MÁRTIRES DE LA DIÓCESIS DE ALBACETE

 

Albalat Golf, Dolores Garijo Tercero, Daniel Guillermo Palomar Buendía, Emilio
Albalat Golf, Teresa Garrido Navarro, José Parra Caballero, José
Alcántara Hernández Espinosa, Pedro Giménez Izquierdo, José Antonio Pascual Fernández, Joaquín de
Alfaro Rivas, José Giménez Sánchez, Eduardo Pedrós Ruiz, Carmen
Amorós Golf, Dolores Giménez Sánchez, Joaquín Pedrós Ruiz, Dolores
Anta y de Barrio, D. Rogoberto de Giménez Sánchez, José Mª Pérez de Celis, Padre José O.S.A.
Arróniz Olmos, José Giménez Sánchez, Pedro Jesús Petrel Gálvez, Enrique
Ballesteros Ballesteros, Victoriano González Amores, Antonio Miguel Requena Fernández, José
Berruga Cebrián, Diego González Callejas, Gabriel Ruíz Martínez, Mariano
Cadenas Rodríguez de Vera, Pascual Guerrero Milán, Apolonia Sánchez Castaño, Antonio
Cádiz Fernández, Ildefonso Herrero Alcaraz, José Mª Sánchez Castaño, Saturnino
Campos Martínez, Francisco Hidalgo Carpintero, Manuel Sánchez Díaz, José
Casanova Moraleda, Dionisio Jiménez Ramírez, Juan José Serrano Díaz, Cecilia
Castillo Martínez, Pedro Antonio León Martínez, Gabriel Sevillano Clemente, Ángel Bonifacio
Cirugeda Gayoso, Alfonso López Gil, Juan Talavera García, Francisco
Collado Ballesteros, José López López, Francisco Teresa Beltrán, Emerenciana
Cuenca Trinchant, Antonio López López, Joaquín Vergara Coy, Jesús
Delgado García, Fray Daniel O.S.A. Marcilla López, Alberto Villar Peña, Agustín
Domínguez Valero, Roberto Martínez Ramos, Pedro Juan Villar Peña, Luis
Duro Gallardo, Gabino Massó Tébar, Francisco Zamora López, D. Antonio
Garcés Recuenco, Apolinar Moreno Ramírez, Llanos  
     
     
   
     

 

LLANOS MORENO RAMÍREZ

 

Nació el 26 de enero de 1908 en Albacete. Era la penúltima de los 10 hijos que tuvieron Juan Antonio Moreno y Lucía Ramírez. Habían contraído matrimonio el 31 de agosto de 1889, y fruto de este matrimonio nacieron: Javiera, José, Francisca, Herminia, Pablo, Guillermina, Lucía, Juan Antonio, Llanos y Sacramentos. Llanos estudió magisterio en Albacete, pero no llegó a ejercer su carrera. Era generosa y caritativa con los necesitados, y a muchas personas facilitaba alimentos. Fue secretaria de Acción Católica.

            A las 6 ó 7 de la tarde del día 5 de septiembre de 1936, unas mujeres a las que ella había atendido en otras ocasiones con comida, fueron a su casa y le dijeron que se fuera con ellas. A la pregunta de su madre: -¿A dónde os la lleváis? Contestaron: -A darle un paseo. Llanos no temió y se fue con ellas. En el lugar conocido como Camino de la Virgen de Albacete fue asesinada por disparos de pistola. Sus asesinos le decían que dijera ¡Salud!, pero ella contestaba ¡Viva Cristo Rey!, tras lo cual le disparaban invitándola de nuevo a decir salud, y contestando de nuevo ¡Viva Cristo Rey!

Fue enterrada en el cementerio de Albacete. Al acabar la guerra, la familia quiso enterrarla en mejores condiciones, pues entonces lo hicieron con una caja no muy digna por la situación de guerra, y al abrir la caja observaron que su cuerpo estaba incorrupto. En la actualidad sus restos reposan en el panteón que la familia posee en el cementerio de Albacete.

 

AGUSTÍN VILLAR PEÑA
 

Nació en Tabarra (Albacete) el 3 de abril de 1916. Era el tercer hijo del matrimonio formado por Agustín y Encarnación (Isabel, Mª Dolores, Agustín, Luis y Llanos). El padre, abogado de profesión y director del periódico La Opinión, falleció el 22 de marzo de 1926.

Agustín estudió en Murcia Perito Mercantil, después hizo el bachiller en dos años, y a los 20 años, había terminado la carrera de Derecho. Era el secretario de los Estudiantes Católicos de la Universidad de Murcia. Su hermano Luis había sido asesinado el 26 de julio de 1936, y ante las amenazas que sufrió su hermana Mª Dolores, la familia decidió marcharse a Murcia. Agustín encontró trabajo en el Tribunal de Menores, como profesor, sin cobrar nada, a cambio de la comida y el hospedaje.

El 31 de enero de 1937, un compañero de estudios, al que él había dejado apuntes en otras ocasiones, acudió a su casa a decirle a su madre que convenía que se afiliara a algo porque iba sin documentación y lo podían detener. La madre preocupada le dijo que era el único hijo que le quedaba, pero Agustín la tranquilizó diciéndole que lo conocía bien porque era compañero. Lo citó esa tarde a las cuatro para afiliarlo a algún partido o sindicato, y ya no supieron de él. Esa misma tarde su hermana Llanos presintió que lo habían matado. A la mañana siguiente Llanos se fue a buscarlo al Tribunal de Menores, y al comprobar que no había dormido allí, se marchó alarmada a su casa. Lo buscaron para ver si lo habían detenido. Fueron también al cementerio de Espinardo, y allí un hombre les indicó que había dos hombres afuera, en una cuneta, muertos. Uno de ellos era Agustín. Su madre, ante  el cuerpo  muerto de su hijo, dijo: Señor, perdono a los asesinos, y se te hace falta otra vida inocente para salvar sus almas, aquí tienes la mía.

 

CECILIA SERRANO DÍAZ

 

Cecilia era hija de Concepción y Francisco, nació en Caudete (Albacete) el 17 de junio de 1900 y fue bautizada al día siguiente, por don Joaquín Carpena Agulló, también asesinado en la persecución religiosa de 1936. Ejercía en su pueblo de maestra nacional. Era soltera. Colaboraba en las tareas de la parroquia. Era catequista, y ayudaba a los pobres. Participó en una manifestación cuando quitaron los crucifijos de las escuelas.

 

 

DIEGO BERRUGA CEBRIÁN
 

Nació en La Roda (Albacete) el 8 de marzo de 1897, fruto del matrimonio formado por Juan José Berruga Galiano y Antonia Cebrián Ballesteros. Contrajo matrimonio con Consuelo de Arce y Escobar en La Roda el 9 de abril de 1930. Tuvieron tres hijos. Era abogado de profesión, y tenían una bodega en el pueblo. También fue alcalde de su pueblo. Pertenecía al partido político de la derecha democrática, de la que se cree que era jefe local. Era miembro de la Cofradía de la patrona de la Roda, y guardaba en su casa el ajuar de la Virgen. Era conocida su condición de católico. Fue acusado de participar en el alzamiento, pero no ocurrió así, pues en esos días estaba de médicos con un hijo enfermo que de hecho murió poco más tarde. Herminio Picazo es testigo de que no participó en el alzamiento. Fue su cuñado el que sí estuvo implicado. Él solo estuvo un momento en el Ayuntamiento y esto sirvió para que lo implicaran y detuvieran.

 

La familia, que tenía una segunda vivienda en Sisante (Cuenca) se marchó allí desde La Roda, y tuvieron noticia de que habían asaltado su casa de La Roda, y robado el ajuar de la Virgen y todo lo demás. Del domicilio de Sisante, también los echaron, y tuvieron que buscar otro domicilio. Por esta persecución, se presentó voluntariamente en el Gobierno Civil de Albacete, acompañado de un primo suyo significado de izquierdas, para no ir solo a Albacete. Él decía que no había hecho nada y que no tenía que temer. En el Gobierno Civil lo detuvieron y encerraron. Desde su encarcelamiento escribió varias cartas a su familia en la que resalta la tranquilidad y serenidad en la que se encontraba, afirmando su confianza en Dios. En una carta de despedida a su mujer expresa su deseo de que su muerte fuera la última de aquella guerra.

En el juicio lo acusan falsamente de su intervención en el alzamiento, y así lo expresa en sus cartas. Confiaba en que las personas de La Roda (Albacete) que tenían que testificar no lo harían en contra suya, pero no fue así. Según la familia, resalta el carácter anticristiano de estas personas, pues cuando al terminar la contienda fueron juzgadas, se negaron a recibir los sacramentos. Su hija Remedios, afirma que fue condenado por ser católico. Estuvo más de un mes retenido, y fue asesinado el 29 de octubre de 1936.

 

ANGEL BONIFACIO SEVILLANO CLEMENTE
 

Natural de Villarrobledo (Albacete) el 21 de abril de 1906. Era el más pequeños de 9 hermanos. Ya de soltero era miembro de la Hermandad del Santo Sepulcro, y desde que hizo el servicio militar, en agradecimiento por salir ileso de un pequeño incidente, en el que zozobró una barca en la que iban, se hizo de la Hermadad de Jesús Nazareno.
Contrajo matrimonio el 22 de febrero de 1930, a los 23 años, con Isabel Marchante Lacoba, también de Villarrobledo. Tuvieron tres hijos: Isabel, Julián y Caridad. Era jornalero de profesión, sin empleo fijo, labraba las tierras donde le llamaban.

Llegado julio de 1936 un vecino le dijo que cogiera una escopeta para matar señoritos y así se libraría él, a lo que se negó rotundamente. En otra ocasión alguien le dijo que se pusiera un pañuelo rojo en el brazo y blasfemara, que pensara que tenía tres hijos, a lo que también se negó, diciendo que sus hijos lo entenderían algún día. No se metió en política. Cuando entraron los milicianos en Villarrobledo, el día 25 de julio de 1936, fue apresado junto con más personas del pueblo, y más tarde enviado al Penal de Ocaña (Toledo), Fue asesinado la noche del 19 de octubre de 1936.

 

PASCUAL CADENAS RODRÍGUEZ DE VERA


 

Nació el 1 de enero de 1909 en La Roda (Albacete). Era el pequeño de los 8 hijos vivos (en total tuvieron 12) que tuvo el matrimonio formado por Leopoldo Cadenas y Matilde Rodríguez de Vera Ruiz. Formaban un hogar profundamente cristiano, en el que cada tarde se rezaba el rosario junto a los obreros que trabajaban con la familia.  Sus hermanos César y Leopoldo impartían catecismo. A los 10 años, Pascual hizo el acto de consagración a la Santísima Virgen en la Congregación de Mª Inmaculada y San Luis Gonzaga. Recibió el sacramento de la Confirmación en el Colegio de San José de la Compañía de Jesús en Valencia, donde estudió, el 18 de febrero de 1921.

Quiso ser militar, pero terminó estudiando perito agrícola.
En julio de 1936 realizó un viaje de estudios por Galicia y Portugal, viaje que tuvo que interrumpir de improviso ante el desenlace de los acontecimientos tras el 18 de julio, para reunirse con su familia. Nada más bajar del tren en La Roda (Albacete), el 27 de julio, en el Paseo de la Estación, fue detenido y le dijeron que gritara ¡muera Cristo Rey!, a lo que contestó que eso nunca lo haría. Un poco más cerca de su casa le dispararon y murió exclamando ¡ay Virgen del Carmen! Posteriormente sus hermanos Leopoldo y César, fueron encarcelados y asesinados el 7 de agosto de 1936 en la carretera de Madrid a Alicante.

 

VICTORIANO BALLESTEROS BALLESTEROS
 

Nació en 1912 en Villarrobledo (Albacete). Era el mayor de tres hermanos. El padre trabajaba para unos señores en el campo. Luego se hicieron con un pequeño trozo de tierra y la trabajaban ellos mismos. La familia heredó la casa en la que vivían y una pequeña parcela de viñedo.

