alma con nuevos quilates de virtud.

   Tomó el hábito el 14 de agosto de 1930. Terminada su formación religioso-pedagógica, fue destinado a Consuegra (Toledo). De tal manera se granjeó el afecto de los niños, de sus padres y de los demás Hermanos de su comunidad, que todos los consideraban como un regalo del cielo. Los pocos años que vivió hasta su martirio, los llenó con su regularidad y con su celo apostólico, impregnado de miras sobrenaturales, hasta que le sorprendió la revolución y persecución religiosa de 1936.

   Testigos afirman que cuando fue detenido con los demás Hermanos para ser llevado a la cárcel, sin previo juicio alguno, al pasar delante de la habitación donde se hallaba expuesta la imagen de la “visita domiciliaria” de la Santísima Virgen, entró, se postró de rodillas y ¡cuántas cosas no diría y pediría a nuestra Madre del cielo, en aquellos breves momentos que le toleraron los milicianos!   ¿Y qué diremos de su amor a la vocación religiosa y a no querer separarse de sus Hermanos, ni siquiera cuando los llevaban al martirio? Si yo amo tanto mi vocación religiosa y la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas es más por amor de Dios que por todas las ventajas materiales que nos ofrece; y no traición al amor infinito que nos ha distinguido a todos los religiosos llamándonos a su divino servicio.II. DETENCIÓN, PRISIÓN Y MARTIRIO DE LOS HERMANOS DE CONSUEGRA   Todo el afán del Hno. Teodosio Rafael era asegurar la continuación de su obra apostólica y la de sus Hermanos una vez que los hubieran detenido y posiblemente, dado muerte, como preveían. Con tal fin, llevó a una vecina la documentación de la Escuela de San Gumersindo, de la cual era director, con el encargo de que la conservara e hiciese llegar a sus sucesores en dicho centro docente. Más esta medida de prudencia no sirvió sino para terminar de ahuyentar el sueño del Siervo de Dios durante la noche siguiente. El pensamiento de que esa familia pudiera ser asesinada si les encontraban dichos documentos que les había confiado, le decidió pocos días después, a rogarle que se los devolviera. Arrancó las hojas que pudieran ser comprometedoras a terceras personas y confió todo en manos de la Divina Providencia.   El 21 de julio de 1936, sobre las nueve de la mañana, los Hermanos se hallaban oyendo la Santa Misa. Los milicianos, por orden gubernativa, cercaron la Escuela, profiriendo insultos y mueras. Advertido de ello el celebrante, consumieron las Sagradas Formas para evitar cualquier posible profanación de las mismas, y se trasladaron a la casa de unos vecinos. Pero los milicianos al no encontrar a los religiosos en su Colegio también rodearon la casa en que se habían refugiado. Conminados a que se entregaran, así lo hicieron, sin resistencia alguna. Llevados a la cárcel, en ella continuaron preparándose a la muerte.   En la noche del 6 al 7 de agosto de 1936, sin previo juicio alguno ni sentencia de ninguna clase, los sacaron juntamente con un sacerdote y los asesinaron junto a otros fieles consaburenses, en el sitio denominado “Boca del Congosto”, en el término de Los Yébenes (Toledo). Los Hermanos Teodosio Rafael, Eustaquio Luis y Carlos Jorge recibieron la muerte como mansos corderos, entre los insultos y blasfemias de sus verdugos, y con el grito de “¡Viva Cristo Rey!” en los labios.   Había sucedido que al nombrar en la cárcel a los presos que iban a llevarse para fusilarlos, llamaron también a Pedro Álvarez Pérez. Cuando oyó su nombre y apellidos el Hermano Felipe José, que tales nombres de pila y apellidos tenía, se presentó a los milicianos. Estos no creyeron que él fuera el religioso, sino otro del mismo nombre y de apellidos idénticos, también encarcelado. A pesar de las reclamaciones del Hermano afirmando que él era el Hermano, no lo creyeron, y se llevaron a su homónimo. El Hermano Felipe José se echó a llorar y pasó toda la noche en llanto, pidiendo que se lo llevasen, diciendo que él quería morir con sus Hermanos.   Según declaraciones del propietario del camión que, obligado por los milicianos,  los condujo al lugar del suplicio, al día siguiente, en nueva saca nocturna de presos para asesinarlos, figuraba asimismo el Hermano Felipe José junto con otras personas de Consuegra, que esta vez fueron conducidos a Fuente del Fresno (Ciudad Real), y como los anteriores, sin previo juicio ni sentencia de ninguna clase. El Hno. Felipe José recibió la muerte con idénticas disposiciones a las de sus compañeros del grupo que les precedió.   En octubre de 1961, con motivo de celebrarse el XXV aniversario de su martirio, los antiguos alumnos de la Escuela de “San Gumersindo”, les dedicaron sendas cruces en los sitios donde tuvo lugar su muerte. Muchas personas - afirma el Hno. Andrés Hibernón - nos han asegurado haber recibido varios e importantes favores por mediación de estos cuatro Hermanos de La Salle.III. LA CEREMONIA DEL TRASLADO DE LOS RESTOS DE LOS MÁRTIRES   Los cadáveres de los cuatro Hermanos: Teodosio Rafael, Eustaquio Luis, Carlos Jorge y Felipe José, debidamente identificados al concluir la Guerra Civil fueron trasladados y enterrados provisionalmente en el cementerio de Consuegra. La identificación fue absoluta: respecto a dos de ellos, cuando se hizo la primera exhumación, se conocían perfectamente sus facciones: Teodosio Rafael, director y Felipe José. De los otros dos tampoco hubo el menor asomo de duda sobre su identidad, pues, aunque no se les conocía por el rostro, sí por las ropas, especialmente por el guardapolvo, bien conocido por todos, y la sábana en que se hallaban envueltos, donativo de una caritativa señora.   Queriendo honrar a las víctimas de la barbarie marxista, el Ayuntamiento junto con el Arzobispado determinó trasladarlos a las criptas de las tres iglesias del pueblo: las parroquias de Santa María y de San Juan Evangelista y a la iglesia de los PP. Franciscanos.   La ceremonia tuvo lugar el 10 de marzo de 1940. Los preparativos duraron varios meses. En representación de la Congregación asistieron los Hermanos Andrés Hibernón, visitador provincial; Félix Bernardo, primer director del establecimiento y Claudio Gabriel, historiador de estos acontecimientos en lo que se refiere a nuestra Congregación.   Por a las 9 en punto de la mañana se hallaban en la parroquia de Santa María, el ayuntamiento en pleno y una masa ingente del pueblo. Salió la procesión en dirección al cementerio con cruz alzada, estandartes, banderas, cofradías. Todo en orden y en silencio. Lo único que se oía era el son acompasado de tres tambores que marcaban el paso lentamente. Llegados al cementerio, se cantó un responso y comenzó la procesión en dirección a la parroquia. Los féretros fueron transportados a hombros. Los restos de cien de los mártires estaban ya en sus cajas, todas ellas adornadas con la cruz santa y con hermosas coronas. Los de nuestros Hermanos estaban y están en una sola caja.   Llegada la procesión a la iglesia parroquial, puestos ordenadamente los féretros, subió el Sr. Párroco al púlpito y habló breve, pero fervorosamente. No nombró a ninguna de las víctimas; digo mal, hizo una excepción: nombró a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, diciendo que eran los héroes de la abnegación en bien del pueblo, que coronaron su vida con el martirio.

