MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE ÁVILA

 

Cano Solana, Juan González Mateos, Julián Martín Tejerizo, Ventura
Díaz Sánchez, Justo González Navarro, Fidelio Martín Verdugo, Juan
Fernández Fernández, Avelino González Navarro, Helí Sánchez García, Basilio
García Herráez, Timoteo González Sánchez, Zacarías Santos Martín, Domicio
García Jiménez, Jerónimo Linares Ramírez, Estéban Santos Rodríguez, Ismael
Gómez Fuentes, Tarsicio Martín Martín, Zacarías Cecilio Villacastín Sánchez, Ernesto
González Beades, Diego Martín Tejerizo, Jesús Villacastín Sánchez, José

 

 

 

BASILIO SÁNCHEZ GARCÍA

(+23 de julio de 1936)

 

 

Natural de Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Nació el 30 de mayo de 1876. Recibió la ordenación sacerdotal el 15 de marzo de 1902. Don Basilio, párroco de Navalperal de Pinares (Ávila) desde noviembre de 1925, fue el primero de los sacerdotes abulenses martirizados en el verano de 1936. Sus feligreses le tenían por muy bueno, de gran celo apostólico y grandísima caridad.

Navalperal de Pinares, no muy lejos de Madrid, quedó convertido en fortaleza de los milicianos en las cercanías de Ávila. Ya antes del 18 de julio había grandes dificultades para desarrollar las diferentes actividades religiosas. Don Basilio, días antes, había recibido un anónimo en el que decían que iban a matarle. Fue Doña Augusta López Crespo, que atendía desde hacía 17 años al párroco, la que nos refiere todo lo sucedido en aquellos trágicos días.

El 23 de julio de 1936, hacia las 5 de la tarde, se presentaron los milicianos en la casa parroquial. Don Basilio y la sirvienta se esconden para no ser encontrados. Ella aprovecha para confesarse con el párroco. Y se pusieron a rezar previendo el desenlace. Al grito de: Ahí están los pájaros, uno de los milicianos los encuentra. Acto seguido le quitan al párroco la sotana entre insultos y mofas. Él responde diciéndoles: Me matarán ustedes. Pero yo no he hecho mal a nadie. Bien, todo lo que he podido. Finalmente, le sacan fuera de la vivienda, y ya en la calle en la primera bocacalle es asesinado a tiros.

El cadáver de Don Basilio quedó provisionalmente tendido junto a la casa parroquial. Al día siguiente, 24 de julio, formando los milicianos dos filas junto a los restos mortales, hicieron pasar a todos los detenidos, con la orden de que fueran pisándolo. Después colocaron el cuerpo en el carro de la limpieza, burlándose y paseándolos por las calles del pueblo.

 

DOMICIO SANTOS MARTÍN
   

Natural de Herreros de Suso (Ávila). Nació el 23 de marzo de 1889. Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1914.

Seis años antes de estallar la guerra es nombrado coadjutor de parroquia abulense de Candeleda. Ya antes del 18 de julio de 1936 miembros muy activos de la F.A.I. (Federación Anarquista Independiente) de Madrid venían controlando la situación en Candeleda. El día 30 de julio un buen número de hombres armados se apodera de la casa del párroco, quedando incautada. La iglesia quedó convertida en cárcel. Había sido profanada previamente: imágenes destrozadas, algunas convertidas en cenizas. El párroco, Don Felipe Ninón, que pudo salvar su vida, es quien narró todo lo acontecido en aquellas dolorosísimas jornadas.

Don Domicio, vivía con su hermana y el marido de ésta. El 31 de julio los milicianos sometieron a riguroso registro la casa donde vivían. Les detienen, a él y a su cuñado, y los conducen a la cárcel. El 8 de agosto sacaron al sacerdote para asesinarlo, llevándolo a unos cuatro kilómetros del pueblo, en la carretera de Candeleda a Poyales del Hoyo, en un paraje conocido como La Guaña. Murió diciéndoles a sus asesinos: Yo os perdono de todo corazón.

(+8 de agosto de 1936)

 

 

 

ISMAEL SANTOS RODRÍGUEZ
   

Nació el 21 de marzo de 1890 en Rubí de Bracamonte (Ávila). Ordenándose sacerdote el 23 de diciembre de 1916.

Desde 1932, era párroco de Poyales del Hoyo (Ávila). Ya antes del 18 de julio de 1936 estaba prohibido en Poyales realizar actos religiosos. El templo parroquial fue incautado el 25 de julio, destinándose como cárcel del pueblo, y Don Ismael fue detenido al día siguiente. Entre injurias y blasfemias, casi milagrosamente, pudo sumir las Sagradas Formas con la anuencia de los milicianos. Finalmente es llevado al calabozo, que estaba en el Ayuntamiento.

Uno de los días, el 5 de agosto, le sacan para pasearle por el pueblo disfrazado: burlas soeces, injurias, risotadas, le obligan a beber vinagre mezclado con sal y algunas inmundicias, pretenden hacerle blasfemar, le atan una soga al cuello, le azotan, le golpean con un fusil... extenuado es devuelto al calabozo. Alguien declaró que ni comer podía de los dolores. Debía tener roto el espinazo, y echaba sangre por la espalda. A veces, se oía su débil voz invitando a la oración.