En 1927 Victoriano se marchó al Seminario Menor de Santo Tomás de Villanueva. Durante las vacaciones ayudaba a su padre en el campo y al sacerdote en la iglesia. Era buen estudiante y tenía beca todos los años. El curso 1935-1936, por problemas de salud, lo pasó en su casa.

Cuando estalló la guerra se marchó para refugiarse a Casas de Fernando Alonso, donde tenía familia, pero alguien le vio marchar y lo pudieron encontrar. Un primo hermano del padre de Victoriano fue el que le mató. Dijo que ese trofeo tenía que ser para él. Cuando vio entrar a su primo se alegró y dijo :  - ¡Ay, Lolo que vienes a salvarme ! El pariente le dijo, - Vamos, que te vamos a encontrar una novia. Pero en el cruce de San Clemente con Villarrobledo (Albacete) lo mató. Era el 15 de agosto de 1936. Después de muerto le colgaron de un pino. Los hortelanos dijeron a la familia que estaba en la carretera, pero cuando lo recogieron ya estaba en el depósito. Primero lo enterraron en San Clemente. Al terminar la guerra lo llevaron a Villarrobledo (Albacete)

 

JOSÉ COLLADO BALLESTEROS
 

Nació el 22 de enero de 1886 en Minaya (Albacete). Realizó los estudios sacerdotales en los seminarios de Murcia, Cuenca y Málaga. Fue un seminarista ejemplar. El 20 de diciembre de 1919 fue ordenado sacerdote en Cuenca, y el 17 de septiembre del año siguiente fue nombrado coadjutor de La Roda (Albacete).
           
Trabajó sin descanso, desde que llegó al pueblo, para construir las famosas escuelas del Ave María, que fueron inauguradas el 17 de septiembre de 1922. Tres años después pasaban de 300 los niños atendidos en las Escuelas, y casi llegaban a 200 los obreros de las clases nocturnas.

El 9 de marzo de 1936 se presentó el alcalde con la fuerza pública en las escuelas, y expulsaron de ellas a los maestros y a los 362 niños que allí se educaban. Meses después, hacia las dos de la tarde del 25 de julio, Don José fue detenido y conducido a la cárcel entre escarnios y burlas. El 8 de agosto fue trasladado a la iglesia parroquial, convertida en cárcel, donde se juntaron 90 presos, destacados por sus ideas católicas; los sacerdotes fueron encerrados en la capilla de la Comunión, separados de los demás. Estando en la cárcel consiguió hacerse con el breviario, que rezaba todos los días, y junto a los presos rezaba el rosario y otras oraciones, animándolos a todos a salir victoriosos de las pruebas que les esperaban: ¡Pedid!... ¡No desmayéis! ¡Tened mucha fe!...

 

 

 

DANIEL GUILLERMO GARIJO TERCERO
 

   

Nació en 1889 en Nava de Arriba (Albacete). Hizo toda la carrera eclesiástica en el Colegio de San José de Murcia. En 1918 es ordenado presbítero y nombrado rector de Pozohondo (Albacete), siendo la nota profundamente distintiva de su labor sacerdotal en este pueblo, la caridad con los necesitados. No cobrar sus derechos arancelarios es en él frecuentísimo. Si ve un niño descalzo, se llega a la alpargatería y encargar al industrial que, cuando vea pasar a aquel niño le entregue unas zapatillas; pero sin decirle de donde procede el obsequio. Si visita a algún enfermo desvalido, allí quedan, sin que nadie se aperciba de ello, sus veinticinco o sus cincuenta pesetas. Si un día, por cualquier causa, no hay pan en el pueblo, él entrega a los panaderos unos sacos de harina para que abastezcan de pan a la población; más imponiéndoles el más riguroso silencio sobre la procedencia de aquella harina. Rico heredero, sus rentas pasaban, casi íntegras, a las manos de los pobres.

Detenido en la madrugada del 10 de septiembre de 1936 en casa de su hermano, vecino de la pedanía de Nava de Arriba, fue obligado a subir a un coche, para asesinarle en las inmediaciones de Pozohondo (Albacete). Los mismos milicianos de Pozohondo contaron como le atormentaron cruelmente. Que le cortaron los pies; y así mutilado se burlaban de él, invitándole a subir a un árbol. Que a continuación le cortaron las manos; y después de esta segunda horrible amputación, le ofrecieron una manzana para que la cogiese. Le acabaron de matar con nuevas torturas.   

 

 

LUIS VILLAR PEÑA


 

Nació en Albacete el 8 de abril de 1918. Hijo de Agustín y Encarnación. Era el cuarto de cinco hijos (Isabel, Mª Dolores, Agustín, Luis y Llanos). Como su hermano Agustín, estudió Perito Mercantil, tenía el Bachiller y estaba preparándose para el cuerpo de aduanas. Era de la Acción Católica y visitaba a los más humildes realizando una labor humanitaria con ellos. Les enseñaba a leer y escribir y les llevaba medicinas, que previamente pedía en las farmacias. Era católico practicante reconocido. El 25 de Julio de 1936, día de Santiago, aniversario de su Primera Comunión, fue a misa, y como era su costumbre, confesó y comulgó. Ese día entraron los marxistas en Albacete desde Cartagena, y algunos, entre ellos Luis, huyeron en un coche dirección a Cuenca, donde pensaban estarían más seguros. Pero al llegar a Madrigueras, los detuvieron y los encerraron en el ayuntamiento, junto con otros, entre ellos un sacerdote. Al día siguiente, a él solo, lo sacaron y se lo llevaron en un camión acompañado por unos treinta milicianos. Al salir del ayuntamiento, sus compañeros quisieron animarlo y le dijeron que pronto se verían, a lo que el contestó, señalando al cielo allá arriba nos veremos. Desde la ventana el sacerdote le dio la absolución. Ya en el camión iban deliberando la forma de como habían de darle muerte. Le dijeron que lo iban a arrastrar atado al camión. Después dijeron que lo iban a poner en la vía del tren. Le preguntaron por su cuñado Alfonso Cirugeda, pero no contestaba. Iba con los ojos cerrados, moviendo los labios. A la entrada de Albacete, en la carretera de Mahora lo mataron disparando sobre él. Cuando le apuntaron levantó el brazo diciendo ¡Arriba España!, le dispararon al brazo y al bajarlo le dispararon de nuevo y al caer exclamó ¡Viva Cristo Rey! De nuevo le dispararon en la cabeza y murió. Era el 26 de julio de 1936. Tenía 18 años.

 

PEDRO ALCÁNTARA HERNÁNDEZ ESPINOSA

 

Nació en Hellín el 21 de diciembre de 1876. Estudió en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. Ordenado presbítero en 1899. Don Pedro fue un hombre dotado de excelentes cualidades intelectuales y un sacerdote de gran proyección en el ámbito nacional, donde su humildad y su muerte le privaron tal vez del desempeño de importantes funciones en el seno de la jerarquía eclesiástica nacional. Desde el principio ocupó cargos de relevancia en la Curia y en el Seminario de su Diócesis de Cartagena; su trabajo fue excelente en los diferentes destinos pastorales que tuvo; después se doctoró en Sagrada Teología por la Universidad de Granada; destacó también como prolífico escritor, especialmente, en los periódicos locales e incluso nacionales, como ABC. Finalmente, destacó como insigne predicador. El Sr. Obispo de Madrid, Dr. Melo y Alcalde, conocedor de su valía le llamó para que fuese su secretario. Los breves años que estaría en Madrid los aprovechó para doctorarse en Derecho Canónigo por la Universidad Pontificia de Toledo.
           
En 1920 obtuvo una canongía en la Catedral de Jaén. En esta ciudad realizó también una muy buena gestión, al ser nombrado Fiscal General del Obispado, Defensor del vínculo matrimonial, profesor del Seminario y Consiliario Diocesano de Acción Católica. En 1934 obtuvo la dignidad de Arcipreste en la catedral jienense. Se dice que en dos ocasiones estuvo propuesto para ser obispo, y que humildemente lo rechazó.

            En 1936, y, como todos los veranos, acude a Hellín (Albacete) a descansar a su pueblo natal. El 21 de agosto de 1936, es detenido, y sin quitarse la sotana, es llevado a la Inspección de Vigilancia, donde pasa unas horas, y a continuación es conducido a las afueras de Tobarra (Albacete), exactamente en el kilómetro 2 de la carretera que de Tobarra (Albacete) conduce a Ontur, donde es apaleado bárbaramente hasta matarlo. Esta acción salvaje la cometieron los que en otro tiempo habían sido sus feligreses (Don José fue ecónomo de Tobarra de 1904 a 1907). Sus últimas palabras fueron: En los momentos solemnes de dar mi vida por la fe, queréis que me quite la sotana. ¡Qué niños sois! Pido a Dios que os perdone, como yo os perdono. Me matáis por ser sacerdote: pido a Dios que por cada gota de mi sangre, surja uno.


 

JOAQUÍN LÓPEZ LÓPEZ
 

Natural de Almansa (Albacete), Don Joaquín nació el 26 de diciembre de 1901. Estudio en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, siendo ordenado en junio de 1928. Después de varios nombramientos, desde 1932, ejerce el ministerio como coadjutor de la parroquia de la Asunción en Almansa (Albacete) y atendiendo el Santuario de la Santísima Virgen de Belén. Sorprende que siendo tan joven fuera una de sus principales actividades el apostolado de la dirección espiritual.

Comenzada la guerra fue detenido el 25 de julio de 1936. Permaneció encarcelado hasta el 6 de octubre, y hubo de pasar desde el 8 de agosto por el penoso trance de ver sacar con harta frecuencia un grupo de compañeros para ser conducidos al paredón. Tenía conciencia que en una de esas listas, muy pronto, iba a figurar él mismo. En efecto, su nombre fue voceado para integrar la expedición del 6 de octubre, en la que también iba el sacerdote Don Antonio Cuenca Trinchant y cuatro seglares más.

Sucedió que, en preciso momento de salir por la puerta de la prisión, Don Joaquín oyó blasfemar a un miliciano, y reaccionó gritando ¡Viva Cristo Rey! Sin mediar palabra el miliciano le disparo a bocajarro un tiro que le atraviesa los labios y la lengua, diciéndole: - ¡Para que te calles! Un sacerdote de Almansa, testigo de lo sucedido, por estar también en prisión, asegura que su compañero no murió inmediatamente, sino que, herido y desangrándose, fue arrastrado al vehículo y conducido en Almansa (Albacete) a la carretera de Alpera, donde todos encontraron la muerte. Era el 6 de octubre de 1936.

 

FRANCISCO CAMPOS MARTÍNEZ

 

Nació en Montealegre del Castillo (Albacete) el 2 de mayo de 1880. Cursó sus estudios eclesiásticos en el seminario de San Fulgencio de Murcia, transcurriendo la mayor parte de su vida sacerdotal en la diócesis de Madrid. Regresaría a su diócesis en 1926, encomendándosele la parroquia de la Purísima de Yecla (Murcia). Luego en 1931, ante el cariz que tomaban los acontecimientos sociales, se le trasladó como párroco de San Juan Bautista de Albacete, además de arcipreste de la ciudad.

Destacó por su celo, en tiempos poco bonancibles, de acometer obras o incluso de abrir inmediatamente su templo de San Juan Bautista, tras ser incendiado el 17 de marzo, ya en 1936. Iniciada la contienda, no le faltaron suficientes y cariñosas advertencias para que se marchara de Albacete. Mas él se negó rotundamente a abandonar su puesto, pensando que su total abstinencia de actividades políticas y el interés que siempre había demostrado y estaba demostrando por los obreros, le ponían a cubierto de todo peligro.

Finalmente, a media mañana del 15 de agosto, sucedió que se presentaron en la casa parroquial unos milicianos del Comité revolucionario, para hacer según manifestaron un registro. Tras un minucioso registro se marcharon, porque lo único que querían saber era si Don Francisco estaba o no en su casa. A la noche, regresaron los milicianos que detuvieron al sacerdote para llevarle a hacer unas declaraciones. El coche no fue a ningún centro oficial, sino que, saliendo a las afueras de Albacete, concretamente al lugar llamado El sepulcro en la carretera de las Peñas, fue asesinado a balazos. Según testimonios fue maltratado bárbaramente, atado a un coche y arrastrado salvajemente antes de ser asesinado.