   Eran setenta y cinco los que debían descansar en la cripta (que la tienen muy hermosa), justamente debajo del altar mayor; los otros veintitrés, hasta ciento, fueron trasladados en la misma forma, por la tarde, a la parroquia de San Juan Evangelista. Los veintiocho franciscanos lo fueron a su iglesia, el jueves, día catorce del mismo mes y año. El 23 de diciembre de 1982 se les trasladaría al Monasterio de San Juan de los Reyes (Toledo).
 
         En la cripta de Santa María, que es la que nos interesa especialmente, ya que en ella descansan nuestros Hermanos, se han colocado los mártires a los dos lados, derecho e izquierdo, de la misma, según se entra en ella y en medio se ha levantado un altar donde se celebrará la santa misa en circunstancias oportunas. La caja de nuestros Hermanos lleva por fuera una placa de cinc que tiene grabados el nombre en hueco, y dentro de un frasco que se metió allí mismo donde está todo género de indicaciones de su identificación, para que nunca puedan confundirse su identidad.                          

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

BEATO FRAY JUAN DE LA VIRGEN DEL CASTELLAR
Buen sastre y mejor catequista

Juan Francisco Joya Corralero nació en Villarrubia de Santiago (Toledo) el 16 de mayo de 1898, y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Bartolomé dos días más tarde. Su infancia fue difícil; siendo muy pequeño murió su madre; su padre, hombre rudo e incrédulo, lo maltrataba porque el muchacho era de índole piadosa, y decía que quería ser religioso. Fue monaguillo en la parroquia del pueblo, y era considerado un niño «muy bueno, que se portaba bien con todos los chicos», según lo recordaba un anciano del lugar.Cuando tenía 16 años se marchó a trabajar a Madrid, a una tienda de combustibles en la calle del Príncipe, cerca de la iglesia de los trinitarios de la calle Echegaray. Frecuentando la iglesia, conoció la Orden y pidió entrar en ella. Fue admitido para hermano cooperador, tomando el hábito en Algorta el 16 de diciembre de 1918; escogió el apellido religioso «de la Virgen del Castellar» por devoción a la Patrona de su pueblo natal.La profesión simple la realizó el 8 de febrero de 1920. Poco después fue enviado por los superiores a Santiago de Chile, donde emitió la profesión solemne el 26 de julio de 1923. De Chile fue trasladado a Buenos Aires (donde destacó como catequista en el Colegio «Madres Argentinas»), y de allí a Roma (convento de San Carlino) donde residió entre 1930 y 1932. Tras un brevísimo período en Madrid, fue enviado a Belmonte, de donde fue conventual hasta su muerte.Fray Juan era de temperamento jovial y alegre. Fue un buen sacristán, portero y sastre. En Belmonte fundó la Pía Asociación de la Santísima Trinidad (sección de niños) y la Asociación del Niño Jesús. La primera constaba de unos 70 niños, la segunda de unos 20, que todavía no habían hecho la primera comunión. Todos sus desvelos eran para los niños. Les daba el catecismo, y les exponía con maestría ejemplos que los animaran a la piedad, al amor a Dios y a la Virgen María. Era todo un espectáculo para la gente de Belmonte asistir a las comuniones generales de niños organizadas por Fray Juan, tanto por la devoción y compostura de los niños, como por los adornos de los altares a base de ramos y guirnaldas de flores, que él preparaba con arte singular. Tenía paciencia admirable en los ensayos de cantos con los niños, ya que no tenía buen oído. Cuando le parecía que ya habían aprendido bien el canto, llamaba al organista para el ensayo general en la iglesia. Organizaba monumentales chocolatadas para los críos en los claustros del convento, juegos, una biblioteca infantil, catequesis, sesiones de teatro, haciendo las delicias de pequeños y grandes.Devotísimo de su patrona, la Virgen del Castellar, compuso y editó una novena que durante muchos años fue practicada por la gente de Villarrubia de Santiago. Llamaba la atención, a quienes le conocieron, que siendo un hombre con poca preparación intelectual, fuera capaz de ser tan buen pedagogo y de tener tantas iniciativas educativas coronadas con el éxito; su bondad, sencillez, alegría e imaginación suplieron en él la falta de estudios.De su caridad habla elocuentemente el detalle de que, habiéndose podido poner a salvo, no quiso dejar solo al Padre Luis en el convento. Cuando lo detuvieron quisieron fusilarlo en la misma portería, y fue objeto de burlas, insultos y amenazas. Cuando lo sacaron de la prisión de Belmonte para llevarlo a Cuenca, dijo estas palabras a la mujer del carcelero, que tenía varios hijos en las asociaciones trinitarias: «Lo que más siento son los niños de la Cofradía de la Santísima Trinidad, que los dejo para siempre ahora que tanta falta les hace la educación cristiana». En la cárcel se comportó como un religioso ejemplar, ayudando en cuanto podía a sus compañeros, en constante oración. Aprovechaba las cartas del P. Santiago para enviar mensajes a sus amigos, los niños: «A Crucete, de parte de Juan, que salude a los demás niños y que sean buenos» (14-8-36). «Encargue a Crucete y a Pepito, de parte de Juan, que recomiende a los niños pedir mucho a nuestra Patrona la libertad» (24-8-36). Fray Juan era consciente de la certeza del martirio. Cuando examinaron sus restos, en 1939, le encontraron en un bolsillo del pantalón un papelito en el que había escrito su nombre y el pueblo de su nacimiento para que pudieran identificarlo: «Soy Juan Joya Corralero, de Villarrubia de Santiago (Toledo)». Y también se le encontró una medalla de la Patrona de su pueblo, su querida Virgen del Castellar.

BEATO Fray PEDRO ALIAGA ASENSIO (Villanueva del Arzobispo, Jaén, 1971),
pertenece a la Orden Trinitaria de cuyo Gobierno General es consejero,
sacerdote desde 1996, licenciado en teología y doctor en historia,
actualmente es Superior de la Comunidad trinitaria de San Carlino (Roma).

Este artículo se encuentra en su libro “ENTRE PALMAS Y OLIVOS”. Mártires trinitarios del siglo XX en Jaén y Cuenca (puede leerse íntegro en internet).
 