A los pocos días, todos los presos del calabozo son llevados a la iglesia-prisión. Tan sólo don Ismael quedó en aquel lugar. Los milicianos, metieron a empellones y con comentarios obscenos a una mujer con su hijo, aún de pecho. Ella testificó que el pobre párroco tenía una herida considerable en la espalda y que no sé ni como podía vivir en aquel estado. Él me dirigió palabras de consuelo: “Tenga usted paciencia... será la voluntad de Dios... Tenga usted paciencia... Es la voluntad de Dios”. Después de medio día se llevaron al Sr. Cura a declarar.

(+8 de agosto de 1936)

 

 

Los milicianos no escatimaron procedimientos de tortura. Le condujeron a la iglesia-prisión. Todo esto fue visto por los casi setenta presos que allí se encontraban. Don Ismael fue aislado en la sacristía, y aunque su debilidad física era extrema nos invitaba a todos a rezar, declaró un testigo, infundiendo en todos ánimo, valor y confianza. “Llevadlo con paciencia, que Dios nos ayudará”, le escuchaban tras la puerta decir. “No  piensen ustedes en escaparse. Sea lo que Dios quiera”

Finalmente, el 8 de agosto, se presentó alguno que hacía de jefe diciendo a todos los presos: ¡A ver si os libran todos los santos! Al cura le veréis salir muy pronto. Pero, no le volveréis a ver entrar. Así fue, al sacarlo parecía más muerto que vivo. Nada se pudo hacer en su favor. Le condujeron al llamado Puente Pelayo entre Poyales del Hoyo y Arenas de San Pedro donde fue fusilado. Durante un mes permaneció su cuerpo en aquel mismo lugar.

 

TIMOTEO GARCÍA HERRÁEZ
   

Nació en La Serrada (Ávila) el 24 de enero de 1889. Había sido ordenado el 18 de diciembre de 1915.

Fue profesor de latín del Seminario de Ávila y Capellán de las Reparadoras en la misma ciudad. Desde 1926 ejercía como párroco del pueblo abulense de Sotillo de la Adrada. En 1936 la parroquia fue saqueada y se quemaron casi todas las imágenes, retablos, bancos, reclinatorios... por supuesto, se suprimieron todos los cultos. La ermita de Nuestra Señora de los Remedios quedó convertida en cárcel.

Aunque al principio las mismas autoridades del pueblo le tranquilizaron, según fue pasando el tiempo don Timoteo se dio cuenta del peligro que corría su vida. El 24 de julio se vio obligado a abandonar la casa parroquial, y se trasladó a una finca  llamada El Venero, cerca del pueblo. Pero poco después pudo reunirse con un hermano suyo, que tenía por parte de padre, y que también era sacerdote. Se trataba de Don Jerónimo García Jiménez, párroco de Escarabajosa (actualmente Santa María del Tiétar, Ávila). Los dos hermanos sacerdotes decidieron huir, pero a un kilómetro del pueblo los sorprendieron y fueron detenidos quedándose custodiados en casa de una hermana.

El 11 de agosto se presentó una patrulla para detener a don Timoteo. Le llevan a la iglesia parroquial. Allí, a media noche, le llevan a su fiel sacristán, don Esteban Linares, que estaba detenido en la ermita. Párroco y sacristán comprenden y aceptan la proximidad del fatal desenlace para ambos. Poco después, y con las manos atadas, les conducen en dirección de Rozas del Puerto Real. Este pueblo pertenece a la provincia de Madrid (actualmente en la diócesis de Getafe) y les asesinaron concretamente en el paraje llamado Alto de la Venta del Cojo. En la misma carretera los milicianos los fusilaron. Los cuerpos fueron llevados a un hoyo cercano y después a los dos días trasladados al cementerio.

(+11 de agosto de 1936)

 

 

 

TARSICIO GÓMEZ FUENTES
   

Nació en Pascuacobo (Ávila) el 9 de junio de 1876 y recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1900.

Desde 1926 ejercía como párroco del pueblo toledano de Cervera de los Montes, que pertenecía a la diócesis de Ávila.

Se conservan estremecedoras cartas escritas a su obispo. En una del 28 de junio afirma que: es imposible que V.E. se haga cargo de las horribles blasfemias que vomitan. A mí me dan ganas de llorar…Dos días después escribe: Si V.E. no dispone otra cosa, yo decido permanecer aquí hasta que Dios quiera y ofrecer mi vida, si necesario fuere, para la gloria de Dios, y no abandonar mi feligresía… Anoche estaba imponente la plaza… Yo creo que alguna noche nos degüellan, si esto no cambia.

El mismo 18 de julio la autoridad republicana exigió la entrega de la iglesia. Pero no cometieron desmanes. Organizados como estaban, esperaron al 16 de agosto, fiesta de san Roque, patrón del pueblo. Era el día señalado para fusilar al santo y destruir y quemar todo el ajuar litúrgico.