 

APOLONIA GUERRERO MILÁN

 

Natural de Yeste (Albacete). Tenía 63 años cuando fue asesinada. Era viuda, sin hijos. Vivía en compañía de su hermana Dolores y su sobrino José Antonio. Era una mujer piadosa, perteneciente a la Tercera Orden de San Francisco. Era la organizadora de todos los novenarios. Ella guardaba  la patrona y no quiso decir donde estaba. Trabajaba con mucho fervor en el apostolado de los jueves eucarísticos.

Fue detenida y encarcelada en las celdas del castillo de Yeste, sin otro alegato que porque sí. El 3 de noviembre de 1936 fue sacada de la prisión a las 8 de la tarde, por un piquete en el que iban seis o siete mujeres. Una de ellas, que había estado sirviendo en su casa, la persuade de que no tema, porque es un traslado a un sitio más seguro. La sacaron de Yeste (Albacete) por la carretera de Hellín, y a uno 800 metros fue asesinada. Las 6 ó 7 mujeres, viudas de unos sucesos acaecidos el 29 de mayo del 36, iban provistas cada una de una almarada (especie de punzón con un mango y un ojal en la punta utilizado para trabajar el esparto). A la entrada de Yeste, Apolonia, anciana ya, va despacio y estas viudas descargan su crueldad a fuerza de trinchazos en todo su cuerpo. Al llegar al recodo del Bodegón, uno de los asesinos, con la víctima casi moribunda, horrorizado, se apiadó de ella y le descerrajó un tiro en la cabeza. Antes de morir exclamó: perdónalos porque no saben lo que hacen. Fue arrastrada por el cordón de terciaria franciscana. Le amputaron los pechos y le arrancaron las uñas.

Su cuerpo quedó allí abandonado y al día siguiente cargaron con él en un burro, lo llevaron al cementerio y por lo alto de las tapias lo tiraron dentro. El forense Juan Llopis Milán, primo hermano de ella, al que le ordenaron que hiciera su autopsia, contaba horrorizado que jamás había imaginado tanta salvajada, tanto ensañamiento y tanta crueldad.

 

 

GABINO DURO GALLARDO
 

Natural de Escalonilla (Toledo). Habilitó en su casa una escuela para niños de 8 a 10 años. Cuando comienza la guerra era el párroco de Viveros (Albacete) y prefirió no huir y quedarse en el pueblo. Don Gabino era un sacerdote anciano y muy respetado por sus feligreses.

Permaneció en la casa rectoral hasta que, procedentes de Alicante, llegaron desde Alcaraz unas cuadrillas de milicianos. Fueron expresamente a por Don Gabino; y a las diez de la mañana del 2 de septiembre fue detenido y conducido al término de Alcaraz (Albacete), muy cerca del Santuario de Nuestra Señora de Cortes, fue fusilado junto a Don Pedro Antonio Castillo, pero Don Gabino quedó con vida. Retirándose los asesinos, y sorprendidos por los rumores de que Don Gabino no había muerto, volvieron sobre el lugar a disparar sobre él, dejándole muerto. Como detalle de refinada crueldad merece consignarse que los verdugos hicieron que se preparasen los ataúdes antes de que se cometiera el asesinato.


 

JOSÉ ALFARO RIVAS

 

Nació el 18 de diciembre de 1895 en Tobarra (Albacete). Ingresó en el seminario de Cuenca donde cursó sus estudios de humanidades y filosofía, trasladándose después al de San Fulgencio de Murcia, donde estudio teología y se ordenó de presbítero. Tras varios nombramientos, desde 1926, ejerce como párroco de Isso (Albacete).

Sofocada la sublevación militar y civil en Hellín (Albacete), a partir del 24 de julio de 1936, se inicia la persecución religiosa. Don José para eludirla buscó refugio en la soledad de los montes más próximos a Isso, padeciendo todo tipo de vicisitudes. Ante las calamidades que tuvo que sufrir, se ocultó en una casa que su hermano tenía no muy lejos de Isso. Éste, como estaba bien visto por el Comité, creyó oportuno poner en conocimiento del mismo que tenía en su casa al sacerdote buscado, con la esperanza de que le respetarían, pero no fue así. El Comité ordenó su inmediata detención pasando don José por desagradable tesitura de verse en manos de sus perseguidores y denunciado por su propio hermano. Le condujeron a la iglesia, que había sido pasto de las llamas, donde sufrió todo tipo de tormentos físicos y morales. Después se procedió  a asesinarlo. Llevado a la carretera de Madrid, hasta un lugar próximo a Cieza (Murcia) se le tomó por blanco de tiro, pudiéndose apreciar hasta ciento treinta heridas producidas por disparo de escopeta. Era el 10 de septiembre de 1936. Se sospecha que fue su cuerpo objeto de múltiples ultrajes, y uno de los asesinos exhibió orgulloso una oreja de la víctima en una taberna. Otros testigos apuntan que estos sucesos ocurrieron en las afueras Isso (Albacete).

 

DIONISIO CASANOVA MORALEDA

Natural de Consuegra (Toledo), ingresó joven en la orden de los Franciscanos, ordenándose sacerdote en la misma. Al poco tiempo salió de los Franciscanos para hacerse cargo de dos sobrinos huérfanos, uno de ellos disminuido físico. Fue nombrado cura ecónomo de Vianos (Albacete) en mayo de 1930.
Don Dionisio vivió humilde y pobremente, pero todos le recuerdan como hombre muy sociable, semblante grato de hombre bueno, ejemplar y querido por todos.

Todavía se recoge en el libro de Bautismo, que realizó el último el 25 de julio de 1936. Durante los primeros días del inicio de la guerra civil permaneció en el pueblo, pero ante el cariz de los acontecimientos, y las indicaciones y el ultimátum de las autoridades municipales y dirigentes políticos después para que abandonara el pueblo. Estos le proporcionaron un salvaconducto y un certificado de electricista vistiéndole ad hoc con un guardapolvo, y de este modo disfrazado lo enviaron a Albacete.

El mismo día de llegar, 20 de agosto, después de regresar de un paseo encontró en la puerta de la casa donde se hospedaba a dos milicianos que preguntaban por él. Se sabe que a su llegada hubo una denuncia y es por ello que se le detuvo y posteriormente se le fusiló. A la mañana siguiente, 21 de agosto, apareció muerto de fusil.

 

ILDEFONSO CÁDIZ FERNÁNDEZ

Nació en Peñas de San Pedro (Albacete) el 27 de julio de 1886. Estudio en los seminarios de Murcia y Toledo, regresando a su diócesis para recibir, tras licenciarse en Teología, la ordenación sacerdotal, era el año 1911. Tras varios nombramientos, al estallar la guerra civil, le encontramos ejerciendo el ministerio como regente de la parroquia de Santiago de Villena (Alicante). Don Ildefonso sobresalía por su generosidad, por su trato social y por sus estudios.

Con anterioridad a la guerra civil tuvo que enfrentarse con elementos de izquierdas en Villena, que querían incautarse de los conventos de religiosas (de las trinitarias, de las carmelitas y de las religiosas del Calvario). Y, después de las elecciones de febrero de 1936, estos conventos fueron incendiados, a pesar de su oposición. Comenzada la contienda permaneció en el pueblo hasta que también fueron incendiadas la iglesia y la casa parroquial. A partir de entonces, y tras enviar a su madre y a su hermana a su pueblo natal, se hospedó en un hotel de Villena durante casi un mes. Pero la falta de recursos, le hizo pensar en trasladarse a Albacete. Salvando todo tipo de obstáculos, consiguió hacerse con un salvoconducto en el que no aparecía su condición de sacerdote.

Era el 13 de agosto de 1936. Por la mañana salió para Albacete, pero un empleado de la Estación de ferrocarril de Villena, que lo vio marchar, al reconocerlo se apresuró a ponerse al habla con las milicias de la Estación de Chinchilla.

A partir de aquí contamos con el excepcional testimonio de un niño, que testificaría siendo luego seminarista, Mateo Villalba Ramírez. Regresábamos – dice – ese día de Cataluña en el rápido Valencia-Madrid mi madre, una tía mía y yo... había un señor con traje gris y sombrero del mismo color. Después supimos que aquel caballero era Don Ildefonso Cádiz Fernández. En Chinchilla se apearon los pocos viajeros que iban en nuestro compartimento, quedándonos solos en el coche el caballero del traje gris y nosotros. Más al poco aparecen por la portezuela tres hombres armados, que sin la menor vacilación se dirigen derechamente al caballero pidiéndole la documentación. Él les muestra el salvoconducto. -¡Más papeles!, siguen exigiendo. -¡La cédula! Don Ildefonso se resistía a mostrarla. Pero ante las imperiosas demandas de aquellos milicianos, acaba por entregársela. -¡Un cuerno! ¡Un cuerno! - gritan alborozados al leerla - ¡Ah, pajarraco! Por eso no querías que la viéramos... Y sin más, le obligan a que descienda del vagón.

Los milicianos sacaron a Don Ildefonso del departamento del ferrocarril, asesinándolo entre la estación y el pueblo de Chinchilla de Montearagón (Albacete), en el lugar denominado El Trullo.

 

JUAN JOSÉ JIMÉNEZ RAMÍREZ
 

Nació en Albacete el 14 de abril de 1877. Ingresó en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, y en septiembre de 1900 celebró su primera misa. Desde 1908 ejerce como capellán de la Casa de la Misericordia de Albacete, cargo que ya no abandonó hasta su muerte; porque, cuando, al advenimiento de la República, hubo de cesar como Capellán de la Beneficencia Oficial, continuó prestando sus servicios espirituales en el mismo centro benéfico atendiendo a las religiosas que en él trabajaban.

Por diez años fue también profesor de religión del Instituto de Enseñanza Media

 

Hombre de carácter abierto, trato jovial, muy amigo de servir a todo el mundo y caritativo. Todo el que se veía en apuro o necesidad acudía a él. Lo que unido, a una posición económica desahogada, le convertía en una de las figuras más populares de Albacete. Mientras por una parte alternaba con lo más selecto de la ciudad, por otra, los pobres lo asediaban a todas horas, en demanda de limosnas, que él siempre daba generosamente; y los que no tenían trabajo, en petición de recomendaciones para aquellos, que los procuraban emplear, especialmente en el ferrocarril por mediación de su hermano. Por todo esto, desde el primer momento fue señalado por las izquierdas como una de sus víctimas.

Se comenzó por desacreditarle ante la gente con calumnias absurdas: que si todas las limosnas que daba y toda la protección que dispensaba a los obreros, no habían sido más que añagazas, para sobornarlos y arrancarles el voto... que si en su casa guardaba una “silla eléctrica”, para dar muerte en ella a todos los obreros y a sus mujeres e hijos... que si se le habían cogido unas “listas negras”, en las que figuraban los nombres de todas sus futuras víctimas... que, en los días de la sublevación en Albacete, se le había visto hacer fuego de pistola desde la torre del Colegio de Dominicas sobre los aparatos de aviación republicana, que bombardeaban a los sublevados... Las calumnias no podían ser más burdas e inverosímiles... pero determinadas gentes se las creían sin dudarlo.

