MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE CUENCA

 

Alonso Fraile, Pablo Castellano Serna, Félix Iborra Picazo, Nemesio
Arcas Risueño, Amelio Castillo Parreño, José Jarabo Rozalén, Augusto
Argós Díaz, José Castillo Turégano, Manuel Junquero Salvador, Aneto
Artad y de Luján, José Chico Sáiz, Alejo Martínez Herráiz, Felipe
Aparicio Fernández, José Cid Moya, Eladio Martínez-Soriano López, Juan Benito 
Ayala Astor, Joaquín María Cobo Cuevas, Pablo Martínez de Toro, Eloy
Barquero Montilla, Joaquín Cuenca Escribano, Felipe Navarro Moya, Francisco
Bellón Parrilla, Juan Félix  Cuerda Abad, Julián Parra Belinchón, Raimunda
Bellón Parrilla , Lucio Domínguez Llofríu, Eduardo  Perpiñán Romero, Francisco
Benavent Jorá, Leoncio Domínguez Llofríu, Juan Rosa López, Constancio de la
Benítez Sáinz, Enrique Escribano García, Juan Crisóstomo Rosa de Torres, Virgilio de la
Blanco Portero, Sebastián Farelo Azcoitia, Juan Antonio Ruíz Bregón, Honorio
Bressend Peñacarrillo, Eugenio  Farelo Azcoitia, Manuel Torres Briones, José María de
Buendía Moya, Cipriano Farelo Azcoitia, Rafael  
Campos Ballesteros, Santos Galindo Muñoz, Pedro  
Cañada Ladrón de Guevara, Jesús García Pineda, Juan Francisco  
Cañada Plaza, Isaías García Rubio, Segundo  
Cañas Frías, Antonio García Sánchez, Basilio  
Cañas Frías, Jesús Daniel Hoz Castillejos, José de la  
     
     

 

 

ALONSO FRAILE, PABLO

Nació, en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca, el día 7 de junio de 1904. Era hijo de Isidoro Alonso Alonso y N. Fraile. Tenía una hermana llamada Cristeta.
Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Cuenca, recibiendo el Presbiterado el año 1927. Fue nombrado Coadjutor de Villares del Saz de D. Guillén, Cuenca. El año 1929, Ecónomo de Uclés; En 1930, Párroco de El Hito y en 1935, Coadjutor de Villamayor de Santiago, donde por su celo, simpatía y espíritu caritativo, se había ganado la amistad y aprecio de sus feligreses.
En el ímpetu de la persecución, se crecía por todas partes, el día 5 de agosto de 1936, fue detenido junto con el párroco del mismo Villamayor de Santiago, D. Juan Benito, y los encarcelaron en las celdas del Convento, del que habían sido expulsadas las religiosas, donde entraban varias veces al día para maltratarlos. Una vez, sus verdugos, refiriéndose a Don Pablo dijeron: " A matar a ese cura, que al final nos convierte".

Al amanecer del día 22 de agosto de 1936, lo sacaron del convento y lo condujeron al cementerio donde un grupo de personas, convocados para asistir al sangriento espectáculo, recibió a la víctima con gran algarabía y burlas. Después de torturarlo nuevamente, lo asesinaron. Don Pablo confesó a otros compañeros de martirio, antes de morir.
Fue asesinado, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe de Cristo, a las tres de la madrugada del día 23 de agosto, en el cementerio de Villamayor de Santiago, Cuenca, donde fue enterrado.
Desde su muerte, se le tuvo como mártir.

 

CHICO SÁIZ, ALEJO

  Nació en Villanueva de Guadamejud, Cuenca, el día 17 de febrero de 1872. Hijo de Andrés y María Juliana. Tenía cinco hermanos: Joaquina, José Andrés, Crisanta, Isabel y Arsenio. En su pueblo natal pasó toda la infancia, siendo especialmente cuidado por sus padres.
Cursó todos los estudios eclesiásticos en el Seminario Conciliar de San Julián de Cuenca. Fue ordenado Sacerdote el año 1896, siendo nombrado Párroco de Portalrubio. En 1907, pasó de Ecónomo a Bonilla; en 1909, a Párroco de Villalba del Rey y en 1930, a Párroco de Huete, donde encontró la muerte violenta. Era un sacerdote celoso y desempeñó "con acierto y aprovechamiento" su ministerio. En todas sus parroquias dejó "hondas huellas de su laboriosidad y celo por la gloria de Dios".
El inicio de la persecución religiosa llegó a   Huete muy violentamente. Fueron profanadas y saqueadas la iglesia parroquial y demás templos de la localidad, perdiéndose innumerables objetos religiosos, muchos de ellos de gran mérito.

Don Alejo era de familia acomodada, y en el verano, con permiso del Sr. Obispo, se trasladaba a su pueblo natal, Villanueva de Guadamejud, con sus padres y tres hermanas. En su pueblo natal se encontraba el 2 de agosto de 1936. Allí fue injuriado, insultado y torturado...

“Presentía que el martirio estaba cerca; el día en que fue groseramente insultado, comenzó a prepararse para morir bien y se confesó con otro sacerdote". No quiso huir y cuando fueron a prenderle, ante los milicianos, hizo la señal de la Cruz y oró un rato de rodillas en el suelo mientras los milicianos, estupefactos al principio, se lo permitieron.
Cayó enfermo, y, antes de estar repuesto, el 1 de agosto de 1936, fue trasladado, a medianoche, a Huete, por los milicianos, “que lo trataron muy bárbaramente y por fin lo asesinaron con gran crueldad”.
Murió asesinado el 3 de septiembre de 1936, en el sitio llamado “El Júcar”, en el término de Carrascosa del Campo, Cuenca, junto a la carretera de Saelices, a las cuatro de la mañana.
Lo mataron por ser sacerdote y por odio a la fe de Cristo. Las gentes lo tienen por mártir.

 

GALINDO MUÑOZ, PEDRO

Nació, el día 27 de abril de 1872, en Santa María del Campo Rus, Cuenca.
D. Pedro estudió en el Seminario de Cuenca y fue ordenado presbítero en 1896, comenzando su ministerio en S. Antonio de Requena. En 1897 fue nombrado Cura Ecónomo de Arcas; en 1898, Párroco de Olmedilla de Alarcón; en 1909, Párroco de La Ventosa; en 1917, Párroco de Montalbanejo; en 1931, Párroco de Villalba del Rey y en 1933, comenzó a ser Párroco de Las Mesas, donde estuvo hasta el año 1936, en que murió asesinado.
El pueblo de Las Mesas era bastante piadoso y religioso, recibiendo los sacramentos con frecuencia y bien preparados. Por eso, cuando el año 1936, por motivos políticos, se prohibieron las procesiones de Semana Santa, las gentes de este pueblo, indignadas por estas disposiciones y sin permiso de nadie, celebraron la procesión de la Resurrección de Nuestro Señor.
A pesar de este ambiente hostil, se siguió celebrando el culto y la administración de los sacramentos en la iglesia parroquial, con toda normalidad, hasta el 27 de julio de 1936.

Cuando arreció la persecución religiosa, D. Pedro Galindo Muñoz, hombre lleno de fe y de gran celo pastoral por sus feligreses, no abandonó el pueblo, continuando alentándolos en los momentos difíciles que se vivían en aquellos tiempos.
Tampoco tuvieron compasión de este anciano sacerdote. Lo detuvieron, lo ultrajaron y se mofaron de él hasta lo indecible. Cuando lo llevaban a Cuenca, el día 7 de agosto de 1936, en el camino, este anciano sacerdote fue arrojado del tren en marcha, cerca de un túnel, muriendo al instante. La causa de su asesinato fue exclusivamente su carácter sacerdotal. Murió ofreciendo su vida por preservar y confirmar en la fe a sus feligreses.
Fue asesinado, el 7 de agosto de 1936, por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Se recuerda su muerte en la Diócesis y se le concede la fama de mártir.

 

GARCÍA PINEDA, JUAN FRANCISCO

  Nació, en Horcajo de Santiago, Cuenca, el día 8 de septiembre de 1908. Fue bautizado en la parroquia de su pueblo natal, al poco tiempo de nacer. Sus padres, fervientes católicos, se llamaban N. García y María Josefa. Tenía una hermana llamada Rosario.
Estudió en el Seminario de Cuenca y recibió el Presbiterado el año 1931. Este joven sacerdote, abstraído de toda rencilla política, había tenido a su cargo el cuidado pastoral de dos pequeñas parroquias, Villar de Cantos y Ecónomo de Zarza de Tajo, desarrollando su ministerio con gran celo sacerdotal. Le gustaba mucho el estudio, por lo que dedicaba mucho tiempo a perfeccionar su formación doctrinal, pero sin detrimento del trabajo en la salvación de las almas.
La vida religiosa y la fe católica estaban muy arraigadas en Zarza de Tajo. La devoción a la Virgen de las Candelas, patrona de esta localidad, era de especial solicitud por parte de todos los habitantes. A la hermandad del Santísimo Sacramento pertenecían casi todos los vecinos, así como a la de S. Antonio de Padua. D. Juan Francisco era un sacerdote amable, cariñoso, serio, trabajador, que contaba con la confianza de todos sus feligreses; trataba a todos con gran atención y delicadeza y él se encontraba gozoso y feliz.

Un feligrés suyo, habla de la forma siguiente: “Era sacerdote digno, celoso, muy trabajador, serio, pero a la vez amable y cariñoso, que contaba con la confianza de todo el vecindario de parroquia, ya que él trataba a todos con esmerada delicadeza”.
Ya en plena persecución religiosa, fue amenazado de muerte, por lo que huyó a su pueblo natal, Horcajo de Santiago, donde también fue muy perseguido con toda clase de malos tratos, hasta que lo asesinaron el día 29 de agosto de 1936, a las 2 de la madrugada, en la carretera de Tarancón, en el término municipal de Fuente de Pedro Naharro, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe de Cristo.

Se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

GARCÍA SÁNCHEZ, BASILIO

Nació el día 5 de agosto de 1864, en Villanueva de la Jara, Cuenca, de padres cristianos fervorosos, llamados Saturnino y Teresa. Tenía una hermana llamada Potenciana, que le acompañó y ayudó durante toda su vida.
Este sacerdote ejemplar cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Cuenca, recibiendo el Orden del Presbiterado el año 1894. Inició el ministerio sacerdotal en Villanueva de la Jara, pasando poco después a ser Regente de Piqueras del Castillo. En 1898 fue nombrado Párroco de Barchín del Hoyo y en 1920, Ecónomo de Pozoseco. El año 1925 volvió de nuevo como Adscrito a la parroquia de Villanueva, pasando, poco después, a ser Coadjutor. En este pueblo estuvo destinado hasta que lo mataron.
En todos los cargos desempeñados durante su vida, mereció el aprecio de los feligreses y la confianza de sus superiores por su celo e incansable trabajo por la salvación de las almas y por la iglesia de Dios.
Cuando la persecución religiosa iba arreciando, el día 28 de julio de 1936 fue detenido en su domicilio por una cuadrilla de milicianos armados. Lo llevaron a la cárcel, donde recibió toda clase de insultos y atropellos, que soportaba con la mayor serenidad, a los que contestaba con estas palabras: “¡Viva Cristo Rey!, ¡Por Él y por la salvación de España, doy mi vida...!”.

El 2 de agosto, por la noche, lo trasladaron al término municipal de Casas de Benítez, ejecutando en su persona los actos de crueldad más refinados, cuya narración repugna. Lo mutilaron, le hirieron brutalmente y lo colgaron de un pino para que fuera pasto de las bestias, donde permaneció 14 días, hasta que los vecinos de Casas de Benítez, enterados del suceso, recogieron lo que quedaba de sus restos y les dieron sepultura. Un testigo ocular narra los hechos de esta forma: “Lo condenaron a ser pasto de las aves en vida. Lo colgaron vivo en un árbol, bien atado. Estaba pendiente sobre un pozo que a él mismo le habían hecho abrir con sus escasas fuerzas, y allí lo dejaron, herido y medio agonizante, para que fuese pasto de las aves carnívoras.
Murió el día 2 de agosto de 1936, en el término de Casas de Benítez, Cuenca, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe de Cristo.
En la Diócesis de Cuenca se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

JUNQUERO SALVADOR, ANETO

  Nació, en Campillo de Altobuey, Cuenca, el día 27 de junio de 1870.
Estudió en el Seminario de Cuenca, siendo ordenado sacerdote el año 1895. Su primer destino fue San Clemente. Después pasó, en 1897, de Párroco a Paracuellos de la Vega. En 1907, fue Regente de Arcas y, en 1917, a Ledaña, como Párroco, donde fue asesinado.
A pesar de su avanzada edad, cumplía con celo incansable su ministerio sacerdotal y se ganó las simpatías, el respeto y el afecto de sus feligreses y de quienes lo conocieron por su espíritu caritativo y ejemplar conducta.
Iniciada la persecución religiosa, el anciano sacerdote fue detenido, haciéndole sufrir mucho por los malos tratos y ultrajes.
En los primeros días de agosto, fue trasladado al Pinar de Jábaga, donde con resignación y entereza cristiana entregó su alma a Dios.
Murió asesinado el día 8 de agosto de 1926, en el Pinar de Jábaga de Cuenca, por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
A D. Aneto Junquero Salvador se le tiene como mártir de la Iglesia.