Don Tarsicio no pudo ver nada de esto, pues cuatro días antes fue asesinado. El libro noveno de los difuntos del archivo parroquial afirma que el párroco murió vilmente y cobardemente asesinado por la chusma revolucionaria en el puerto de Mijares (Ávila), el 12 de agosto de 1936

(+12 de agosto de 1936)

 

 

JERÓNIMO GARCÍA JIMÉNEZ

(+17 de agosto de 1936)

 

 

Natural de La Serrada (Ávila). Nació el 1 de octubre de 1904 y recibió la ordenación sacerdotal el 29 de junio de 1927.

Desde 1932 ejercía como párroco del pueblo abulense de Escarabajosa, actualmente, tras cambiar de nombre, la población recibe el nombre de Santa María del Tiétar. En cuanto estalló la guerra, el templo sufrió graves desperfectos; sobretodo, al transformase en salón de baile. La sacristía sirvió de cárcel. Las profanaciones fueron muchas.

El 1 de mayo de 1936, los milicianos prohibieron a don Jerónimo abrir el templo por ser el día del obrero. Antes del 18 de julio varias veces intentaron despojar de la casa rectoral al párroco. Ante tales acontecimientos decide reunirse con Don Timoteo García Herráez, un hermano suyo por parte de padre, que era el párroco del cercano pueblo de Sotillo de la Adrada. Ya sin su presencia, la casa rectoral fue desvalijada por completo. Pero, motivado por los remordimientos que le crean haber abandonado su feligresía, decide finalmente regresar al pueblo. Se le escuchó decir: Si yo me voy, ¿qué será de mis feligreses? Si alguien me necesita, ¿a quién va a acudir?

 

Una vez llegado a Escarabajosa, con el pretexto de llevarle a realizar unas declaraciones, fue trasladado al comité comunista e inmediatamente encarcelado en la parroquia, que hacía las funciones de cárcel. Apartado del resto de prisioneros le encerraron en la sacristía. De vez en cuando los milicianos le sacaban del templo y cargándole un fusil al hombro le obligaban a hacer guardias en la carretera. En una ocasión intentó huir, lo que le costó que la vigilancia sobre él fuera todavía más rigurosa. En medio de todos estos acontecimientos conoció que su hermano, Don Timoteo, había sido asesinado.

Finalmente el 17 de agosto de 1936, durante la noche, llegan unos milicianos para asesinarle. Le conceden, antes, despedirse de sus padres: Sé que me van a fusilar, les dice, iré a unirme con mi hermano. Perdonad a mis enemigos, como yo también los perdono. Con un fuerte empujón, un miliciano le separó de los brazos de sus padres. Montado en una camioneta, en compañía de quienes iban a matarle, emprende la dirección hacia San Martín de Valdeiglesias (Madrid). A unos nueve kilómetros de Escarabajosa (Ávila) y a dos de Navahondilla (Ávila), cayó asesinado.

 

DIEGO GONZÁLEZ BEADES
   

Había nacido en Cuevas del Valle (Ávila) el 17 de octubre de 1876.

Recibió la ordenación sacerdotal el 31 de diciembre de 1900.

Perteneció a la Orden Franciscana. Trabajó muchos años como misionero en América. Después pasó al clero secular, trabajando los últimos años en su pueblo natal.

Por documentación del párroco, don Tirso Cisneros, enviada al obispado, conocemos que la situación social y religiosa era insostenible en Cuevas del Valle. Cuando comienza el conflicto bélico, don Diego está jubilado y se encuentra enfermo. El 19 de agosto de 1936 es apresado por los milicianos que lo trasladan al templo parroquial que hace funciones de cárcel. Allí sufre malos tratos, insultos, vejaciones... su deficiente salud se deteriora por momentos. Finalmente, ya en plena noche, le sacan de la cárcel para reanimarle un poco con el frescor de la noche. En una camioneta es llevado en dirección  hacia Arenas de San Pedro (Ávila). Y, a muy pocos kilómetros de la Villa de Mombeltrán (Ávila), en el lugar conocido con el nombre de Viña esquinada, fue asesinado.

(+19 de agosto de 1936)

 

 

 

JULIÁN GONZÁLEZ MATEOS

(+21 de agosto de 1936)

 

 

Nació el 28 de enero de 1868 en Cebreros (Ávila). Fue ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1891.

Cuando comienza la guerra civil llevaba ya más de diez años ejerciendo su ministerio en Arenas de San Pedro (Ávila). Era el Arcipreste de esa zona. Se le exigió que entregara las llaves de la parroquia. No le permitieron hacer algunos entierros que fueron organizados de forma burlesca por los miembros del comité. Ciertamente el templo no sufrió graves desperfectos al ser utilizado como almacén de víveres. Testigo de excepción de todo lo que sucedió fue el sacerdote don José Serrano Cabo, natural de Arenas, que logró salvar su vida.

Como en tantos otros pueblo el ambiente se fue enrareciendo con el paso de los días. Don Julián, que tenía ya 68 años, gozaba del aprecio de todo el mundo, de sus feligreses y de tantos otros que habían recibido su ayuda en numerosas ocasiones. Incluso los propios milicianos le habían conseguido un salvoconducto, y él se fió con tal documento. Pero ni por esas pudo salvarse. La consigna dada por los diferentes comités era acabar con todos, sin excepción.