Y así fue que, apenas las milicias republicanas entraron en Albacete, una de las primeras reacciones de la gente fue asaltar la casa de Don Juan José. Se hizo una hoguera con los libros; fue saqueada la despensa; los asaltantes se distribuyeron muebles y ropas... y la silla giratoria del piano fue paseada por las calles como trofeo y cuerpo del delito, pues habían encontrado la “silla eléctrica”

A quien no se encontró fue a Don Juan José. Una vez más corrieron todo tipo de versiones: que si lo habían asesinado los milicianos cuando pretendía huir; que si lo habían detenido dos días después de lo sucedido en la carretera de Valdeganga; que si se había suicidado en un paraje denominado los Yesares, al ser perseguido por los milicianos... Los dirigentes del Frente Popular de Albacete, sin embargo sospechaban que en realidad debía estar escondido en casa de una sobrina suya, casada con un maquinista del ferrocarril. Hicieron varios registros pero no lo encontraron. Finalmente fue delatado por la madre del marido de la sobrina. Éste se había dirigido a ella para expresarle la angustia que estaba viviendo, y la mujer se apresuró a dar cuenta al Gobierno Civil para salvar la vida de su hijo. La noticia corrió como un reguero de pólvora. Poco a poco se comenzó a congregar gente en las inmediaciones de la casa, en actitud aireada y amenazante. En vista de esto, las autoridades decidieron enviar una compañía entera de la Infantería para practicar la detención, aunque alarmados por la actitud de la muchedumbre prevalecerá el criterio el Gobernador que afirmó: Cuando el pueblo se manifiesta con tan unánime decisión, hay que acatar su voluntad. Fue precisamente un grupo de ferroviarios, compañeros del padre de Don Juan José  y que, actualmente lo eran de su propio hermano, de sus primos, de sus sobrinos, tantos de los cuales debían su empleo a una recomendación del sacerdote, los que se adelantaron para ejecutarle. Penetraron en la casa, y apoderándose del sacerdote, le conducen al patio, sacándole por la calle del Muelle. Allí le dicen que se adelante hacia la puerta, porque en ella le espera un coche, que le ha de llevar a un centro oficial para prestar declaración. Fue entonces cuando recibió por la espalda unos disparos que le hacen desplomarse sin vida. El primero que disparó, salió a la calle enarbolando su pistola humeante y gritando: ¡He sido yo! ¡He sido yo! La multitud lo recibió como un héroe; y, levantándole en hombros, lo llevaron victorioso hasta el edificio del Gobierno Civil. Aseguran que las últimas palabras de Don Juan José fueron estas: No creía tener tantos enemigos en mi pueblo. El lugar del asesinato fue la casa ya mencionado, de su sobrina, sita en la esquina de las calles de San Agustín y del Muelle, de Albacete. Estos salvajes sucesos acontecieron el 1 de agosto de 1936.

 

JOSÉ MARÍA HERRERO ALCARAZ

 

Nació el 21 de abril de 1901 en Alborea (Albacete). Cursada la carrera eclesiástica con la máxima brillantez en el Seminario Diocesano de Murcia, recibió el presbiterado en las Témporas de Trinidad de 1926. Además estudió la carrera de Derecho en Valencia. Después de varios nombramientos, cuando comienza la guerra civil, le encontramos ejerciendo el ministerio como rector de La Felipa (Albacete), que atendía desde la capital por la proximidad existente. Además alternaba el ministerio con el ejercicio de la enseñanza.

El 25 de julio de 1936, fracasada la sublevación en Albacete capital, Don José María procuró alejarse del peligro, trasladándose con el sacerdote Don Tomás Lucas, al pueblo de Minaya, donde pensaban que estarían más seguros. Se ignora por qué motivos sólo permaneció dos días en este pueblo, al cabo de los cuales emprendía de nuevo regreso a Albacete por ferrocarril. Según la versión de sus familiares huyó de Albacete en un autobús de línea y al pedirle la documentación se dieron cuenta que era un sacerdote y le retuvieron provisionalmente en prisión. El caso es que Don José María terminó detenido y lo condujeron a la cárcel de La Roda.          

Finalmente, la tarde del 13 de agosto se presentaron en la parroquia-prisión de La Roda, cuatro individuos de las milicias Nacionales para trasladar a Don José Collado y a Don José María Herrero. Les dijeron que los llevaban a Albacete a prestar declaración. Pero a 2 kilómetros de La Roda (Albacete), en la carretera de Albacete, les hicieron apearse, diciéndoles que si corrían, podrían salvarse. Pero Don José María contestó con dignidad y valentía de hombre y sacerdote: Puesto que me vais a matar, podéis hacerlo cuando queráis; estoy ya preparado. En el mismo instante dos puñaladas en el pecho y varios tiros en la cabeza y en otras partes del cuerpo acabaron con su vida. No podemos obviar que el hermano de Don José María, Luis Herrero, era el Jefe de Falange de Albacete y que había sido asesinado el 26 de julio de 1936; tal vez esto provocó el ensañamiento. A vista de lo cual, Don José, horrorizado por el crimen echó a correr, siendo alcanzado por las balas de los milicianos, que lo dejaron moribundo en la carretera. No permitieron que nadie se le acercara para prestarle auxilio, hasta que expiró.

 

SÁNCHEZ CASTAÑO, SATURNINO
 

Nació el 6 de enero de 1896 en La Ñora (Murcia). Siendo muy joven ingresó en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. Tras ser ordenado sacerdote ejerció diversos cargos, hasta ser nombrado Capellán del Asilo de Ancianos de Hellín (Albacete). Vivía en esta ciudad en compañía de su hermano Antonio, también sacerdote, y de otra hermana, que los atendía y cuidaba.

 

ANTONIO SÁNCHEZ CASTAÑO
 

Nació el 3 de febrero de 1900 en La Ñora (Murcia). Influido grandemente por su hermano Saturnino, ingresará en el Seminario de San Fulgencio de Murcia, donde éste ya se encontraba estudiando. Después de ejercer diversos cargos en distintos puntos de la Diócesis, coincidirán ambos hermanos en Hellín (Albacete), recibiendo Don Antonio el nombramiento de rector de la Iglesia de San Roque.

            El inicio de la guerra civil les sorprende en Hellín, y comienzan a ser conscientes del peligro que corren por su condición de sacerdotes. Y en vez de huir, asumen este riesgo, animándose arduamente ambos hermanos. Como cierto día su hermano aludiese al mucho tiempo que llevaban sin confesar, don Saturnino le respondió: No tardaremos mucho en confesar a Jesucristo. Será la noche que menos lo pensemos. Y advirtiendo, que al oír esto, su hermana se entristeció, trató de consolarla, añadiendo: ¿Puede haber algo más hermoso y apetecible que el martirio? Sin enfermedad y sin agonía se va uno derechito al cielo. Y, por otra parte, así cooperamos a la solución de España que, como muchas veces te he dicho, no se regenerará si no es lavada con sangre de mártires.           

Estos presagios no tardaron mucho en cumplirse, y el día 25 de agosto de 1936, a las dos de la tarde, se presentó en el domicilio de los dos hermanos sacerdotes una patrulla de hombres armados, reclamando a Don Antonio. Pero entonces Don Saturnino, que estaba enfermo, declaró tajantemente que su hermano no saldría de casa, si él no le acompañaba. Los milicianos no pusieron objeción alguna a que acompañara a su hermano. Los llevaron, en principio, al Ayuntamiento, y allí los retuvieron hasta las dos de la madrugada del día siguiente. A esa hora, montándolos en un coche, los sacaron a la carretera de Peñas de San Pedro (Albacete). Y por ella caminaban, cuando al llegar al Olivar de Morote, Don Saturnino sufrió un colapso. Don Antonio suplicó a los milicianos que parasen el coche para que con el aire de la noche su hermano se recuperase. Al bajar, se percató que los milicianos comenzaban a preparar sus armas para disparar. No disparéis sobre mi hermano que el pobre ya no lo necesita. Y mientras extiende su brazo derecho para proteger la cabeza de Don Saturnino, dispararon sobre ambos, quedando tendidos por tierra, abrazados sus cuerpos, y acribillados a balazos. Todo esto sucedió en la madrugada del 26 de agosto.

 

JOSÉ REQUENA FERNÁNDEZ

 

 

Nació en Hellín (Albacete) el 26 de febrero de 1886. Realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. Ordenado presbítero, realizó su trabajo en diferentes parroquias, sin duda, fue en el pueblo de Férez (Albacete), en el que desarrolló su actividad pastoral por quince años donde más se le recuerda. En 1935 es nombrado ecónomo de Alcalá del Júcar (Albacete). Para entonces, por testimonio de su sobrina, su salud estaba francamente resquebrajada por problemas de estómago. Aunque se esforzó por continuar con su labor apostólica fue bastante difícil, pues unido a los problemas de salud estaba el ambiente prerrevolucionario que ya se vivía en aquel momento. Su sobrina Rosario refirió en muchas ocasiones las continuas vejaciones de que fueron objeto: insultos, amenazas de toda índole, hurtos domésticos y provocaciones que él soportó pacientemente gracias a su inquebrantable fe. A principio de 1936, al año escaso de su nombramiento, la enfermedad que le aquejaba le obligó a retirarse a su pueblo natal. Allí ayudó como pudo a sus compañeros en las tareas parroquiales, especialmente en el Santuario de la Virgen del Rosario, patrona de Hellín.

            Iniciada la guerra, Don José permaneció en casa de sus familiares, a pesar de que el rumbo que tomaban los acontecimientos (los asesinatos de otros compañeros sacerdotes y las advertencias de gentes de bien para él y su familia) le hacían presagiar lo peor. Fueron semanas especialmente duras para él, ya que su madre y sus hermanas le instaban continuamente a que abandonase el pueblo para refugiarse en las aldeas vecinas donde tenía otros familiares. Él, que sin duda tenía plenamente asumida la idea y la realidad del martirio, se negó en redondo a escucharlas, y a lo más que se avino fue a que su anciana madre le preparara un traje de paisano para utilizarlo en caso de tener que ponerse a salvo. Respecto a esto, se refiere que un día de agosto afirmó ante alguien que acudió a visitarles: Aquí estamos, Doña Encarna, para lo que Dios nos mande. Pero pierda cuidado, añadió para tranquilizarla. No estoy seguro de que Nuestro Señor me permita el privilegio de hacerme acreedor del coro de los mártires. En realidad estaba anunciando su propia sentencia de muerte.     

El 21 de agosto, un grupo de milicianos irrumpía violentamente en su domicilio y, so pretexto de que tenía que presentarse en la Comisaría para someterse a un interrogatorio urgente, se lo llevaron sin tan siquiera permitirle adecentarse mínimamente. De nada valieron las súplicas de su anciana madre ni las de la hermana que, lógicamente, se temían lo peor. Lo montaron en una furgoneta y se lo llevaron carretera de las Peñas adelante, para asesinarlo minutos después, en el kilómetro 6 de dicha carretera. Los mismos milicianos comentaron los últimos momentos del sacerdote. Al pasar frente a la Capilla del Calvario, exclamó: Señor, en tus manos encomiendo mi espíritu. Aquellas palabras, lejos de conmover a ningún miliciano, provocaron su ira, y uno de ello descargó sobre su mandíbula un culatazo que se la destrozó casi por completo. Él, entonces, musitó: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. El sitio exacto del asesinato fue la Cañada de los Pozos en el término de Hellín (Albacete). Allí le exigieron gritar: ¡Viva la República! A lo que él contestó: ¡Viva Cristo Rey en el cielo y en la tierra!

 

D. RIGOBERTO DE ANTA Y DE BARRIO
 

D. Rigoberto de Anta y de Barrio era natural de Sax, Alicante. Nació el 4 de enero de 1894. Hizo los estudios eclesiásticos en Murcia, ordenándose en la diócesis de Cartagena. Cuando comienza la Guerra Civil, era el párroco de Peñas de San Pedro.  A pesar de las advertencias de sus feligreses no quiso abandonar  la parroquia, aún previendo lo que podía suceder. Destacó por su carácter alegre y por su unción sacerdotal.

D. ANTONIO ZAMORA LÓPEZ

Nació en Aljucer, pueblo de la huerta de Murcia, el 22 de diciembre de 1907. Estudió primero en el Colegio de San José de Murcia y luego en el Seminario Conciliar de San Fulgencio. Se ordenó sacerdote en mayo de 1932. Después de ejercer el ministerio en Cartagena, en el verano de 1934 es nombrado coadjutor de la parroquia de Peñas de San Pedro (Albacete) y profesor de un Colegio privado de Segunda Enseñanza en Albacete capital. Junto a sus brillantes dotes de inteligencia y de cultura y de su celo infatigable por el bien espiritual de sus feligreses, sobresale por su preocupación por los pobres, despojándose más de una vez de sus propias ropas.