 
 

BEATO CIPRIANO ALGUACIL TORREDENAIDA


Nació en Ajofrín (Toledo) el 12 de octubre de 1884; en la juventud ayudó a sus padres en los trabajos del campo; profesó como hermano cooperador el 6 de enero de 1909 en Ávila; estuvo asignado en los conventos de Ávila (1910-1912), Ocaña (1912-1925), de nuevo Ávila (1926-1932) y Madrid, en este último desde 1932 a 1936; desempeñó cargos de sacristán, cocinero, portero y otros; lo recordaban como muy buen religioso, devoto, trabajador, esmeradamente limpio en sus oficinas.
En el asalto al último convento, el 19 de julio, se ocultó en casa de una hermana que vivía en la capital de España, donde permaneció tres meses, dando ejemplo de vida religiosa y oración; iba a veces a misa a una casa particular, cuando le avisaban que celebraban allí de manera clandestina; presentía, y así lo decía a la familia, que el día de Santa Teresa sería para él un día grande, que esperaba un acontecimiento. Así ocurrió efectivamente; el 15 de octubre fue detenido, se presentó a sus verdugos con el rosario en la mano, declaró que era dominico y se entregó serenamente; su cadáver fue hallado en Barajas (Madrid).

 

EL OBISPO DE CIUDAD REAL, Y 10 COMPAÑEROS MÁRTIRES
 
 

* BEATO MONS. NARCISO DE ESTENAGA y ECHEVARRÍA, obispo. Nació en Logroño el 29 de octubre de 1882 y Fue bautizado el 1 de noviembre, Muy niño todavía, quedó huérfa­no de padre y madre y fue acogido por perso­nas caritativas que lo llevaron a Vitoria. El sa­cerdote D. Joaquín Lamadrid, mártir tam­bién en 1936, había fundado en Toledo un colegio para niños huérfanos o pobres, y llevó a este centro al pequeño Narciso, al que había tenido ocasión de conocer quedando impresionado por su vivacidad de  inteligencia. Bajo la sabia orien­tación de este sacerdote, inició los estudios de carrera eclesiástica en el seminario de Toledo, que culminó con su graduación en sU ordenación sacerdotal en 1907.Dadas las cualidades excepcionales que le adornaban, pronto fue nombrado canónigo de la catedral primada. El 20 de noviembre de 1922 fue elegido obispo de Ciudad Real, donde hizo su ­ entrada el 12 de agosto de 1923.Verdadero hombre de espíritu, que transmitía con sus obras y palabras, la actividad del nuevo prelado se extendió a todos los campos.Cuando la situación se complicó, sobre todo a mediados de julio de 1936, y peligraban las personas de Iglesia, algunos amigos ofrecieron, al Sr. Obispo y a su familiar la posibilidad de ponerse a salvo abandonando la diócesis, lo que no aceptaron. Como diría el Prelado: “mi puesto está aquí”. Nuevamente el día 26 ó 27 les ofrecieron la posibilidad de librarse, y su respuesta fue la misma: «aquí está mi puesto”. El 5 de agosto un grupo de milicianos armados asaltaron el obispado, donde él residía, y empezaron un registro meticuloso. El Sr. Obispo defendió el Sagrario de una profanación inminente. En un momento dado amenazaron con matar al Prelado, quien, de rodillas, les dijo: “matadme”. Pero no lo hicieron. El día 12 de agosto los echaron fuera del obispado y los acogió una familia amiga, con quien permanecieron hasta el día 22. Ese día los milicianos asaltaron la casa y se llevaron al Sr. Obispo y a su secretario, que no opusieron la menor resistencia. Los condujeron por el camino de Peralvillo Bajo, hacia el río, donde los asesinaron disparándoles. D. Narciso tenía 53 años. Al día siguiente sus cadáveres fueron vistos por un testigo, que los reconoció. Llevados al depósito del cementerio, los colocaron en dos sencillas cajas de madera y los trasportaron a la sepultura del Cabildo, donde fueron enterrados. El 10 de mayo de 1940 el cadáver de D. Narciso fue sepultado en la catedral.

Santa Ángela de la Cruz y el Beato Narciso Estenaga

* BEATO JULIO MELGAR SALGADO, sacerdote diocesano.

D. Julio Melgar Salgado, nació el 16 de abril de 1900 en Bercero (Valladolid), siendo bautizado el día 22. A los 10 años ingresó en el Seminario vallisoletano, donde completó sus estudios. Allí conoció al Obispo de Ciudad Real D. Narciso Estenaga, quien lo ordenó de sacerdote en 1924 y lo nombró su secretario, pasando a esta nueva diócesis.El día 22 de agosto de 1936 los milicianos asaltaron la casa donde se había refugiado con su Obispo, los llevaron hasta el río v allí los asesinaron disparándoles. D. Julio temía 36 años. Al día siguiente su cadáver fue enterrado en la tumba que el Capítulo tenía en el cementerio. * BEATO FÉLIX GONZÁLEZ BUSTOS, párroco de Santa Cruz de Mudela Don Félix González Bustos nació en Alcubillas (Ciudad Real), el 23 de febrero de 1903. Sus padres, Marcial González y Carmen Bustos, de muy cristianas costumbres y de conducta ejemplar, hicieron bautizar a su hijo dos días después de su nacimiento, imponiéndole los nombres de Félix Luis Florencio. Educado en un hogar profundamente cristiano, germinará en él la vocación sacerdotal y su pronto ingreso en el Seminario.
        Por su piedad en los rezos y en todos los actos del culto, así como por su aplicación en los estudios propios del Seminario, dio claras pruebas de la solidez de su vocación como del aprecio en que la tenía. Su inclinación a la virtud y su amor al trabajo del estudio ocuparon santamente su adolescencia y su juventud y le ayudaron grandemente para aprovechar en santidad y en letras.
Termina los estudios eclesiásticos, ordenándose de Sacerdote en 1927, contando entonces veinticuatro años de edad. Don Félix fue nombrado enseguida Cura Regente de la Parroquia de Carrizosa, en la que ha dejado un buen recuerdo de su piedad, de su celo y de su tesón en vencer las dificultades y dotar al pueblo de un templo parroquial digno. En 1934 es trasladado a Santa Cruz de Mudela para sustituir a don Antonio Pardo, quien pidió ser relevado de su cargo por motivo de enfermedad.
Don Félix se granjeó enseguida el afecto de todos y su labor fue una continuación de la de su antecesor.
        Aunque don Félix se ganó la confianza y el afecto de los habitantes de Santa Cruz, no impidió, sin embargo, que el torbellino de la impiedad y de la persecución le arrollase al martirio, juntamente con sus más dignos colaboradores, don Pedro Buitrago, don Justo Arévalo y los cinco Hermanos de las Escuelas Cristianas que regentaban la Escuela de San José.