 

MARTÍNEZ-SORIANO LÓPEZ, JUAN BENITO 

Don Juan Benito nació en Mota del Cuervo, Cuenca, el día 6 de mayo de 1879. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Cuenca siendo ordenado sacerdote el año 1901. Murió asesinado el 15 de agosto de 1936 en la carretera de Saelices. Hijo de padres pobres, pero muy honrados y piadosos, pudo terminar su carrera a costa de ayunos y sacrificios sin cuento de los mismos. Estaba adornado de todas las virtudes evangélicas. En el ministerio sacerdotal, antepuso el deber a todo lo demás, por lo que era respetado por todos sus feligreses, que le apreciaban y querían. Era pacificador de los que reñían, conciliador de los enemigos y el sostén de los pobres. Siempre estaba alegre, dando alimento a los que lo necesitaban, trabajaba duramente y fortalecía a los demás con los buenos ejemplos de su resignación y confianza en Dios.
Inició el ministerio sacerdotal en Las Mesas el año 1901; y en 1904 pasó a Mota del Cuervo como Coadjutor, para ser nombrado Cura Párroco de Santa María de los Llanos en 1916, y, por fin Párroco de Villamayor de Santiago, Cuenca, en el año 1930, tomando posesión el día uno de enero de 1931, siendo recibido por el pueblo entero con gran entusiasmo y mostrándole toda clase de afecto y cariño. Pero allí encontraría la muerte. En todo momento se mostró como el padre de sus feligreses, pues les resolvía las dudas, les gestionaba sus asuntos, les consolaba en sus penas.

Pero llegó el año 1936. Corría el 16 de febrero cuando comenzaron las persecuciones y molestias, presagio de la tragedia que venía deprisa. Ante esta situación, el 19 de julio hizo una exhortación a los socialistas en la iglesia para que la respetaran, y ellos lo oyeron en silencio. A los seis días pusieron guardias a la puerta de su casa para que nadie entrara, y por la noche la registraron, sin encontrar armas u otros objetos, por los que pudieran acusarlo de algún mal.

El 29 de Julio se presentaron con un coche dos milicianos forasteros, armados con fusil y pistolas, quisieron llevárselo pero no lo hicieron por las súplicas que les dirigieron los del pueblo. Aquellos días no dejaba de rezar, daba ánimo a su sobrina y al que trabajaba en la casa, diciéndoles: “No temáis... ¿Qué puede pasarnos?... ¿Qué nos maten?... Mirad a los apóstoles: cuando iban a morir, estaban contentos por haber tenido la dicha de ser elegidos para padecer por Cristo”. Otro día, hablando de lo que se debía hacer después de la guerra dijo: “No hay que pensar en venganzas, sino en hacernos mejores: que todos tenemos culpa en estas calamidades, que Dios ha permitido para nuestro castigo”.
En agosto arreció la persecución religiosa de forma especial. El 5 de agosto de 1936, se lo llevaron preso junto con su sobrina a la cárcel instalada en el convento de las monjas, encerrándoles separados en celdas opuestas. Durante los diez días de prisión, D. Benito fue maltratado bárbaramente e insultado sarcásticamente. Le dieron una terrible paliza para que les dijera dónde tenía el dinero y para que blasfemara del santo nombre de Dios; sólo dijo dónde estaba el poco dinero que poseía; pero no fue posible hacerle blasfemar.
Y llegó el día 15. Lo montaron en un coche y no muy lejos de su parroquia querida, en la carretera de Saelices, le mandaron bajar, lo que hizo tan humilde como valientemente, y comenzó a exhortar a los milicianos, hasta que uno de ellos gritó diciendo: “Tiradle a este tío que nos convence...”. Y él replicó: “Sí; si matáis alguno, que sea yo; dejad a estos, que son padres de familia”. Después dio la absolución a todos sus compañeros de martirio, y dando vivas a Cristo Rey, murió por ser sacerdote y por odio a la fe, por lo que es considerado por todos como un verdadero mártir.
Cuando fueron exhumados sus restos, en su cadáver aparecieron huellas de profanación y saña. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de Villamayor de Santiago.

 

PERPIÑÁN ROMERO, FRANCISCO 

Natural de Santo Domingo de Moya (Huerta del Marquesado), Cuenca. Nació el día 17 de septiembre de 1862.
Ordenado sacerdote como Operario diocesano en España y Méjico, desempeñó los oficios siguientes: Ecónomo de Mira el año 1916, y en 1913 fue nombrado párroco de Alarcón. En 1923, Regente de La Roda y el 1930, párroco de Garaballa. Fue Regente de Iniesta, posteriormente, hasta que lo asesinaron soez y cruelmente.
Era un Sacerdote muy ejemplar, laborioso y celoso de su ministerio sacerdotal. Muy piadoso y caritativo, se había ganado la simpatía de sus feligreses.
Con gran resignación y valentía aceptó su sacrificio, murió, en la carretera de Iniesta a La Graja de Iniesta, el día 5 de septiembre de 1936, después de recibir crueles tormentos, pues murió de varios tiros en pecho y cabeza.

Cuentan testigos oculares que después de muerto, el cadáver fue rociado con gasolina y prendiéndole fuego, sólo ardieron las ropas. Ante esto, lo cubrieron de leña, a la cual prendieron fuego, y tampoco ardió el cuerpo. Sus asesinos, llenos de terror, huyeron de aquel lugar a toda prisa.
Murió asesinado el día 5 de septiembre de 1936, en la carretera de Iniesta a La Graja de Iniesta, Cuenca, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Goza de fama de martirio.

 

RUIZ BREGÓN, HONORIO 

Nació el día 27 de septiembre de 1888 en Fuente de Pedro Naharro, Cuenca. Cursó los estudios sacerdotales en el Seminario Conciliar de San Julián, recibiendo el Orden Sacerdotal el año 1901. Su primer destino fue de Coadjutor de Horcajo de Santiago, pasando a Huete el año 1916, donde desempeñó también el oficio de Coadjutor hasta que fue asesinado.
Sacerdote ejemplar, fue querido de forma especial por sus compañeros y feligreses. Se distinguió por su buena predicación y el trato de almas, especialmente en la confesión y dirección espiritual.
Al comenzar la Guerra Civil y la persecución religiosa, arreciaron en Huete las amenazas y malos tratos contra el clero, por lo que D. Honorio fue escondido por su familia en casa de su hermana, detrás de un tabique levantado bajo el tejado, haciendo correr el rumor de que se había ausentado y que estaba en paradero desconocido. El 30 de agosto de 1936, llegó a Huete un grupo de milicianos de Vallecas, Madrid. Detuvieron a muchas personas, entre ellas al Párroco, D. Alejo Chico, que también sería asesinado.

Una noche se presentaron en casa de la hermana, preguntaron por él y como les dijeron que estaba en paradero desconocido, apresaron a su cuñado y pegaron a su madre y hermana mientras repetían que los matarían si no lo entregaban. Don Honorio que estaba oyendo todo, determinó salir del escondite. Y así fue. A la mañana siguiente, muy temprano hizo que lo sacaran de allí, se despidió de su anciana madre y de toda su familia, presentándose en el Ayuntamiento ante los milicianos, diciendo que ya que se presentaba voluntariamente, pusiesen en libertad a su cuñado. No fue así. Lo encarcelaron. Durante los días de su cautiverio, los milicianos le enseñaban un crucifijo, pidiendo que blasfemase; pero él respondía queriendo besarlo y cuando lo iba a besar, le golpeaban con él. Así una y otra vez, hasta que le rompieron las mandíbulas y los dientes. A pesar de esto, siempre que le acercaban el santo crucifijo, él intentaba besarlo. Por las noches confortaba a sus compañeros de cárcel, sobre todo a los que veía más tristes y preocupados, rezando con ellos.
Como D. Honorio contaba con el afecto y simpatía de las familias más humildes de Huete, no se atrevieron a juzgarlo allí, por lo que se lo llevaron a Madrid el día 4 de septiembre de 1936. En la estación de Atocha, sin juicio previo, junto al tren que le había trasladado desde Huete, mientras perdonaba a sus asesinos, fue asesinado. Cuando finalizó la Guerra Civil, después de cuatro años, sus familiares fueron a recoger su cadáver para enterrarlo en su pueblo, pero se produjo un hecho extraordinario, pues, mientras todos los demás cuerpos se habían reducido a huesos, éste estaba incorrupto, como si hiciera sólo un rato que lo hubieran enterrado, con la sangre fresca alrededor de los impactos de bala, igualmente con la mano que le había sido amputada. Para pasarlo al féretro, fue suficiente con cogerlo de los hombros y los pies sin que se descompusiera.
Fue asesinado en Madrid, el 3 o 4 de septiembre de 1936, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe de Cristo, gozando de fama de martirio.

 

JARABO ROZALÉN, AUGUSTO

Nació el año 1917. Estudiante de Farmacia. Murió asesinado el día 24 de agosto de 1936, con su padre Julián Jarabo Jarabo.
Joven estudiante que se había conquistado la estimación de todos con su conducta intachable, su piedad y su patriotismo, fue maltratado y asesinado junto con su padre por sus ideales religiosos y españoles.

 

IBORRA PICAZO, NEMESIO

Nació el día 19 de diciembre de 1868. Párroco. Murió asesinado el día 22 de agoto de 1936, por la noche, cerca de Rubielos Bajos.

Fue sacado de su domicilio en la noche del día 22 de agosto de 1936 y vestido con sotana y manteo entró en el coche que le esperaba a la puerta de su casa. Conducido al lugar del martirio con otras diez personas del pueblo, fueron todas asesinadas y luego quemadas, habiendo sido antes absueltas y bendecidas por el ministro de Dios, por cuya gloria y por la salvación de España sacrificaron todos sus vidas mortales.

 

NAVARRO MOYA, FRANCISCO 

Nació el día 26 de febrero de 1896 en Valdeolivas (Cuenca). Farmacéutico.
Era un católico práctico, animador de las cofradías del pueblo, y socorría con sus limosnas las necesidades de la iglesia parroquial. En el pueblo era muy querido de todos por los favores que hacía, «especialmente a los pobres, a quienes repartía todo el trigo recogido de las igualas de la farmacia, sin interés alguno ni plazo para devolverlo».
Iniciado el Movimiento Nacional, fue multado, insultado y perseguido por las izquierdas, hasta que el día 4 de octubre de 1936 fue detenido con su padre político., don Juan del Olmo, y luego asesinado con todos los demás del pueblo, por los ideales de la Fe y de la Religión.

 

ARCAS RISUEÑO, AMALIO 

Nació en San Clemente el día 3  de Julio de 1913.
Sus padres D. Adrián Arcas Risueño y Dª. Paz Risueño García, muy creyentes y piadosos, todas las noches rezaban el Santo Rosario, comulgaban con cierta regularidad y los Primeros Viernes eran los días señalados para la Comunión de toda la familia. En este ambiente de piedad familiar y siguiendo la tradición de sus antepasados, encomendaron la educación de su hijo a los Padres Jesuitas, ingresándolo en el Colegio que tenían en Valencia y posteriormente a los Agustinos de San Lorenzo de El Escorial, en el Real Colegio de María Cristina, donde terminó la carrera de Derecho. En ambos Centros se distinguió por su aprovechamiento en los estudios, por el cumplimiento de sus deberes de Colegial y por su piedad.
Era hijo único y como  murió su madre muy pronto, Amalio vivió muy unido a su padre, del que aprendió la fe cristiana, el cumplimiento del deber y la lealtad en la vida social.