Iniciada la guerra, tenía un salvoconducto que le autorizaba, como profesor de Colegio, el trasladarse con sus familiares a Murcia. Mas unas palabras, en extremo prometedoras, del alcalde le garantizaron su seguridad personal mientras estuviese en el pueblo... Esta garantía resultó pronto engañosa cuando el día 18 de agosto de 1936 fue detenido y encerrado.

JOSÉ SÁNCHEZ DÍAZ
Era natural de Peñas de San Pedro (Albacete). Estaba casado con Eloina, tuvieron 4 hijos, Ángel, Juan, Lola y Ana. Procedía de una familia humilde. Era carpintero y su mujer modista. También era el sacristán de la parroquia, se le conocía como Pepe el Sacristán, y su mujer, a la que ayudaba, se encargaba de limpiar la iglesia. Además era el organista de la parroquia. Era un hombre querido por la gente. También se encargaba de arreglar el Santo Cristo del Sahúco. Siempre estaba con los sacerdotes D. Rigoberto de Anta y D. Antonio Zamora, ambos asesinados el mismo día que José. Vivía entre su casa, su taller y la parroquia. No se le conoció que se hubiera metido en política.Así pues, los dos fueron detenidos el 18 de agosto de 1936, y conducidos presos al cuartel de la Guardia Civil de Peñas de San Pedro. Junto a Don Antonio detuvieron también a  Don Rigoberto de Anta y de Barrio (éste era el Párroco de Peñas de San Pedro, pero su Causa ya fue introducida en otro Proceso de Canonización). El 23 de agosto el grupo, formado por doce detenidos, fue trasladado a Albacete. Pero con el pretexto de que en la Prisión Provincial no había lugar fueron devueltos a la Cárcel de Peñas.
En las primeras horas de la madrugada del día 24 de agosto fue conducido en un camión al término de Pozuelo y allí fueron asesinados. El lugar exacto era la carretera de Hellín al Ballestero, en el sitio denominado Pino Herrero, en el término de Pozuelo (Albacete).Antes de morir Don Antonio aún pronunció unas palabras para recordar a sus compañeros y dejar bien sentado ante sus verdugos que morían por Jesucristo, afirmando el sentido gloriosamente cristiano de la muerte que iban a sufrir. Don Rigoberto dio la absolución a todos. Él fue el último en morir y cuando le llegó el turno repartió los pocos objetos que llevaba encima entre aquellos que le iban a matar; y al tiempo que disparaban sus armas, él grita estas palabras: Señor, perdónalos, como yo los perdono. Asesinados por medio de descargas de fusil y de escopeta, a Don Antonio después de muerto le dieron con una piedra en la boca rompiéndole los dientesDespués echaron los cadáveres en el camión para llevarlos al cementerio de Pozuelo, y al pasar por la aldea de la Zarza, los milicianos, mofándose de los cadáveres, les dijeron a las mujeres de la aldea: - ¡Mujeres venir a ver los tomates que traemos!

 

FRANCISCO MASSÓ TÉBAR
 

Natural de Albacete, nació el 11 de mayo de 1874. Ordenado presbítero prestó sus servicios, primeramente, como Oficial de la cancillería Episcopal; y después de ejercer en Murcia, desde 1913, era párroco de la Asunción de Tobarra (Albacete).
Don Francisco pasó más de doce años apartado de las tareas parroquiales por ciertas dificultades físicas, que, para el ejercicio de su ministerio, le ocasionaba una operación quirúrgica que hubo de sufrir en una clavícula. Y desde entonces residía con sus familiares en Albacete. En estos años no permaneció del todo inactivo; pues, apenas se repuso de la operación sufrida, regentó durante alguna temporada la Rectoría de San José de Albacete capital, y frecuentemente acompañaba, como secretario, en sus visitas pastorales a Don Vicente Alonso y Salgado, Obispo de la Diócesis.          


Fracasada la sublevación en Albacete, Don Francisco no sintiéndose seguro en la capital, procuró alejarse, buscando refugio en la casa de un hermano suyo, que vivía en Férez (Albacete). Pero no le valió este discreto alejamiento, ya que en la tarde del 8 de septiembre se presentaron en el pueblo de Férez unos milicianos de Albacete, acompañados de otros de Elche de la Sierra (Albacete), con la misión de detener al sacerdote albacetense; lo que consiguen sin grandes dificultades. Y una vez detenido, se dirigen con él a Elche de la Sierra, que es el lugar escogido para asesinarlo. Llegados a la plaza del pueblo, dejan al sacerdote en el coche, mientras ellos deliberan, en el Ayuntamiento con el Comité Local por espacio de dos horas. Durante estas horas fue objeto de toda clase de insultos por los vecinos del pueblo. Abrasado por la sed, pidió un poco de agua; y se le respondió que pronto ya no tendría sed. El agua te la van a dar esos, que están ahí dentro. Al final salen los milicianos del Ayuntamiento y subiendo de nuevo a los coches, parten con el detenido hacia las afueras de Elche de la Sierra (Albacete). En el lugar denominado  La Olivera Grande se detienen otra vez y piden al preso su documentación personal, obligándole a bajar del coche y escribir a la luz de los faros por espacio de un cuarto de hora, no especificando qué. Tras lo cual, dos descargas de fusil de escopeta ponen fin a su vida. Se cuenta que después de cometido el crimen un miliciano le cortó a Don Francisco las orejas, mientras comentaba: esto para aperitivo. Y culminado el asesinato, encontrándose en la taberna donde iban a cenar, uno de los asesinos saca del bolsillo dos orejas humanas y dice al tabernero: Esto para aperitivo.

 

 JOAQUÍN DE PASCUAL FERNÁNDEZ

Nació en 1880 en Caudete (Albacete), estaba casado con Mª Gracia de Teresa Beltrán y formaban un hogar cristiano. Se reunían en la casa con las personas del servicio y rezaban el rosario todos juntos. Iba a misa y comulgaba todos los días. Le tenía gran devoción a san José. A todos sus hijos les puso el nombre de San José. Era apreciado por el servicio. Era muy caritativo con los pobres. Se quedaba con lo que le vendían los necesitados (cuerdas, capazos o cosas por el estilo) aunque no lo necesitara. Era el tesorero de la Virgen. Siempre había sido mayordomo. En el año 1907, ya lo era.
Fueron los milicianos a su casa un día de julio y lo encerraron en la cárcel, en el sindicato católico. Fue fusilado el 24 de agosto junto a otras nueve personas, entre las que estaba el sacerdote D. Joaquín Carpena Agulló. El lugar se denominaba los Florines era término de Villena (Alicante) junto a la carretera que lleva a Fuente la Higuera (Valencia) Cuando descargaron sobre ellos los disparos, Joaquín estaba abrazado al sacerdote, lo que hizo que este sólo quedara herido, al hacerle el cuerpo de Joaquín de escudo. Posteriormente alguien recogió al sacerdote y lo llevé al hospital de Villena, donde fue envenenado.

 

FRANCISCO LÓPEZ LÓPEZ
 

Natural de Férez (Albacete), había nacido el 4 de octubre de 1892. Tras algunas dudas abandonó los estudios eclesiásticos que finalmente retomaría con toda decisión para terminar ordenándose sacerdote. Después de varios nombramientos, desde 1929 es el cura ecónomo de Socovos (Albacete).

El 29 de julio, iniciada la guerra, administró algunos sacramentos, pero viendo que allí peligraba su vida, decidió acogerse al amparo de sus familiares, en Férez no le molestó nadie, pero el 8 de septiembre sale de Albacete en dirección a este pueblo un grupo de milicianos, que tras asesinar a Don Francisco Massó, van en busca del párroco de Socovos, que no estaba, pero no faltó quien les informó que se encontraba en Férez. Llegados a primeras de la madrugada del 9 de septiembre a la casa donde se encontraba Don Francisco y tomadas las medidas oportunas para que nadie pudiera escapar, golpean fuertemente con las culatas de los fusiles la puerta, gritando: ¡Abran y que salga el cura! No faltan quienes se suman a los asesinos, estando presentes algunos de los delatores. Otros quedan atemorizados en sus casas. Se presenta el sacerdote y le dicen: Se trata de hacer una pequeña declaración en el Ayuntamiento. Sale Don Francisco a la calle, y rápidamente es detenido, introduciéndole bruscamente en uno de los coches, que esperan con los motores en marcha, emprendiendo otra vez el camino hacia Elche de la Sierra (Albacete). Pero ahora no llegarán. En las afueras del pueblo, a dos kilómetros de Férez (Albacete), junto al Puente de Abejuela, le hacen bajar del coche; y sin más, le disparan, dejándolo muerto en la cuneta.

 

JOSÉ ANTONIO GIMÉNEZ IZQUIERDO

Nació en La Roda (Albacete) el 20 de mayo de 1859. Hijo de Ceferino Giménez  Escribano y de Isabel Izquierdo Morales, no hay noticias ciertas sobre su formación, pero cuando estalla la guerra civil le encontramos ejerciendo el ministerio como coadjutor en La Roda (Albacete). Fue el sacerdote de mayor edad asesinado durante la guerra en Albacete, tenía 77 años.

Al estallar la guerra se dirigió a Casas de Haro (Cuenca), para refugiarse en casa de un antiguo y leal criado. A los tres días fueron los milicianos a buscarlo y lo encerraron en la cárcel, de donde fue trasladado a la prisión de la iglesia de La Roda, con los demás sacerdotes, y más tarde a la cárcel de Albacete, donde estando enfermo fue asesinado el 13 de agosto de 1936 en la carretera de Minaya (Albacete). Había coincidido en la cárcel con su hermano, Don Andrés Jiménez Izquierdo que era abogado y que sería fusilado días después.

 

PEDRO ANTONIO CASTILLO MARTÍNEZ

Nació en El Salobre (Albacete) el 19 de enero de 1885, hijo de Campanio Bonifacio Castillo y de Simona Martínez. Hizo sus estudios eclesiásticos en Toledo. Cuando comienza la guerra civil le encontramos ejerciendo el ministerio como párroco de Villapalacios (Albacete). Se sabe que en el pueblo era muy querido; que tenía unas vacas y su leche la daba a las familias más pobres.

Algunos feligreses le aconsejaron que abandonara el pueblo durante algún tiempo, pero Don Pedro Antonio se negó. El 24 de julio de 1936, procedentes de Andalucía, llegaron a Villapalacios unas milicias, que con sus registros y detenciones sembraron el pánico por todo el vecindario. Entre los detenidos se encontró el párroco, que fue puesto en libertad a las dos horas, merced a las instancias de sus feligreses. Marchó entonces con unos familiares suyos al cortijo Fuente del Espino (Albacete). A las doce de la noche del 1 de septiembre, se detuvo ante la granja un coche conducido por comunistas, y le hicieron salir, llevándole consigo hasta Alcaraz (Albacete). Según se sabe, al día siguiente, 2 de septiembre, en el término de esta localidad fue asesinado.

 

ROBERTO DOMÍNGUEZ VALERO
JOSÉ GARRIDO NAVARRO
JUAN LÓPEZ GIL

Juan López Gil

 Disponemos de pocos datos personales de estos tres sacerdotes, así como sobre sus destinos pastorales. Sabemos que Don Roberto era natural de Villarobledo (Albacete) y que Don Juan había nacido en Tembleque. El caso es que cuando estalla la guerra los tres ejercen de coadjutores en la parroquia de Villarrobledo (Albacete).