Así llegó la noche del 20 de agosto de 1936. Fueron a buscarle a su casa para que declarase en Candeleda (Ávila). Él hacía valer su salvoconducto. Pero dándose cuenta de lo que estaba sucediendo, afirmó: Me habéis engañado. Me fié de vosotros. Y el jefe de los milicianos, le respondió: Para perderme yo, te pierdes tú. Fuera, en la carretera, tienen preparada una camioneta. Obligado a subir, emprenden el camino a Candeleda. Llegados allí no quisieron hacerse cargo de él, y al volver hacia Arenas deciden asesinarle muy cerca de Poyales del Hoyo (Ávila). Serían las tres de la madrugada del 21 de agosto. Unos pastores oyeron las descargas. El cuerpo apareció salvajemente mutilado y parte de los restos aparecían quemados.

 

FIDELIO GONZÁLEZ NAVARRO
   

Nació el 25 de noviembre de 1910 en San Esteban del Valle (Ávila).

Se ordenó el  22 de diciembre de 1934. Para los que iban a ser sus dos años escasos de ministerio fue nombrado coadjutor de Arenas de San Pedro (Ávila).

Aunque el ambiente tenso era bastante parecido en Arenas y en San Esteban del Valle, don Fidelio decidió trasladarse a su pueblo natal con su familia. A su madre la dirá: Madre, vengo huyendo. Pero, si Dios quiere el sacrificio de mi vida por la salvación de España, la ofrezco generosamente. El 26 de julio de 1936 aún vestía la sotana y se consideraba seguro entre los de su pueblo. El 1 de agosto, puesto que el párroco había huido, fue al templo parroquial para retirar el Santísimo. Durante unos días lo tuvo en su casa, pero decidió sumir las Sagradas Formas. Todo ese mes, tras agravarse la situación, decide no salir de la casa de sus padres refugiándose en el sótano. Los milicianos por su parte no quieren que por nada se les escape el joven sacerdote.

 

(+4 de septiembre de 1936)

 

 

El 4 de septiembre, agobiado por el espacio físico, y confiándose que tras un mes sin dejarse ver el peligro había disminuido, decide subir a desayunar a la casa. Y, sin más, es descubierto por quienes vigilan la vivienda. Aunque huyó por los tejados, es finalmente detenido. Atado codo a codo, es conducido al comité. Serían las nueve de la mañana. Ahora no te escapas. ¿Qué te creías? ¿Qué no te íbamos a coger? Aunque te hubieras escondido debajo de la tierra. Hacen la pantomima del proceso judicial y le condenan. En la cárcel estaban presos su padre, Zacarías, su hermano y algunos otros vecinos de San Esteban del Valle.

Junto a la puerta del comité les espera una camioneta. Ya es la una y media de la tarde. Unos presos son conducidos hacia Mombeltrán (Ávila). Son cuatro, Don Fidelio exhorta a los otros tres: su padre, su hermano y otro vecino de San Esteban; los anima con la esperanza de cielo y los absuelve. Estos caen atravesados por las balas de los fusiles. El lugar del martirio se encuentra situado entre Mombeltrán y Cuevas del Valle, en el lugar conocido como La Chorrera de Ponta. Junto a la carretera quedaron insepultos los cuatro cadáveres.

 

ZACARÍAS CECILIO MARTÍN MARTÍN
   

Nació el 5 de noviembre de 1889 en Collado de Contreras (Ávila). Ordenado el 18 de marzo de 1916.

Desde julio de 1928 le encontramos ejerciendo como coadjutor del pueblo abulense de Cebreros. Su párroco, el Siervo de Dios Don José Máximo Moro Briz, cuya causa ya está finalizada, fue asesinado el 24 de julio de 1936. Don Zacarías debía esperar la misma suerte. En varias ocasiones fue cogido prisionero. Era llevado a la cárcel. Le soltaban una y otra vez, divirtiéndose a su costa los milicianos. También le obligaban a hacer guardias. Según testigos, durante estos días rezaba el Rosario con los presos; confesó a todos, cuando presentían se les acercaba la muerte.

El 3 de octubre, según testigos y actas que se guardan en el Ayuntamiento, alrededor de 50 personas son sacados de la iglesia-prisión y bárbaramente asesinados a tiros. Entre ellos Don Zacarías. No contentos con arrebatarles la vida, arrastraron y quemaron los cuerpos. El 23 de octubre de 1936 trasladaron los restos de todos y los colocaron en un monumento que realizaron en memoria de los mártires.

(+3 de octubre de 1936)

 

 

 

JUAN CANO SOLANA

Nace en El Arenal, diócesis y provincia de Ávila, el 12 de enero de 1919. Es hijo de Juan Cano e Hilaria Solana Vinuesa.

Bautizado en el mismo pueblo a los pocos días de nacer.