Perteneciente a la Acción Católica, en donde trabajó como vocal de moralidad, fue un  verdadero y valiente apóstol de Cristo, trabajando por extender la fe y  ayudando a los jóvenes, de forma especial, a perseverar en ella, de forma especial en aquellos tiempos tan difíciles.
Cuando  arreció la persecución religiosa en  San Clemente, el día 11 de agosto de 1936, a las cinco de la tarde, fue detenido en su propio domicilio y lo encarcelaron. En ella lo torturaron moral y físicamente, teniéndolo totalmente incomunicado.
Al amanecer del día 25 del mismo agosto de 1936, lo sacaron de la cárcel y, trasladándolo al  "camino vecinal de San Clemente", fue asesinado con descargas de fusil.
Como enseña de su fe, llevaba sobre su pecho, un escapulario, que después guardaría con reverencia su padre como íntimo recuerdo.
Murió defendiendo la fe de Cristo, después de haberla proclamado con piedad y valentía, el día  25 de agosto de 1936.
La razón de su muerte fue por su condición de católico y por pertenecer a Acción Católica.
Fue enterrado en el cementerio de Villarrobledo. Una vez acabada la guerra su padre y amigos trasladaron los restos a su pueblo natal, San clemente, siendo enterrados en el Templo Parroquial, donde en la actualidad se encuentran
Tiene fama de mártir.

 

ARGÓS DÍAZ, JOSÉ 

Nació, en Parra de las Vegas, Cuenca, el año 1903. Era hijo de Federico Argós y Aniana Díaz.
Estudió en el Seminario de Cuenca, recibiendo el Orden Sacerdotal el año 1922, siendo nombrado Ecónomo de Valdeolivas. En 1926 fue a Olmeda de la Cuesta como Regente, pasando de Párroco de este mismo pueblo en 1930, y en 1935, Ecónomo a Valdeolivas.
Don José Argós tomó posesión, como Párroco de Valdeolivas, el día 7 de enero de 1936. Fue sacerdote muy celoso y cumplidor de sus deberes pastorales, captándose muy pronto las simpatías y cariño de sus feligreses.

Cuando estalló la Guerra Civil y arreció la persecución religioso, los milicianos le obligaron a quitarse la sotana, y por haber celebrado la Santa Misa, lo maltrataron y quisieron matarlo dentro de la misma Iglesia.
El día 1 de agosto de 1936, le quitaron las llaves de la Iglesia y lo expulsaron, con su anciana madre, de la casa rectoral, siendo recogidos por un vecino en su casa, donde vivían de las limosnas que les daban. Permanecieron ocultos hasta el mes de septiembre, en que falleció su madre y fue visto por los milicianos, que lo detuvieron el día 3 de octubre, paseándolo por las calles del pueblo, entre escopetas, como si fuera un malhechor, dándole golpes e insultándolo.

Estando ya en la cárcel, se presentaron los milicianos, que habían sido llamados para ejecutar el crimen, y le preguntaron quién era. Él respondió al instante y sin vacilación: " Soy el Sacerdote del pueblo". Después fue llevado a la cárcel de aquel lugar, donde se encontraban otros detenidos, a quienes confesó y absolvió, exhortándoles a morir por los ideales religiosos de Dios en quien todos creían. Su ánimo no decayó en ningún momento.
Murió asesinado el día 4 de octubre de 1936, en el término de Salmeroncillos, Cuenca, sólo por ser sacerdote y por odio a la Iglesia Católica.
Se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

ATARD Y DE LUJÁN, JOSÉ

Nació, en Ledaña, Cuenca, el día 21 de abril de 1906. Soltero. Sus padres se llamaban José Atard Serrano y Justina Luján Tendero. Tenía una hermana que se llamaba Concepción.
Era un hombre muy religioso, muy laborioso, de intachable honradez y piedad sincera, que siempre había cumplido sus deberes por motivos de conciencia.
Estaba lleno de todas las buenas cualidades morales, religiosas y sociales que se pueden desear. Muy caritativo, ayudaba cuanto podía a los pobres.
En medio del fragor de la persecución religiosa, fue detenido en su domicilio, donde vivía con su madre, y asesinado en el lugar llamado "cuesta de Contreras", en la carretera de Madrid-Valencia. Fue sacrificado por la fe católica y su patriotismo. Cuando los verdugos se disponían a matarlo, los perdonó, como Cristo y después aceptó la muerte con mucha serenidad y valentía. Después de charlar un rato amigablemente con sus asesinos, les dijo: “¡Ya estoy preparado para la muerte!. ¡Tirad aquí! (a la frente)... ¡Viva Cristo Rey!. ¡Viva España Católica!”.

Murió asesinado, el día 20 de agosto de 1936, por odio a la fe católica que este hombre profesaba de palabra y con obras, por la noche, en la Cuesta de Cabrejas de la carretera de Cuenca-Madrid.
Se recuerda su muerte y se le tiene como mártir.

 

APARICIO FERNÁNDEZ, JOSÉ

Nació el día 19 de marzo de 1908, en Mazarrulleque, Cuenca. Estudió en el Seminario de Cuenca y de Toledo, recibiendo el Orden Sacerdotal el año 1930.
Fue nombrado Coadjutor de El Provencio el año 1932 y, poco después, Cura Ecónomo de Belmonte, pasando, en 1934, a Regente de Torrejoncillo del Rey, Cuenca.
Cuando arreció la persecución religiosa, buscó refugio en su pueblo, en casa de sus padres. Pero pronto comenzaron los malos tratos y los milicianos de Torrejoncillo fueron a buscarlo, con perversas intenciones, engañando a la madre, diciéndole que habían ido a buscarlo para acompañarlo a Cuenca a hacer unas diligencias.
Su madre les preparó una buena cena (para los milicianos, creyendo buenas sus intenciones) ya que dijeron que no se entretendrían en Cuenca y que volverían enseguida.

La madre esperó con la cena, y estos no volvieron. A los dos días se enteró de que habían asesinado a su hijo, en el término de Álcazar del Rey, con ensañamiento y mutilación de su cuerpo antes de morir. Tan impresionada quedó la madre que, al poco tiempo, la madre murió de dolor por la muerte de su hijo.
Murió asesinado en el término de Álcazar del Rey, Cuenca, en 1936.
La única causa de su muerte fue su carácter sacerdotal y por odio a la fe católica.
Desde que murió se le concedió la fama de mártir.

 

AYALA ASTOR, JOAQUÍN MARÍA 

Nació el día 26 de julio de 1878 en Novelda, Alicante. Hijo de una familia que se distinguía por su piedad y valores humanos. Sus padres se llamaban Eleuterio Ayala Martínez y Josefa María Astor Escolano. Tuvo seis hermanos: María de la Encarnación. Nicolás, Ana, Francisco, Eleuterio y Trinidad.
Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario Conciliar de Orihuela en Alicante. Pasó después a la Universidad Pontificia de Valencia en 1899, obteniendo el doctorado en Sagrada Teología. El 23 de marzo de 1901 recibió el Orden del Presbiterado de manos del Excmo. Sr. Obispo de Tortosa. Después, en la Universidad Pontificia de Toledo, obtuvo el grado de Doctor en la Facultad de Derecho Canónico, con la calificación de nemine discrepante, desempeñando, durante la preparación de grados, una cátedra en el seminario de Toledo, y la de Religión y Moral, en las Escuelas Normales de Magisterio y en el Instituto.

EI celo por la gloria de Dios y salvación de las almas le empujó a dejar el trabajo de la enseñanza por el trabajo parroquial, siendo Tobarra, La Unión y Albacete las tierras que recibieron las sementeras del joven sacerdote, floreciendo la Congregación de S. Luis Gonzaga, y la Adoración Nocturna, en la primera; la Obra social del Patronato Obrero de San José, en la segunda, y la Cofradía Sacramental en la tercera.
En la iglesia parroquial de San Juan en Albacete se encontraba cuando salió el edicto anunciando la vacante de la canonjía doctoral de la catedral de Cuenca y, resentida su naturaleza, débil y enfermiza por el trabajo realizado, resolvió opositar, quedando en posesión de aquella canonjía el 13 diciembre de 1911. La gloria del triunfo no lo envaneció, ni apagó su celo pastoral, sino que prestó nuevo impulso a su entusiasmo. Estableció la Obra de las Marías y los Discípulos de San Juan; creó los periódicos La Voz del Catecismo y El Sagrario. Colaboraba también en los semanarios locales de El Centro y El Defensor de Cuenca; También fundó el sindicato católico de Oficios Varios y la Juventud Franciscana, reorganizando también la Orden tercera franciscana.
Llegó el pontificado del obispo mártir, D. Cruz Laplana. En las pocas entrevistas que había tenido con D. Joaquín, el Prelado, descubrió en su Doctoral, desinterés y respetuosidad para la Jerarquía, franqueza de carácter, espíritu emprendedor, trato afable, firmeza en sus decisiones y amor entrañable a Dios y a las almas, trato afable y cautivador, gusto por las cosas de Dios y una prudencia exquisita guiadora de sus actos, por lo que el Obispo puso en sus manos la obra más trascendente de su Diócesis, el Seminario Conciliar “San Julián”. En el curso 1922-1923 quedaba encargado de la dirección de dicho centro.
Comenzó por captarse la confianza de todos con la afabilidad que le caracterizaba. Era consciente que todo Rector es antes padre, por eso la disciplina en el seminario ni era laxa, ni rígida. No permitía a los superiores que trataran a los seminaristas con descortesía y falta de dignidad y consideración personal. A los jóvenes fluctuantes, los animaba, a los recalcitrantes los corregía fraternalmente sin desaliento, a los perseverantes, reafirmaba en sus sólidos propósitos.
Su “obsesión” era el Seminario. Por ello no dudó en prestarle ayuda incluso de su propio peculio particular. En vacaciones, se lanzaba por los pueblos animando a los jóvenes en una campaña particular “pro seminario”. También recogía ayudas que aportaban las gentes de los pueblos para el sostenimiento de los seminaristas necesitados.
Dar sacerdotes santos a la Iglesia Conquense fue siempre su ideal. Sabía que el sacerdote sería como lo que es de seminarista, por eso se esforzaba en modelar las almas de sus alumnos en la disciplina y el amor. Su ilusión favorita, que era el “seminario de Verano”, no pudo verla realizada; pero, no obstante, mantenía contacto por correspondencia con cada uno de los seminaristas a quienes llegaba a ayudar económicamente en casos de problemas económicos de las familias.
El Obispo estaba al tanto de la marcha del seminario, mediante informes verbales que mantenía con él y avalando en todo momento la manera de llevar la dirección de un lugar, tan importante y delicado a la vez, en la vida diocesana.
Cuando comenzó la persecución religiosa a este hombre, de excepcionales condiciones y lleno de prestigio, que tenía un temperamento dinámico y emprendedor que no solo abarcaba lo religioso sino también lo social, no se le podía perdonar la vida. Por eso ya en mayo de 1936, se había decidido su asesinato, del que providencialmente se libró. Era el sacerdote de acción revolucionaria a lo divino por excelencia, que arrancaba de la clase obrera de la ciudad y de la provincia un cúmulo de parabienes. Era el sacerdote polemista y “estorbaba”, por eso “tenía que morir”.
Pronto se inició su búsqueda pidiendo informes de su posible domicilio y resuelven buscarlo en Villalba del Rey. Es denunciado ante un miliciano encargado de encontrarle y los milicianos dieron con él.
Se encontraba en una accidental hospedería en la que, unos días antes, había bautizado a un niño y animaba a la vocación sacerdotal a uno de los hijos de la casa. El diálogo se rompe bruscamente cuando aparece por la puerta de la casa el dueño de aquel hogar: “¡Huya usted, don Joaquín -le grita- que vienen a matarle!. Para no comprometer a la familia, el Doctoral sale precipitadamente, cargando la cruz del sufrimiento y se esconde en “El barranco”, en medio de la campiña. Después de una búsqueda intensa es descubierto por los milicianos, y, al salir de una pequeña cueva en donde se había cobijado, recibe en sus carnes una lluvia de plomo.
Después su cadáver fue despojado de todo, el cuerpo sangrante yacía en el camino cubierto con una blusa que, mano compasiva, había dejado caer sobre él, hasta que el vecino de Villalba del Rey, que lo hospedó en su casa, lo trasladó, con su volquete, al estrecho cementerio del pueblo, en la tarde del 18 de agosto, día en que el doctoral fue asesinado.
Fue asesinado, por ser sacerdote de Cristo y por odio a la fe católica en Villalba del Rey, Cuenca, el día 18 de agosto de 1936.
Sigue muy vivo el recuerdo de su muerte en el Seminario y en toda la Diócesis de Cuenca, teniendo fama de mártir.