El 25 de julio de 1936, a las seis de la tarde, el alcalde de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), en nombre del gobierno de la República, se hizo cargo del pueblo de Villarrobledo (Albacete). Inmediatamente fue ocupado por una columna de milicianos del Frente Popular de los pueblos de Alcázar de San Juan, Tomelloso, Campo de Criptana, Pedro Muñoz y Socuéllamos, todos ellos de la provincia de Ciudad Real. Tras una semana apoyando la sublevación militar de Franco, Villarrobledo comenzó un proceso revolucionario que concluiría en un buen número de hechos sangrientos que iban a sumir al pueblo en una espiral de violencia durante mucho tiempo. El 26 de julio comenzaron a efectuarse detenciones en masa.
           
Don Juan, que según se sabe era bastante joven, decide no huir. Lo mismo que los otros dos coadjutores, Don Roberto y Don José. Los tres fueron detenidos, sacados de sus domicilios particulares y conducidos a la cárcel local, para días más tarde conducirlos al Penal de Ocaña (Toledo).

Finalmente, el 19 de octubre, y ante el avance de las columnas nacionales por la provincia de Toledo, los milicianos enfurecidos, procedieron al fusilamiento en masa de los presos de Ocaña (Toledo). Murieron los tres sacerdotes con unos 70 vecinos de Villarrobledo, siendo enterrados en una fosa común del cementerio de la localidad.

 

 

PEDRO JUAN MARTÍNEZ RAMOS
 

Natural de El Bonillo (Albacete), había nacido en 1899. Se trasladaron, por cuestión de trabajo de su padre, a Ossa de Montiel (Albacete). Pedro Juan estudió en el Seminario de Orihuela (Alicante). Ordenado sacerdote, después de su primer destino en un pueblo de la provincia de Guadalajara, en 1934 fue destinado como párroco a Ossa de Montiel (Albacete), donde se entregó al servicio de los más pobres, y daba clases en verano a todo aquel vecino que se lo pidiese.

Cuando comienza la guerra se incorpora al ejército Republicano como conductor de un comandante militar, el cual sabe que Pedro Juan es sacerdote. El 4 de diciembre de 1936 decide volver a Ossa de Montiel (Albacete), pensando que nadie le hará daño, pues él ha hecho el bien a todos en el pueblo, desoyendo los consejos del comandante. Por la noche, de ese mismo día, es detenido por el Comité Local del Frente Popular de Ossa, y luego de haber sido torturado en la cárcel, fue fusilado el 5 de diciembre en la carretera que va desde Balazote a El Bonillo, en la provincia de Albacete, exactamente en Lezuza (Albacete) en el kilómetro 17, siendo sepultado en el cementerio del pueblo. Los testigos afirman que los milicianos que asesinaron a Don Pedro Juan rompieron la mayoría de las imágenes de la iglesia del pueblo, y se hicieron capotes con el lienzo de un cuadro de grandes dimensiones colgado en las paredes del templo.

 

ALBERTO MARCILLA LÓPEZ

 

Nació en el 7 de agosto de 1878 en Albacete. Estudió humanidades en Valencia, filosofía y teología en Méjico, donde fue ordenado sacerdote y desempeñó algunos cargos eclesiásticos. Escapó de la persecución religiosa que se desató en aquella nación y regresar a España. Era el 1919 y se le nombró rector de la iglesia de San José de Albacete, cargo que desempeñó a lo largo de dieciséis años. En 1935, y por motivos de salud, tuvo que abandonar su cargo.

            Unos días antes de comenzar la guerra civil, Don Alberto se trasladó de Albacete a Valencia en busca de alivio para sus achaques. Y cuando se inició la guerra permaneció oculto. Se cree que alguien delató al sacerdote, lo cual provocó un registro en la casa en la que Don Alberto vivía con una hermana suya. Ambos hermanos fueron detenidos, era el 28 de agosto de 1936. Se desconoce lo que después sucedió durante los días que pasó preso en la cárcel valenciana de las Torres de Cuarte. Únicamente sabemos por una carta suya, escrita a su hermana desde la misma cárcel, que el 24 de septiembre aniversario de su ordenación sacerdotal, le fue comunicada la alegre nueva de que en breve sería apuesto en libertad. Esto, sin embargo, no sucedió. O quien se lo dijo, le engañó con más o menos buena fe... pero, lo que sucedió, fue algo enteramente distinto. Tres días después, el 27 de septiembre, era sacado de la prisión y conducido, juntamente con otros, a varios kilómetros de Valencia, en la carretera de Paterna y allí, en plena carretera fusilado.

 

EMILIO PALOMAR BUENDÍA

Son muy pocos los datos que tenemos sobre su persona y labor sacerdotal que desempeña. Natural de El Bonillo (Albacete), se encontraba como coadjutor de la parroquia de este pueblo, cuando comienza la guerra.

Según información facilitada por un vecino de Lezuza (Albacete), se afirma que el 21 de agosto de 1936, cuando anochecía, llegó a El Bonillo un camión con un grupo de milicianos procedentes de Albacete, y que apresaron en sus respectivos domicilios a Don Manuel y a Don Emilio y al que ejercía de médico en el pueblo, Domingo Gómez Pozo. Desde allí se les condujo al paraje conocido como Cuesta de la Paraisa en las inmediaciones de Lezuza (Albacete) donde fueron fusilados ambos sacerdotes, junto al médico del pueblo. La localización exacta de este paraje es un tramo situado entre el puente del río Lezuza y la aldea de Paraisa, carretera local de Balazaote-El Bonillo, en el kilómetro 30 aproximadamente. Tras ser asesinados sus cadáveres quedaron abandonados varios días hasta que unos feligreses los recogieron.

MANUEL HIDALGO CARPINTERO

 
Natural de El Bonillo (Albacete), la guerra le sorprende ejerciendo de capellán de las monjas Terciarias Carmelitas que trabajaban en el pueblo. Apenas tenemos datos sobre él con la excepción de los que se refieren a su muerte.

 

GABRIEL LEÓN MARTÍNEZ

Nació el 20 de octubre de 1885 en Albacete. Ingresó en el Seminario de la diócesis de Cartagena-Murcia para comenzar la carrera eclesiástica, que terminaba con la celebración de su primera misa, el 26 de diciembre de 1890. Trabajó siempre en Albacete, primero como coadjutor de la parroquia de San Juan Bautista (hasta 1918) y después como capellán de la Casa de Maternidad, hasta que fue asesinado.

Al fracasar la sublevación militar en Albacete, Don Gabriel se ocultó en casa de un sobrino suyo; y en ella pudo permanecer inadvertido, por espacio de tres meses. Pero en la noche del 18 de octubre, descubierto su paradero, que hasta entonces se ignoraba, en el domicilio del anciano sacerdote se presentan unos milicianos con la misión, según dicen, de detenerle. Pero la rápida intervención de un vecino ante los milicianos convence a éstos que el individuo al que buscan en este inmueble no es sacerdote sino sastre; y abandonando la casa los milicianos prosiguen la búsqueda de Don Gabriel. Unos días más tarde vuelven los milicianos, y en vano el sobrino de Don Gabriel intenta convencerlos diciéndoles que se trataba de un anciano, que apenas salía ya de casa. Pero de nada valió. Se lo llevaron y conduciéndole, sin más trámites, a la carretera de Murcia, le dieron muerte, dejando allí abandonado su cadáver. Los que certificaron el cadáver dicen hallarlo en el kilómetro 4 de la carretera que de Albacete va a Murcia, el día 20 de octubre de 1936.

 

ANTONIO MIGUEL GONZÁLEZ AMORES

Nació en Alcaraz (Albacete) el 29 de septiembre de 1883. Estudió en el Seminario Pontificio de Toledo. Tras su ordenación sacerdotal fue profesor de latín en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. En 1919 es nombrado párroco de Bonete (Albacete), cargo que abandona en 1935, para residir en su pueblo natal, donde le sorprende la guerra.

El 27 de agosto de 1936 fueron detenidos en las primeras horas de la mañana los dos sacerdotes de Alcaraz y Don Antonio Miguel, hijo de este pueblo, por parte de milicianos armados que estaban al servicio del Frente Popular de Alcaraz. Conducidos al Ayuntamiento para prestar declaración, realmente fueron conducidos a la Casa del Pueblo de Albacete. Y en la noche del mismo día eran asesinados los tres en la carretera de Albacete a Pozo Cañada, se trata de la carretera que lleva a Murcia, a pocos kilómetros de Albacete.

Un testigo afirma que Don Enrique Pretel, ávido por conservar la vida, cuando se presentaron los milicianos en su casa, intentó huir por un huerto que había en la parte de atrás de la casa, saltando a través de él a la calle Llana. En esta calle, a su vez y a la misma altura, saltó a otro huerto, a través del cual podría haber llegado a la calle Barrera. No lo intentó porque algunos milicianos, supieron a donde se dirigía con lo cual, estaban preparados y a al espera para dar fin a aquella desesperada huida, al verse acorralado suplicó que lo auxiliasen y le ayudasen para no ser capturado. Una vez localizado por sus perseguidores estos no lo permitieron. El mismo testigo afirma que encabezada a los milicianos un joven que habiendo sido reprendido en público por Don Enrique por una mala acción que había cometido juro vengarse cuando llegase el momento, como así fue.

Llegados a Pozo Cañada, junto con Don Gabriel y Don Antonio Miguel, fue Don Enrique el primero en ser asesinado. Al parecer opuso cierta resistencia, lo que provocó una más cruenta muerte por parte de sus asesinos. Una vez asesinado éste, los milicianos extrajeron inmediatamente a Don Gabriel del interior del coche, arrastrándolo por los pies, desnucándole al recibir un golpe con el estribo; disparándole salvajemente varias veces sobre su cuerpo, le deshicieron el vientre. Don Antonio Miguel, durante el asesinato de sus dos compañeros, intentó alejarse del trágico escenario siendo acribillado. Después desvalijaron los cadáveres e incluso después de muertos fueron objeto de mutilaciones.

GABRIEL GONZÁLEZ CALLEJAS
Apenas tenemos datos sobre su vida y el ejercicio de su ministerio pastoral, pero lo que si es seguro es que Don Gabriel era natural de Alcaraz (Albacete) y que recibió su formación sacerdotal en el Seminario Conciliar de Toledo. Cuando comienza la guerra civil es el párroco de la iglesia arciprestal de la Santísima Trinidad y Santa María de Alcaraz (Albacete).
ENRIQUE PRETEL GÁLVEZ

Cuando comienza la guerra civil, Don Enrique ejerce como coadjutor de la parroquia arciprestal de la Santísima Trinidad y Santa María de Alcaraz (Albacete). Vive con su hermana, Adela Pretel Gálvez, en una antigua y destartalada casa del pueblo. Desconocemos datos personales o anteriores quehaceres pastorales de este sacerdote.

 

MARIANO RUIZ MARTÍNEZ

Nació el 15 de marzo de 1875 en Cieza (Murcia). En junio de 1903, tras finalizar los estudios eclesiásticos, recibió la ordenación sacerdotal. Tras varios destinos se le envió como asignado a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción en Cieza (Murcia), su pueblo natal.

En marzo de 1936 tuvo que salir huyendo ante la persecución desatada contra todo lo que significaba la religión católica y, principalmente contra los sacerdotes. Volvió el día de la Ascensión con intención de celebrar, pero fue reconocido y bárbaramente maltratado y apaleado. Se trasladó a Murcia, pero viéndose en esta ciudad espiado y frecuentemente amenazado, resolvió, por el mes de junio, trasladarse a Hellín (Albacete). Buscaba una tranquilidad, que tampoco encontró, pues apenas había transcurrido un mes, desde su cambio de residencia, se inició la Guerra en toda España.

Don Mariano pudo esquivar la persecución hasta el 20 de noviembre; ese día unos individuos llegados de Cieza (Murcia) se presentaron con el propósito de detenerlo. Le encontraron en el campo guardando un hato de cabras; y en el acto trataron de intimidarlo para llevárselo consigo. Mas como el sacerdote, que era de carácter muy entero, se negase a seguirlos, y hasta se mostrase dispuesto a defenderse, allí mismo lo ataron por la fuerza a un árbol y le dieron muerte a puñaladas. Horas más tarde, según testigos, los asesinos celebraban la hazaña en una taberna de Cieza, bebiendo vino, mientras uno comía las orejas del sacerdote para abrir boca. Estos hechos sucedieron en la carretera de Hellín (Albacete) a Murcia, en el sitio conocido por Puerto de Mala Mujer.