Respecto a la situación que vive el pintoresco paraje del Arenal, de 2351 habitantes en 1936, se puede apuntar que, ya en 1933, queda constituido el comité rojo en este pueblo y, desde entonces, van surgiendo trabas a toda manifestación religiosa. Las autoridades comunistas impiden la enseñanza de la doctrina cristiana, aunque muchas familias lo solicitan. Antes de 1936, son arrancados los crucifijos de los centros oficiales y se prohíbe tocar las campanas. A partir del 18 de julio, los rojos se incautan de la iglesia parroquial. Se impide la celebración de cualquier acto de culto y son destruidas muchas imágenes sagradas, hasta 29, según afirma el párroco en un detallado informe enviado al obispado en 1937. Se suceden las burlas a lo sagrado y profanas ceremonias para ridiculizar la religión. Los mismos socialistas del pueblo no se atreven a realizar tales actos y se deja a los forasteros el pillaje y la destrucción. El mismo párroco, don Felipe Pérez Calvo, es apresado en la iglesia parroquial, entre burlas e insultos. Hasta 25 veces le hacen declarar ante el comité. Al final, el sacerdote salva su vida huyendo entre peñascales y pinos y refugiándose en la sierra hasta la liberación del pueblo el 12 de septiembre.

Juan Cano Solana era un joven seminarista que cursaba primero de filosofía en el Seminario de Ávila. Era ya época de vacaciones, por lo que se encontraba descansando en su pueblo natal. Su acreditada piedad se veía obligada a soportar duras pruebas; pero, a pesar de su juventud, supo estar a la altura de su arraigada y firme fe cristiana.

El día que lo detuvieron, el 18 de agosto, se encontraba en casa de sus padres. La madre lo llamó, porque se llevaban al padre y éste salió de la casa; pero como al que buscaban era al “curilla”, lo detuvieron. Lo llevaron preso al Palacio de Arenas de San Pedro. Allí lo pudieron ir a visitar todavía. Su madre le decía: “mira, Juan, cuando te pregunten... debes declarar... debes decir... ten mucho cuidado con lo que contestas”. “Madre –contestaba él- no te preocupes. Si importa muy poco mi declaración. Si a mí me juzgan exclusivamente por ser seminarista”. Alguien declaró por aquellas fechas que había oído que los rojos se esforzaron repetidas veces por colocar en peligro la acrisolada honra y pureza del joven seminarista. Nada logran sino fortalecer su ánimo. De allí le sacan hacia el Prado Yegua, donde lo asesinan. Se dice en el pueblo que murió gritando “viva Cristo Rey”. Serían las dos de la madrugada del día 25 de agosto de 1936.

En Arenas de San Pedro se dijo por aquellos días que “había un jovencito que hacía exclamaciones al Sagrado Corazón”. “Esta noche han sacado a un santo”, se dijo. Se le obligó a cavar su propia fosa. Mientras tuvo vida, fue preparando espiritualmente a las otras víctimas. Junto a él murieron otros seis hombres del Arenal. Él recibió un tiro entre los ojos. Así quedaba tronchada violentamente una joven vida, por el delito de ser seminarista piadoso. Tenía 19 años.

Está enterrado en el cementerio del Arenal. El párroco de entonces, don Felipe Pérez Calvo, da testimonio de todo lo sucedido.  En el pueblo, sigue viva su memoria. Sus familiares y convecinos se alegrarían de su canonización.

(+ 25 de agosto de 1936)

 

ZACARÍAS GONZÁLEZ SÁNCHEZ

Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las cuatro de la mañana del día 5 de noviembre de 1878. Es hijo de Saturnino González y Manuela Sánchez. Sus abuelos paternos son Manuel González Corral y Juliana Robles Berrocal. Sus abuelos maternos, Quintín Sánchez Calleja y Magdalena Martín de la Audiencia. Todos son naturales y vecinos de la Villa de San Esteban.

El día 6 de noviembre de 1878, en la iglesia parroquial de San Esteban, recibe el bautismo de manos del cura párroco de la Villa, don Marcelino Hidalgo. Actúan como testigos Casimiro Navarro, su tío paterno, y Feliciana Robles, su prima.

Con veinticuatro años, el día 31 de enero de 1903, contrae matrimonio con Anselma García Rodríguez, dos años y medio más joven que él, nacida en San Esteban el día 21 de abril de 1881, y bautizada al día siguiente. Anselma es hija de Valentín García González y María Cruz Rodríguez García. Para entonces ha muerto ya su madre, Manuela, así como la madre de Anselma, María Cruz. La celebración tiene lugar en la misma iglesia parroquial del pueblo. Preside el cura ecónomo, don Santiago Sáez, y asiste al acto el señor juez municipal, don Juan Dégano. Dan testimonio del acontecimiento Esteban Navarro y Crescencio Dégano, naturales y vecinos de esta Villa. Muere Anselma, su esposa.

El día 26 de noviembre de 1909, contrae matrimonio en segundas nupcias con Margarita Navarro Robles, nacida en el mismo pueblo el día 11 de junio de 1886, y bautizada al día siguiente. Margarita es hija de Mariano Navarro Sánchez y Feliciana Robles Dégano. La ceremonia tiene lugar en la iglesia parroquial y actúa como ministro Santiago Sáez.

Padre de familia. De este segundo matrimonio nacen al menos tres hijos. El primero, el 25 de noviembre de 1910, a quien ponen por nombre Fidelio, sacerdote mártir en el verano de 1936. Luego nació Helí, con fecha del 28 de noviembre de 1916, también mártir. El 30 de noviembre de 1923 nace Samuel, ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1949, que todavía vive.