 

BARQUERO MOTILLA, JOAQUÍN

Nació en Casasimarro, Cuenca, el día 5 de marzo de 1906. Sus padres Joaquín Barquero Pastor y su madre Concepción Motilla Casas eran fervientes católicos. Tenía también tres hermanas: Amelia, Evencia y Angelina.
Desde muy joven demostró su decidida vocación sacerdotal. Superando todos los obstáculos y dificultades que se le opusieron, ingresó en el Seminario Conciliar de "San Julián" de Cuenca, donde siguió los estudios con gran aprovechamiento y muy buenas calificaciones. Fue ordenado presbítero en 1930, siendo designado Ecónomo de Fuentes, pasando, el mismo año 1930, a ser Coadjutor de Villagarcía del Llano, y en 1933 de Coadjutor a Las Pedroñeras, para ser nombrado, en 1935 Ecónomo del mismo lugar, donde murió.

En todas partes consiguió el aprecio y el cariño de sus feligreses, debido a su piedad, orden y celo pastoral, no teniendo otra ilusión que su iglesia y sus estudios.
Pocos días después de estallar la guerra y una vez que se había generalizado la persecución religiosa fue echado con sus familiares de la casa rectoral, por lo que marcharon a su pueblo natal, Casasimarro, Cuenca, donde pensaba estar más seguros. Allí comenzaría el calvario que le llevaría a la muerte.. Lo detuvieron “porque era cura y listo”. Cuando fueron a matarlo, estaba de rodillas rezando el rosario “y tenía en la cara reflejos de santidad”. Los milicianos le dijeron: “poco tiempo te queda de vida...”. Le mandaron levantarse, y les contestó: “Estoy muy bien en el suelo”. Lo sacaron de la cárcel con otro señor llamado Agustín Zamora, que dejaba 8 hijos, muy valiente y que se revolvía contra los asesinos, al que D. Joaquín tranquilizaba, diciéndole: “Tranquilizase usted. No se impaciente ni trate de defenderse... ha llegado la hora de nuestra muerte... Dios lo ha querido así; ¡Bendito sea!..." No dejó un momento el crucifijo, ni el rosario, ni perdió su imperturbable serenidad; momentos antes de asesinarlo dirigió a los milicianos unas palabras y una súplica y terminó perdonando a sus verdugos. “Y elevando su corazón a Dios, musitando plegarias de esperanza, le entregó su alma”. Esto ocurrió el día 13 de septiembre de 1936, a la una y media de la madrugada, en La Fuensanta, término municipal de La Roda (Albacete).
Fue asesinado por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Se recuerda su muerte en Casasimarro y comarca, teniendo fama de mártir.

 

BELLÓN PARRILLA, JUAN FÉLIX 

D. Juan Félix Bellón Parrilla nació el día 12 de marzo de 1895 en Villamanrique, provincia y diócesis de Ciudad Real. Sus padres se llamaban: Antonio y Victoriana. Tuvo dos hermanos: Lucio (sacerdote) y Dolores.
Era familiar del obispo de Cuenca, D. Wenceslao Sangüesa. Cursó sus estudios en el Seminario Conciliar de “San Julián” de Cuenca de 1907 a 1919. Fue ordenado el 22 de septiembre de 1917, previas letras dimisorias del obispo de Ciudad Real. El 5 de febrero de 1920 presentó instancia para tomar parte en la oposición a beneficiado, que había vacante en la catedral de Cuenca. Ese mismo año fue nombrado beneficiado de la Catedral y oficial del tribunal eclesiástico.
Fue un sacerdote ejemplar, resaltando en él su carácter apacible y bondadoso, amigo de lo humilde y de los humildes. Tuvo siempre una idea clara de la situación que estaba sucediendo por entonces en la vida española y sabía el riesgo que corría por el hecho de ser sacerdote.

Cuando la persecución religiosa comenzó a arreciar en Cuenca, fue detenido en la medianoche del 9 de agosto de 1936, junto con su hermano Lucio y dos sacerdotes más, a los que maltrataron horriblemente.
Finalmente lo asesinaron en el camino de Nohales, Cuenca, el día 10 de agosto de 1936, de madrugada, junto con su hermano, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
D. Juan Félix, que contaba  41 años de edad, entregó su alma a Dios con la entereza cristiana que le caracterizó durante toda su vida.
Se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

BELLÓN PARRILLA, LUCIO

D. Lucio Bellón Parrilla, nació el día 10 de septiembre de 1884 en Villamanrique, provincia y diócesis de Ciudad Real. Sus padres se llamaban: Antonio y Victoriana. Tuvo dos hermanos: Juan Félix (sacerdote) y Dolores.
Después de estudiar en el Seminario de Cuenca y de Toledo, fue ordenado sacerdote en junio de 1908. Familiar del Obispo D. Wenceslao Sangüesa y Licenciado en Derecho Canónico.
En 1909 opositó y obtuvo beneficio en la Catedral de Cuenca el 4 de octubre, siendo nombrado profesor de Liturgia en el Seminario. En 1914 fue nombrado Provisor y Vicario General del Obispado, cargos que desempeñó a satisfacción de toda la diócesis hasta su martirio. En 1924 fue nombrado por decreto Maestrescuela de la Catedral, tomando posesión el 6 de marzo del mismo año.

Durante su vida fue un sacerdote ejemplar en todos los órdenes, de carácter apacible y bondadoso, fue querido por todos. La norma de su actuación fue siempre su carácter sacerdotal, el bien del prójimo y el amor a Dios. Todos reconocían en él rectitud inquebrantable, prudencia segura y celo ardiente.
Cuando comenzó la guerra y llegó a Cuenca la persecución religiosa, fue detenido y encarcelado, siendo sometido a malos tratos físicos y morales, antes de ser asesinado
D. Lucio se entregó serenamente a la muerte, junto con su hermano, sacerdote, dando su vida por Dios, por la Iglesia, la Diócesis de Cuenca y España.
Murió asesinado, en la madrugada del día 10 de agosto de 1936, en el camino de Nohales, Cuenca, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

BENAVENT JORÁ, LEONCIO 

Nació, en Rozalén del Monte, Cuenca, el día 8 de agosto de 1905, casado con Avelina García Fernández, tenían tres hijas: Ana María, Milagros y Carmen.
Dorador y escultor. “Leoncio era una persona de intachable conducta, amable y respetuoso con los superiores, esposo modelo y padre amantísimo. Católico, con un fervor inmenso, cumplía siempre los preceptos de la Iglesia y nunca faltaba a Misa. Persona buena y muy cristiana, no podía oír blasfemar ni hablar mal de Dios a los marxistas, y por esto fue asesinado: por cristiano y por envidia, pues él no era político”.
En pleno fragor de la persecución religiosa, fue sacado de su domicilio, el día 5 de agosto de 1936, a las cinco de la tarde, y encerrado en la cárcel, instalada en la iglesia, donde a sus compañeros y sus asesinos les decía: “que le importaba morir, pues moría por Dios y por España; pero lo sentía sólo por sus hijas, que eran tan pequeñitas”.

Murió asesinado el día 5 de agosto de 1936, a las nueve de la noche, en la carretera, cerca del pueblo, exclusivamente por ser católico y por defender la fe católica.
En Rozalén y comarca recuerdan su muerte y lo consideran mártir.

 

BENÍTEZ SÁINZ, ENRIQUE

Nació en San Clemente, Cuenca, el día 15 de julio de 1911. Hijo de Manuel Benítez Collado y de Concepción Sáinz López. Tenía tres hermanas: María, Joaquina y Manuela.
Estudió el Bachillerato en el Colegio de San José de los PP. Jesuitas, en Valencia, perteneciendo a la Congregación de San Luis Gonzaga. Más tarde, fue miembro de la Inmaculada y hermano de la Archicofradía del Santísimo Sacramento y de la Santísima Virgen del Carmen. Era vicepresidente de la Juventud de Acción Católica. Cumplía sus deberes patrióticos sólo por motivos de fe y de piedad. “Fue un buen hijo, hermano modelo y cristiano ferviente”.
Detenido en un pueblo próximo a San Clemente, fue trasladado sin ninguna consideración, pasándolo por delante de su propia casa, sin permitirle abrazar a sus padres. Lo tuvieron en la cárcel trece días, la mayor parte de ellos incomunicado, hasta que el día 25 de agosto, a las cuatro de la madrugada, fue asesinado en el camino de Matas Verdes, San Clemente, Cuenca.

Murió asesinado, por odio a la fe católica que profesaba y practicaba, el día 25 de agosto de 1936, a las cuatro de la mañana, en el camino de Matas Verdes, San Clemente, Cuenca.
En San Clemente y comarca se recuerda su muerte y es considerado mártir.

 

BRESSEND PEÑACARRILLO, EUGENIO 

Nació en Tribaldos, Cuenca, el día 15 de enero de 1866. De profesión labrador.
Se educó en las Escuelas Pías de San Fernando, de Madrid, donde había estudiado el Bachillerato.
Era una persona muy trabajadora y cristiana, que, puesto al frente de su casa desde la edad de dieciséis años, procuró siempre dar trabajo a todos, para que no hubiera pobres de solemnidad en el pueblo.
En plena persecución religiosa, fue sacado de su domicilio, a las cinco de la tarde, del día 5 de agosto de 1936 por las turbas milicianas, y al preguntarle un pistolero qué era él, contestó con gran valor: “Soy español y católico, apostólico y romano...”. Al despedirse de su hija adoptiva, que lloraba, y darle un beso, le dijo: "Lágrimas, no; eso, nunca. ¡Valor y todo por España católica!...
“Conducido por los milicianos a la iglesia, convertida en cárcel, se encontró con amigos y familiares suyos, a quienes dijo sonriendo: “Amigos, nuestra misión se ha concluido; no hay nada más que morir por Dios y por España, para que ella se salve...”.

Murió asesinado el día 5 de agosto de 1936, a las nueve de la noche, en la carretera de Tribaldos. Murió gritando: "¡Viva Cristo Rey!”, dando testimonio de su fe.
Murió exclusivamente por odio a la fe católica, que siempre profesó y practicó.
En Tribaldos y su comarca se recuerda su muerte y es considerado mártir.

 

BUENDÍA MOYA, CIPRIANO

Nació, el día 12 de octubre de 1864, en Olivares del Júcar, Cuenca, de padres católicos, llamados: Manuel Buendía Serrano y Petra Moya.
Estudió en el Seminario de Cuenca y fue ordenado presbítero en 1892, siendo su primer nombramiento el de Coadjutor de Camporrobles. El año 1897 fue nombrado Párroco de Atalaya del Cañavate y en 1904 llegó al pueblo de Castillo de Garcimuñoz con el nombramiento también de Párroco, quedando en dicha parroquia 32 años. Fue muy apreciado por todos sus feligreses debido al cariño que él mostraba por ellos y ser un hombre virtuoso. Especial relevancia tenían las obras de caridad a favor de los necesitados.

La persecución religiosa llegó también al pequeño pueblo de Castillo de Garcimuñoz. El día 24 de agosto de 1936 comenzó su particular camino de la cruz. A últimas horas de la tarde, tres milicianos armados se presentaron en la casa donde vivía, que lo detuvieron y condujeron a la iglesia convertida en cárcel, donde lo maltrataron y ultrajaron. Después de un largo rato de burla y escarnios, le dejaron postrarse de rodillas en el mismo lugar donde hacía oración habitualmente, lo que volvió a realizar una vez más con gran piedad y devoción, momentos que aprovecharon los asesinos para dispararle varios tiros sobre el anciano sacerdote, muriendo poco después, no sin antes pronunciar palabras de perdón hacia sus mismos asesinos.