 

APOLINAR GARCÉS RECUENCO

Nació el 23 de julio de 1905. Estudió en el seminario conciliar de San Julián, Cuenca. Fue ordenado presbítero en 1930. Cuando estalla la guerra civil le encontramos ejerciendo su ministerio como párroco de Montalvos (Albacete), lugar éste en el que era muy querido por sus feligreses. Y aquí le sorprendió la guerra.
 
Durante el verano de 1936 se presentó en Montalvos un grupo de milicianos con la intención de detener al sacerdote. Don Apolinar huyó al campo, escondiéndose en un viñedo. Los milicianos realizaron una abatida por el campo en compañía de algunos vecinos del pueblo, pero viéndolo uno de ellos no quiso delatarlo. Después de la batida, vecinos de Montalvos, invitaron a cenar a los milicianos forasteros. Los del pueblo buscaban emborracharlos para propiciar la huida de Don Apolinar campo a través hacia Montalbanejo, donde es probable que intentase buscar refugio en casa de unos familiares. Lo cierto es que debió perderse en el campo y, después de algún tiempo errante, se refugió en una casita de campo donde murió de hambre.

 

Se desconoce el día y el mes, de ese final de 1936, para situar su muerte. Lo cierto es que en aquellos meses, cuando huyo víctima de la persecución religiosa los campos desde Montalvos a Montalbanejo (Albacete), contaba tan sólo 31 años. Con posterioridad se encontró su cadáver, siendo enterrado en el Cementerio de Montalvos.

 

 

JOSÉ ANTONIO JIMÉNEZ IZQUIERDO

Nació en La Roda (Albacete). No hay noticias ciertas sobre su formación, pero cuando estalla la guerra civil le encontramos ejerciendo el ministerio como coadjutor en La Roda (Albacete). Fue el sacerdote de mayor edad asesinado durante la guerra en Albacete, tenía 77 años.

Al estallar la guerra se dirigió a Casas de Haro (Cuenca), para refugiarse en casa de un antiguo y leal criado. A los tres días fueron los milicianos a buscarlo y lo encerraron en la cárcel, de donde fue trasladado a la prisión de la iglesia de La Roda, con los demás sacerdotes, y más tarde a la cárcel de Albacete, donde estando enfermo fue asesinado el 13 de agosto de 1936 en la carretera de Minaya (Albacete). Había coincidido en la cárcel con su hermano, Don Andrés Jiménez Izquierdo que era abogado y que sería fusilado días después.

 

FRAY DANIEL DELGADO GARCÍA O.S.A.
 

Nació en Tuiza de Abajo (Oviedo, Asturias) el 19 de agosto de 1910. Hizo sus primeros estudios en la escuela de la localidad, ayudando al mismo tiempo a sus padres en los trabajos del campo y de la ganadería. Al cumplir 12 años ingresó en el Colegio de los PP. Agustinos de Valencia de Don Juan (León), donde estudió tres años de humanidades y latín. Pasó luego al Real Colegio de Valladolid, donde tomó el hábito de la Orden el 24 de agosto de 1925. Después se le destinó a La Vid (Burgos) para el estudio de la Teología. En este lugar realiza su profesión solemne el 19 de agosto de 1934. Sin haberse ordenado sacerdote, pero finalizada la carrera es destinado a Caudete (Albacete) a la Casa-enfermería de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de España, para religiosos necesitados de cuidados especiales.

Aquí le sorprende la contienda, y obediente a su Padre superior Gabino Olaso, traslada a una casa cercana, junto con otros dos jóvenes religiosos, a los PP. Benito Ibañez y Cándido Sanmiguel, ambos octogenarios. Finalmente, acaso intentando huir de sus perseguidores, Fray Daniel fue abatido a tiros como si de una alimaña se tratara. Indudablemente dio su vida por ser religioso y fue asesinado a manos de aquellos que habían iniciado una cruel y sangrienta persecución religiosa. Estos hechos ocurrieron el 23 de julio de 1936, el mismo día en que eran sacados y conducidos a la cárcel sus hermanos religiosos. Tenía 25 años de edad.

 

VERGARA COY, JESÚS
 

Nació el 10 de marzo de 1895 en Tobarra (Albacete). Hizo sus primeros estudios eclesiásticos de humanidades en el Seminario de Cuenca; y los de teología en el de Murcia; en donde finalmente fue ordenado en 1921. Tras varios nombramientos, y ya a punto de iniciarse la guerra, fue nombrado cura rector de la iglesia de San Roque de Tobarra (Albacete).

Sublevada la provincia de Albacete a favor de los nacionales, desde Alicante, Cartagena y Murcia acudieron grupos de milicianos para atacar la capital. Elementos advenedizos se dedicaron a cometer todo tipo de desafueros y fechoría en Hellín y sus alrededores. Y uno de estos grupos, constituidos por milicianos de Cartagena, fue el que, con información de algún vecino de Tobarra, se presentó de súbito, en la mañana del 24 de julio en el domicilio del Rector de San Roque. Éste, que, en aquel momento, se hallaba en el huerto de la casa al advertir la presencia de los milicianos, emprendió la huida, con ánimo de escalar una de sus tapias. Pero no pudo hacerlo, porque en el momento de intentarlo, unos disparos le derribaron en tierra a pie del muro, dejándole muerto en el acto. Don Jesús cae cosido a balas, dentro de su propia casa, y en presencia de sus familiares, que, paralizados por el espanto, nada pudieron hacer por evitar lo sucedido, ver morir a Don Jesús, mientras los milicianos abandonan el lugar comentando sobre la buena puntería de unos y otros.

 

TALAVERA GARCÍA, FRANCISCO

Nació el 26 de mayo de 1884 en Agramón (Albacete). Cursó estudios en el Seminario de San Fulgencio de Murcia. Desde 1930, y tras algunos destinos, quedó asignado a la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Hellín (Albacete).

Iniciada la guerra también en Agramón (Albacete) la familia Talavera fue blanco de las iras de los revolucionarios. Por unos días, Don Francisco, pudo eludir la persecución de que era objeto, gracias al escondrijo, que le procuraron en la casa de una cuñada suya, residente en el mismo Hellín (Albacete), escondrijo tan bien disimulado, que, a pesar de haber hecho varios registros en la casa, no pudieron dar con él los que con tanto ardor le buscaban. Mas el 30 de julio según un testigo de viso, que estaba en la casa contigua al lugar de los hechos, oyó tiros que venían de la calle. Salió para ver lo que pasaba. El cura se encontraba tumbado en la calle, boca abajo. Tenía sangre, pero estaba vivo. Casi a gatas se refugió en un casa cercana... al apoyarse en las paredes fue dejando rastros de sangre... se escondió debajo de la cama de una de las habitaciones... allí recibió varios tiros, pero según la testigo no llegó a morir en el momento. Volvió a salir de la casa, tambaleándose, y nuevamente en la calle le remataron. Debido a los disparos, sus sesos quedaron en la pared. No llevaba sotana. Sus verdugos celebraban con grandes carcajadas los saltos que el cuerpo daba, cada vez que hacían sobre él un nuevo disparo, mofándose en su lenta agonía. Después de muerto lo cogieron en brazos y lo llevaron al cementerio.

 

ARRÓNIZ OLMOS , JOSÉ
 

Natural de Zarandona (Murcia), nació el 29 de agosto de 1895. Realizó sus estudios de humanidades y teología en el seminario de San Fulgencio de Murcia con muy buenas calificaciones. Tras recibir la ordenación sacerdotal ingresó en la Compañía de Jesús, pero resentida su salud debió regresar a la diócesis. Tras algunos nombramientos, al estallar la guerra, le encontramos ejerciendo de ecónomo de Casas de Ves (Albacete). Testigos recuerdan el afecto que sus feligreses de Casas de Ves profesan a Don José. Le atraían singularmente los pobres. A ellos iba y ellos le buscaban, encontrando siempre en él al sacerdote desprendido y dadivoso, que se olvida de sí mismo, para remediar las necesidades ajenas. Repetidos fueron los casos, de enfermedades contagiosas, a quien asistió y después de muertos amortajó él mismo, porque hasta los propios familiares rehusaban acercarse a ellos. Según el testimonio de personas próximas a él, en más de una ocasión le oyeron decir: Presiento que voy a morir joven y que moriré mártir.
El 27 de julio fue detenido en Casas de Ves e ingresó, junto con otras personas, en la cárcel del pueblo. Según el testimonio de alguno de sus feligreses, mientras estuvo en prisión, contribuyó a sostener el ánimo de sus compañeros. Estos le oyeron decir: ¡Qué dicha si yo derramara mi sangre por Jesucristo el día de San Ignacio! Y, precisamente el 31 de julio, festividad de San Ignacio de Loyola, fue asesinado.
           

El día 31, unos milicianos forasteros, procedentes de Valencia, invaden la cárcel en las primeras horas de la tarde buscando posibles personas sospechosas de ser sus víctimas. Una vez en el interior de la cárcel les sorprende encontrar un sacerdote que viste con sotana. Inmediatamente fue sacado, con otros cuatro detenidos, a las afueras de Casas de Ves (Albacete), para ser asesinado. Antes de ser asesinado, absolvió a los cuatro que iban a morir con él. Y después pronunció estas palabras: Ofrezco mi vida y mi sangre para ahorrar la de aquellos a quienes sería más penoso morir, pensando en sus padres, esposas e hijos. Quisiera Dios que con mi vida haya bastante. Finalmente, mirando a los que ya se disponían a disparar les dijo: Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen. Sonó una descarga y Don José cayó al suelo con el cráneo acribillado.

 

PÉREZ DE CELIS, PADRE JOSÉ O.S.A.

José Pérez era natural de Cantoral, municipio palentino de Castrejón. Nació el 15 de marzo de 1860. Fue el segundo hijo de un humilde y cristiano matrimonio que educó a asus cuatro hijos en la fe y en la piedad cristiana. Ingresó a los 18 años en el Convento de los PP. Agustinos de Valladolid. Tomó el hábito el 7 de septiembre de 1878. Tras realizar los estudios de filosofía, se le traslada al Convento de Santa María de la Vid (Burgos) para cursar la teología. Aquí emitió, el 12 de septiembre de 1882, su profesión solemne. Dos años después, el 7 de junio de 1884, recibió la ordenación sacerdotal.

Dos años después le enviaron destinado a Filipinas. A su regreso trabajó en España, Italia, Argentina y, de nuevo en España, siendo su último destino, ya enfermo, la Casa-enfermería de Caudete (Albacete).

Desempeñó con esmero el ministerio sacerdotal. Fue amante del estudio. Destacó como escritor, suya es casi toda la hagiografía agustianiana de la obra del Señor Calpena: La luz de la Fe en el siglo XX. Fue también colaborador de la revista agustiniana España y América.

En la Casa-enfermería de Caudete le sorprende el inicio de la guerra civil. De todos sus compañeros y hermanos mártires, era el más antiguo, contaba entonces 76 años. El día 23 de julio son apresados sin oponer resistencia alguna. Fueron trasladados a la cárcel de la localidad hasta el día 5 de agosto, fecha en la que son conducidos por unos forajidos al lugar de Partida de Madariaga, término de Fuente la Higuera, en los límites de las provincias de Albacete, Alicante y Valencia, pero perteneciente a esta última donde es vilmente asesinado por odio a la fe. Es decir: por ser sacerdote y religioso.

Los PP. Agustinos asesinados, este día y en este lugar, junto al Padre José tienen un Proceso ya incoado. Investigaciones posteriores nos permiten incluir ahora en nuestra Causa al Padre José Pérez de Celis.

 

PARRA CABALLERO, JOSÉ

Nació en 1874 en Villarobledo (Albacete). Estudió en el Seminario de Toledo. Sabemos que cuando se inicia la guerra era el párroco de Salobre (Albacete) y atendía la pedanía de Reolid.