El 4 de septiembre de 1936, con 57 años, Zacarías muere martirizado junto a sus hijos Fidelio y Helí y a Justo Díaz Sánchez, padre de familia. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden [...]. Fueron asesinados, después de penoso calvario, en término de Mombeltrán el día cuatro de septiembre, y trasladados sus cadáveres el día ocho, ya liberada esta región por las tropas salvadoras del ejército español”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936. Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

La comunidad cristiana de San Esteban del Valle, así como sus familiares, lo tienen por verdadero mártir de Cristo, muerto “in odium fidei”. Su proceso es similar al del grupo de este mismo pueblo que se presentan en esta misma causa.

(+ 4 de septiembre de 1936)

 

JUSTO DÍAZ SÁNCHEZ

Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las doce de la mañana del día 28 de febrero de 1887. Es hijo de Pablo Díaz Pérez y de Antonia Sánchez Sánchez. Sus abuelos paternos son Claro Díaz y Victorina Pérez. Sus abuelos maternos son Florentino Sánchez y Gila Sánchez. Todos son naturales y vecinos de esta Villa de San Esteban.

El día 3 de marzo de 1887 recibe el bautismo de manos del párroco de San Esteban, don Prudencio Mayoral. Son padrinos Ciriaco Martín y Damiana Sánchez, también de San Esteban.

Contrae matrimonio. Padre de familia.

Pertenece a la Acción Católica.

La situación que vive San Esteban durante los primeros días de septiembre de 1936 y las circunstancias comunes aparecen reflejadas en el texto de don Fidelio González Navarro, sacerdote.

El día 4 de septiembre de 1936 es asesinado junto a Zacarías González Sánchez y los hijos de éste, Fidelio y Helí González Navarro. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden [...]. Fueron asesinados, después de penoso calvario, en término de Mombeltrán el día cuatro de septiembre, y trasladados sus cadáveres el día ocho, ya liberada esta región por las tropas salvadoras del ejército español”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936.

Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

La fama de martirio llega hasta nuestros días. En el pueblo se alegrarían de ver su nombre entre los santos mártires de la persecución religiosa de 1936.

(+ 4 de septiembre de 1936)

 

AVELINO FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ

Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las cinco de la mañana del día 10 de noviembre de 1894. Sus padres son Mariano Fernández Villacastín y Ángela Fernández. Sus abuelos paternos son Remigio Fernández y Juana Villacastín, y los maternos, Manuel Fernández y Guadalupe Sánchez. Todos han nacido y viven en la Villa de San Esteban.

Recibe el bautismo el día 11 de noviembre de 1894 en el mismo pueblo. Es ministro don Prudencio Mayoral, cura párroco de San Esteban. Son sus padrinos de pila Esteban Navarro y Justina Fernández, vecinos y naturales de esta misma Villa.

El día 24 de mayo de 1920 contrae matrimonio con Rosa Navarro Robles, hija de Mariano, ya difunto, y Feliciana, en la iglesia parroquial de San Esteban del Valle. Son testigos sus paisanos Santiago Cisneros González y el luego sacerdote mártir Fidelio González Navarro. Es ministro el párroco don Anastasio Mateos Bragado.

Pertenece a la Acción Católica.

Muere asesinado el 19 de agosto de 1936 junto a Ernesto Villacastín Sánchez y al hermano de éste, José Villacastín Sánchez. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936.. El mismo párroco, testigo de excepción, escribe en El Diario de Ávila, con fecha del 20 de abril de 1942: “Porque... San Esteban del Valle es semillero de almas piadosas y perfectas, había de aportar su tributo de sangre inocente a la gran obra de la redención de España... Un sacerdote, don Fidelio González Navarro, tres padres de familia: Zacarías González, Justo Díaz y Avelino Fernández; un recién casado, fundador de la Juventud de Acción católica y su primer presidente, Ernesto Villacastín; y dos jóvenes: Helí González y José Villacastín, secretario y socio respectivamente de la Juventud Masculina de Acción Católica, ofrendaron sus vidas en los altares de la religión y de la patria...”

Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

La memoria del martirio sigue viva hasta hoy.

(+ 19 de agosto de 1936)

 

ERNESTO VILLACASTÍN SÁNCHEZ


Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las dos de la tarde del día 25 de octubre de 1907. Es el segundo hijo de Damián Villacastín Robles y de Rosa Sánchez Navarro, hermano de Felicidad (nacida en 1905), Octóvila, Victoria (nacida en 1912) y de José, nacido en 1917 con quien compartirá en 1936 el mismo destino martirial. Sus abuelos paternos son José María Villacastín Fernández y Paula Robles Villacastín, y los maternos Narciso Sánchez Sánchez y Petra de Alcántara Navarro Robles. Todos son naturales y vecinos de esta Villa.

El día 1 de noviembre de 1907 recibe el bautismo de manos del párroco de San Esteban, don Santiago Sáez. Son padrinos Zacarías González Sánchez, luego mártir en la persecución de 1936, y su esposa Anselma García Rodríguez. Recibe el sacramento de la confirmación el día 1 de mayo de 1922, según nota del párroco, don Anastasio Mateos Bragado. 

Contrae matrimonio.

Funda la Acción Católica en San Esteban del Valle y es su primer presidente.