        La detención de don Félix, de don Pedro y de don Justo tuvo lugar el día 3 de agosto. Cuando entraron en «El Pósito», convertido en cárcel, ya encontraron allí a los Hermanos Agapito León, Josafat Roque, Julio Alfonso, Dámaso Luis y Ladislao - Luis. También se hallaba allí ya el maquinista de la RENFE Álvaro Santo Cejudo. Al igual que sus compañeros sacerdotes y todos los hermanos de las Escuelas Cristianas, sufre toda suerte de vejaciones y de torturas. En plena fuerza de los calores del verano se les obligaba a barrer la plaza y calles públicas. Recibió el martirio junto con el resto de sus compañeros en la fatídica noche del 19 de agosto, en el cementerio de Valdepeñas, por su condición de sacerdote.       

* BEATO PEDRO BUITRAGO MORALES, coadjutor en la parroquia de Santa Cruz de Mudela

D. Pedro Buitrago Morales había nacido en La Solana (Ciudad Real), el día 24 de enero de 1883. Sus padres se llamaban Raimundo Buitrago y  Manuela Morales. Recibe el bautismo en dicho pueblo a los pocos días de nacer y se le impone el nombre de Pedro. En el hogar de sus padres, en la escuela y en la parroquia percibe un ambiente profundamente cristiano. Del padre, como antiguo y entendido sacristán, hereda el gusto por la música y  el canto. Con esas enseñanzas, prácticas religiosas y ambiente cristiano  surge y se desarrolla  su vocación sacerdotal. Empieza su etapa estudiantil, ya fuera del pueblo, en el Seminarista en Murcia, y finaliza los estudios eclesiásticos en Ciudad Real.

Ordenado de Sacerdote, cantó su primera Misa  el día 1 de enero de 1908 en La Solana, de cuyo convento de Dominicas es nombrado Capellán.
 Ocho años después, en 1916, es enviado como Coadjutor a Pedro Muñoz, en marzo de ese mismo año, y antes de terminarlo, en septiembre, es trasladado a ejercer el mismo cargo a Santa Cruz de Mudela y permanece  durante veinte años. Como Sacerdote, sirvió a Dios y a la Iglesia con todos sus talentos y aptitudes, entre los cuales se destacaba su buena voz de tenor, que puso siempre al servicio de Dios para realzar las funciones religiosas, como antes en el Seminario, las veladas que en él se organizaban.
 Durante los veinte años de su Coadjutoría pudieron admirar los feligreses de Santa Cruz de Mudela la contribución de don Pedro para dar realce y mayor solemnidad a las celebraciones litúrgicas, tanto en la Parroquia, como en el Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes y parroquias de la comarca.
La Caridad cristiana y fraternal que reinaba entre don Pedro y don Justo Arévalo Mora, coadjutores de la parroquia y de éstos con su Párroco don Antonio Pardo, y después con don Félix González Bustos, constituye una prueba inequívoca de la sólida virtud de los tres Sacerdotes, que antes y durante el año 1936 ejercían su misión Sacerdotal en Santa Cruz de Mudela.
 Cuando doña Rosario Laguna dejó terminada su segunda fundación, el colegio para niños,  don Pedro sustituye a don Justo en el cargo de Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que desde el principio venían regentando la Escuela de San José. 
 El mismo día que el Párroco don Félix González, es decir, el 3 de agosto, fue detenido don Pedro y por los mismos motivos que lo fue aquél y que lo serán don Justo y los Hermanos de la Escuela de San José: porque eran Sacerdotes, Religiosos o Católicos fervientes; y si a Él le crucificaron, los discípulos no pueden ser mejor tratados que el Maestro. (Mat., X, 24.). Cayó asesinado en el Cementerio de Valdepeñas la madrugada del 19 de agosto de 1936, junto con sus compañeros sacerdotes, don Félix González Bustos (Párroco) don Justo Arévalo y cinco Hermanos de las Escuelas Cristianas.* BEATO JUSTO ARÉVALO MORA, Coadjutor de Santa Cruz de Mudela
Don Justo Arévalo y Mora, nació en Miguelturra (Ciudad Real), el 19 de julio de 1869, en el seno de una familia profundamente cristiana, y fue bautizado el día de su nacimiento. Fueron sus padres José Arévalo Ruiz y  Teresa Mora Arévalo, honrados y buenos cristianos, educaron a su hijo Justo  en la práctica de las virtudes humanas y cristianas. La niñez de Justo transcurre con normalidad en el hogar paterno, escuela y ambiente de los niños y adolescentes de su época. Pronto germina en él la vocación Sacerdotal.  Ingresa en el Seminario; el estudio y la piedad fueron formando en él aquél carácter de bondad atrayente que le distinguió durante su vida de Sacerdote.
Don Justo fue ordenado en 1895, a los veintiséis años de edad. Los primeros años de su vida de Sacerdote los pasó, sucesivamente, en los pueblos de Luciana y Guadalmez, y posteriormente, como coadjutor, en Torralba, en donde permaneció hasta que con el mismo cargo pasó a Santa Cruz de Mudela. Don Justo  se manifestó siempre  bondadoso, atrayente y servicial, sin más diferencia que el menor o mayor lapso de tiempo pasado en cada uno de los pueblos para ejercer el ministerio sacerdotal
 Poco tiempo después de hacerse cargo de la Parroquia don Félix, don Pedro Buitrago Morales cambió con don Justo la Coadjutoría, por la Capellanía del Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Desde el primer día se dio a la escuela, a los Hermanos y a los niños.  Para él era una gran satisfacción oírlos en confesión, dirigirles sencillas pláticas y prepararlos a la Primera Comunión.  La fundadora de la Escuelas de San José, doña Rosario Laguna, se felicitaba por haber fundado la escuela, por haber llamado a los Hermanos para dirigirla y por tener ahora a don Justo por Capellán de la misma. Los mismos Hermanos veían ya los frutos de sus trabajos en la floreciente Asociación de Antiguos Alumnos y de la Asociación de Padres de Familia, que se formó para asegurar la buena educación de sus hijos.
 Pero el bien y la paz que se gozaba en Santa Cruz estaban amenazados de perecer. La Escuela de San José, que tanto bien hacía a la juventud, fue clausurada.  El 19 de julio empezó la revoluci6n en el pueblo, y el día 20 ya pusieron guardia al Colegio para que no pudieran salir los Hermanos; el 21 de julio un grupo de milicianos asaltaron el Colegio y los Profesores religiosos fueron conducidos a la cárcel. El 3 de agosto les tocó el turno a los sacerdotes: don Félix, Párroco; don Pedro; Coadjutor, y don Justo, el querido Capellán de los Hermanos. Al entrar en el «Pósito», convertido en cárcel se encontraron allí con los Hermanos, que llevaban ya trece días de prisión. También se encontraba allí el ferroviario Álvaro Santos Cejudo, que ingresó en la cárcel el 2 de agosto. Ya se hallan juntos los «nueve» Siervos de Dios. Al verse allí, se confortaron mutuamente y estrecharon todavía más la amistad y caridad que los unía. De la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas, cinco religiosos fueron asesinados en las mismas circunstancias:

CINCO HERMANOS DE LAS ESCUELAS CRISTIANAS (LA SALLE)

* BEATO AGAPITO LEÓN (Remigio Ángel Olalla Aldea)

Nació en Acinas (Burgos) el 2 de agosto de 1903, y fue bautizado el día 4. Ingresó en el Noviciado Menor de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1916, cuando contaba 13 años. Hizo sus primeros votos el 9 de agosto de 1921 y los votos perpetuos el 26 de agosto de 1928. Después del Escolasticado inició su apostolado como profesor del Noviciado Menor de Griñón. En 1935 fue a Lembecqlezhal para seguir el Segundo Noviciado. Al regresar, fue nombrado provisionalmente director de la comunidad de Santa Cruz de Mudela, porque el director estaba enfermo.Allí se encontraba cuando comenzó la persecución religiosa en julio de 1936. Encarcelado el 22 de julio con todos los Hermanos de la comunidad, la noche del 18 de agosto fueron asesinados en el Cementerio de Valdepeñas. Tenía 33 años. * BEATO JOSAFAT ROQUE (Urbano Corral González) Nació en Navaojos de Losa (Burgos) el 6 de diciembre de 1899, y recibió el bautismo el día 8. ingresó en el Noviciado Menor de Bujedo en septiembre de 1913. Tomó el Há­bito religioso el 2 de fe­brero de 1916. Después del Escolasticado en Bujedo, ejerció su apostolado en el cole­gio Maravillas, de Madrid, en 1919. Después fue nombrado cate­quista  del Noviciado, y de nuevo pasó a Maravillas, donde se encontraba cuando el colegio fue incendiado en 1931. Pasó luego al Colegio de San Fernando, en Andalucía, y en 1933 fue destinado a Santa Cruz de Mudela, donde le sorprendió la persecución religiosa.El 22 de julio de 1936 los cinco Hermanos de la comunidad fueron detenidos por los milicianos. Estuvieron encerrados hasta la noche del 18 de agosto, en que otro grupo de milicianos los condujo, junto a cinco sacerdotes y 20 personas significadas por su fe religiosa, al cementerio de Valdepeñas. Allí fueron sacrificados y enterrados en una fosa comúm. El Hno. Josafat tenía 36 años.* BEATO JULIO ALFONSO (Valeriano Ruiz Peral) Nació en Arconada (Palencia) el 15 de septiembre de 1911 recibió el bautismo el día 17. Ingresó en el Noviciado Menor de Bujedo el 1 de febrero de 1926. Al año siguiente, el 1 de febrero de 1927, comenzaba su noviciado. Terminado su Escolasticado, en 1931, inició su apostolado en la Escuela de San Martín, en Madrid. El 12 de septiembre de 1933 llegó a su nueva comunidad de Santa Cruz de Mudela, donde le sorprendió la persecución religiosa de 1936.Detenido con los otros cuatro Hermanos de la comunidad el 22 de julio, fue asesinado el 18 de agosto de 1936 en Valdepeñas con los Hermanos, con cinco sacerdotes y otros 20 seglares muy relevantes por sus convicciones religiosas. Tenía 24 años.* BEATO DÁMASO LUÍS (Antolín Martínez Martínez) Nació en Armellada (León) el 12 de enero de1915. Recibió el bautis­mo al día siguiente, 13 de enero. Ingresó en el Noviciado Menor de Bujedo el 29 de septiembre de 1928. Tomó el Hábito el 1 de febrero de 1931. Después del Escolasticado fue destinado en 1934, a Santa Cruz de Mudela. Fue su único campo de apostolado, ya que allí le sorprendió la persecución religiosa de 1936.Detenido con los otros cuatro Hermanos de la comunidad el 22 de julio, fue asesinada el 18 de agosto de 1936 en Valdepeñas, con los Hermanos, con cinco sacerdotes y 20 seglares. Tenía 21 años.* BEATO LADISLAO LUIS (Isidro Muñoz Antolín) Nació en Arconada (Palencia) el 8 de mayo de 1916 y fue bautizado el día 14. Ingresó en el Noviciado Menor de las Escuelas Cristianas de Bujedo el 7 de febrero de 1929. Recibió el hábito religioso el 28 de septiembre de 1932. Después del Escolasticado, comenzó su apostolado en Santa Cruz de Mudela, donde llegó el 6 de septiembre de 1935. Fue su único campo de apostolado, ya que allí le sorprendió la persecución religiosa de 1936.Detenido con los otros cuatro Hermanos de la comunidad el 22 de julio, fue asesinado el 18 de agosto en Valdepeñas con los  hermanos, con cinco sacerdotes y otros 20 seglares. Tenía 20 años. * BEATO ÁLVARO SANTOS CEJUDO, laico Nació en Daimiel (Ciudad Real) el 19 de febrero de 1880 y fue bautizado al día siguiente. Fue Hermano de las Escuelas Cristianas ‑La Salle‑ durante ocho años y tuvo que abandonar la congregación por problemas familiares. Años después contrajo matrimonio con María Rubio Márquez y fue padre de siete hijos, algunos de los cuales murieron de corta edad. Trabajaba en la Red Nacional de Ferrocarriles (RENFE), dando siempre testimonio de su fe cristiana. Era Adorador nocturno. verdadero católico practicante, por lo que los anticlericales lo miraban con cierta ojeriza y lo tenían fichado.El 22 de julio de 1936 un grupo de fusileros registraron su casa y lo detuvieron durante unas horas. A pesar de ese aviso no dejó de ir al trabajo. El día 2 de agosto uno de sus compañeros le dijo a otro que Álvaro iba todos los días a misa, y que tenía dos hijas religiosas, por lo que lo quiso matar, pero se lo impidieron otros ferroviarios. No obstante, lo mandaron arrestar y lo llevaron a la cárcel de Santa Cruz de Mudela, donde se encontró con los tres sacerdotes y los cinco Hermanos de La Salle antes recordados. Con ellos rezaba el rosario y se animaba a testimoniar su fe. Recibió la corona del martirio un mes más tarde: el día 17 de septiembre por la tarde lo llevaron a Alcázar de San Juan y lo encerraron en el exconvento de los Trinitarios, que hacía de cárcel. Esa misma noche lo llevaron al cementerio y lo fusilaron. Tenía 56 años. El día 17 de septiembre de 1997 sus restos fueron exhumados y trasladados a la iglesia de los Trinitarios de Alcázar de San Juan (Ciudad Real).