Así lo mataron. Después lo enterraron en el centro de la iglesia, desde la mitad del cuerpo hacia abajo, cubriendo lo restante con un paño negro y a todo aquel que a ellos les parecía que era creyente o amigo de la Iglesia, le hacían pasar una noche al lado del Párroco insepulto, “para darles una lección”.
Murió asesinado el día 24 de agosto de 1936, en su propia iglesia parroquial, por ser sacerdote y por odio a la fe.
El recuerdo de su muerte sigue vivo en la Diócesis de Cuenca y tiene fama de mártir.

 

CAMPOS BALLESTEROS, SANTOS

Nació, en Montalbo, Cuenca, el 1 de noviembre de 1887. Estaba casado con Juana Illescas Moya.
Era cartero, trabajador y de conducta intachable, distinguiéndose siempre por sus ideas católicas. Como católico practicante, cumplía fervorosamente con todos sus deberes y hacía limosnas según lo permitía su situación económica.
Ya en plena persecución religiosa, fue detenido el 5 de noviembre de 1936, a las doce de la mañana, y atado con un cíngulo de la Iglesia, después de maltratarlo y ultrajarlo, se lo llevaron hasta el km.12 de la carretera de Carrascosa del Campo, donde entregó su alma a Dios.
En sus ropas se encontró una cédula para que se le enterrara católicamente y unos escapularios de la Virgen del Carmen.

Murió asesinado el 6 de noviembre de 1936, al mediodía, en el término de Saelices, Cuenca, por ser católico practicante y por odio a la fe.
Goza de  fama de mártir.

 

CAÑAS FRÍAS, ANTONIO

Nació en Cuenca el día 7 de noviembre de 1899. Estaba casado con María López Santiago, de cuyo matrimonio nacieron cinco hijos: Antonio, Luis, José María, Salvador y Juan, a los que educó según la doctrina católica en ambiente de intensa religiosidad.
Fue gran católico practicante, y de una gran honradez tanto en el trabajo como en su familia. Solo vivía para Dios y su familia. Pertenecía a varias Hermandades de Semana Santa, lo que le ayudaba a contemplar diariamente la Pasión del Señor.

Conforme iba arreciando la persecución religiosa, se enfervorizó mucho más su espíritu religioso, pensando que tenía que hacer sacrificios más costosos, incluso dando la vida para salvar a España y a sus hijos del ambiente de impiedad e infidelidad que les invadía. En plena persecución, seguía rezando con su mujer y sus hijos, los días festivos leían la misa, y los días de diario rezaban el Rosario y hacían lectura espiritual. Estas prácticas religiosas se las inculcaban a su mujer y a sus hijos. La esposa solía repetirle que si pedía a Dios con tanta fuerza el sacrificio de su muerte, al final lo conseguiría, él le respondía que eso es lo que quería...
El día 8 de noviembre de 1936, fueron incautados sus dos negocios, pues era industrial-comerciante, por los milicianos, y cinco días más tarde fue detenido junto a su hermano y llevado al Seminario Conciliar de San Julián, constituido en cárcel. Preguntó por qué lo habían detenido. Como le respondieron que porque era católico y que con su esposa llevaba a sus hijos a misa, contestó que, si ese era el motivo, que ya podían hacer lo que quisieran con él.
Estaba encarcelado con su hermano Jesús David. Los dos se animaban mutuamente, rezaban de rodillas delante de la cruz que habían rayado en la pared, componiendo versos piadosos al Señor y conversando sobre el fruto de su pasión y muerte. Fueron maltratados con crueldad, pero Antonio seguía dando ánimo a su hermano, diciéndole que si ellos morían por Dios, Este no dejaría a sus hijos desamparados. Le repetía:  “Sé fuerte, no llores, Dios no desampara a sus hijos”.
En la cárcel, cada día que amanecía, exclamaba: “Un día más de vida que nos concede Dios”, pues estaba convencido de que los matarían. Por fin un día, presintiendo que lo matarían pronto, al separarse de su mujer, que le había visitado en la cárcel, se despidió hasta la eternidad. Llegada la noche, lo llevaron junto a las paredes del cementerio y cuando lo iban a matar, abrió los brazos, formando la Santa Cruz, recordando el calvario de Cristo y gritando con fuerte voz “Viva Cristo Rey”.
Fue asesinado, junto a su hermano, el día 19 de noviembre de 1936, por ser un buen católico y por odio a la fe católica.
El pueblo creyente le concede fama de mártir.
Al día siguiente, los familiares y unos amigos sepultaron su cuerpo en el cementerio de Cuenca.

 

CAÑAS FRÍAS, JESÚS DANIEL

Nació, en Cuenca, el día 10 de abril de 1898. Casado con Gabriela Olmedo Recuenco, tuvo cinco hijos: Jesús, Mª Dolores, Enrique, Jaime y Gonzalo.
Buen padre y católico de fuerte fe, inculcó a sus hijos el amor que hay que tener a Dios, al que había que poner en primer lugar siempre. “Dios ante todo”, solía repetir.
Desde que se inició la persecución religiosa, fue muy perseguido. Después de incautarle todos sus bienes, lo encarcelaron en el Seminario Conciliar de San Julián, escogiendo para él los peores lugares, sometiéndolo a duros castigos morales, corporales y físicos. Pero él, con gran confianza, rezaba a Dios y a la Virgen María repitiendo frecuentemente: “Que sea lo que Dios quiera”.

En el interrogatorio al que le sometieron, le preguntaron que si iba mucho a misa, a lo que respondió que sí y que a qué partido político pertenecía, a lo que contestó que a ninguno, porque solo era católico, apostólico y romano.
Sospechando que lo iban a matar, se despidió de su esposa y de sus hijos con ternura y fortaleza, diciendo al mayor que no olvidara la fe de su padre y que lo recordase a sus hermanos.
Murió junto a su hermano Daniel Jesús, gritando "¡Viva Cristo Rey!", el día 19 de noviembre de 1936, por la noche, junto a las paredes del cementerio, donde fue sepultado.
Lo mataron únicamente por ser creyente y por odio a la fe de Cristo, por lo que se recuerda su muerte como un verdadero martirio.

 

CASTELLANO SERNA, FÉLIX 

Nació, en Cuenca, el día 30 de agosto de 1869.
Estudió en el Seminario de Cuenca. Fue ordenado Sacerdote el año 1893.
Tuvo los siguientes nombramientos: Regente de Palomares, Ecónomo de Villar del Saz de Navalón, Párroco de Navalón, y Buenache de la Sierra. En 1932 fue destinado a la Parroquia de Santiago, Cuenca.
Fue un sacerdote celoso, trabajador y caritativo. Predicaba muy bien, por lo que asistía mucho público a los actos litúrgicos que celebraba.
Cuando fue detenido, lo maltrataron y torturaron con saña; pero nunca desfalleció, manifestando claramente su fe y amor a Dios. Murió perdonando a sus verdugos.

Murió asesinado el día 15 de enero de 1937, en Cuenca, en cuyo cementerio, fue enterrado. Los buenos cristianos le consideran mártir

 

CUENCA ESCRIBANO, FELIPE

Nació, en Caracenilla, Cuenca, el día 26 de mayo de 1902.
Sus padres se llamaban Pedro y Canuta. Tenía una hermana llamada Martina.
Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Cuenca, siendo ordenado de presbítero el año 1926. Su primer destino fue Cura Párroco de Caracenilla, Cuenca.
Desde muy joven demostró verdadera vocación sacerdotal, a la que permaneció fiel hasta la muerte.
En plena persecución religiosa, la iglesia parroquial fue devastada, salvándose únicamente el retablo mayor. También la ermita fue profanada.

Detenido con su cuñado y llevado al Ayuntamiento entre milicianos, les dijo: “Si vais a matar a alguno, matadme a mí y dejad a mi cuñado, que tiene dos criaturas”. Allí mismo mataron a su cuñado y le obligaron a rezarle responsos, en plan de burla, lo que hizo con gran fervor y sentimiento.
“Se lo llevaron a la orilla del pueblo, entre gritos y malos tratos, rompiéndole un brazo y una pierna. Don Felipe iba besando el crucifijo, que los milicianos le metieron por la boca, queriendo sacárselo por la mejilla”.
“Le querían hacer decir Salud y él respondía siempre ¡Viva Cristo Rey!. Le dijeron: Si quieres carnet y te haces miliciano, serás un ciudadano como nosotros, y te perdonaremos la vida. Respondió: “Soy de Jesucristo, y quiero morir con Jesucristo”. "Esta respuesta enfureció a sus verdugos, que volvieron, con mucha furia, a maltratarlo nuevamente, pegándole culatazos. Después lo asesinaron a golpes. Y así entregó su alma a Dios”.
Murió asesinado, el 23 de agosto de 1936, a las tres de la tarde, en la orilla del pueblo, ante el vecindario, por ser sacerdote y por odio a la fe de la Iglesia Católica.
Tiene fama de mártir.

 

CUERDA ABAD, JULIÁN

Nació, en Cuenca, el día 19 de mayo de 1917.
Hijo de Agustín Cuerda Crespo y de Nieves Abad Gómez. Tenía dos hermanos: José Antonio y Crisanta.
Este joven, soltero y estudiante, era gran entusiasta de la Causa Nacional, tenía mucha fe en el triunfo. También era muy trabajador, de intachable honradez y piedad sincera. Católico y apóstol muy conocido en Cuenca. Todo su obrar estuvo fundado e inspirado en la fe católica...
Fue fundador de la Juventud de Acción Católica y desempeñó el cargo de Secretario. Cuando arreció la persecución religiosa, lo detuvieron el 14 de noviembre de 1936, traicionado por un antiguo amigo, permaneciendo durante cinco días preso en la checa del Seminario, con gran resignación y convencido de que lo asesinarían, según manifestaba a sus compañeros de cautiverio. Cuando lo sacaron para matarlo, fue cantando por el camino el Himno Eucarístico: “¡Cantemos al Amor de los Amores!... ¡Cantemos al Señor!... ¡Dios está aquí! ¡Venid adoradores!... ¡Adoremos!...”.

Murió gritando: “¡Viva Cristo Rey!... ¡Viva España!” y perdonando a sus asesinos.
Murió asesinado, por ser católico y por odio a la fe, el día 19 de noviembre de 1936, a las once de la noche, en el cementerio de Cuenca, dando su vida por Dios, Cristo Rey y la Iglesia Católica.
En Cuenca se recuerda su muerte y se le tiene como mártir.

 

DOMÍNGUEZ LLOFRÍU, EDUARDO 

Nació, en Cuenca, el día 6 de marzo de 1907.
Soltero y estudiante, era hijo de Eduardo Domínguez Fuster y Josefa Llofríu Borrás. Tenía 7 hermanos: Josefina (que era religiosa), Juan, Rafael, Carmen, Alfonso, Ricardo y Victoria.
Era un propagandista activo católico y obraba en todo momento con serenidad, decisión y frialdad. En plena persecución religiosa, tanto él como su hermano Juan, que también fue asesinado, fueron siempre valientes y heroicos, y no se dejaban amedrentar por nada. Fue apresado a las tres de la madrugada del 13 de julio de 1936, por ser católico activo muy destacado y conocido en Cuenca.
El día antes de morir se confesó en la cárcel, y cuando lo sacaban para matarlo, iba muy tranquilo, fumándose un cigarrillo, causando admiración por su sangre fría a los mismos asesinos, que lo comentaban después.

Antes de asesinarlo, le invitaron a hacerse de izquierdas, lamentándose de matar a un muchacho tan valiente. Se negó rotundamente y aceptó su muerte con valor y serenidad, gritando: “¡Viva Cristo Rey y viva España!”.
Murió asesinado, por ser católico y por odio a la fe, el día 15 de agosto de 1936, en el puente de la Sierra, entregando su vida por Dios, por la Iglesia Católica y por España.
En Cuenca se recuerda su muerte y se le tiene como mártir.