Muere asesinado el 19 de agosto de 1936 junto a su hermano José y junto a Avelino Fernández Fernández. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936. El mismo párroco, testigo de excepción, escribe en El Diario de Ávila, con fecha del 20 de abril de 1942: “Porque... San Esteban del Valle es semillero de almas piadosas y perfectas, había de aportar su tributo de sangre inocente a la gran obra de la redención de España... Un sacerdote, don Fidelio González Navarro, tres padres de familia: Zacarías González, Justo Díaz y Avelino Fernández; un recién casado, fundador de la Juventud de Acción católica y su primer presidente, Ernesto Villacastín; y dos jóvenes: Helí González y José Villacastín, secretario y socio respectivamente de la Juventud Masculina de Acción Católica, ofrendaron sus vidas en los altares de la religión y de la patria...”

Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

Hoy sigue viva la memoria de su martirio.

(+ 19 de agosto de 1936)

 

HELÍ GONZÁLEZ NAVARRO

Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las seis de la mañana del día 28 de noviembre de 1916. Es hijo de Zacarías González Sánchez y Margarita Navarro Robles. Su abuelos paternos son saturnino González Robles y Manuela Sánchez Martín, difunta. Sus abuelos maternos son Mariano Navarro Sánchez, difunto, y Feliciana Robles Dégano. Todos son vecinos y naturales de la Villa de San Esteban.

El día 3 de diciembre de 1916 recibe el bautismo en la iglesia parroquial de San Esteban de manos de Anastasio Mateos Bragado, párroco de la localidad. Son padrinos del niño Lucio Dégano Gómez y su hija Petra Dégano Navarro. Felipe Navarro Robles  y Justo García y García, vecinos del lugar, son testigos del acontecimiento. Es confirmado en la misma parroquia el día 30 de abril de 1922, según nota del párroco, don Anastasio Mateos Bragado. 

Soltero.

Secretario de la Juventud Masculina de Acción Católica.

El día 4 de septiembre de 1936 es asesinado junto a su padre, Zacarías González Sánchez, su hermano Fidelio, sacerdote, y el padre de familia Justo Díaz Sánchez. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden [...]. Fueron asesinados, después de penoso calvario, en término de Mombeltrán el día cuatro de septiembre, y trasladados sus cadáveres el día ocho, ya liberada esta región por las tropas salvadoras del ejército español”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936.

Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

La fama de martirio llega hasta nuestros días.

(+ 4 de septiembre de 1936)

 

JOSÉ VILLACASTÍN SÁNCHEZ

Nace en San Esteban del Valle, diócesis y provincia de Ávila, a las dos de la tarde del día 18 de septiembre de 1917. Es el último hijo de Damián Villacastín Robles y de Rosa Sánchez Navarro, hermano de Felicidad (nacida en 1905), Ernesto (nacido en 1907, con quien compartirá en 1936 el mismo destino martirial), Octóvila y Victoria (nacida en 1912). Sus abuelos paternos son José María Villacastín Fernández y Paula Robles Villacastín, ya difuntos, y los maternos Narciso Sánchez y Sánchez y Petra de Alcántara Navarro Robles, difunta. Todos son naturales y vecinos de esta Villa.

El día 27 de septiembre de 1917, en la iglesia parroquial de San Esteban del Valle, recibe el bautismo de manos del párroco de la Villa, don Anastasio Mateos Bragado. Son padrinos sus primos Melchor Melanio Pérez y Pérez y su esposa Trinidad Sánchez Villacastín, naturales y vecinos de San Esteban. Son testigos del hecho Domingo Cisneros Guijar y Santiago Cisteros González. Recibe el sacramento de la confirmación el día 30 de abril de 1922, según nota del párroco, don Anastasio Mateos Bragado. 

Soltero.

Pertenece a la Juventud Masculina de Acción Católica.

Con dieciocho años, muere asesinado el 19 de agosto de 1936 junto a su hermano Ernesto y a Avelino Fernández Fernández. De ellos se dice en una partida conjunta, que “perecieron asesinados por los revolucionarios por el solo delito de ser buenos cristianos y personas de orden”. Firma la partida Fortunato Gutiérrez, párroco, el día 17 de octubre de 1936. El mismo párroco, testigo de excepción, escribe en El Diario de Ávila, con fecha del 20 de abril de 1942: “Porque... San Esteban del Valle es semillero de almas piadosas y perfectas, había de aportar su tributo de sangre inocente a la gran obra de la redención de España... Un sacerdote, don Fidelio González Navarro, tres padres de familia: Zacarías González, Justo Díaz y Avelino Fernández; un recién casado, fundador de la Juventud de Acción católica y su primer presidente, Ernesto Villacastín; y dos jóvenes: Helí González y José Villacastín, secretario y socio respectivamente de la Juventud Masculina de Acción Católica, ofrendaron sus vidas en los altares de la religión y de la patria...”

Recibe cristiana sepultura en el cementerio de la misma parroquia de San Esteban del Valle.

Hoy sigue viva la memoria de su martirio.

(+ 19 de agosto de 1936)

 

ESTÉBAN LINARES RAMÍREZ

Nace en Sotillo de la Adrada, provincia y diócesis de Ávila el día 3 de agosto de 1883. Es hijo de Ángel Linares y de Regina Ramírez.