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El Decreto declara: “Estos once Siervos de Dios sufrieron la muerte por Cristo, todos con la esperanza de la vida eterna y todos perdonando a sus verdugos; por lo que el pueblo los tuvo por mártires de la fe... Conocedor de todo esto, el Sumo Pontífice Benedicto XVI, ha declarado: que consta el martirio; fueron fusilados por odio a la fe; los once Siervos de Dios padecieron la muerte para testimoniar su fidelidad a Cristo y a la Iglesia”. Damos gracias a Dios porque nos ha regalado a lo largo de nuestra historia frutos muy selectos que nos hablan de la madurez cristiana de nuestra iglesia diocesana. Treinta y tres (26 Pasionistas de Daimiel; 3 Hermanos Hospitalarios de Moral de Calatrava; 3 Marianistas de Ciudad Real y el Rector del Seminario de Ciudad Real, Operario Diocesano) beatificados por S.S. Juan Pablo II, que marcan la vida cristiana de nuestra Iglesia local con el más esclarecido testimonio del evangelio: amar hasta el extremo. No se cierra con estos nombres el número de testigos de la fe en nuestra Diócesis: aguardan en la fase romana (última etapa del proceso) siete causas con un total de 52 mártires: Trinitarios de Alcázar de San Juan (6), Franciscanos de Alcázar de San Juan (6), Dominicos de Almagro (20), Religiosos del Corazón de María de Ciudad Real (15), Jesuitas de Ciudad Real (4) y el sacerdote Operario Francisco Castor Sojo López, que fuera mayordomo de nuestro Seminario Diocesano. Y desde el año 2001 se trabaja en la fase diocesana la Causa de 110 presuntos mártires de la persecución religiosa en nuestra Diócesis, con lo que la suma total de nuestros Sacerdotes - Religiosos - Seglares mártires podría alcanzar la cifra de 205.Para que todos podamos avanzar por el camino de la santidad es importante poner la mirada en quienes alcanzaron ya la meta a la que aspiramos, y en quienes dieron muestras de heroica fidelidad al Señor aun a costa de la propia vida, aunque la Iglesia todavía no se haya pronunciado sobre su santidad en todos los casos. El objetivo al que deben apuntar las distintas actividades programadas por la Iglesia en el ámbito universal, nacional y diocesano para el tercer milenio, nos lo señaló muy bien el Papa Juan Pablo II recordándonos que había sido, también, el objetivo de cuantas actividades actividades
adornaron el Año Jubilar en el 2000 aniversario de la Encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Nos dijo, al introducirnos en el tercer milenio: “No dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino de la pastoral es la de la santidad... Hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral” (NMI, 30). Nuestros obispos, como es lógico, han asumido las directrices del Papa en el Plan Pastoral para el tercer milenio: “La floración de santos ha sido siempre la mejor respuesta de la Iglesia a los tiempos difíciles”. El Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española para los años 2006 - 2010 destaca claramente la necesidad de la santidad y el testimonio hasta el martirio de los católicos españoles para el momento histórico que nos toca vivir; y, como acciones pastorales concretas para España, se ha creado la Oficina para las Causas de los Santos y se trabaja en la “preparación y celebración de al menos una gran ceremonia de Beatificación de numerosos mártires de la persecución religiosa en España (1936-1939), acompañada de una cuidada y oportuna oportuna acción pastoral sobre la santidad de la vida cristiana y el testimonio de la fe”. Injustos seríamos con quienes dieron su vida por mantenerse fieles al Señor, y cometeríamos también injusticia con nuestra Iglesia Particular, si no procurásemos con todo nuestro agradecimiento que brille esa corona variada, fresca y actual, formada por todos nuestros fieles, de quienes se llegue a probar el verdadero martirio por la fe, siendo tiempos tan inclementes los que vivimos, y tan necesitados de ver con sus ojos el reconocimiento del valor de la entrega al Reino del Señor.

FRANCISCO DEL CAMPO REAL

Delegado Diocesano para las Causas de los Santosde la Diócesis de Ciudad Real

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

CUENCA

 

* MONS. CRUZ LAPLANA LAGUNA Nació en Plan (Huesca) el 3 de mayo del año 1875. Pronto sintió
inclinación por el sacerdocio y a los 11 años ingresó en el seminario de Barbastro, en donde se formó intelectualmente en las ciencias profanas y eclesiásticas y acrecentó su vida de piedad. Fue muy apreciado por todos sus compañeros y profesores. Fue ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1898. De 1912 a 1916 fue ecónomo y párroco de Caspe, donde brilló por su caridad y buena acogida de todos los caspolinos, fomentando además el culto y la práctica de los sacramentos y el culto a la Sgda. Eucaristía. Luego, hasta 1922, trabajó como párroco de la iglesia zaragozana de San Gil. Brilló por su celo y caritativa dedicación por las gentes más humildes. Nombrado Obispo de Cuenca, fue consagrado en Zaragoza el 26 de marzo de 1922. Ejerció con gran celo su labor apostólica durante 14 años. Realizó la nueva reestructuración de la diócesis y puso sumo interés en la formación integral de los alumnos del Seminario. Fomentó las asociaciones piadosas y caritativas de la Acción Católica y las Hijas de María. Al tomar posesión en un domingo de Ramos, alguien, durante la triunfal entrada en la ciudad, dijo que nunca detrás de aquel día llegara un viernes santo. Pero las horas difíciles llegaron. Nada más iniciada la contienda civil, un día después, el 19 de julio de 1936 un grupo de milicianos armados rodearon el palacio episcopal, donde quedó prisionero para pasar unos días después, el 28, al Seminario, en compañía de otras personas y de D. Fernando Español, su fiel familiar y secretario. El Alcalde de la ciudad intentó liberarlo enviando a la Guardia Civil para que saliera disfrazado entre ellos con el uniforme de la benemérita. Mons. Cruz se negó rotundamente a ello diciendo que su uniforme era la sotana y su obligación estar junto a las almas a él encomendadas. Y en la noche del 7 al 8 de agosto fue conducido con D. Fernando a la carretera de Villar de Olalla. Y en el kilómetro cinco, en el cerro denominado “Puente de la Sierra”, una bala de fusil y siete de pisto la quitaron la vida a unas ilustres personas por el solo hecho de ser sacerdotes y profesar su fe en Cristo. Sus últimas palabras fueron: “que Dios os perdone, como yo os perdono y bendigo...”. Y ya no pudo decir más. Sus restos recibieron sepultura en el cementerio de la ciudad y hoy están en la catedral.D.