 

DOMÍNGUEZ LLOFRÍU, JUAN 

Nació, en Cuenca, el día 21 de febrero de 1909. Era hijo de Eduardo Domínguez Fuster y de Josefa Llofríu Borrás. Tenía siete hermanos: Eduardo, Josefina (que era religiosa), Rafael, Carmen, Alfonso, Ricardo y Victoria.
Este joven estudiante y trabajador era muy piadoso. Verdadero apóstol de la Acción Católica, de cuya Juventud era Secretario. Estuvo escondido emparedado, en su casa, durante veintitrés meses, con sufrimientos horribles. Diariamente podía oír la Santa Misa que se celebraba en la casa y rezaba en común el Santo Rosario. Después de confesar y de rezar a la Santísima Virgen, organizaron los tres hermanos una expedición para ir, a través de los montes, a las tierras nacionales; pero él no pudo ver cumplidos sus deseos, porque en el camino, del mucho andar, se le hincharon los pies, y hubo de quedarse imposibilitado, enfermo y agonizante en el campo, mientras sus hermanos y los demás compañeros lograron besar la tierra liberada, aunque con el dolor de haber perdido a Juan. Unos guardias de asalto, que le oyeron quejarse, llegaron al sitio donde Juan Domínguez yacía sólo y agonizante, que lo reconocieron y, en vez de auxiliarlo, lo remataron con varias descargas de fusil.

Su madre, al terminar la guerra y conocer la muerte de su hijo, exclamó: “Doy gracias a Dios porque ha aceptado la vida de dos hijos míos por la Religión y por la Patria, y porque los que aún me quedan son también dignos de la misma honra”.

Murió asesinado el día 17 de mayo de 1938, en Salinas de Valtablado, término de Zafrilla, Cuenca, por ser católico y por odio a la fe católica.
En Cuenca se recuerda su muerte y es considerado mártir.

 

ESCRIBANO GARCÍA, JUAN CRISÓSTOMO

Nació en El Provencio el día 16 de septiembre de 1880. Era hijo de Juan y Casta. Sus hermanos se llamaban Alejandrino, Carmen, Alberto, Julia, Purificación, Isabel y Ana.
A los 14 años había terminado la carrera de Magisterio y empezó la del sacerdocio. Estudió en el Seminario de Cuenca y el Colegio de San José de Roma. Recibió el Orden Sacerdotal el año 1904 en Roma. Obtuvo el Doctorado en Filosofía, Teología y Derecho Canónico. Fue profesor de Teología en el Seminario y Capellán de las Josefinas.
El año 1910 fue promovido a Canónigo de Cuenca; en 1919 a Lectoral; en 1922, Vicario Capitular y, al mismo, tiempo fue nombrado Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado. Entusiasta de la Catequesis, de la Buena Prensa, de la Visita Domiciliaria de la Sagrada Familia, de Fomento de Vocaciones, etc... “Escribía asiduamente en varios periódicos y era editor del Ripalda Graduado”. Como persona era “todo corazón y ternura”, “sencillo y candoroso como un niño”.

Al comenzar la persecución religiosa, permaneció en el Seminario, sin querer marchar a su pueblo. Estuvo preparándose para el martirio, con la oración y celebración diaria de la Santa Misa. Con alegría, sonriente, se despedía de los demás, todos los días, hasta la eternidad, animándolos con fervorosas pláticas y diciéndoles: “Qué gusto, si mañana a estas horas estamos ya en el Cielo”.”Cuando los asesinos fueron por él, les pidió por favor que le dejasen ponerse la sotana, que era su librea, con la que había vivido y con la que también quería morir, a lo que accedieron aquellos”.
Camino del lugar del martirio, iba cantando el Tantum ergo. Rechazó las invitaciones a salvar la vida, si blasfemaba. Recibió sucesivos tiros, mientras repetía vivas a Cristo Rey, murió con el Escapulario al cuello, el Crucifijo en una mano y el Rosario en la otra, perdonando a los enemigos, asesinado el 9 de agosto de 1936, en las tapias del Cementerio de Cuenca, por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Gozó y goza de fama de mártir.

 

GARCÍA RUBIO, SEGUNDO

Segundo García Rubio nació en Caracenilla, Cuenca, el día 1 de julio de 1901. Contrajo matrimonio canónico con Martina Cuenca Escribano. Tuvieron dos hijos Pedro y Mercedes. Era cuñado del Cura Párroco de Caracenilla D. Felipe Cuenca Escribano, corriendo la misma suerte: morir por la causa de Cristo.
Segundo García Rubio era labrador, persona dotada de honradez y seriedad, distinguiéndose por su condición de trabajador incansable y muy caritativo. Católico practicante, era asiduo asistente a los actos litúrgicos de la Iglesia. Ayudaba en todo lo que podía a su cuñado.
El día 23 de agosto de 1936 un grupo de milicianos de los pueblos vecinos llegó a este pueblo con ánimos de dar muerte al Cura Párroco. Detuvieron al Cura Párroco D. Felipe Cuenca Escribano y con él a Segundo García Rubio por su condición de cuñado del Cura Párroco y buen católico.

Unas horas permanecieron vivos en el ayuntamiento, adonde fueron trasladados una vez detenidos. Los malos tratos que daban al sacerdote propiciaban al cuñado. El Sacerdote intercedió por Segundo, pidiendo que no lo matasen, invocando su condición de casado y padre de hijos de corta edad. Ya fuera del Ayuntamiento, el Sacerdote hablaba con los milicianos, mientras colocaban a Segundo contra la pared del ayuntamiento, disparando contra él. Murió en el acto. Obligaron al Sacerdote a rezar un responso por su cuñado. Lo que hizo con gran fe, preparándose él para morir, lo que ocurrió poco después.
Su mujer que estaba presente sufrió malos tratos. Ella les decía y repetía con voz firme: La muerte de mi marido es una honra; mi marido ha muerto por Dios y por España.
Segundo García Rubio murió asesinado por ser un buen cristiano y por ser cuñado del Cura Párroco. Murió en paz y sin odiar a nadie, perdonando a todos, el día 23 de agosto de 1936, en Caracenilla, Cuenca.
Sus familiares y gentes de Caracenilla y de pueblos colindantes lo han tenido por mártir y piden su canonización.

 

MARTÍNEZ DE TORO, ELOY

Este sacerdote nació en Garcinarro, Cuenca, el día 25 de junio de 1900.
Sabemos que, a los trece años, comenzó a estudiar el Bachillerato, ingresando en el Seminario de San Julián de Cuenca cuatro años después.
Según los datos, que constan en el Seminario, fue ordenado sacerdote el año 1920. Después pasó al Seminario de Toledo, donde se doctoró en Sda. Teología. A partir de esta fecha, desempeñó, hasta su muerte, los cargos de Superior y Profesor de Filosofía y Física del Seminario de San Julián de Cuenca. Al mismo tiempo siguió los estudios superiores en la Universidad de Valencia, donde alcanzó la licenciatura en Filosofía y Letras. Trabajó como sacerdote en la Parroquia de El Salvador, sien siempre un sacerdote que no buscó bienes materiales ni honores terrenos, siempre dispuesto a dar su vida por Dios y por su sacerdocio.

Gran entusiasta de la formación y educación de los jóvenes, organizó en Cuenca la Asociación de  Estudiantes Católicos, la de los Padres de Familia y fundó el Colegio "Fray Luis de León", junto con los Hermanos Maristas.
Cuando la persecución religiosa se había generalizado en toda la provincia y diócesis de Cuenca, los miembros del Comité Rojo de Garcinarro persiguieron a este sacerdote paisano con gran saña y malicia, entregándole al Tribunal Popular de Cuenca, que lo absolvió "burlesca e irónicamente". Después impusieron a la familia una multa de 3.000 pesetas "para pagar a sus asesinos". Lo encerraron en los calabozos de la Jefatura de Seguridad, de donde lo sacaron para propinarle una tortura cruel durante dos días, pues fue sometido a duros e inimaginables golpes por todo su cuerpo e insultos ignominiosos hasta que le mataron con salvaje crueldad. Fue inhumado el cadáver en el Cementerio de Cuenca
El año 1940, fue exhumado su cadáver. Testigos, que presenciaron este hecho, afirman que el cadáver estaba incorrupto y en la caja había como un cubo de sangre líquida, como la que sale de las venas, cuando se pincha en ellas, y que echaron en la sepultura donde fue enterrado de nuevo en el Cementerio de Garcinarro. Cuenca.
Fue asesinado el día 3 de enero de 1937, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Tiene fama de mártir.

 

BLANCO PORTERO, SEBASTIÁN

Nació en Cuenca el día 21 de enero de 1878. Labrador, casado con Gabriela Alcázar.
Era un hombre de sanas y sólidas ideas religiosas, muy caritativo, que cumplía fielmente sus deberes de buen católico y, además de pertenecer a varias asociaciones piadosas, era miembro destacado y entusiasta de la Acción Católica.
En su juventud había cursado varios años la carrera eclesiástica en el Seminario de Cuenca, guardando en su mente y corazón las enseñanzas que allí había recibido.
Cuando la persecución religiosa había arreciado en Cuenca, fue detenido en su casa y apresado, el día 21 de octubre, por la columna del Rosal, y, a medianoche del día 24, fue asesinado junto a las tapias del cementerio de Cuenca, donde fue enterrado su cuerpo. Cuando vio que iban a darle muerte se encomendó a la Santísima Virgen María mientras los asesinos le hacían objeto de burlas.

Don Sebastián fue asesinado por odio a la fe católica que profesaba y practicaba, el día 24 de octubre de 1936, en las tapias del cementerio de Cuenca, donde fue entenado su cuerpo.
En Cuenca se recuerda su muerte y tiene fama de mártir.

 

CAÑADA LADRÓN DE GUEVARA, JESÚS 

De 32 años. Murió asesinado el día 27 de agosto de 1936 en cuenca. Casado con Juliana Triguero Peña. Hijos: Antolín, Josefina, Magdalena e Isabel.
Buen feligrés y de conducta inmejorable en todos los órdenes, fue atormentado cruelmente y asesinado en Cuenca.

 

CAÑADA PLAZA, ISAÍAS

Nació el día 6 de julio de 1905. Sacerdote. Sus padres eran Zacarías y Benigna; hermanos: Juana y N.N.
Don Isaías Cañada había nacido en Castejón (Cuenca), en cuyo cementerio reposan actualmente sus restos morales. En su infancia tenía todas las buenas condiciones que hacen a los niños ambles a los ojos de los padres, de los maestros y de los sacerdotes: era humilde, obediente, sencillo aplicado, fiel en la asistencia cotidiana a la escuela y la iglesia. Con vocación sacerdotal sentida muy hondamente, ingresó en el Seminario el año 1918.
De su inteligencia y aplicación baste decir que en todos los años de la carrera obtuvo en todas las asignaturas la nota de sobresaliente, y en algunas también el Premio. Con ánimo de graduarse terminó los estudios de Sagrada Teología en la Universidad Pontifica de Toledo; pero al fin, “haciendo un gran acto de humildad, pensó que los  grados académicos no le valían para ser más piadoso y para ganara más almas para Dios… y se vino sin grados”. Además fue “un modelo de buenos seminaristas”, sobresaliendo por su humildad, su amor a la soledad, su aprovechamiento del tiempo y su fervor en la oración. “Nunca protestó por nada, y todo lo aceptaba de buen grado”.