Es bautizado en el mismo pueblo el día 12 de agosto de 1883.

Contrae matrimonio con Vicenta García Gonzalo, que muere antes que él, con fecha del 6 de febrero de 1929. Tienen siete hijos: Regino (sacerdote), Marina, Eusebio, Rosario, Paula, Luis y Félix. Viven todavía Rosario, Paula y Luis.

En la parroquia de Sotillo de la Adrada ejerce como sacristán. Se le recuerda por su piedad y amor a la Iglesia. Atento siempre a las necesidades de los demás, no descuida la atención a los oficios divinos. Tiene siempre la iglesia atendida con decoro. En su casa se reza el rosario todas las noches. El mismo padre dirige la oración. También ejerce como secretario del juzgado y en una ocasión fue ya antes detenido. Desde mayo de 1936 apenas podía salir de casa. Estaba ya señalado por los republicanos que no dudan en apresarle de nuevo tras el 18 de julio.

Según declaración de testigos, Esteban Linares fue detenido en su misma casa y llevado a la ermita que hacía de cárcel. A media noche le llevan a la parroquia, donde se abraza con el señor cura párroco, adivinando lo que iba a suceder.

El día 13 de agosto de 1936 es asesinado junto a su párroco en el paraje conocido como La Venta del Cojo, en Las Rozas de Puerto Real, antes diócesis de Madrid- Alcalá y actualmente de Getafe. Se habla de un prolongado y cruel martirio, aunque no se especifica más que el fusilamiento fue la causa de la muerte “in odium fidei”. Párroco y sacristán mueren abrazados.

Quedaron sus cuerpos en la carretera, apartados en la cuneta, sin que nadie los recogiera, porque, aunque se tuvo noticia del hecho, y los familiares lo pedían, no permitían los milicianos el tránsito por dicha carretera. A uno o dos días, un sujeto, por propio impulso o por órdenes recibidas, los arrastró unos 50 metros para enterrarlos fuera de la carretera, en el monte, arrojándolos a una zanja. A este efecto se sirvió de una pareja de bueyes y de una cadena, con que ató los cadáveres.

El 27 de octubre de 1936 su cuerpo es trasladado, junto al de su párroco, don Timoteo García, en la misma caja, al cementerio de Sotillo de la Adrada. El licenciado Pablo Casares, encargado entonces de la parroquia, oficia una misa funeral en sufragio de sus almas. El padre jesuita José Palacios recoge toda la información del proceso y la consigna con la firma de dos testigos más, con fecha del uno de diciembre del citado 1936.

Sus familiares se alegrarían de su canonización. La memoria de los hechos y de la terrible persecución sigue viva todavía hoy.

 (+ 13 de agosto de 1936)

 

SERAFÍN GARCÍA LIBRÁN

Nace en Hereruela de Oropesa, provincia de Toledo y diócesis de Ávila, en 1911. Es hijo de Florentino García y Gregoria Librán. El hogar donde nace es profundamente cristiano. En ese ambiente se desarrollan los primeros años. Allí también germina la vocación sacerdotal de su hermano, don José, que muere mártir junto al propio Serafín.

Serafín comienza sus estudios de medicina en Madrid. En vacaciones, va a una casa de la sierra para descansar. Allí se junta con su hermano José, que viene huyendo de Gavilanes, por las amenazas de muerte que recibe en el pueblo. Ambos, en vista del peligro, y aconsejados por algunos feligreses, se marchan a una casa de doña Marcelina Vega, en el campo. Pero tan pronto como los rojos de la vecina villa de Pedro Bernardo conocen el lugar donde se hallaban escondidos, deciden ir a buscarlos y llevarlos con ellos. A Serafín le dan la oportunidad de escapar. Buscan al cura, pero él quiere correr la misma suerte que su hermano. Sabe que el desenlace puede ser la muerte, pero está dispuesto. No llegan al pueblo. Tienen prisa por matarlos.

En el lugar conocido como La Cuesta de Lancho son asesinados los dos, el párroco y su joven hermano, estudiante de medicina.

Los perseguidores van hiriendo a los dos con hachas y armas cortantes. Quieren hacerles sufrir antes de que mueran, arrancar de ellos la apostasía. Son las cinco de la tarde de aquel día, 14 de agosto de 1936. Parece ser que nadie extraño al grupo de milicianos causantes de la muerte presencia el prolongado sufrimiento, pero debió de ser grande, a juzgar por el informe forense de los doctores Marcial Muñoz Martín y Ángel de Castro Muñoz, que levantan sus cadáveres por indicación del Juzgado Municipal de Pedro Bernardo.

La memoria de su martirio sigue viva hasta nuestros días. Sus familiares se alegrarían de su canonización.

(+ 14 de agosto de 1936)

 

JUAN MARTÍN VERDUGO

Padre de familia, murió a los 63 años de edad

(+24 de julio de 1936)

 

JESÚS MARTÍN TEJERIZO

Murió a los 22 años de edad.

(+24 de julio de 1936)

 

VENTURA MARTÍN TEJERIZO

Murió a los 19 años de edad.

(+24 de julio de 1936)