* FERNANDO ESPAÑOL BERDIÉ Nació el 11 de octubre de 1875 en Anciles (Huesca). Tras finalizar la carrera de abogado, pronto cambió su rumbo, ingresando en el Seminario de Barbastro.
Fue ordenado sacerdote el 1 de junio de 1901. En 1921 Monseñor Cruz Laplana le nombró su familiar (secretario personal). Fue nombrado canónigo, maestro de ceremonias y profesor del Seminario. Vivió pobremente, y el poco dinero que ganaba lo repartía entre los necesitados de la pequeña ciudad. Una vez iniciada la contienda civil, compartió la prisión con su obispo, tanto en el Palacio como en el Seminario. Y si bien le dijeron que a él no lo buscaban, no quiso separarse de Mons. Cruz. Con él rezaba y celebraba el santo sacrificio de la Misa, compartían el sacramento de la reconciliación y así se preparaban para pasar a la vida eterna en la noche del 7 al 8 de agosto de 1936 en el kilómetro 5 de la carretera de Villar de Olalla. Y en el alto de ‘Puente de la Sierra’, unas balas asesinas dieron fin a su existencia terrena. Sus restos quedaron junto a la cuneta hasta que, levantado el cadáver, fue enterrado juntamente con el Sr. Obispo, en el cementerio de la ciudad.

* VICENTE TOLEDANO VALENCIANO. Nació en Saceda Trasierra (Cuenca) el 28 de octubre de 1900. Ordenado sacerdote el 6 de junio de 1925, cuando estalló la guerra era párroco de Uclés (Cuenca). Recibió la palma del martirio en la madrugada del 27 al 28 de julio de 1936.Este mártir pertenece al Proceso del Siervo de Dios Avelino Rodríguez Alonso, O.S.A. y 103 compañeros mártires.

D. LEÓN CHICOTE POZO

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

TRASLADO DE LAS RELIQUIAS DE LOS BEATOS, MÁRTIRES DE UCLÉS
13 DE DICIEMBRE DE 2009

Presidió la Santa Misa el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo de Cuenca, José María Yanguas Sanz, acompañado de la Orden Agustiniana; el Rector, sacerdotes y alumnos del Seminario Menor Santiago Apóstol de Uclés, y los párrocos de Saceda Trasierra y Uclés, junto a numerosos sacerdotes, familiares de los mártires y feligreses de la parroquia de Santa María de Uclés.

 

 

BEATO VICENTE TOLEDANO VALENCIANO
 

Nació el 28 de octubre de 1900 en Saceda Trasierra (Cuenca). Miembro de una familia numerosa, de cinco hermanas y cinco hermanos, él era el undécimo. Comenzó sus estudios de bachillerato en Cuenca, pero por propia decisión ingresó en el Seminario, donde se ordenó de presbítero el 5 de junio de 1925. Después de su ordenación desempeñó el ministerio en las parroquias de Peñalén, Reillo y La Cierva, todas en la diócesis de Cuenca.
En diciembre de 1933 llegó a Uclés (Cuenca) con el nombramiento de párroco. Allí se distinguió por su prudencia, su dedicación a los más pobres y su estrecha colaboración con los PP. Agustinos cuyo convento-noviciado, pertenecía a su feligresía.
Físicamente era una persona de baja estatura, delgado y, aunque joven todavía, carente de pelo en la parte superior de la cabeza, por lo que siempre usaba sombrero.
          
Fue apresado el 27 de julio, por unos milicianos llegados de Madrid, juntamente con el P. Superior del Monasterio y otros tres padres agustinos. Conducido, al lugar denominado de las “Emes” de Belinchón, alcanzó la palma del martirio en la madrugada del 28 de julio de 1936. Fue beatificado el 28 de octubre de 2007, al igual que sus compañeros agustinos.
           

 

BEATO JOSÉ GUTIÉRREZ ARRANZ

 

Nació el 14 de abril de 1883 en Zuzones (Burgos). Cursó sus estudios en Santa María de La Vid (Burgos), donde se ordeno presbítero el 26 de julio de 1911. Fue elegido superior del Monasterio de Uclés en 1933. Era enjuto de rostro y un hombre austero y serio.
Apresado por los milicianos el 27 de julio, alcanzó el martirio el día 28, en el lugar llamado de las “Emes” de Belinchón. Quedó con vida y fue rematado ya de mañana de un disparo en la boca.

 

BEATO JOSÉ AURELIO CALLEJA DEL HIERRO
 

Nació en Melgar de Fernamental (Burgos) el 15 de octubre de 1901. Realizó sus estudios en Valladolid y en Santa María de la Vid (Burgos) donde recibió la ordenación sacerdotal el 15 de mayo de 1927, su primer y único destino fue el Monasterio de Uclés.
De estatura media y complexión fuerte, era hombre muy trabajador y un excelente maestro de música y organista, formado en esta materia en el Monasterio de Silos (Burgos).
Apresado el 27 de julio por los milicianos, fue conducido al paraje de las “Emes” de Belinchón. Alcanzó allí la palma del martirio en las primeras horas del día 28 de julio.

 

BEATO ANTOLÍN ASTORGA DÍEZ

 

Nació en Aguilar de Campoo (Palencia) el 16 de febrero de 1906. Se formó en Valladolid y en Santa María de la Vid (Burgos) donde recibió la ordenación sacerdotal el 19 de julio de 1931.
Estuvo destinado en Uclés, en Ceuta y en Cádiz, donde tuvo que asistir al asalto de ambos conventos en marzo de 1936. Volvió a Uclés pocos días antes de los acontecimientos del mes de julio. Hombre de salud muy precaria, tenía fama entre sus alumnos de afable y bondadoso. Apresado el 27 de julio, alcanzó el martirio en las primeras horas del día 28.

 

BEATO ENRIQUE SERRA CHORRO

 

Nació en Alcira (Valencia) el 8 de noviembre de 1899. Hijo de una familia muy humilde, compuesta de los padres y once hermanos. Comenzó su formación en un colegio religioso, en calidad de gratuito. Los estudios de Filosofía y Teología, los realizó en Santa María de la Vid (Burgos) donde recibió la ordenación sacerdotal el 25 de julio de 1930. Su único destino fue el Monasterio de Uclés.
Era un buen músico y aficionado a la escultura. De baja estatura y delgado, destacaba entre sus alumnos como muy agradable y simpático. Apresado el 27 de julio, entregó su vida al día siguiente al grito de “¡Viva Cristo Rey!”

 

ALBACETE

BARTOLOMÉ RODRÍGUEZ SORIA. Riópar (Albacete), 7 de septiembre de 1894. Recibió el presbiterado el 16 de marzo de 1918. Párroco de Munera (Albacete), en este pueblo recibió la palma del martirio. Era el 29 de julio de 1936.

 
 
MAMERTO CARCHANO CARCHANO. Elche de la Sierra (Albacete), 21 de julio de 1879. Recibió el Orden Sacerdotal el 19 de diciembre de 1903. Arcipreste de Elche de la Sierra (Albacete), fue fusilado el 28 de agosto de 1936.
 