Celebró su primera Misa el 1º de junio de 1929 en su pueblo natal y fue nombrado coadjutor de El Provencio. Pocos meses después fue destinado como capellán al Santuario de Nuestra Señora de Riánsares, a 4 kilómetros de Tarancón, donde había una residencia de Teresianas. Algún tiempo más tarde fue nombrado capellán de las Religiosas Mercedarias de Tarancón. Este último nombramiento “obedeció a las muchísimas peticiones que hicieron al Prelado los vecinos del pueblo, que conocían bien al santo sacerdote, porque con frecuencia lo buscaban en el santuario”. En Tarancón, don Isaías trabajó con el mayor celo y con gran eficacia Pasaba muchas horas seguidas en el confesonario: a las siete de la mañana, después de sus oraciones y de una hora de meditación, estaba ya confesando. La capilla del colegio era insuficiente para los muchos fieles que acudían allí para confesarse o para oír predicar al virtuoso sacerdote, “pues aunque no tenía cualidades de orador elocuente, la gente le oía con gusto porque lo consideraba como un verdadero santo”, y tenían la impresión de oír realmente la palabra de Dios salida de los labios del sacerdote. Una vez, oyendo un sermón, exclamó una mujercilla del pueblo: “¡Éste es Dios!...” la fama de santidad de don Isaías se extendió por el partido de Tarancón de tal forma que muchos sacerdotes iban a consultar con él, a pesar de que era humildísimo y “siempre se colocaba en el último lugar”.
Era muy amante de la soledad, del recogimiento y del silencio. “Siempre suspiró por ser fraile cartujo…” “No tenía amigos íntimos…” Sin necesidad, no salía de su casa y de la iglesia…”No miraba a nadie; siempre iba con los ojos bajos…” “Hablaba con sencillez, pero lo más preciso y siempre en tono muy bajo…” “Le gustaba tratar mucho con los niños”: los únicos con quienes se expansionaba y con quienes le vieron sonreír.
Le sorprendió el Movimiento Nacional en Tarancón, pero don Isaías fue respetado y le permitieron marchar a su pueblo, donde estuvo dos años oculto, hasta que fue obligado a incorporarse con su quinta en el ejército rojo. Mas estaba tan enfermo que tuvo que ingresar en el hospital militar antes que en el cuartel. Cuando mejoró algo, salía del hospital y “se dedicaba a confesar y a dirigir muchas almas, que con ansia y mucho peligro lo buscaban, hasta que los rojos lo metieron en la cárcel, de donde salió al poco tiempo por los buenos informes que dieron los de Tarancón”. Lo destinaron a San Clemente y luego lo enviaron a segar arroz en las tierras de Valencia. Nuevamente fue trasladado a Cuenca y de allí, como sanitario, al hospital de Huete. Pero como había sufrido tanto, estaba tan débil y extenuado que tuvo que guardar cama. Y él “siempre calló” porque su propósito fue “sufrir lo que viniese por Dios y dar la vida, si preciso fuese, por la salvación de España”.
Su ingreso en el hospital fue para morir. “Empezaron las hemoptisis, llegando a tener treinta y dos en pocos días…” “Él no se inmutaba, siempre jovial y siempre animado…” Le acompañaban su hermana y un sacerdote oculto, también sanitario, el cual le administró todos los Sacramentes… El día 12 de marzo de 1939 dijo a su hermana: “Mira, la guerra ha terminado… Yo he ofrecido mi vida por la salvación de España y voy a morir… Cuida mucho a la madre y procura educar cristianamente a tus hijos…” Y dichas estas palabras falleció, siendo enterrado en el cementerio de Huete, “en fosa común y con traje de miliciano”, aquel sacerdote que había vivido con fama de santidad y vivió sufriendo y murió sacrificado por la fe y por la Patria… El 27 de abril de 1944, la madre del sacerdote, anciana de más de ochenta años, vistió la sotana al sacerdote a los restos mortales exhumados de su hijo, “con tal ánimo y entereza como si se tratase de su primera Misa”, acompañándolos hasta el cementerio del pueblo natal, donde rezaba extáticamente arrodillada en su visita de todos los días a la tumba de su hijo sacerdote.

 

CASTILLO PARREÑO, JOSÉ

Nació el día 15 de julio de 1889. Agricultor. Murió asesinado el día 20 de agosto de 1936, a las once de la mañana, en la carretera de Cuenca, en un corral de ganado. Casado con Francisca Castillo Turégano, sus hijos eran Teresa, Isabel, Josefa, José, Quirico y Matilde.
Era muy laborioso, honrado y de admirables sentimientos cristianos. Detenido y maltratado por los rojos varias veces, sufrió un horrible martirio que culminó con el fuego prendido en su cuerpo, mutilado y rociado con gasolina.

 

CASTILLO TURÉGANO, MANUEL

Nació el día 15 de abril de 1889. Comerciante. Murió asesinado el día 20 de agosto de 1936 a las once de al mañana en la carretera de Cuenca, a la altura del camino de Tébar. Casado con Josefa Castillo Parreño tuvieron dos hijos, Atanasio y Manuela
“Hombre trabajador, de conciencia y sentimientos cristianos, dedicó la mayor parte de sus bienes y actividades a remediar las necesidades de los menesterosos, siendo innumerables los favores que hizo a la mayor parte del pueblo”. Como todas las víctimas del pueblo de Sisante, antes de ser asesinado sufrió un cruento martirio por la fe y por su patriotismo.

 

CID MOYA, ELADIO

Nació el día 18 de febrero de 1876. Sastre. Murió asesinado el día 6 de noviembre de 1936, a mediodía, en el término de Saelices. Casado con Filomena Honduvilla Díaz. Hijos: Lucía y Valeriana.
Persona de buenas costumbres y muy laborioso, era “formal en todos sus actos y sólo estaba en su trabajo”. Fue detenido el día 5 de noviembre de 1936 en su domicilio trasladándolo a la cárcel donde le ataron las manos con un cíngulo de la iglesia, no soltándolo ni cuando tenía que comer; permaneció así hasta el día siguiente en que lo sacaron del pueblo, asesinándolo al llegar al kilómetro 13 de la carretera de Carrascosa del Campo.

 

COBO CUEVAS, PABLO

Fue carnicero. Murió asesinado el día 27 de julio de 1936 en las “Emes de Belinchón”. Casado con Gabriela del Saz tuvieron un hijo: Eusebio.
Fue persona muy trabajadora y honrada y gran defensor de la religión y de la patria. Murió gritando ¡Viva Cristo Rey!

 

COBO MORALES, FÉLIX

 

 

Nació el día 4 de diciembre de 1909. Fue guarnicionero. Murió asesinado el día 21 de septiembre de 1936 en la carretera de Cuenca. Sus padres eran Laureano y Aurelia.
Cuando lo sacaban del cuartel de las milicias rojas de Cuenca vio a unos paisanos suyos y les dijo: “Dad un abrazo a mi madre y decidle que me llevan a matar…” “Se dice que al matarle levantó las manos diciendo ¡Viva Cristo Rey!”.

 

FALERO AZCOITIA, JUAN ANTONIO 

Nació, en Huelves, Cuenca, el día 20 de enero de 1914. Sus padres eran Juan Antonio Falero Marquina y Carmen Azcoitia de López. Tenía cuatro hermanos: Elisa, Francisco, Manuel y Rafael.
Era estudiante de Farmacia. Joven de buenas costumbres y muy piadoso, distinguiéndose por su amabilidad y simpatía.
Fue perseguido por sus ideales católicos y por su comportamiento siempre coherente con la fe que profesaba. Fue detenido y apresado.
Cuando salió de la cárcel hacia el lugar del suplicio con otros detenidos, se santiguó con agua bendita que llevaba en el bolsillo una de las víctimas. Cuando llegaron al término municipal de Belinchón, en un lugar llamado la Concepción, fue asesinado, mientras gritaba: “¡Viva Cristo Rey! ¡Arriba España!”.
Murió asesinado el día 29 de octubre de 1936, a la once de la noche, en el término de Belinchón, por ser católico practicante y por odio a la fe.
Desde que murió, se le concedió la consideración de mártir.

 

FALERO AZCOITIA, MANUEL 

Nació, en Huelves, Cuenca, el 17 de junio de 1911. Sus padres eran Juan Antonio Falero Marquina y Carmen Azcoitia de López. Tenía cuatro hermanos: Elisa, Francisco, Juan Antonio y Rafael.
Era abogado. De intachable conducta moral y religiosa; católico practicante, cumplía con exactitud sus deberes, un gran fervoroso devoto de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, llevaba siempre consigo su imagen.
Sus consultas profesionales las hacía desinteresadamente y procuraba dar una pronta y acertada solución. Cuando arreció la persecución religiosa fue detenido y encarcelado. Era tal la simpatía que gozaba en el pueblo, que algunos de sus asesinos propusieron ponerlo en libertad y que no fuese asesinado, pero otros se opusieron porque, según decían, “no debía quedar ni un católico”.
El 29 de septiembre de 1936, lo sacaron de la cárcel junto con sus hermanos Rafael y Juan Antonio, comportándose con gran resignación y valentía, animando siempre a sus hermanos. Murió, santiguándose con agua bendita y dando vivas a Cristo Rey y a España.
Murió asesinado el 29 de octubre de 1936, a las once de la noche, en el término de Belinchón, Cuenca, por ser católico y por odio a la fe de Cristo.
Goza de  fama de mártir.

 

FALERO AZCOITIA, RAFAEL 

Nació, en Huelves, Cuenca, en noviembre de 1918. Sus padres eran Juan Antonio Falero Marquina y Carmen Azcoitia de López. Tenía cuatro hermanos: Elisa, Francisco, Juan Antonio y Manuel.
Era estudiante de Medicina. Aprovechaba mucho en sus estudios, incluso dedicaba sus vacaciones estivales para estudiar alguna asignatura del curso siguiente y poder aprobarla en septiembre, antes de comenzar el curso.
Tenía una conducta moral y religiosa intachable; católico practicante “a carta cabal”.
Políticamente no pertenecía a ningún partido. Cuando arreció la persecución religiosa, fue detenido con sus hermanos y cuando lo sacaron de la cárcel para asesinarlo se encaró a sus asesinos y les dijo: “¿Así hacéis justicia...? ¿Así demostráis vuestro valor...?”. Y se entregó resignadamente a la muerte, ofreciendo su sacrificio por  Dios y por España.
Murió asesinado el día 29 de octubre de 1936, a las once de la noche, en el término de Belinchón, por sus ideales claramente católicos y por odio a la fe.
Siempre se le tuvo como mártir

 

HOZ CASTILLEJOS, JOSÉ DE LA 

Nació el día 5 de febrero de 1905 en Vega del Codorno. Sus padres eran Paulino de la Hoz Castillejos y Ángela Catillejos Vélez. Tenía 8 hermanos: Josefa, Bienvenida, Benita, Basilia, Micaela, Germán, Segundo y Emiliana.
Era labrador honrado y cristiano, de buena conducta; a pesar de no estar afiliado a ningún partido político, siempre había defendido los ideales católicos.
El día 2 de abril de 1938 acompañaba a dos sobrinos, Bernabé y Florentino, de once y catorce años, que se habían refugiado en su casa el día anterior, ya que andaban buscándolos para vengar con sus muertes la huída de su padre y sus otros dos hermanos a la zona nacional. El tío y los dos sobrinos fueron detenidos y, sin pérdida de tiempo, los llevaron al cerro de San Felipe, donde, después de darles un terrible martirio, a José de la Hoz le dieron muerte delante de sus sobrinos y después mataron también a los dos niños.
Murió asesinado, el 2 de abril de 1938, en el cerro de San Felipe, por ser buen católico y por odio a la fe de Cristo.
La muerte de D. José con la de sus sobrinos es recordada con emoción y se le da la fama de mártir.

 

PARRA BELINCHÓN, RAIMUNDA

Nacida en Zarza de Tajo el día 5 de diciembre de 1885, contrajo matrimonio canónico con Gregorio García-Cuenca Vellisca, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos de los que vivieron cinco: Paz, Eusebia, Juliana, y Eusebio y Sabino que fueron martirizados con su madre.
Los padres de Raimunda eran católicas practicantes por lo que la educaron en la fe católica. Ejemplar en el comportamiento con sus padres, su vida era correcta con toda la vecindad. Con todos trataba y con todos se llevaba bien. Era una mujer sencilla, humilde, servicial, trabajadora y muy piadosa. Asistía con frecuencia a la Santa Misa.
“Era muy piadosa y buena, ejemplo de resignación cristiana y de moralidad, habiendo llevado una vida de mártir (ya que su esposo, muy distinto a ella y que se oponía a que educase a los hijos cristianamente y los llevase a Misa, la maltrataba continuamente. Ella lo ofrecía todo a Dios). Cuando la detuvieron fue sacad del pueblo muy escoltada por caballos, “como si fuera algo grande”, junto con su hijo Sabino. La llevaron por cerros y barrancos, sin comer ni beber, par a buscar a su hijo Eusebio, diciéndoles ella: “¡Matadme a mí, pero dejad a mi hijo!”. La insultaban y ella iba cantando el Rosario en alta voz, imperturbable.