El 5 de septiembre de 1936, milicias procedentes de Alcaraz (Albacete) fueron a Salobre a por Don José, que se encontraba en su casa, después de registrarla, le detuvieron y sacándole a un kilómetro de Salobre (Albacete), le asesinaron con disparos de pistola.

 

Estos cuatro hermanos nacieron en el seno de la familia formada por Pedro Jesús Jiménez y Clotilde Sánchez, originarios de Peñas de San Pedro (Albacete), se trasladaron a la capital  y allí el padre creó sus Sociedades Comerciales, ocupó la Presidencia de la Cámara de Comercio e Industria llegó a ser Alcalde del Ayuntamiento de dicha capital. Murió a los 48 años, siendo sus hijos todavía muy pequeños y quedando sus negocios en manos de sus hermanos y socios. El matrimonio tuvo nueve hijos.

EDUARDO GIMÉNEZ SÁNCHEZ
 

Nació el 13 de octubre de 1903 en Albacete. Realizó sus estudios de Bachillerato en el Colegio de Santa Rita. Terminada su etapa escolar se convirtió en la mano derecha de su padre. Contrajo matrimonio con Emilia Castro Enríquez, que murió al dar a luz a su primer hijo, el cual también murió. El comienzo de la guerra civil le sorprende en Albacete trabajando en la Diputación Provincial.

Eduardo en la carta que dirige a su madre y hermanos dice: voy a la muerte con orgullo porque muero por Cristo y por España. Mi sangre la derramo con la fe que tenían los mártires del cristianismo y como se que Dios me espera, hacia El voy con satisfacción y alegría, y por lo tanto ni os apenéis ni me lloréis pues voy a la felicidad eterna, donde me espera mi querido padre y mi querida Emilia (su mujer) para ya nunca separarnos… He confesado y me he preparado espiritualmente como fiel cristiano… Tu madrecita, debes sentirte orgullosa de que tus cuatro hijos den su vida y su sangre por Cristo y por España.

 

PEDRO JESÚS GIMÉNEZ SÁNCHEZ
 

Es el segundo hijo varón y el cuarto del matrimonio. Nació el tres de julio de 1911 en Albacete. A la muerte de su padre es internado junto a sus hermanos José María y Joaquín, en un colegio de frailes en Getafe (Madrid) donde realiza estudios de Bachillerato. Al finalizar dichos estudios regresa a Albacete, incorporándose a trabajar en los negocios familiares. Pertenece a la Adoración Nocturna y a los Exploradores, donde realiza una gran labor. Era el más religioso de los hermanos, tenía una gran hondura espiritual.

En la carta que envía a su familia antes de morir, Pedro Jesús se reafirma en su amor a Cristo Rey y a España: Queridísima madre mía: en estos felices momentos en que, cristianamente preparados nos disponemos a entregar nuestras almas a Dios, El cual nos ha elegido, fíjate madrecica, El nos ha elegido, para que derramemos nuestra sangre… Ten la seguridad de que El no está esperando con los brazos abiertos después de perdonar todas nuestras culpas; para tu tranquilidad también te digo que nosotros hemos perdonado a nuestros enemigos.

 

JOSÉ MARÍA GIMÉNEZ SÁNCHEZ
 

Es el cuarto hijo varón y sexto del matrimonio. Nació el 27 de marzo de 1915 en Albacete. Al igual que sus hermanos estuvo interno en un colegio de Getafe (Madrid), donde realiza sus estudios de Bachillerato. Es el único de los cuatro que hace estudios superiores, comenzando la carrera de farmacia, que no pudo terminar debido al estallido de la Guerra Civil. Era el único que tenía novia, una hija del sastre, Angelita Cano. Muchacho de profunda religiosidad, era el presidente de la Asociación de Estudiantes Católicos, y al igual que sus hermanos era miembro de los Exploradores.

Al declararse la guerra civil los cuatro hermanos prestaron su apoyo a los sublevados, y fracasada ésta en la primera semana fueron buscados por las milicias del Frente Popular de Albacete. Se escondieron junto a su madre, donde logran eludir varios registros hasta que son denunciados por una de las criadas de la casa, siendo detenidos, encarcelados, juzgados y condenados a muerte, siendo fusilados los cuatro juntos en el cementerio de Albacete en la madrugada del 27 de septiembre de 1936.

José María en la carta de despedida a su madre le dice: …No padezcas, mamica, vamos juntos a ver a Dios y a papá, vamos valientes y con la fe puesta en El, morimos satisfechos porque morimos por Dios y por la patria, puedes estar contenta pues qué más podías desear que tus hijos mueran por defender a Aquel que todo lo puede. ...No olvides que Dios necesita templar el ánimo de los católicos con pruebas amargas, pues los que saben resistirlas ganan el cielo que es la meta de nuestras aspiraciones. …No pierdas el valor, pues tus hijos mueren porque  en nuestra España no se pierda la religión que tú de pequeños supiste enseñarnos, de la cual nos sentimos orgullosos y te agradecemos que nos hayas enseñado la verdad de esta vida, mamica no sufras por nosotros y agradece a Nuestro Señor que nos haya permitido morir por El y teniendo nuestras cuentas arregladas.

 

JOAQUÍN GIMÉNEZ SÁNCHEZ
 

   

Es el tercer hijo varón y quinto del matrimonio.  Nació el nueve de mayo de 1913 en Albacete. Realiza sus estudios, interno en un colegio de Getafe (Madrid), y al término de los mismos se incorpora también a trabajar en los negocios de la familia.
Pertenece también a los Exploradores donde colabora en la formación de la juventud y en gran número de actividades.

Joaquín deja escrito a su madre: No tengas cuidado pues nosotros llevamos una fe tan enorme e inquebrantable hacia El, que creemos que seguramente nos recogerá en su seno. Pues desde el primer momento nos hemos encomendado a El, y estamos dispuestos, puesto que El nos ha señalado como otros mártires en sacrificio suyo y de nuestra España; por lo tanto puedes estar orgullosa de que a nosotros nos haya correspondido tan alto honor, que (de) nosotros, pobres pecadores, se haya acordado. …Despediros en mi nombre de todos los amigos, y que sepan que no morimos con pena sino con una fe muy grande. Joaquín.

 

ALBALAT GOLF, DOLORES

Nació el 2 de junio de 1896 en Caudete (Albacete), fue bautizada al día siguiente. Era hija de Emigdio Albalat y de Dolores Golf.

 

ALBALAT GOLF, TERESA

Nació e 30 de septiembre de 1887 en Caudete (Albacete), fue bautizada al día siguiente. Era hija de Emigdio Albalat, propietario, y de Dolores Golf.

 

PEDRÓS RUIZ, CARMEN
Nació el día 2 de marzo de 1879 en Caudete (Albacete), fue bautizada el 5 de marzo. Era hija de Joaquín Pedrós, de profesión farmacéutico, y de Mª del Carmen Ruiz.

 

PEDRÓS RUIZ, DOLORES

Nació el 21 de mayo de 1876 en Caudete (Albacete), y fue bautizada el 24 de mayo de ese año. Era hija de Joaquín Pedrós y de Mª del Carmen Ruiz.

 

Las hermanas Albalat y las Pedrós pertenecían a las Conferencias de San Vicente de Paul. Era común en ellas sus visitas a los pobres. Hubo una manifestación en Caudete en contra de la retirada de los crucifijos de las escuelas en la que también participaron.

Cuando sacaron a Teresa Albalat, su hermana Dolores dijo que se iba donde fuera su hermana. Quizá Teresa se significaría más
Dolores Amorós, era mucho de los carmelitas. Mujer de misa diaria, era terciaria también.

El día que la detuvieron a Cecilia, fueron a la escuela a por ella y pidió ir a su casa para cambiarse y despedirse de su familia, a los que les dijo: - En el cielo nos veremos.  Fue encarcelada junto al resto, probablemente en el convento del Carmen. Cecilia tenía 36 años. Era sobrina de un sacerdote, D. Francisco Díaz Alcocer. Ella había dicho que había ofrecido su vida para que se salvara su tío. Fueron encerradas todas, con Cecilia, en el convento de los Carmelitas.

A las siete las sacaron para matarlas el 29 de septiembre de 1936 junto a otros 7 hombres. Las mujeres fueron violadas y mutiladas. Todas eran mujeres de la parroquia y de vida cristiana Todas tuvieron la misma suerte. Las asesinaron en Venta de la Encina, en el término de Almansa (Albacete).

 

AMORÓS GOLF, DOLORES
Nació el 7 de febrero de 1888 en Caudete (Albacete) hija de José Amorós, propietario, y de Mariana Golf. Fue bautizada al día siguiente.

 

TERESA BELTRÁN, EMERENCIANA

Nació el 2 de mayo de 1887 en Caudete (Albacete), y fue bautizada ese mismo día. Era hija de Luis Teresa, hacendado, y de Antonia Beltrán.

 

CUENCA TRINCHANT, ANTONIO
 

Nació en Almansa (Albacete) el 7 de febrero de 1884. Cursó una parte de sus estudios en el Seminario de Orihuela (Alicante) y el resto en el de Murcia. Ordenado presbítero, celebra su primera misa el 21 de junio de 1908. Después de varios nombramientos le encontramos ejerciendo desde 1924 como capellán de las Religiosas Agustinas de Almansa (Albacete) hasta que fue asesinado. Desempeñó también el cargo de Hermano Mayor del Santuario de Nuestra Señora de Belén, patrona de Almansa, muy venerada por la gente.

El 25 de julio de 1936 fue encarcelado con los demás sacerdotes del pueblo, y el 6 de octubre se prepara la ejecución de seis personas, entre ellas la de Don Antonio. Cuando se le manda subir al camión con los demás presos Don Antonio se niega rotundamente, y aprovechando la confusión, que produce la muerte del sacerdote Joaquín López López – sacerdote que encabeza esta Causa – logra escapar y llega huyendo hasta su casa, en cuyo portal se le alcanza, acribillándole a balazos. Estos sucesos ocurrieron en Almansa (Albacete).

 

CIRUGEDA GAYOSO, ALFONSO
 

Nació en Madrid en 1899, era hijo de Francisco y María Ana. Hacía el número 13 de 14 hermanos. Estaba casado con Isabel Villar Peña, hermana de Agustín y Luis Villar, también asesinados en 1937 y 1936 respectivamente. Era militar de profesión. A los 24 años ya era capitán.

En marzo de 1936, participó en la defensa de la iglesia de San Juan Bautista, en Albacete. El gobernador civil había dado orden para que se dejara al pueblo que obrara libremente durante unas horas, pero él desoyendo las órdenes del gobernador, salió con su compañía y defendió San Juan y el Casino Primitivo, pues también querían quemarlo con todos los que había dentro. Esto no se lo perdonaron. El era conocido como católico. A los pocos días, quedó disponible forzoso, lo suspendieron de sus funciones y quedó sin mando en Albacete. Pidió ir a Madrid, para poder cubrir una vacante, para la que lo nombraron, pero enseguida lo dejaron también en Madrid disponible forzoso. A Madrid se marchó el 13 de julio. Cuando tuvo lugar la sublevación, no tenía mando.
           

El 8 de agosto fue detenido en Madrid, al parecer por indicaciones de Albacete. Lo llevaron a la checa de Bellas Artes, y de allí a la cárcel de San Antón. Un religioso que estuvo con él en la cárcel y que se libró, contó luego a la familia que en el patio, paseaban de dos en dos, y él iba avisando a todos con los que se cruzaba el rosario, el rosario. Lo rezaban en el patio paseando de dos en dos.

Su mujer le dio un escapulario en Albacete, cuando aquellos alborotos, y en la última visita a la cárcel, el se lo enseñó, a lo que su mujer preocupada le dijo que se lo iban a quitar, y él le contestó que sería por encima de su cadáver. Esa tarde, era el 5 de noviembre de 1936, sacaron a un grupo entre los que iba Alfonso, y en el cementerio de Rivas Vaciamadrid (Madrid) los mataron.