RIGOBERTO AQUILINO DE ANTA Y DE BARRIO. Sax (Albacete), 4 de enero de 1894. Tras la ordenación sacerdotal, fue nombrado párroco de Alcadozo en 1920. En 1936 era párroco de Peñas de San Pedro (Albacete), donde recibió la palma del martirio el 24 de agosto de 1936.

 

FORTUNATO ARIAS SÁNCHEZ. Almaciles (Granada), 11 de junio de 1891. Recibió el Orden Sacerdotal en 1918. En 1929 fue nombrado párroco de Hellín (Albacete). Fue el verdadero precursor de la Acción Católica en la diócesis. Asesinado el 11 de septiembre de 1936.

 
 

MIGUEL DÍAZ SÁNCHEZ. Caudete (Albacete), 30 de julio de 1879. Recibió el Orden Sacerdotal en 1903. Después de ejercer el ministerio en diferentes pueblos, regresó como párroco a su pueblo natal. Los sucesos de 1936 le llevaron a la detención el 14 de octubre, a su traslado a la cárcel de Almansa y a su martirio el 15 de noviembre.

 

De estos cinco mártires de Albacete, los dos primeros pertenecen a la Causa abierta en Toledo del Beato Liberio González Nombela y XII compañeros mártires. Los tres siguientes pertenecen a Causas que han sido instruidas por los PP. Agustinos

ANTONIO ABELLÁN NAVARRO

 

ORDEN DE SAN AGUSTÍN
 

COMUNIDAD DE PP. AGUSTINOS DE UCLÉS (CUENCA)

Uclés, 13.XII.09

* P. JOSÉ GUTIÉRREZ ARRANZ. Nació el 14 de abril de 1883 en Zuzones (Burgos). En 1933 fue nombrado Superior del Seminario que la Provincia Agustiniana de España tenía en Uclés (Cuenca).* P. ANTOLÍN ASTORGA DÍEZ. Nació en Aguilar de Campoo (Palencia) el 16 de febrero de 1906.* P. JOSÉ AURELIO CALLEJA DEL HIERRO. Nació en Melgar de Fernamental (Burgos), el 15 de octubre de 1901.* P. ENRIQUE SERRA CHORRO. Nació en La Barraca (Alcira, Valencia), el 8 de noviembre de 1899. El 24 de julio de 1936 los agustinos fueron desalojados del Monasterio de Uclés y acogidos por buenas familias de la localidad. Estos cuatro fueron detenidos por milicianos en la tarde del día 27 de julio. Aquella noche, en las “emes” de Belinchón morirían asesinados por odio a la fe.

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* P. PEDRO ALONSO FERNÁNDEZ. Nació el 1 de agosto de 1888 en Faramontanos de Tábara (Zamora).* P. LORENZO ARRIBAS PALACIO. Nació en Arconada de Bureba (Burgos), el 10 de agosto de 1880.* P. FROILÁN LANERO VILLADANGOS. Nació en Villadangos (León) el 3 de octubre del año 1910.* P. PRIMITIVO SANDÍN MIÑAMBRES. Natural de Santibáñez de Tera (Zamora). Nació el 25 de enero de 1893.Después de la muerte de los primeros mártires, este grupo se encaminó hacia Madrid. Fueron detenidos
en el mismo tren y asesinados, el 28 de julio, en el kilómetro 9 de la carretera de Madrid-Valencia.

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* P. JACINTO MARTÍNEZ AYUELA. Nació el 3 de julio de 1882 en Celadilla del Río (Palencia).* P. NICOLÁS DE MIER FRANCISCO. Nació en Redondo (Palencia) el 4 de diciembre de 1903. Se vieron obligados a abandonar el pueblo y, camino de Cuenca, fueron apresados y conducidos a la cárcel de la ciudad. Allí dieron ejemplo animando, rezando y conversando con los detenidos hasta que el día 21 de septiembre fueron sacados para ser asesinados junto a las tapias del cementerio de la ciudad de Cuenca.

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* P. JULIÁN ZARCO CUEVAS. Nació en Cuenca el 27 de julio de 1887. Toda su vida la dedicó a ejercer su oficio de primer bibliotecario de la Real Biblioteca de la Comunidad de El Escorial. Fue detenido con toda la Comunidad el 6 de agosto y encarcelado en la prisión de San Antón de Madrid. Juzgado a finales de noviembre, hizo una brillante apología de todos sus trabajos académicos, pero por encima de todo recalcó su condición de religioso agustino. Por esto se le condenó a muerte. En la mañana del 30 de noviembre de 1936 se le condujo con otros 50 agustinos a Paracuellos del Jarama (Madrid), donde fueron fusilados.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
COMUNIDAD DE PP. AGUSTINOS DE CAUDETE (ALBACETE)
 

* P. GABINO OLASO ZABALA. Nació en Abadiano (Vizcaya) el 18 de febrero de 1869. En 1933 fue nombrado Superior de la Casa-Enfermería de Caudete, donde le sorprendió el comienzo de la guerra el 18 de julio de 1936, y de una feroz persecución religiosa.* P. FELIPE BARBA CHAMORRO. Nació en Pozo Antiguo (Zamora) el 5 de febrero de 1873.* FRAY LUIS BLANCO ÁLVAREZ, natural de Ayoó de Vidriales (Zamora). Nació el 20 de noviembre de 1888.* P. EMILIO CAMINO NOVAL. Nació en Valdesoto (Castiello, Asturias) el 9 de octubre de 1877.* P. ANASTASIO DÍEZ GARCÍA. Nació el 21 de enero de 1877 en la localidad de Quintanilla de Vivar (Burgos).* P. VÍCTOR GAITERO GONZÁLEZ. Nació en Valdemora (León) el 22 de octubre de 1871.* P. ÁNGEL PÉREZ SANTOS. Nació en Villaherreros (Palencia) el 1 de octubre del año 1877.* P. CIPRIANO POLO GARCÍA. Natural de Mayorga (Valladolid), nació el 16 de septiembre del año 1880.* FRAY LUCIANO RAMOS VILLAFRUELA. Nació en Villahoz (Burgos), el 17 de octubre de 1884.* FRAY UBALDO REVILLA RODRÍGUEZ. Nació el 16 de mayo de 1885 en Buenavista de Valdivia (Palencia). La Casa-Enfermería de Caudete quedó, al estallar la guerra, en la zona dominada por el Gobierno... Menos el Superior, los tres hermanos y los tres colegiales, eran todos personas enfermas y necesitadas de especial cuidado. El día 23 de julio del año 1936 los agustinos fueron encarcelados. Trece días después, concretamente el 5 de agosto, fueron sacados de la cárcel y asesinados por un grupo de milicianos procedentes del mismo pueblo de Caudete. Consiguieron la palma del martirio en el término municipal de Fuente la Higuera (Valencia).

P.ELISEO BARDÓN BARDÓN