Al no encontrar al hijo que buscaban porque estaba detenido en Guadalajara, los milicianos del pueblo mataron a la madre y al otro hijo a pesar de que ella pedía a los asesinos piedad para éste: “¡Dejad a mi hijo, que no ha hecho nada!”. Murió con la ejemplar resignación del mártir por la fe, por la piedad y por la Patria”.
Su hija Paz, de noventa y cuatro años (en la fecha de la publicación de la revista: diciembre de 2004), nos ha dado el siguiente testimonio:
“Los milicianos nos detuvieron a mi madre y a mí, teniéndonos en la iglesia convertida en cárcel. Yo tenía mucho miedo y mi madre me decía que era el mejor sitio donde nos podían llevar y que rezara mucho. A las veinticuatro horas nos soltaron. Ocho días más tarde detuvieron de nuevo a mi madre, esta vez con su hijo Sabino, mi hermano.
Todos los días los sacaban por el campo para buscar a su otro hijo, Eusebio, que junto con un grupo de hombres de Zarza de Tajo, animados por él, había impedido unos meses antes que robaran y quemaran el templo parroquial. Como no lo encontraban, volvieron a llevarla a su casa. Pero dos días después, la encarcelaron de nuevo con su hijo Sabino.
Al día siguiente llegaron al pueblo tres o cuatro camiones de milicianos sólo con la intención de detenerla con su hijo Sabino para que les ayudaran a encontrar a su otro hijo, Eusebio. Al día siguiente los llevaban a la iglesia de Belinchón. Ella, que era muy devota del Santo Cristo, deseaba llegar para rezarle, como tantas veces lo había hecho. Siempre animaba a su hijo a tener fe y a rezar.
Los milicianos le repetían una y otra vez que ya no criaría más hijos católicos. Ella rezaba el Rosario (todos los días lo rezaban en la casa). Pararon el camión en las “Emes de Belinchón”. Les mandaron bajar y que caminasen hacia la iglesia. Y caminando hacia la iglesia los fusilaron. Los milicianos se acercaron para ver si estaban muertos y ella, con el último soplo de su vida, dijo: ¡Dios mío, perdónalos, que no saben lo que hacen! Fueron sus últimas palabras. Tenía cincuenta y un años cuando murió”.
Murió asesinada el 22 de agosto de 1936 en las “Emes de Belinchón” por ser una buena madre católica. La mataron por odio a la fe cristiana.
Sus familiares y paisanos la tienen como mártir y piden su beatificación.

 

ROSA LÓPEZ, CONSTANCIO DE LA

 

 

 

Rosario de Constancio

1. Nació, en Cuenca, el día 8 de agosto de 1909. Hijo de Constancio de la Rosa Torres y de Joaquina López Sánchez. Tenía once hermanos entre los que se cuentan Antonia, María, Julián y Alfonso.
Los padres de Constancio, dedicados a la educación y sostenimiento de su numerosa familia, consagraron los mayores esfuerzos a mantener la tradición del hogar católico español. “¡Cuántas bellas lecciones, teóricas y prácticas, se dieron en aquel hogar!”. El año 1931, después de la caída de la Monarquía, ante el derrumbamiento de la Patria, “esta familia, por natural impulso, aprestóse a formar en las filas de los que habían de luchar en nombre de Dios y de España”.

 Don Constancio se distinguió por su aplicación, religiosidad, serenidad ante los contratiempos de la vida y por su gran espíritu combativo en defensa de la verdad, de la religión y de la patria. Héroe defensor de la Acción Católica, formó parte del grupo de propagandistas católicos, que eran amenazados y maltratados, los multaban, los llevaban a la cárcel, los ponían en las listas negras y los asaltaban por la noche; pero ellos no se dejaban amedrentar y estaban dispuestos a ofrecer la vida por la Religión Católica.
       El día en que fue asesinado, a medianoche, se presentó delante de su casa una horda de milicianos, pidiendo su cabeza, sin atreverse a penetrar en la casa, donde estaba Constancio, dejando establecida una guardia para que el joven no pudiera huir. Pero, éste, burlando la vigilancia, se refugió en casa de su tío D. Virgilio. Mas delatado su escondite, la horda, armada de fusiles, con candiles, faroles y cuchillos, lo descubrió, llevándose al tío y al sobrino, atados de pies y manos, en dos coches de la muerte.
       Los milicianos hicieron sufrir a sus víctimas unas torturas horribles, maltratándolos sin compasión y con refinamiento mientras los tenían atados de pies y manos, con palos, con los fusiles y con otros objetos. La horda, creciendo su furor sin cesar, no se saciaba ni de los sufrimientos, ni de los tormentos, ni de la sangre, ni del ensañamiento. En los coches se llevaron a las dos víctimas por la carretera de Villalba, y asesinaron primero a Constancio, en presencia de su tío, al cual, por burla, le pidieron que rezase un responso por su sobrino, cuyo cadáver habían mutilado y destrozado; acabado el responso del tío, rezando con gran fervor, asesinaron también a D. Virgilio, ofreciendo los dos su vida por Dios y por España.
       Murió el 19 de julio de 1936 en la carretera de Villalba, que fue asesinado por ser católico y por odio a la fe católica.
       En Cuenca se recuerda con emoción su muerte y se le considera mártir.
      
2. (Tomado de la contracubierta de la revista “Bienaventurados” nº 6)
       Nació en cuenca el 8 de agosto de 1909. Don Constancio se distinguió por su aplicación, religiosidad, serenidad antes los contratiempos de la vida y por su gran espíritu combativo en defensa de la verdad, de la religión y de la patria. Magnífico defensor de la Acción Católica, formó parte del grupo de propagandistas católicos que eran amenazados y maltratados: los multaban, los llevaban a la cárcel, los ponían en las listas negras y los asaltaban por la noche; pero ellos no se dejaban amedrentar y estaban dispuestos a ofrecer la vida por la Religión Católica.
       El día en que fue asesinado, a medianoche, se presentaron ante su casa unos milicianos pidiendo la cabeza de Constancio. Y aunque no se atrevieron a penetrar en ella, dejaron una guardia para que el joven no pudiera huir. Pero éste, burlando la vigilancia, se refugió en casa de su tío Don Virgilio, que se encontraba rezando el Breviario. Mientras los 30 ó 40 milicianos registraban la casa del sacerdote buscando a su sobrino, para crear un clima de serenidad continuó rezando tranquilamente. Mas delatado su escondite, los milicianos armados con fusiles, con candiles, faroles y cuchillos, detuvieron al tío y al sobrino y les ataron de pies y manos.
       Al llevarlos a la cárcel, el sacerdote dijo a los milicianos: Nunca he hecho daño a nadie, ¿por qué me vais a matar? Y añadió: Dejad a mi sobrino, no lo matéis. Pero los dos corrieron la misma suerte.
       Los milicianos hicieron sufrir a sus víctimas unas torturas horribles, maltratándolos sin compasión y con refinamiento. La tensión crecía en el ambiente, los asesinos no se saciaban ni con los sufrimientos, la sangre y el ensañamiento de los tormentos. Finalmente, se los llevaron en coches por la carretera de Villalba y asesinaron primero a Constancio en presencia de su tío, al cual por burla le obligaron a que rezase un responso por su sobrino, cuyo cadáver habían mutilado y destrozado. Acabado el responso, también asesinaron a Don Virgilio. Él perdonó a los que les quitaban la vida, pidiendo al mismo tiempo que Dios los perdonase. Murieron el 5 de agosto de 1936 habiéndose dado antes un fuerte abrazo. Estos hechos sucedieron en la Dehesa de Embid, en la carretera de Sotos (Cuenca). Según testigos, los dos pronunciaron el grito de ¡Viva Cristo Rey y su Madre Santísima!       

      

 

ROSA DE TORRES, VIRGILIO DE LA 

1. Nació en Cuenca el año 1873. Sus padres José y Josefa, formaron numerosa y ejemplar familia. Además de D. Virgilio, tuvieron otros seis hijos llamados: Dolores, Carmen, Constantino, Valentina, Juana, que era Religiosa, y Máxima que estaba imposibilitada. Estos buenos padres enseñaron a sus hijos que lo primero era el amor a Dios, metiéndoles en sus corazones la devoción a la Sda. Eucaristía, al Corazón de Jesús y a la Virgen Inmaculada.
Don Virgilio fue un sacerdote de conducta ejemplar e infatigable trabajador por la gloria de Dios. Había sido coadjutor en Priego, y encargado de la Habilitación del Clero durante 27 años antes de pasar a ser nombrado Capellán de Las Religiosas Justinianas. De espíritu bondadoso y apacible, nunca se incomodaba por nada, siempre estaba tranquilo y confiado en la Providencia. En alguna ocasión le dijeron sus hermanas: “¿Por qué no pides una buena colocación?”. A lo que respondió: “A mí dejadme..., ¿No tenéis para comer? ¡No seáis ambiciosas!...”.Y es que sólo le movía la gloria de Dios.

En plena persecución religiosa, los milicianos pasaron a su casa con el ánimo de detenerlo junto con su sobrino. Lo encontraron rezando el Breviario, y mientras los treinta o cuarenta milicianos registraban la casa en busca del sobrino, continuó rezando tranquilamente. Por fin encontraron al sobrino y al llevarlos a la cárcel dijo a los milicianos: “Nunca he hecho daño a nadie”. “¿Por qué me vais a matar?”. Y añadió: “Dejad a mi sobrino, no lo matéis”. Pero no ocurrió así, pues los dos corrieron la misma suerte.
Murió, con resignación cristiana y con entereza, el día 6 de agosto de 1936, en la Dehesa de Embid, cerca de la alcantarilla grande, en la carretera de Sotos. Antes había perdonado a los que le quitaron la vida, pidiendo al mismo tiempo que Dios los perdonase.
Junto a él caía muerto su sobrino, al que tanto quería. Tío y sobrino cayeron muertos, dándose un fuerte abrazo. También sus almas subieron juntas al Cielo, mientras en la tierra se oía claramente el grito de “¡Viva Cristo Rey y su Madre Santísima!”, que los dos pronunciaron.
Murió asesinado el 6 de agosto de 1936, en la Dehesa de Embid, en la carretera de Sotos, sólo por ser sacerdote y por odio a la fe católica.
Se recuerda su muerte y goza de fama de mártir.
2. (Tomado de la contracubierta de la revista “Bienaventurados” nº 6)
Nació en Cuenca en 1873. De familia cristiana, numerosa y ejemplar, Don Virgilio fue un sacerdote de conducta modelo e infatigable trabajador por la gloria de Dios. Durante 27 años fue encargado de la Habilitación del Clero y nombrado después Capellán de las Religiosas Justinianas en la ciudad de Cuenca. De espíritu bondadoso y apacible, nunca se incomodaba por nada. Vivía siempre tranquilo y confiado en la Providencia.

 

TORRES BRIONES, JESÚS MARÍA DE 

Nació el día 9 de noviembre de 1873. Párroco. Murió asesinado el día 31 de octubre de 1936 a las doce de la noche en las inmediaciones de Torralba. Sus padres eran Calixto de Torres Martínez y Catalina Briones Polo. Sus hermanos: Emilia, Enrique (sacerdote) y Roberto (sacerdote).
Este celoso y diligente sacerdote se distinguía por las virtudes propias de su estado, que poseía en grado eminente. Era piadoso y caritativo no dejando pasar ninguna ocasión de hacer bien a todos sus feligreses y paisanos pues al terminar la carrera sacerdotal en 1900 había sido destinado a su pueblo natal donde ejerció su ministerio sagrado durante treinta y seis años, hasta su muerte. Fue detenido en su domicilio por una cuadrilla de milicianos de la Columna del Rosal junto con su hermano D. Enrique con el que tuvo la dicha de confesarse poco antes de morir. Conducido al lugar indicado, con otros vecinos del pueblo, fue asesinado y su cadáver arrojado a una acequia consiguiendo la palma del martirio al coronar su vida sacerdotal con la muerte por Cristo.

 

MARTÍNEZ HERRÁIZ, FELIPE

Había nacido D. Felipe el 5 de febrero de 1872, en Sisante, Cuenca, siendo bautizado 2 días después. Cuando se inicia la Guerra Civil, ejerce como coadjutor en Tarazona de la Mancha, dejando un profundo recuerdo en sus feligreses por su vida ejemplar y su piedad fervorosa.
A penas se inicia la Guerra, fue objeto de persecuciones y atropellos, siendo bárbaramente apaleado en el Cuartel del pueblo por los milicianos.
Más tarde lo dejaron marchar a Sisante, su pueblo natal, donde fue detenido por una cuadrilla de escopeteros en casa de unos milicianos, con los que se había refugiado. Los milicianos dijeron: Nos los llevamos por ser sacerdote. Después de ser de nuevo cruelmente martirizado, murió gritando: ¡Viva Cristo Rey!... ¡Viva España!...
Era la madrugada del día de la Natividad de la Virgen, 8 de septiembre de 1936, en la carretera de Cuenca, cerca del pueblo de Atalaya. Tenía 64 años.